II Premio Periodismo Histórico Antonio Pardo

 


II Premio de Periodismo Histórico Antonio Pardo
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A CONTINUACIÓN PUBLICAMOS EL RELATO GANADOR:

Romance de las Tinajas Quebradas

DEDICATORIA

A los Libros, fuente inagotable del Saber y de la Belleza.

A los Personajes históricos que han dejado su huella en esta Villa de Odón.

Al Castillo, mi viejo amigo.

A la Memoria de Todas las Víctimas.

 

 


ÍNDICE

PREFACIO...........................................................................4

PRESENTACIÓN
.................................................................5

INTRODUCCIÓN
................................................................7


PRIMERA PARTE

POR QUÉ SE CONSTRUYÓ EN ODÓN UNA FORTALEZA Y CÓMO SE HIZO

Capítulo I. Donde se cuenta cómo una boda real acabó en una real guerra................10

 
Capítulo II. Lo que pasó en la "Farsa de Ávila........................11  
Capítulo III. Donde se dice quienes son los Cabrera-Fernández de Bobadilla y cuáles son
sus dominios.......................................13
 
Capítulo IV. Que cuenta el por qué de tantos favores y cómo se hicieron estos.........16  
Capítulo V. Nárrase cómo en la muy noble y muy leal ciudad de Segovia se suceden acontecimientos muy importantes.............................19  
Capítulo VI. Donde se dice dónde está Moya y su Marquesado......................22  
Capítulo VII. Que relata lo que aconteció en las Cortes de Toledo de 1480 relativo a la Tierra de Segovia.............................24  
Capítulo VIII. Que explica qué es esto de los "sexmos" y qué es la "Comunidad y Tierra de Segovia".....................................................26  
Capítulo IX. De cómo los sexmos de Casarrubios y de Valdemoro y sus aldeas desembocaron en la fundación de Navalcarnero y Sevilla la Nueva...............................30  
Capítulo X. Que relata cómo una promesa se convierte en polvo, una protesta en tinajas quebradas y un pleito en secular....................................................34  
Capítulo XI. Que cuenta las reales razones de la donación y segregación y cómo se hizo........38  
Capítulo XII. De cómo fue la desmembración y la toma de posesión de los sexmos de Casarrubios y Valdemoro y de los litigios entre los Cabrera y Segovia..............41  
Capítulo XIII. Que trata de otras peripecias de los Cabrera-Fernández de Bobadilla en Granada, Canarias y las Indias Occidentales.........................43  
Capítulo XIV. Donde se cuentan las consecuencias del Testamento y la muerte de la Reina Isabel la Católica.............................................45  
Capítulo XV. Acerca de cómo se realizaron en Odón y en Chinchón unas fortalezas y por qué se hicieron.....................................48  
Capítulo XVI. Que dice quién es la Familia Cabrera-Fernández de Bobadilla.......................51  
Capítulo XVII. Que explica cómo es el escudo nobiliario de los Marqueses de Moya................53  
Capítulo XVIII. Nárranse las últimas andanzas y voluntades de los Marqueses de Moya y retratase a los Buenos Vasallos.......................56  


SEGUNDA PARTE

POR QUÉ SE DESTRUYÓ EL CASTILLO DE ODÓN QUE TANTO ESFUERZO COSTÓ

Capítulo I. Que relata lo que pasaba en las Españas del Rey Fernando de Aragón, la Reina Juana de Castilla y el Príncipe Carlos de Gante.....................60

 
Capítulo II. Que cuenta cómo estaban los pleitos segovianos en época del rey Fernando y del Rey Carlos I...................................61  
Capítulo III. Narrase cómo los Comuneros se alzaron al alba de los tiempos y cayeron en el barro de Villalar...................................62  
Capítulo IV. Que explica cómo y por qué el huracán de las Comunidades derribó las fortalezas de Chinchón y de Odón...............................65  
Capítulo V. Donde se dice cómo los pleitos que la condesa viuda de Chinchón emprendió contra todos los responsables se siguen hasta alcanzar "Concordia" con el rey Felipe II......................67  


TERCERA PARTE

POR QUÉ SE RECONSTRUYÓ EL CASTILLO DE ODÓN Y QUIENES LO HICIERON POSIBLE

Capítulo I. Que relata lo que pasaba en las Españas de Carlos I y de su hijo Felipe II..............70

 
Capítulo II. Que dice quién es el Tercer Conde de Chinchón, don Diego Fernández de Cabrera y qué hizo.........................................71  
Capítulo III. Que cuenta lo que ocurrió entre el Tercer Conde y el asunto "Antonio Pérez", la Princesa de Éboli y el condado de Ribagorza.......................72  
Capítulo IV. Que cuenta por qué el conde don Diego mandó reconstruir sus fortalezas y por qué Chinchón bien vale una visita...............................74  
Capítulo V. Que explica cómo se hizo el Castillo de Odón y quienes son sus autores..............76  
Capítulo VI. Donde se dice que este Romance llega a su Fin................79  

EPÍLOGO: Castilla tiene Castillos, Odón una Fortaleza..................81

BIBLIOGRAFÍA ....................................82

 


PREFACIO

Cuando los Reyes toman a alguno lo suyo sin justa causa, el mejor remedio que el agraviado tiene después de la reclamación y contradicción, es quejarse a Dios y al mundo públicamente del agravio que recibe y protestar y procurar todos los remedios que hubiere para la defensa de sus derechos. Por ende,
Nosotros, el concejo, justicia, regidores, caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos de la muy noble y muy leal ciudad de Segovia, al tener noticia de que los Reyes han tomado el sexmo de Valdemoro y gran parte del de Casarrubios, para darlo al mayordomo Andrés Cabrera y a doña Beatriz de Bobadilla, su mujer, con gran daño nuestro, contra las leyes de los reinos y contra las promesas y juramentos que nos tenían hechos en contrario, sin contar con nosotros, sin justa razón ni causa, y contra nuestra voluntad, protestamos no consentirlo en tiempo alguno, sino buscar remedio contra ello, y pues el presente no podemos hacer más y por mayor muestra, señal y memoria de nuestra queja, agravio y protestación que públicamente hacemos, nos cubrimos de luto y otrosí cubrimos el pendón de la ciudad y quebramos esta tinaja y hacemos esta ahumada.


PRESENTACIÓN

El anterior pregón fue voceado por las plazas, calles y puertas de la ciudad de Segovia. Corría el mes de junio del año de Gloria del Señor de 1480… Si has sentido un leve escalofrío al leerlo no es nada comparado con lo que sucedió en el pasado remoto de este lugar al que llamamos Villaviciosa de Odón.

Odón, al igual que todas las poblaciones colindantes, fue objeto de disputa perenne entre Segovia, Madrid, Toledo y los poderosos señores de estos territorios. Pero apenas tenemos memoria sobre lo que pasó ni quienes fueron los personajes que hicieron posible la construcción del castillo de Odón. Incluso los archivos municipales carecen de datos sobre esta época -a excepción de una antigua escritura de propiedad de 22 de febrero de 1459- perdidos por diversos motivos o quizás destruidos durante la guerra civil.

Por ello, siguiendo la invitación de Antonio Pardo, el presente relato quiere ser una modesta contribución al estudio del pasado de nuestro pueblo, con el convencimiento de que se ama más aquello que mejor se conoce, y para conocer hay que beber en las fuentes del saber que nos proporcionan los libros y los estudios de quienes han rastreado en los legajos.

Pretendo, pues, acercarte a los orígenes de Odón y a los personajes que lo hicieron posible. Sin contarlo todo, pero contando todo lo que en verdad sucedió hasta donde llegue mi indagación y donde no llegare, sabrás disculparme -apelo a tu benevolencia- pues no siendo historiadora ni literata sino humilde Letrada sólo me anima escribir para saber algo más de nuestro pasado y para "hacer justicia", es decir, para "dar a cada uno lo suyo": dando a los personajes de este "Romance" un reconocimiento justo de su lugar en la Historia de Villaviciosa de Odón con toda la carga de lo que hicieron en vida, es decir, con sus defectos y con sus virtudes.
Contado en clave de "romance" -como un cantar de gestas y épicas- encontrarás en su interior auténtica Pasión por la vida misma: amores y rencores, justas y ajustes de cuentas, litigios y pregones, perdones y pendones enhiestos, banderas al viento, redoble de tambores, campanas al vuelo…
A pesar del rigor histórico pretendo contarte este episodio con agilidad -aunque pueda parecerte desordenado- evitando que la rigidez literaria de un ensayo pudiera abrumarte, dejando entrever lo que está delante y detrás de la cortina, pero sin llegar a abundar en fases de la Historia que por sí mismas exigirían un estudio detallado, como la guerra de la Sucesión y la de las Comunidades, piezas claves en este relato.

Personajes, todos ellos, necesarios para entender el origen de lo que con el tiempo sería la Villa de Odón, donde sus dueños y señores mandaron hacer una fortaleza, causando gran descontento entre los segovianos, que nunca lo perdonaron y quebraron tinajas en señal de la ofensa, y cómo de "esos polvos nacieron esos lodos", y más tarde destruyeron aquella fortaleza, reconstruida mucho tiempo después según los planos de un insigne arquitecto…

Por ellos y para ellos van dirigidas las líneas de este relato -los que mandaron construir, los que la destruyeron y los que la reconstruyeron- porque sin ellos no tendríamos nuestro Castillo de Odón, viejo amigo y leal compañero de la Historia de Villaviciosa, escenario de vidas cortesanas, palaciegas y rurales de otras épocas. Unas veces brillante y otras ensombrecidas. El Castillo es el edificio emblemático por excelencia de la actual Villaviciosa de cuyo perfil, robusto y perfecto, han disfrutado y seguimos disfrutando varias generaciones de villaodonenses.

Cuestión curiosa, además, que no exista ni una sola calle de nuestra actual Villaviciosa que reseñe su paso ni su huella, con regias excepciones como la "calle de Carlos I" y "calle de Felipe II" y sus egregios abuelos católicos "Isabel" y "Fernando". Respecto a las localidades a las que nos vamos a referir cuenta con calle "Chinchón" -pero ni siquiera alude al Señorío ni al Condado, aunque en el "Jardín Histórico" cuenta con un pequeño monolito dedicado a los "Condes de Chinchón"-, "Navalcarnero", "Segovia" y "Boadilla". También tiene calle "Doña Ana de Mendoza" (conocida por ser la intrigante Princesa de Éboli) y "Juan de Herrera" a quien se atribuye la reconstrucción ¿o fue alguno de sus discípulos?

En definitiva, quisiera despertar tu interés para preguntar cómo, por qué, cuándo, quién o quienes, para qué…y dejar abiertas las puertas del saber para tu propio deleite y curiosidad lo que te llevará, sin duda, a querer saber más…conocer más…y querer más…el Ayer y el Hoy, y entender el porqué en Odón se alzó una Fortaleza, por qué se quebraron tantas tinajas, porqué se destruyó con tanta violencia y porqué se reconstruyeron sus ruinas dando lugar al Castillo-Palacio que todos conocemos.

Las respuestas las encontrarás siempre en los Archivos y Libros, sin los cuales este relato no hubiera sido posible. Y ahora que "El Doncel de don Enrique el Doliente" de Larra ha alcanzado un minuto de gloria ¿por qué no han de correr la misma suerte otros títulos como "Retrato del Buen Vasallo" de Pinel y Monroy, o "Historia de la muy insigne Ciudad de Segovia" de Diego de Colmenares, y otros muchos más…?


INTRODUCCIÓN


Hubo una vez un tiempo…en el que Villaviciosa de Odón no fue nada. ¿Nada? Mejor dicho, nada más que Tierra: una extensa y fértil vega bañada por el Guadarrrama y por el arroyo de la Madre.

Hubo un tiempo en que ni era Villa, ni Viciosa, ni "de" nadie. Ese tiempo en el que sólo fue un lugar en la "altiva y gallarda Castilla" llamado…"Odón", simplemente, ODÓN.

Dicen los cronistas que Odón fue un rubicundo herrero de origen segoviano, quizás judío converso, que fundó una aldea en los tiempos en que la llamada "España" no era sino el conjunto de cuatro reinos no siempre bien avenidos, a saber, la brava Castilla (Castilla, León, Galicia, Asturias, Vascongadas, Extremadura, Andalucía, Murcia, Canarias…),el indómito Aragón (Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca, Sicilia…), la bella Granada (Granada, Málaga, Almería) y la esquiva Navarra (entre Francia, Castilla y Aragón), sin contar con el vecino reino de Portugal, tan cercano y tan lejano, tan amigo y tan enemigo.

La unidad de los reinos nunca se realizó definitivamente. No obstante, los Reyes Católicos tejieron con finos y valiosos brocados la "unión" de los dos reinos que habrían de fraguar más adelante en esto que llamamos "España" o, más bien "las Españas", pues los límites se ampliaron por el Atlántico con el Nuevo Mundo, haciendo escala en las islas Canarias y el norte de África; mientras que por el Mediterráneo se alcanzaban Mallorca, el Rosellón, Sicilia, Nápoles…; y tierra adentro, en las "Europas" no se puso el sol…Fueron, ciertamente, los artífices de un sueño de identidad nacional, pero cobijando identidades nacionales variopintas y diferenciadoras: unos y otros se consideraban "extranjeros". Así lo manifestaba Bartolomé Joly, viajero infatigable francés, en 1603: "Entre ellos los españoles se devoran, prefiriendo cada uno su provincia a la de su compañero, y haciendo por deseo extremado de singularidad muchas más diferencias que nosotros en Francia, picándose por ese asunto los unos de los otros y reprochándose el aragonés, valenciano, catalán, vizcaíno, gallego, portugués, los vicios y desgracias de sus provincias. Y si aparece un castellano entre ellos, vedles ya de acuerdo para lanzarse todos sobre él". Huelgan comentarios a tan expresiva definición.

- Muy bien, joven, ¿pero qué tiene todo esto que ver con lo nuestro, con Odón?
- Todo tiene que ver con Odón y Odón tiene que ver con todo, como ya veremos.

Por eso te invito, amigo mío, a dar este paseo por los orígenes de Odón, siguiendo el curso de la Historia general de España. Tendrás que hacer un pequeño ejercicio minimalista, es decir, suprimir todo lo que se alza a tus ojos para llegar a ver y sentir lo que aquellos habitantes veían y sentían: Tierra, nada más que Tierra. Daremos una vuelta por Moya y su marquesado, visitaremos Segovia y su Alcázar, Chinchón con su señorío y su castillo, e iremos a la Comunidad de Tierra de Segovia para conocer qué es esto del sexmo de Casarrubios y de Valdemoro, donde se encontraba ubicado Odón, sencilla aldea de realengo que se convierte en tierra de señorío.
Y por si acaso, déjate el móvil en casa o desconectado, no vaya a ser que confundiéndolo con un diabólico artefacto te manden a la hoguera, que aún son tiempos de prehistoria tecnológica; aquí, a lo desconocido lo llaman "brujería".

- De acuerdo joven, pero ¿cuándo empieza este "Romance"?
- Pues por poner una fecha, digamos alrededor de 1470, un poco antes y un poco después hasta 1592, año arriba, año abajo
- ¿Y en dónde?
- Pues por decir un sitio, pongamos que en Segovia, la Comunidad y Tierra de Segovia.
- ¿Segovia? ¿Pero qué tiene que ver Segovia con Odón? Oiga, joven, no se despiste que estamos en la Comunidad de Madrid.
- Ahora estamos en Madrid, pero entonces Odón estaba en Segovia y tiene que ver con el sexmo de Casarrubios y el de Valdemoro para ser más precisos.

- Conque sí ¿eh? ¿Y puede saberse por qué?
- Porque así lo dispusieron los Reyes Católicos "para siempre jamás".
- Vaya, ¿Y para qué?
- Para recompensar a don Andrés de Cabrera y su mujer doña Beatriz Fernández de Bobadilla, Señores y Marqueses de Moya, y más tarde Señores de Chinchón, los servicios prestados a la Corona de Castilla y por su fidelidad incondicional a la causa dinástica de doña Isabel contra su sobrina doña Juana.
- ¡Pardiez! Empieza a sonar interesante. ¿Qué ocurrió pues?
- Déjame que cuente lo que sucedió una vez…


PRIMERA PARTE

POR QUÉ SE CONSTRUYÓ EN ODÓN UNA FORTALEZA Y CÓMO SE HIZO

CAPÍTULO PRIMERO

DONDE SE CUENTA CÓMO UNA BODA REAL ACABÓ EN UNA REAL GUERRA

Corría el año de Gloria del Señor de 1469… y corría a galope tendido. Puede que para ti, querido lector, pase desapercibido porque el "año estrella" es, como bien sabes, 1492, pero para una dama del talante de la princesa Isabel, heredera al trono de Castilla, no sería fácil olvidar una de las fechas más señaladas de su vida. La que pone fin a su joven soltería, consumándose un matrimonio a disgusto del Rey, su hermanastro, don Enrique IV de Castilla quien un año antes, 1468 en Guisando, le había prometido la sucesión a la Corona en perjuicio de su propia hija doña Juana -a la cual, por tener dudas de su legitimidad, el pueblo apodó "la Beltraneja"-, siempre y cuando aceptase a casar con el candidato que él mismo le había procurado, el Rey de Portugal don Alfonso V. Pero doña Isabel, a sus 17 años, no está dispuesta a aceptar marido impuesto alguno e incluso rechaza a dos candidatos más: uno heredero al trono de Inglaterra y otro al de Francia.
Está retenida contra su voluntad en Ocaña, se escapa y llega a Valladolid donde la espera su prometido, el "elegido", don Fernando, heredero a la Corona de Aragón. Como son primos segundos necesitan dispensa pero ésta no llega a tiempo; no obstante, todo se dispone para que el matrimonio se celebre, incluso engañando a la joven desposada. No todos en la Corte de Castilla aprueban esta unión, y al morir el Rey Enrique IV en 1474 estalla una real guerra que durará cinco años entre dos Princesas "legítimas" castellanas: doña Isabel contra su sobrina, entonces niña, doña Juana.

- Y bien ¿dónde están los Cabrera-Bobadilla en esta trama?
- Pese a ser personas muy relevantes no están en esta escena. Algunos autores ven en esta "ausencia" una fuga por deslealtad y otros ven en ello una prueba de "prudencia" intentando apaciguar los ánimos de las testas coronadas pues doña Beatriz estaba amenazada de prisión si no disuadía a la princesa de su decisión de casarse con Fernando.

Conviene contar, por tanto, sucesos anteriores a la boda real, remontándonos al reinado de Enrique IV de Trastámara (1454-74) y su antecesor Juan II de Castilla.


CAPÍTULO SEGUNDO

LO QUE PASÓ EN LA "FARSA DE ÁVILA"

¿Has oído alguna vez aquello de "a rey muerto, rey puesto"?. Pues en realidad lo que "reina" es la más absoluta y real confusión.

Durante el reinado de Juan II es constante la agitación política debido a sus deseos de someter a la nobleza, y desplazarla por hidalgos de nuevo cuño, regalándoles tierras y posesiones, como pueda ser el caso del otorgamiento en Odón de la compra de las "heredades" a favor de Pedro Fernández de Lorca, secretario y tesorero del rey con fecha 22 de febrero de 1459 (pergamino donado por D. Pedro García Noblejas Linier) En el preámbulo de dicho escrito aparecen los nombres de los vendedores: Rodrigo de Peñalosa y Ruy Díaz de Peñalosa.



Más tarde, la alta nobleza está descontenta con el rey Enrique IV. Unos cuantos nobles a su favor (los Mendoza) pero los más en su contra encabezados por el marqués de Villena y el arzobispo de Toledo. Estos depusieron al rey representado por un muñeco al que desnudaron de los símbolos del poder. Oigamos contar al cronista Enríquez del Castillo la "farsa de Ávila" sucedida en 1465:

"Que por la primera, merescía perder la dignidad Real; y entonces llegó Don Alonso Carrillo, Arzobispo de Toledo, e le quitó la corona de la cabeza. Por la segunda, que merescía perder la administración de la justicia; así llegó Don Álvaro de Zúñiga, Conde de Plasencia, e le quitó el estoque que tenía delante. Por la tercera, que merescía perder la gobernación del Reyno e así llegó Don Rodrigo de Pimentel, conde de Benavente, e le quitó el bastón que tenía en la mano. Por la cuarta, que merescía perder el trono e asentamiento de Rey; e así llegó Don Diego López de Zúñiga e derribó la estatua de la silla en la que estaba".

(Recuerda esta escena en la que un rey "de quita y pon" es manipulado por los nobles. Después veremos a su hermana doña Isabel, ya Reina, cómo, con una sola palabra, domeña la voluntad de los nobles insurrectos y al pueblo levantisco).

Así las gastaban en la ancha Castilla. En su lugar, proclamaron Rey al infante don Alfonso (de once años), hermanastro del "defenestrado" Enrique, y por tanto hermano también de Isabel. Entre tanto, se difundía el rumor de que la princesa Juana, heredera al trono, es ilegítima. ¡Ah! ¡Muchos pretendientes para un solo trono! No obstante, el todavía Rey Enrique IV, derrota en Olmedo en 1467 a los insurrectos. Y al año siguiente muere prematuramente el infante Alfonso, clarificándose, un poco, las candidaturas con "derecho" a la Corona de Castilla. Entonces, la liga de nobles ofreció el trono a la infanta Isabel, aunque más tarde le retiraron su apoyo.

Pero la confusión permanecerá cuando el matrimonio de la princesa Isabel haga estallar la ira del Rey, y "donde dije digo, digo diego", y los nobles anteriormente rebeldes contra Enrique ahora vuelven a su lado apoyando a Juana contra la "intrusa" Isabel, quien será servida por antiguos defensores del Rey. Mas esta jugará bien su baza como "heredera", al no proclamarse "Reina" hasta después de la muerte del Rey, lo que llevará aparejada la lealtad de aquellos que sirvieron a don Enrique; entre otros, ganará la lealtad de Andrés de Cabrera y de doña Beatriz de Bobadilla, sin cuyos prudentes consejos y mediación diplomática Isabel no hubiera tenido la fortuna de alcanzar la Corona de Castilla. Volveremos sobre este aspecto.

Confuso, ciertamente confuso. Y esto es sólo una parte de lo que acontece en Castilla, pues Aragón, Navarra y la bella Granada discurren por cauces diferentes por ahora, aunque llegarán a un punto de encuentro con Castilla. Ya lo decía Manrique: "nuestras vidas son los ríos /que van a dar en la mar…"

- Bien, joven ¿y qué hay del Arroyo de la Vega...?


CAPÍTULO TERCERO

DONDE SE DICE QUIENES SON LOS CABRERA-FERNÁNDEZ DE BOBADILLA Y CUALES SON SUS DOMINIOS

Cuentan los cronistas que son personajes clave del reinado de los Reyes Católicos, de formación netamente medieval (ambos nacidos en la primera mitad del XV) pero sin duda personajes de transición hacia la era moderna. Para bien o para mal.
- ¿Y cómo dicen que se llaman?
- Doña Beatriz Fernández de Bobadilla y don Andrés de Cabrera, Marqueses de Moya y Señores de Chinchón que tanto monta, monta tanto.
- Pues para ser tan "linajudos señores" no he oído nombrarles demasiado por aquí; ¿y dicen los cronistas que son los dueños de Odón?
- Cierto, de Odón y de un enorme imperio de territorios, vasallos, jurisdicciones, títulos nobiliarios, cargos públicos…; en fin, Odón era tan sólo una guinda de un jugoso pastel que tenía por centro la alcaldía por juro de heredad del Alcázar de Segovia, es decir, del Tesoro real y por tanto llave de muchas puertas: las de la propia Ciudad de Segovia. No olvidemos que Segovia, en aquella época, era casi la capital del Reino de Castilla por la especial vinculación que los reyes anteriores tuvieron con dicha ciudad, a la que concedieron privilegios y exenciones fiscales.
De hecho, el rey Juan II de Castilla se la regaló con todas sus jurisdicciones a su hijo, el entonces príncipe Enrique, el cual la llamaba "mi ciudad", cuentan los cronistas, y más tarde pasó a ser "de Isabel".

¿Que quienes son los Cabrera-Bobadilla?

Sin duda personajes afortunados por el don de la prudencia, por cierto grado de ambición, por la sabia elección de sus consejos, por la suerte de estar en el lugar y momento oportunos, pues saliendo de la nada consiguieron amasar una de las tres mayores fortunas de la España de aquel tiempo. Y la fortuna sonreirá a todos, o casi todos, sus descendientes pues ingresaron en el estatus social más elevado: la alta nobleza y Grandeza de España emparentando con los más altos linajes: la Casa de Alba, los Hurtado de Mendoza, los Pacheco... que ha continuado hasta la actualidad.

La casualidad, fortuna o providencia como tantas otras veces se presentó en los destinos de las Españas cambiando a su antojo el curso de la Historia. ¿Cómo explicar si no que Isabel lograra imponerse sobre Juana que tenía también "derecho" a la sucesión? ¿Por qué el rey don Fernando, ya viudo, pidió en matrimonio a Juana, su sobrina y rival dinástica? ¿Cómo si no fue a parar la Corona a manos de Juana, la llamada loca, teniendo candidatos previos? ¿Por qué años más tarde fue "desposeída" la reina Juana por su propio hijo Carlos? ¿Cómo se explica el providencial descubrimiento de Colón? ¿Cómo fue posible que un simple doncel se convirtiese en un poderoso y rico marqués en tan poco tiempo? Permíteme que diga, aunque no suene muy ortodoxo, que el destino, -la casualidad o la providencia- algo tuvo que ver.

Como bien puedes prever, querido lector, de la misma manera que alcanzaron honores, privilegios y mercedes por parte de los Reyes también granjearon enemistades y rencillas, frutos de la envidia de los otros nobles que veían en ellos sus rivales, así como fueron reprobados por parte del pueblo llano, los segovianos y los moyanos, que veían en ellos "señores feudales" más que rectos administradores de la Justicia.
Por eso, las crónicas antiguas y las biografías sobre estos personajes encierran semillas de contradicción pues mientras unos los ensalzan otros los escarnecen. Como todo, en el término medio está la virtud, por lo que habrás de separar el trigo de la paja, ejerciendo la sana crítica, cuando leas autores tan vehementes como Diego de Colmenares -el cual ensalza a Segovia llamándola "nuestra Ciudad" y critíca "al Cabrera" y a "la Bobadilla"- mientras Pinel, por el contrario, alaba las virtudes de los Cabrera por encima de sus defectos, poniéndolos de modelo ejemplar de lealtad a la Corona.

Fueron personajes ciertamente valiosos, aún con todos sus humanos defectos, pues estuvieron a la altura de los Reyes Católicos, en un momento histórico irrepetible: fueron testigos y protagonistas del proyecto de unificación de los Reinos de España dando muestras de lealtad y servicio a la propia institución de la Corona así como partícipes en la mayor gesta de la Historia después de las Cruzadas: el Descubrimiento de un nuevo continente.
Durante toda esta época las veleidosidades de los nobles decantarán la balanza: o bien manteniendo a reyes "muñeco" como Enrique y su desdichada hija Juana o manteniendo la firmeza de la autoridad real, como la encarnaron Isabel y Fernando.
Esa fue, en definitiva, la clave para entender la guerra sucesoria que estalló a la muerte del Rey Enrique. Por cierto, el título de "Majestades Católicas" fue otorgado en 1474 por el Papa Alejandro VI con el soberano disgusto del "Rey Cristianísimo" de Francia.

- Joven, y de Odón ¿qué...?
- Buen amigo, ten paciencia que a Odón vamos despacito, aún hay mucho camino por recorrer…cuatro leguas o más…
- Muy bien, joven ¿Qué tal si aclaramos quienes eran los Moya y sus dominios?

Don Andrés de Cabrera, hijo de Pedro López de Madrid o Xibaja y de doña María Alonso de Cabrera, nació en Cuenca en 1430, siendo bautizado en la parroquia de San Miguel. Sobre él pesó la sombra de su ascendencia conversa; sabrás que no era lo mismo ser cristiano nuevo que viejo en aquellos tiempos. Andrés y su hermano Pedro fueron introducidos en la corte por Juan Pacheco, marqués de Villena, su más eterno rival por el dominio de la ciudad de Segovia.

Fue Doncel del Príncipe don Enrique en 1451; al ser nombrado Rey, este le nombró Camarero mayor en 1455, Mayordomo de la Casa Real, -no Mayordomo mayor cuyo privilegio correspondía al marqués de Villena-, Consejero y Tesorero en 1462. Ingresa por aquellas fechas en la Orden de Santiago. En 1463 le conceden el "Señorío de Moya". Poco después, en 1465, es nombrado Tesorero de Segovia y Cuenca. En 1468 obtiene los cargos del Gobierno y Justicia de Segovia. En 1470 alcanza la Tenencia del Alcázar de Segovia, que Villena intentará recuperar por todos los medios y más tarde la Alcaldía por "juro de heredad". Se convierte, por tanto, en "dueño y señor" de Segovia, con las consecuencias que se verán más adelante.
El cronista Enríquez del Castillo decía que era "de poca edad en los días pero viejo en el seso y reposo de quien el rey se confiaba y le daba parte de sus secretos". Al estallar el conflicto dinástico tomará partido por la princesa Isabel a la que servirá fielmente como Reina de Castilla; todo ello supuso un notable ascenso social: obtuvo el título de Conde de Xiquena (1461), Duque de Escalona (1472), Marqués de Moya (1480), Señor de los sexmos de Chinchón y Casarrubios, e innumerables rentas y oficios públicos. Murió el poderoso marqués el 4 de octubre de 1511, a la edad de 81 años. Meses después que su esposa.

Doña Beatriz de Bobadilla nació en Medina del Campo en 1440, diez años antes que la futura Reina Isabel. Era hija del alcalde del castillo de Arévalo y de Maqueda mosén Pedro Fernández de Bobadilla y de María Isabel González Maldonado, por tanto, de noble linaje como se verá en su escudo. En dicho castillo, los infantes don Alfonso y doña Isabel pasaron parte de su infancia, fraguándose una duradera amistad a pesar de a diferencia de edad de diez años. Doña Isabel llamará a doña Beatriz "mi hija marquesa".

En 1467 contraen matrimonio en Alcalá de Henares, a instancias de la princesa Isabel, entregándole como regalo de bodas el Rey Enrique IV un documento "en blanco" sobre la jurisdicción de…vasallos, y en 1474 es nombrada Camarera mayor y Consejera. Todos los cronistas resaltan la excelente amistad y confianza entre ambas y el deseo de los Reyes Católicos de favorecerles en todo. A pesar de que contrajeron nupcias a una edad ya "elevada" (27 años ella y 37 él) y que sus vidas fueron itinerantes como la de los propios Reyes, tuvieron numerosa descendencia: Pedro, Juan (que hereda el título de marqués de Moya), Fernando (que hereda el mayorazgo de Chinchón), Francisco, Diego, Isabel, María, Juana, Pedro "el corsario", y Beatriz, sobre cuya existencia existen dudas. Murió la marquesa de Moya en Madrid el 17 de enero de 1511, a la edad de 71 años.
Tuvieron una larga y venturosa vida, si exceptuamos un par de capítulos no bien aclarados por los autores sobre un fatídico accidente a caballo que sufrió don Andrés en su juventud cuyas consecuencias no se desvelan del todo, así como una serie de habladurías sobre posibles infidelidades de doña Beatriz. No es objeto de este relato desbaratar la honra de las personas pero matizamos lo que hemos leído en varios autores, sobre lo cual no hay opinión unánime.
Ambos están enterrados en el convento dominico de Santa Cruz de Carboneras, en Cuenca, en una lápida sin inscripción ni ornamentos, con los hábitos de dominica y cordón franciscano, ella, y con el hábito de Santiago, él.

Amasaron una considerable fortuna que comprendía el señorío y posterior marquesado de Moya, la tenencia de la alcaldía del Alcázar de Segovia por juro de heredad con sus murallas, puertas y custodia del Tesoro real, los sexmos de Casarrubios y parte del de Valdemoro con todas sus jurisdicciones y también la posesión de 1200 vasallos, que se fueron incrementando sucesivamente. Fueron agraciados con la facultad de construir cuantas fortalezas estimaren convenientes para la defensa de sus dominios, en un momento en que toda la nobleza se ve constreñida por la autoridad real. Es decir, mientras la mayoría de los nobles son "frenados" este matrimonio consigue elevarse por encima de los demás. ¿A qué se deben tantos favores, tantas mercedes y trato privilegiado?
Pues sencillamente a que Isabel y Fernando han conseguido alzarse como Reyes de Castilla gracias al apoyo y gestiones de mediación de Andrés de Cabrera y de Beatriz de Bobadilla y en el futuro serán recompensados justamente. Al final de sus días, Isabel albergará la duda ¿recompensa justa o excesiva?


CAPITULO CUARTO

QUE CUENTA EL PORQUÉ DE TANTOS FAVORES Y CÓMO SE HICIERON ESTOS

Quizás sea porque hemos perdido la perspectiva de lo que significa la Monarquía en el siglo XV por lo que no entendamos el alcance de lo que aquí se estaba fraguando. El rey, en la mentalidad aún medieval, es imagen de Dios en la tierra y por tanto fiel administrador de la Justicia. El rey reúne los tres poderes clásicos de legislar, juzgar y gobernar como expresión máxima del poderío real absoluto; algo muy lejos aún de las teorías revolucionarias de Montesquieu, Rousseau, Locke, Hobbes, y todos los pensadores que cambiaron el discurso del origen de la soberanía. Por tanto, toda criatura "le debe abaxar la cabeza" y jurar fidelidad y lealtad.
No pretendo, paciente lector, relatar un panegírico del reinado de los Reyes Católicos, pues ya cuentan con excelentes biógrafos, sino matizar aquellos aspectos de su reinado en los que confluyeron las vidas de nuestros protagonistas los Cabrera. Y estos tuvieron un papel decisivo en el apoyo a doña Isabel.
Lo cual no era tarea sencilla pues Andrés de Cabrera tuvo que navegar entre dos aguas turbulentas: mantener su fidelidad a su Rey don Enrique y abanderar a doña Isabel por encima de la otra legítima heredera doña Juana.
Y es que la situación de inestabilidad que reinó durante el turbulento reinado de Enrique, -caos, confusión, desordenes sociales- aumentó al morir sin designar claramente una cabeza para la Corona de Castilla.

¡La Corona de Castilla! Ni más ni menos, carente de cabeza equivalía decir anarquía. Castilla era, no lo olvidemos, el epicentro de los reinos de España, la que absorbería con el tiempo la centralización del Estado. Era el territorio de mayor extensión y población en comparación con Aragón. La organización administrativa del territorio dependía de la titularidad del mismo: de realengo, de señorío o eclesiástico. Y, desdeluego, no era lo mismo para sus habitantes vivir de una manera o de otra, como luego veremos.
Pero si era problemático no haber designado cabeza para un trono importante, mayor problema era tener dos cabezas legítimas y herederas aspirantes a una sola Corona. Porque en definitiva ambas herederas de Enrique, como hija y hermana, procedían del mismo tronco de los Trastámaras. Los rumores sobre la ilegitimidad de Juana nunca se han aclarado del todo. Lo que benefició a la causa de Isabel quien jugó con destreza sus cartas, pese a ser muy joven. Más joven, casi una niña, era Juana a la cual manejaron las corrientes de nobles con poderío a quienes se unió Portugal, no tanto por ser pariente de Juana, sino por aspirar al trono de Castilla. Y es que, no lo olvidemos tampoco, el deseo de unificar toda la Península Ibérica, estuvo presente durante varias generaciones de reyes y reinas portugueses y españoles.
A estas alturas no vamos a rasgarnos las vestiduras sobre la posible paternidad o no del Rey. De ello, ninguna culpa tuvo su hija, doña Juana, que sufrió el estigma de la bastardía sin ser probado. Además, ¿no fue la dinastía Trastámara fruto de un desliz de sus antecesores? ¿Y no es cierto que en aquellos tiempos los hijos naturales de reyes, obispos o papas alcanzaban honores y glorias?
Como quiera que sea, la causa de Juana estaba perdida pese a que se libró una ardua guerra dinástica de cinco años.
Al final, la niña Juana fue canjeada como moneda: o matrimonio de conveniencia o al convento. Y allí pasó recluida toda su vida, en Coimbra, firmando, con mansa rebeldía, como "Reina de Castilla". "Excelente Señora" fue para los portugueses, pero nosotros nos quedamos con la duda de quien pudo haber sido reina y no la dejaron. Su sacrificio sirvió para que una mujer excepcional guiara los designios de esta España tan conflictiva entonces y ahora…

- Y de Odón, joven, y de Odón… ¿qué…?
- Cierto, volvamos al hilo de esta guerra. Y en ese tumulto de banderas y pendones enhiestos se encontraban Beatriz y Andrés. Beatriz, al lado firme de Isabel por haber sido su camarera desde su tierna infancia; Andrés porque conjugó diplomacia y prudente consejo.

¿Qué pasó en Guisando? ¿Qué decidió el cambio de rumbo a favor de Isabel en detrimento de Juana? No olvidemos que a Juana la juraron por legítima sucesora a poco de nacer muchos nobles e influyentes hombres, como el mismo Andrés de Cabrera. Entonces ¿Por qué el matrimonio de Isabel con el aragonés Fernando quebró violentamente los pactos de Guisando?

- Por cierto, joven ¿todas estas cuestiones -muy interesantes sin duda- tienen que ver con lo nuestro, con Odón?...
- A priori no lo parece, pero en el fondo, tiene que ver mucho con las gestiones que hicieron los Señores de Moya.
- Siendo así…
- Veamos pues:

El talante conciliador y mentalidad estratégica de Cabrera convenció al veleidoso don Enrique que aconsejado por otras facciones políticas de nobles disconformes con Isabel querían medidas basadas en la severidad del escarmiento. Así decía el Comendador Juan Fernández Galindo: "Abrace vuestra Alteza con resolución la saludable severidad que en esta ocasión es más importante que el inútil aplauso de una dañosa clemencia. Los achaques envejecidos no se corrigen con remedios blandos, es menester aplicar los ásperos y rigurosos...mi parecer es que cuando vuestros contrarios se hallen turbados y desprevenidos los sujetéis y oprimáis, estableciendo con su castigo vuestro respeto..."
La elocuencia y ardor del Comendador inclinaba al Consejo a seguir el camino que abocaba a la guerra. Sin embargo, Cabrera que conocía el talante natural del Rey, poco inclinado a los medios rigurosos, consideró que "el voto del Comendador siendo el más justo es el menos practicable y por la misma razón el menos conveniente"
"La guerra, Señor, con facilidad se emprende, dejarla es menos fácil, comenzarla cualquiera puede, dejarla está en manos del vencedor -razonaba Cabrera-…hoy no debemos discurrir cual sea absolutamente lo mejor, o lo más conveniente, sino aquello que será más conveniente, o mejor, según la constitución en que se hallan las cosas del Reino…como siempre os he servido con buena ley, nunca os he hablado con lisonja, no acertaré a mudar el propósito ni el estilo…"
Andrés de Cabrera repasó los frutos de la guerra pasada cuando los insurrectos alzaron al infante don Alfonso por encima de los derechos de Juana y el rey consintió este "exceso" mermando sus tesoros y enriqueciendo a otros nobles oportunistas.
"No es fácil el remedio cuando el mal se hizo costumbre…lo que entonces se concedió sin razón no se podrá negar ahora sin inconveniente; no se pudo jurar a vuestro hermano sin perjuicio de vuestra hija;…el juramento que ahora se pide es consecuencia del que se hizo a vuestro hermano desde entonces quedó contraído el perjuicio de vuestra hija; y la razón que tuvo para ser jurado ha recaído en su hermana, habiendo él muerto. La mejor política es conformarse con lo posible y ceder al tiempo y a los accidentes si resulta mayor daño de la repugnancia,... que ahora fuera error dejarse llevar de la ira…El medio que se propone da esperanza de que cesen las turbaciones que se han padecido y reducida la Infanta y los Grandes a vuestra obediencia se quitará del Reino la división que es el mayor trabajo que puede padecer; horrible más que la guerra…La virtud y modestia de la Infanta nos obliga a esperar que os será muy obediente y que no tendrá más voluntad que la vuestra ni alentar a la ambición de los Grandes…pues no hubiera rehusado el título de Reina que la ofrecían, contentándose con el de Princesa que a su entender le pertenece. Este es mi sentir y que como criado que profesa lealtad deseo que ejecutéis temiendo que si lo dejáis encontréis nuevas y mayores dificultades y que vuestra hermana viéndose despedida de vuestra clemencia admita por necesidad lo que dejó por atención y quiera antes tener la Corona con sobresalto que esperarla con incertidumbre".

Así lo relata Pinel. El finísimo tacto político de Cabrera tuvo sus frutos: de un lado el rey don Enrique y la infanta-princesa doña Isabel pactan unas condiciones en Guisando en 1468 que permite a Isabel rechazar marido si no es de su agrado y casarse con quien quiera, siempre con el consentimiento del rey. A cambio, recibe el título de Princesa de Asturias, es decir, el reconocimiento de ser heredera legítima al trono de Castilla, así como otras estipulaciones.
Ganó en Guisando la templanza y la virtud. Por ello, Cabrera será recompensado por los futuros Reyes de Castilla: con el marquesado de Moya y con la segregación de los sexmos de Casarrubios y Valdemoro. Y con ellos, Odón.

Por eso el matrimonio de Isabel y Fernando en 1469, que no tuvo nada de casual sino de razones de Estado, quebró la concordia alcanzada, pese a que Isabel escribió a su hermano razonando la conveniencia de esta unión, y solicitando su aprobación. Pero Enrique recelaba de los "aragoneses y catalanes"-pese a ser tras Trastámaras también- y no consintió tal matrimonio, revocando en 1470 la declaración de heredera. Volvía Juana a ocupar el trono, al menos oficialmente. Y con cada princesa la presencia inquietante de las huestes de los nobles más poderosos e influyentes de la corte: los Mendoza, isabelinos, contra los Pacheco, juanistas. Y con ellos, poderosísimos cargos eclesiásticos, más guerreros que clérigos: el cardenal Mendoza y el Arzobispo de Toledo, Alonso Carrillo. La guerra, una vez más, entre las dos Españas, las juanistas y los isabelinos.

La paz de Alcaçovas pone fin a esta dura guerra en 1479. Los Reyes mandaron levantar el Monasterio de San Juan de los Reyes en Toledo para celebrar la Paz. Entretanto, habían nacido los tres hijos mayores de Isabel y Fernando: Isabel en 1470, Juan en 1478 (quien estaba llamado a ser el sucesor, porque en Aragón no se reconocía a la mujeres la capacidad de reinar), y Juana nacida ese año 1479 en que su padre recibe la Corona de Aragón, al morir el anciano Juan II de Aragón. Es decir, ese año de 1479 Fernando e Isabel son Reyes de facto sobre Castilla y Aragón. Faltan dos "escollos" por salvar todavía: Granada y Navarra. Sería Juana la que por designio del destino, arbitrario y veleidoso, gobernaría en todos reinos como Reina de las Españas.

Pero conviene contar sucesos determinantes en el ascenso fulgurante de los Cabrera: la Proclamación de Isabel como Reina de Castilla en Segovia.


CAPÍTULO QUINTO

NARRASE CÓMO EN LA MUY NOBLE Y LEAL CIUDAD DE SEGOVIA SE SUCEDEN ACONTECIMIENTOS MUY IMPORTANTES

Decir Segovia es decir cuna y cetro de la Corona castellana. Es orgullo y privilegio. Sus habitantes se sienten cerca y parte de ella. Razones tienen para ello, sin duda. El propio Colmenares dice de "nuestra Ciudad" que "vio nacer a la mejor monarquía que haya coronado el mundo desde la creación del hombre". Nada menos…

El Rey don Juan II, padre del entonces Príncipe don Enrique, le regaló la ciudad de Segovia, con sus términos y jurisdicciones a su hijo Enrique por el especial afecto que le unía a la que llamaba "mi ciudad".
Así, en 1440 entregaba "por juro de heredad para siempre jamás" la ciudad de Segovia con sus tierras, castillo, fortaleza, con la justicia y jurisdicciones alta y baja, pechos, rentas… con la condición de que "nunca pueda ser enajenada en otra persona ni personas de cualquiera condición…quedando siempre en la Corona Real…y si se hiciere tal enajenación quede esta sin valor…y que los habitantes de dicha Ciudad y Tierra siempre gocen de todas las gracias, prerrogativas y honores como hasta el momento..."

Como era preceptivo, se siguieron las formalidades de entrega y recepción de la donación: los Procuradores de la Ciudad y Tierra así como ilustres personalidades recibieron al Príncipe Enrique por Señor al que juraron fidelidad y obediencia: jurando por Dios, Santa María y la señal de la Cruz el cumplimiento del rito de homenaje y besando sus manos.
El joven Príncipe don Enrique, que contaba con quince años, aceptó el señorío de la Ciudad y Tierra. Los segovianos, no obstante, solicitaron al Rey que les jurase y prometiese que en todo tiempo serían cumplidas estas condiciones y que nunca daría al Príncipe licencia para enajenar nada de su tierra. Así lo prometió el Rey Juan II y lo mismo hizo el entonces Príncipe don Enrique con su diestra sobre los Evangelios.

Quedaba pactada la promesa de una donación sobre la que no cabe enajenación alguna. Promesa que habría de jurar también la heredera Isabel al acceder al trono y promesa que se quebraría como tinaja de barro…

En 1473, en medio de la tensión entre los hermanos Isabel y Enrique, Segovia es escenario del episodio de la "reconciliación fraterna". Los segovianos son testigos excepcionales de uno de los mayores logros de la gestión diplomática de los Cabrera. Beatriz de Bobadilla salió de Segovia a lomos de un jumento vestida de aldeana para ir al encuentro de doña Isabel que estaba en Aranda de Duero y convencerla de la necesidad de una reconciliación. El encuentro fue seguido de fiestas y honores, bailes y música. Cuentan los cronistas que Isabel danzó para su hermano y este la obsequió con su cantar. Pasearon juntos a caballo, a la vista del pueblo segoviano que clamaba a sus soberanos a la orilla del Clamores. El Príncipe don Fernando llega a Segovia días después, aún no se conocen los cuñados. Los Cabrera recibieron a todos con un espléndido banquete, que al parecer, causó problemas gastrointestinales al Rey dando comienzo su breve enfermedad que le llevará a la muerte.

Pero lo importante fue que se produjo un acercamiento entre los dos hermanos: el Rey, que ahora sostenía la Corona para su hija Juana, y su hermana Isabel que sostenía su título de heredera obtenido en Guisando.
El premio que recibirían los Cabrera sería la confirmación del Señorío de Moya en 1475 que se convertiría en Marquesado en 1480. Así le reconocerán el esfuerzo de este encuentro porque significaba el intento de mantener el orden y la paz: "Continuando vuestro buen deseo que tuvisteis a nuestro servicio y a la paz de estos nuestros Reinos trabajasteis y tuvisteis maña con nuestro hermano el Rey don Enrique y con nosotros de aplacar y conformar, nos trajisteis a todo amor y benevolencia y nos juntasteis en la ciudad de Segovia…". En Segovia doña Isabel se siente tranquila y protegida por la acción de Andrés de Cabrera. Por eso en su escudo de armas contarán con el agradecimiento de Isabel: "…quedando yo la Reina doña Isabel en vuestro poder, vos el dicho Andrés de Cabrera y doña Beatriz de Bobadilla por guardar mi persona real y defender dicha ciudad, sufristeis trabajos y fatigas espirituales y temporales…"

La repentina muerte del Rey en diciembre de 1474 precipita los acontecimientos. Después de una jornada de caza, empeora y muere en Madrid la noche del 11 al 12 de diciembre. La noticia llega con asombrosa rapidez a Segovia. Sin más dilación el 13 de diciembre, día de Santa Lucía, doña Isabel es proclamada "Reina y Señora de Castilla", con la ausencia notable de su marido, que andaba ocupado en sus reinos, lo que pudo costar un serio disgusto si no hubiera sido recibido "como Rey de Castilla".Y es que los aragoneses eran considerados "extranjeros"…

La Proclamación de la Reina es descrita con todo esplendor por los cronistas y biógrafos. Fue un acto majestuoso, soberbio, inolvidable para los habitantes de Segovia: su Reina es coronada en su Ciudad. Ahora entendemos el orgullo de Diego de Colmenares. Y del escribano Pedro García de la Torre. Parece resonar el grito, a campana tañida según costumbre, de "¡Castilla, Castilla, Castilla, por la muy alta y poderosa Princesa y Señora nuestra Señora la Reina doña Isabel y por el muy alto y poderoso Príncipe y Señor nuestro Señor el Rey don Fernando, como su legítimo marido!". Acompañan los sones de clarines, trompetas, atabales…un lujoso cadalso decorado con ricas alfombras, un dosel de ricos bordados, ondean al viento los estandartes, el pendón real de Castilla...
Como es de rigor, los altos cargos de la ciudad de Segovia reciben a Isabel como Reina y propietaria de Castilla y León, cuestión como sabemos, debatida por los seguidores de doña Juana, con lo que la confrontación civil será inevitable.
La Reina jura ante los Evangelios, por Dios y por la Santa Cruz, entre otras cosas, "que no dividirá ni enajenará sus súbditos en justicia…y guardará los privilegios y libertades y exenciones que tienen…". Pero lo interesante es saber que Andrés de Cabrera, rindiendo pleitesía, entrega las llaves en bandeja de plata y las varas de la Justicia a la Reina y esta se las devuelve para que administre en su nombre, el cual las entregó a los corregidores, alcaldes y alguaciles para que las tengan en su lugar y en nombre de la Reina.
Así, Cabrera sigue siendo alcalde y tenedor de la jurisdicción sobre el Alcázar y fortalezas de Segovia.
Como premio por tantos favores recibidos y en recuerdo de tan solemne día de Santa Lucía los Reyes Isabel y Fernando les recompensaron con el "privilegio de la copa" para que cada año en tal fecha los Reyes y sus sucesores beban en una copa de oro que será entregada a los Cabrera y sus sucesores. Este privilegio se encuentra representado en su escudo de armas así como otro curioso privilegio llamado "excusabaraja" de los que volveremos a tratar.

Como bien ves, paciente lector, Segovia se convierte en centro de atención de los Reyes y centro del reino, pues al contar con el Tesoro dentro del Alcázar, y este estar bajo el mando y custodia de Cabrera, es obligado referirse a la ciudad de Segovia y, por supuesto, a su Tierra; mejor dicho a su "Comunidad de Ciudad y Tierra"como veremos a después.

Por la "Concordia de Segovia" o sentencia arbitral de 15 de enero de 1475 doña Isabel de Castilla-León y don Fernando de Aragón estipulan los derechos y deberes de cada uno en sus propios reinos y en el reino consorte -hasta 1479 Fernando es solo heredero-. Entre otras cosas, se dispuso que las armas de Castilla se antepusieran a las de Aragón, pero que el nombre del rey precediera al de la reina. Se adoptan los colores amarillo y encarnado, pues el castillo de oro, símbolo de Castilla se destacaba sobre fondo rojo; el león, divisa del reino leonés, era rojo y rojas también sobre fondo de oro eran las barras de Aragón. Pero Fernando, heredero a la Corona de Aragón, no se conformaba con ser rey consorte. El lema de "tanto monta" estuvo salpicado de discusiones. A la muerte de Isabel en 1504 Fernando abandonará Castilla…

En medio de la contienda civil de isabelinos y juanistas, en 1476, un nuevo incidente entre Segovia y los Cabrera pone en jaque la seguridad del Alcázar donde está custodiada la pequeña Infanta Isabel, de cinco años y hasta ese momento única futura heredera al trono de Castilla.
Sucedió que estando fuera de Segovia Andrés de Cabrera el Alcázar se hallaba guardado por su suegro don Pedro de Bobadilla, quien junto a su esposa María Maldonado custodiaban a la pequeña. Mediante una artimaña el antiguo alcaide don Alonso Maldonado -pariente de los Bobadilla- penetra en el interior, matando a la guardia y apresando a don Pedro. Doña María y la pequeña Infanta se refugian en la torre y no se rinden pese a ser asediados duramente. Consiguen mandar un correo para avisar a la reina Isabel en Tordesillas. Acude veloz, a galope tendido, ante el peligro que acecha a su hija. Le acompañan doña Beatriz de Bobadilla, el cardenal Mendoza, Andrés de Cabrera y el conde de Benavente. Los nobles insurrectos pretenden impedir la entrada de la Reina y sus acompañantes y piden que prive a Cabrera del cargo de administrador de justicia a lo que la Reina responde, enérgica y contundentemente:

"Decid vosotros a esos caballeros y ciudadanos de Segovia que yo soy la Reina de Castilla, esta Ciudad es mía y me la dejó mi padre y para entrar en lo mío no son menester leyes ni condiciones. Entraré en la ciudad por la puerta que quisiere y entrará conmigo el conde de Benavente y todos los que estén a mi servicio. Decidles que vengan todos a mí y que hagan lo que yo les mandare como leales súbditos y que se dejen de hacer alborotos en mi ciudad porque puede seguir daño en sus personas y bienes".

¿Ves con que rotundidad entiende Isabel su papel de Reina y Señora en contraste con su hermano el rey "de quita y pon" don Enrique?

Así pues, entró en su ciudad con su séquito y, dando audiencia a las partes implicadas, escuchó sus quejas. Querían quitar a Cabrera su posesión del Alcázar pues "el Cabrera" y "la Bobadilla" lo tenían como señores y no como alcaldes. La reina contestó "eso que vosotros queréis lo quiero yo". De tal manera, consiguió recuperar a su hija y restablecer el orden designando a Gonzalo Chacón como guarda del Alcázar. Más tarde, decidió restablecer a Cabrera en su mando por juro de heredad así como las puertas de la ciudad con todos los honores y privilegios (excepto la administración de justicia)
Este episodio de alborotos templados dio lugar a una frase que corrió por toda Castilla "¡Brava hembra! ¡Bragas tiene que non faldetas!", apunta Eduardo de Oliver-Copóns.


CAPITULO SEXTO

DONDE SE DICE DÓNDE ESTÁ MOYA Y SU MARQUESADO

Decir Moya es decir "llave" y "moneda". Por estar enclavada en la raya divisoria de reinos tan flamantes como Castilla, Valencia y Aragón fue la llave de diversas encrucijadas a lo largo de su historia. También es ofrecida como moneda de cambio para el mejor postor. Es desdeluego un apetitoso botín que comprende la jurisdicción de 36 pueblos. Y que fue ofrecida como regalo de bodas en trece ocasiones. Los moyanos, no obstante, defienden con rebeldía su identidad, primero como tierra de moros, luego de cristianos, pasando a ser de realengo, señorío y marquesado. Incluso llegaron a comprar sus propios fueros y privilegios en 1391 a la viuda del señor de Moya al carecer de descendencia masculina.

No aceptaron fácilmente al nuevo señor de Cabrera cuando en 1463 el rey Enrique IV le entrega las tierras de Moya, en compensación por haber perdido el Alcázar de Madrid. Por eso hasta 1475 no toman posesión definitiva y después, en 1480 obtienen los Cabrera Bobadilla el título de marqueses de Moya. Además Moya se decantó por el trono isabelino durante la guerra sucesoria.
Los moyanos entregaron la villa a Isabel bajo sagrado juramento de no enajenarla, pero Isabel incumplió casi al instante; en su testamento, para aliviar su conciencia, dedicó un largo capítulo a proveer la posible devolución de Moya a realengo compensando con otro señorío a los marqueses de Moya.

¿Que dónde está Moya?



Así describe Pinel en "Retrato del buen vasallo":

"La Villa de Moya, cabeza hoy de un nobilísimo marquesado, está situada en las tierras de Cuenca, y fundada en un cerro redondo de grande aspereza, y altura, que por estrechas y torcidas sendas la ofrece penosa y difícil entrada, ciñen su ámbito dos murallas de piedra cuyos cimientos son inaccesibles y altísimos peñascos, que se dan la mano con una fortaleza, que hoy sirve de palacio de los Marqueses, de donde por todas partes se descubre una espaciosa campaña, que riegan dos pequeños ríos, nacidos a poca distancia. No hay dentro agua de pozo, ni de fuente, por su grande altura, aunque a la falda en la parte que mira al Norte hay una muy copiosa, guardada de una torre, que por entre las dos murallas se comunica con la Villa. Su población por lo estrecho del sitio nunca pudo ser grande, aunque se contaban en ella muchas familias nobles. La mayor vecindad consistía en los arrabales, que estaban al pie de la cuesta, o apartados a mayor distancia.
Dista de la raya de Valencia, y Aragón menos de una legua; comprende su jurisdicción mas de cuarenta leguas de circuito: tierra montuosa, y desigual, poblada de continuos, y espesos pinares, menos los valles, que desmontados de la diligencia de los vecinos, hacen lugar a las sementeras, que como poco acomodadas al genio del terreno, por la mayor parte son cortas, y apenas bastan para su alimento; pero grande la cría de ganados, y de caza de todas especies: y en la abundancia, y excelencia de la miel no ceden sus montañas a los celebrados campos de Hybla. Encuéntranse a cada paso claras, y copiosas fuentes, de donde brotan aguas igualmente frías, y sutiles, cuyas márgenes se visten de flores, y hierbas medicinales y olorosas.
Riegan el Marquesado los ríos Guadazaón, Cabriel, el de los Ojos, Algarra y Guadalaviar, llamado Turia de los Antiguos, cuya corriente conduce a Valencia las maderas que se corta en sus pinares, muy a propósito para las fábricas, y de gran útil un tiempo a los Marqueses. En este espacio tienen su asiento treinta y tres lugares de la jurisdicción de Moya, algunos de considerable vecindad, y riqueza…" (Libro II, capitulo VII)

Es desconocida para los odonenses; sin embargo, un cordón umbilical nos une: sus dueños y señores, los Cabrera-Bobadilla, dominaron estos territorios.

En Carboneras del Guadazaón se venera la reliquia daroquense de la Santa Hijuela o los Corporales que fueron donados por Daroca a la reina Isabel en 1495 y más tarde fue dejada en testamento a doña Beatriz, quien la entregó para su custodia a los dominicos de Santa Cruz de Carboneras. También se venera en estas tierras la imagen de la Virgen de Tejeda

Allí, en Carboneras del Guadazaón en un convento dominico que mandaron construir descansan sus cuerpos. Sin ornamentos, ni avalorios. Sencillo sepulcros para quienes tantos honores alcanzaron en vida. Del convento se conserva la preciosa fachada de estilo isabelino a la que estorba un torpe cartel informativo de la Junta Castilla-La Mancha.

Moya, todo hay que decirlo, impresiona y enamora; ofrece actualmente un panorama desolador y bello: sus preciosas ruinas nos hablan de su pasado brillante, lo que aún queda se siente con el corazón. A solas te dejo con estos versos de Federico Muelas:


No; no podéis morir, pueblos que un día
en pie pusisteis la mejor historia.
España os quiere vivos, no reliquias.
¡Gentes del Marquesado que conjuga
la fecha y pastorea la mirada
de la Virgen, soñad; soñad conmigo!
¡Que los nidales del ayer, mañana
nuevas alas ensayen limpios vuelos!



CAPITULO SÉPTIMO

QUE RELATA LO QUE ACONTECIÓ EN LAS CORTES DE TOLEDO DE 1480 RELATIVO A LA TIERRA DE SEGOVIA

Los años inmediatamente posteriores a la guerra civil dinástica son fructíferos para los Cabrera. Empiezan a cosechar recompensas y honores por los servicios prestados y por su lealtad incluso en momentos de prueba cuando el Rey de Portugal intentó comprar los favores de Cabrera, pero este permaneció fiel a sus Reyes.
Por eso recibieron el título de marqueses de Moya en 1475, confirmado por las Cortes de Toledo de 1480.

En las Cortes de Madrid de 1478 se produjo una reunión de notables personalidades, encabezando la lista el Duque de Ribagorza y el Obispo de Cartagena, además de los Procuradores de las ciudades, incluida Segovia, quienes remitieron una carta a la reina Isabel fechada el 13 de marzo para proponer que se reconocieran los grandes méritos realizados por Cabrera pues dichos caballeros entendían que no estaban suficientemente remunerados y para que la Reina cayera en la cuenta de la deuda que tenía con el matrimonio Cabrera: "…suplicamos que mande hacer y cumplir porque así todos recibiremos merced y beneficio galardonándose lo que en provecho y utilidad de todos se hizo y de lo contrario todos habríamos dolor y sentimiento denegándose a los dichos vuestros criados…"
¡Qué lejos estaban de suponer entonces el enorme daño que se generaría a la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia con este escrito de petición de mercedes…! Pues desde el inicio están presentes el dolor y los sentimientos y ya veremos en qué paró.

Así las cosas, durante las Cortes de Toledo se dispusieron nuevas competencias para el Consejo Real y se recortaron los vuelos a la aristocracia que a base de mercedes injustificadas habían mermado las arcas reales. La reducción de juros se aplicó a las posteriores a 1464 (fecha en la que se entendía el inicio de los grandes disturbios entre los nobles y la monarquía), pero se mantenían las concesiones realizadas anteriormente a esa fecha, que nos remonta al caótico reinado de Enrique IV. Únicamente se aceptaban las que hubieran sido otorgadas por servicios auténticamente importantes. Una de las leyes sancionadas en estas Cortes decía: "desde que la esperanza del galardón sea estímulo para las acciones justas y honrosas, al ver los hombres que los cargos de confianza no se reciben por herencia sino que se confieren al mérito, procurarán sobresalir en virtudes para conseguir la recompensa".

Volveremos a ver la importancia del galardón y la esperanza del premio que se patentiza en el escudo nobiliario de los Cabrera.

Pero sigamos con las consecuencias del reconocimiento de méritos. En 1463 Enrique IV había concedido el Señorío de Moya a los Cabrera. Y en 1480 se confirma y se eleva a Marquesado dada la magnitud de los servicios prestados: ni más ni menos que el acceso a la Corona de Castilla. Para cuyo mantenimiento honroso se hace necesaria la segregación de tierras de realengo que pertenecen a la jurisdicción de Segovia, sobre las que pesa la promesa de inembargabilidad.
De alguna manera los reyes pagan su "deuda" con la mejor moneda que tienen: Segovia y sus tierras hasta mejor ocasión de ser devueltas. Y como toda moneda tiene su "cruz" implícita; el dolor del que ya se hablaba sin saber exactamente quienes eran los dolientes.
A partir de ese momento y hasta la muerte de la Reina se sucederán hitos históricos en la vida apacible de aldeas tan sencillas como Odón pues al encontrarse dentro del sexmo de Casarrubios vivirán con desasosiego los alborotos causados por los segovianos. En esos 24 años encontramos las razones para construir un castillo o fortaleza y razones para destruirlo. Y aunque parezca sinsentido todo tiene que ver con las tinajas que se quebraron en Segovia, allá por el año del Señor de 1480…

La petición de mercedes de 1478 surtió efecto en Toledo, cuando por carta de 5 de junio de 1480 los Reyes facultan al escribano Francisco González de Sevilla para que se eximieran y se apartaran de la jurisdicción de la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia a 1200 vasallos contados en los lugares de Cinchón, Valdelaguna, Villaconejos, Bayona, Ciempozuelos, San Martín de la Vega, Seseña, el Casar, Eza, San Antón y Villaverde del sexmo de Valdemoro con todos su términos, prados, pastos, aguas y el resto hasta los 1200 vasallos se contarían en el lugar mas próximo que resultó ser en el sexmo de Casarrubios, las aldeas de Moraleja de Enmedio, Moraleja la Mayor, Serranillos, la Cabeza, Zarzuela, Tiracentenos, Sacedón, Cienvallejos, Odón, la Veguilla Sagrilla, Brunete y Quijorna. Por ello, el citado escribano apartó los territorios y vasallos -a excepción de hijosdalgos, viudas y clérigos- y tomó posesión de ellos en nombre de los Reyes para ser destinados al beneficio de la Corona real, instaurando nuevos alcaldes y justicias, colocando horca y picota como símbolos del dominio real.
Volveremos a ver cómo se hizo la segregación y qué partido tomó Odón en este desaguisado. Pero algo debió de trascender en Toledo acerca de la verdadera finalidad de este apartamiento pues los procuradores de Segovia, presentes en las Cortes toledanas, dieron aviso urgente al Concejo y a la Comunidad de Ciudad y Tierra dando lugar a gravísimas alteraciones y protestas que desembocaron en el quebranto de tinajas, lutos y rechinar de dientes…


CAPITULO OCTAVO

QUE EXPLICA QUÉ ES ESTO DE LOS SEXMOS Y QUÉ ES LA TIERRA DE SEGOVIA

- Pero joven ¿de verdad todo esto tiene que ver con Odón? Porque no me diga que para construir un castillo son necesarias tantas tinajas quebradas…
- ¡Ah, buen amigo! Si supieras que entre las piedras del castillo se halla el clamor de aquellos segovianos que se rebelaron contra la autoridad real de los mismos Reyes Católicos, casi como un susurro, podrías oír el quebranto de las lozas contra el empedrado… Pero permíteme que antes contemos por qué los sexmos y la Tierra de Segovia tienen parte en este romance.
- Pues de romance, romance…
- Recuerda que los romances son fruto de la pasión y del sufrimiento y a partir de aquí no hallaremos otra cosa: pasiones enfrentadas por la Tierra de Segovia: unos porque son sus propietarios y disponen de ella a su conveniencia; otros porque viven en ella y de ella, la defenderán por todos los medios, incluso a las bravas; y otros, finalmente, porque la reciben como un regalo o premio y no renunciarán a ella.

Quizás hemos olvidado que la organización administrativa del territorio "español", entiéndase "castellano" en esta época, es hasta principios del siglo XIX, la derivada de la repoblación consecuencia de la Reconquista. Durante siglos los cristianos pelearon por la recuperación de las tierras que fueron invadidas por los musulmanes; de eso se trataba: de re-conquistar y re-poblar las tierras. Ya lo decía don Juan Manuel: "Ha guerra entre cristianos e los moros e habrá fasta que hayan cobrado los cristianos las tierras que los moros les tienen forzadas; ca cuanto por la ley nin por la secta que ellos tienen non habría guerra entre ellos".
En ese empeño numantino de recuperar lo que era "nuestro" discurre el reinado de los Reyes Católicos culminando, como bien sabemos, en 1492, el año en que la historia se precipita, como dice García de Cortázar.

Actualmente vivimos en Comunidades Autónomas que tienen un reflejo en aquellas otras "Comunidades de Tierra" en que se dividía el territorio de Castilla y de Aragón. Javier de Burgos hacia el año 1833 dividió España en provincias no respetando las antiguas demarcaciones comuneras de Castilla, en que todavía perduraban los territorios de las antiguas Comunidades de Villa y Tierra con el nombre de Partidos o Intendencias.
Las grandes Comunidades de Villa y Tierra de Castilla y Aragón se denominaron en Cantabria Concejos, Parroquias, Hermandades, Cuadrillas, Colaciones, Cofradías; en Burgos Merindades; Juntas en La Rioja Alta; y posteriormente ya en pleno apogeo, Comunidades de Villa y Tierra en Soria, Cuenca, Guadalajara y Comunidades de Ciudad y Tierra en Ávila, Segovia y Madrid, aunque de todas maneras todas ellas semejantes, hermanas y con los mismos contenidos políticos y sociales.
La Comunidad de Ciudad y Tierra o de Villa y Tierra es la mejor expresión y símbolo de la personalidad del pueblo castellano, según Santiago Lázaro Carrascosa. En torno a una ciudad o villa se agrupan diversas aldeas que sitúan aquí su centro administrativo, jurídico, político, económico, social... protegido todo ello por las murallas, como garantía de refugio y defensa. En la casa de la Tierra se celebran los concejos comunales; en la plaza mayor, las ferias y mercados; se habilita el Hospital; la cárcel pública, se levanta el Rollo, expresión de la autonomía judicial...
Durante siglos las Comunidades fueron verdaderas repúblicas autónomas, con su propio pendón e incluso en algunos casos, con su propia milicia. Sus funciones económicas, políticas y jurídicas trascendían el ámbito estrictamente municipal para constituir una federación comunal que no conocía por encima otra autoridad que la del Rey.
El poder, tanto de la Comunidad de Ciudad o Villa (también se les llamó Universidades de Ciudad y Tierra), como de los municipios emanaba del pueblo y era ejercido por concejos cuyos alcaldes y demás funcionarios se elegían democráticamente en asambleas libres. Todos los ciudadanos eran iguales ante la Ley comunal a los pobres, e a los ricos, e a los altos, e a los bajos; y sus asambleas se celebraban a campana tañida e repicada con asistencia de todo hijo de vecino, en los atrios de las iglesias, en las plazas públicas, en torno a las olmas centenarias...
Las comunidades tenían un fuero no escrito basado en los usos y costumbres populares y en los acuerdos concejiles. Como expresión de esta autonomía subsisten todavía en muchas comunidades la "cárcel de la Villa".

Se inicia el poblamiento de los territorios de la Meseta en 1086. En 1088 nace la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia. Las montañas del Sistema Central no son obstáculo para que esta Comunidad se extienda al sur de ellas y así se divide el territorio en lo que se conoce como "Aquende Sierra", al norte, con dependencia eclesiástica de la propia Segovia y el "Allende Sierra" al sur. Esta última región, que llegó a conocerse como "La Extremadura Castellana", por su proximidad a la frontera toledana, permaneció bélicamente inestable al menos hasta pasada la primera mitad del siglo XIII aunque su organización política desde las instituciones segovianas siguió desarrollándose normalmente.
A lo largo de los siglos la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia ha sido despojada por diversos motivos de los siguientes territorios incorporados a Madrid: Sexmo de Casarrubios, formado por 37 pueblos; Sexmo de Manzanares, compuesto por 17 pueblos; Sexmo de Valdemoro, con 28 pueblos; Sexmo de Lozoya, con 8 pueblos, y Sexmo de Tajuña con 20 pueblos, algunos en Toledo. No obstante, todavía hoy siguen perteneciendo a la Comunidad de Segovia 16 pueblos del Sexmo de Casarrubios y los 8 del de Lozoya, a efectos únicamente del aprovechamiento y disfrute de bosques, prados y otros bienes.
La Comunidad de Segovia y las de Ayllón, Aza, Coca, Cuellar, Fresno de Cantespino, Fuentidueña, Iscar, Maderuelo, Montejo de la Vega de la Serrezuela, Pedraza y Sepúlveda fueron fusionadas para constituir la actual provincia de Segovia.

Veamos algunos mapas:




No, no se trata del mapa de transportes de la EMT de Madrid, aunque lo parezcan; el siguiente sí lo es


Ya habíamos advertido que durante siglos los límites entre las actuales provincias de Madrid, Segovia y Toledo estuvieron en permanente discordia hasta que en 1208 Alfonso VIII en Burgos encarga al alcalde de Minaya el trazado divisorio entre Segovia y Madrid. No obstante la disputa no cesó y Fernando III ordena que las tierras en litigio se dediquen a pastos comunales, de modo que ni pierdan ni ganen los unos y los otros, pero a la muerte del monarca madrileños y segovianos vuelven a las andadas, a las disputas, a la quema de campos ajenos, conflicto que no se resuelve hasta bien entrado el siglo XV.

El territorio que constituía la Tierra de cada Comunidad se dividió con fines fiscales y administrativos en diferentes distritos que, dependiendo del número de partes que se hicieron en un principio, se denominaron tercios, cuartos, sexmos, ochavos... Fueron instituciones que llegaron a alcanzar tal grado de poder que la misma monarquía procuró por todos los medios a su alcance mermar. Muchas extensiones de terrenos sexmeros fueron otorgados por los reyes a los nobles y se realizaron muchas ventas y expropiaciones no amparadas en la ley.

Cada sexmo estaba representado en la Comunidad de Villa y Tierra por un Procurador llamado Procurador de la Tierra, también denominado procurador del Común o Sexmero, excepto el representante del sexmo de la Villa, que era representado por el Procurador Síndico. Estos procuradores llevaban al Regimiento la voz de los sexmos a quienes representaban y eran, por tanto, la única voz posible de las aldeas.

El término "sexmo" proviene, por tanto, de la división en seis partes. La Comunidad de Segovia en un primer momento se vertebró en los siguientes: sexmos de San Martín, la Trinidad, Santa Eulalia, San Lorenzo, San Millán y Cabezas. Con el tiempo se crean y se suman los sexmos del Espinar, el de Posaderas y los de Valdelozoya, Valdemoro y Casarrubios. Los tres últimos, situados al sur del Sistema Central, se integraron en la actual provincia de Madrid.


CAPITULO NOVENO

DE CÓMO LOS SEXMOS DE CASARRUBIOS Y DE VALDEMORO Y SUS ALDEAS DESEMBOCARON EN LA FUNDACIÓN DE NAVALCARNERO Y SEVILLA LA NUEVA

Al sexmo de Valdemoro pertenecían Chinchón, Valdelaguna, Villaconejos, Bayona, Ciempozuelos, San Martín de la Vega, y Seseña. El de Casarrubios estaba formado por Moraleja de Enmedio, Moraleja la Mayor, Serranillos, la Cabeza, la Zarzuela, Tiracentenos, Sacedón, Cienvallejos, la Veguilla Sagrilla, Brunete, Quijorna y…Odón, buen amigo, Odón.

- Muy bien joven, ya vamos acercándonos.
- Cierto, aunque sus términos no corresponden con los actuales ya que algunas aldeas se han incorporado a otras; por ejemplo Sacedón y Cienvallejos pasaron al término odonense.

El Sexmo de Casarrubios del Monte estaba constituido entre otros por los siguientes pueblos: Aldea del Fresno, Chapinería, El Escorial, Fresnedillas, Colmenar del Arroyo, , Navalagamella, Robledo de Chavela, Santa María de la Alameda, Valdemorillo, Villamantilla, Villanueva de la Cañada y Zarzalejo.
Después de la reconquista de Alfonso VI (1085), las tierras al oeste de la cuenca del Guadarrama, incluida la misma, pasaron a formar parte del alfoz segoviano (sexmo de Casarrubios) iniciándose una disputa territorial por las mismas con el alfoz madrileño.

Este sexmo, el más meridional de todos, tenía una extensión de 1307 kilómetros cuadrados, de los que hoy 1170 se incluyen en la provincia de Madrid y 137 en la de Toledo. De las 66 poblaciones que lo integraron, 38 perviven y el resto ha desaparecido.
Como todas las tierras sexmeras, sufrieron expolios continuados desde todas las instancias, tanto públicas como privadas. Los documentos de Alfonso VIII fechados en 1208 y otros anteriores de 1172 y 1181, atestiguan unas extensiones territoriales que luego, al cabo de los años, habían desaparecido sin justificación contractual alguna.



El Señorío de Casarrubios -creado o ampliado por Pedro I- estaba formado por el propio Casarrubios del Monte, Ventas de Retamosa, Valmojado, Villamanta, El Álamo y Arroyomolinos.
Después de varios intentos de señorialización, fue Isabel la Católica quién zanjó el problema en 1469, concediendo graciosamente el dominio sobre estas tierras a otro de sus caballeros de confianza, el Comendador Gonzalo Chacón, como premio a su lealtad y muchos servicios a la Corona.
En 1480 los Reyes Católicos conceden a los marqueses de Moya el nuevo Señorío de Chinchón, el cual incluía el sexmo de Valdemoro y una serie de pueblos del sexmo de Casarrubios
Posteriormente Carlos I concede en 1520 a Fernando Cabrera, hijo de Andrés y Beatriz, el título de Conde de Chinchón.

La ciudad de Segovia, desde entonces, venía realizando todo tipo de acciones ante la Corona para recuperar todo lo que se le había sustraído. Entre tanto, los baldíos de la ciudad, que se extendían desde Brunete hasta Casarrubios, iban siendo ocupados por los vasallos de los marqueses de Moya y por los del comendador don Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios. Los vecinos en ese punto no saben a qué atenerse por el litigio entre Segovia y los marqueses de Moya y se encontrarán en medio de ambos. Por si no era suficiente, el comendador don Gonzalo Chacón quiere apropiarse de los baldíos y alijares que había entre sus tierras y las de los marqueses (Brunete, Odón, Sacedón, Cienvallejos, Zarzuela, Tiracentenos y otros). Los baldíos, como su nombre indica, son generalmente, aunque con matices, terrenos de segunda, aquellos que no entraron en el proceso de reparto de tierras que siguió a la reconquista y que se adjudicaron bien a caballeros o a nobles en pago de sus servicios en las batallas, bien a los nuevos pobladores que llegaron desde el norte a repoblar la tierras conquistadas a los árabes o, en fin, a las órdenes militares o a las sedes arzobispales. Estas tierras, en momentos de presión demográfica, se roturaban ante la necesidad de alimentar a las familias, aunque siempre con unos rendimientos en las cosechas muy inferiores a las tierras de mayor calidad.
En definitiva eran tierras de uso -no propiedad comunal-, explotadas en régimen de usufructo por los campesinos menos pudientes sin que existieran en ningún caso título de propiedad sobre las mismas pero sobre las que, en determinadas circunstancias, se exigía el pago de un canon por parte del municipio. También hay que reseñar, al margen de las particularidades de cada villa o lugar, que para usufructuar los terrenos baldíos se exigían unos requisitos como la obligación de registrar las tierras -no más de cuatro fanegas a la vez- cada dos años, en la ciudad de Alcalá o en el lugar de avecinamiento del agricultor, ararlas todos los años -pues en caso de transcurrir más de un año y un día sin hacerlo se perdía el derecho- y la prohibición de comerciar con las tierras.
Por otra parte, hay que reseñar que las clases dominantes, la oligarquía de la época, y las autoridades eclesiásticas normalmente siempre se opusieron a la venta de baldíos, -también los ganaderos pues se restaban pastos a los ganados- en tanto que significaban quitarles poder sobre unas tierras en las que podían ejercer manipulaciones que con la propiedad de los campesinos ya no eran posibles, al menos en los primeros años siguientes a las perpetuaciones.

Segovia no quiere perder influencia en el sur del sexmo de Casarrubios; durante el verano de 1499 fue preparando la fundación de una nueva población, Navalcarnero, en el centro de los términos en conflicto, junto a la vieja Perdiguera. El 19 de septiembre de 1499 consiguió hábilmente de los Reyes Católicos, confundiendo la vieja y nueva Navalcarnero distantes una legua entre sí, una provisión real de la Corona en la que se ordenaba a la ciudad fuese a Navalcarnero para poner alcaldes y alguacil, es decir para constituir el primer Ayuntamiento. Los seis vecinos de Perales, que labraban por estos contornos, fueron la semilla con la que se fundó el nuevo pueblo. El 10 de octubre de 1499 el representante del Concejo segoviano se trasladó hasta Navalcarnero y reunido con cinco vecinos de Perales, pues uno estaba ausente, se procedió a la elección de los dos alcaldes y por un alguacil. Con este acto, Segovia, acababa de fundar un nuevo pueblo: Navalcarnero. Los seis vecinos de Perales, que, ni tan siquiera tenían casa aquí, pasaban a ser vecinos de la nueva población.
Las libertades y exenciones que se conceden a los que acudieran a poblar el nuevo lugar explican que a él llegaran muchas personas procedentes de las tierras de señorío circundantes. También es lógica la reacción de los señores, para los que resultaba un quebranto económico esta sangría humana sufrida por sus territorios.
Se pregonó por los contornos para conocimiento de cuantos tuvieran interés en acudir a poblar el nuevo pueblo que los nuevos vecinos se harían propietarios de las tierras que pudieran labrar, con exención total de impuestos por diez años. Tres meses después, en enero de 1500, los pobladores eran ya más de cien. Habían construido una iglesia y edificaban la casa del vecino.
La reacción de los señores limítrofes frente a la nueva población segoviana fue feroz. El 17 de enero de 1500 Gonzalo Chacón, incendia y derriba chozas y casas, la iglesia y la casa-concejo que se estaba construyendo. El Concejo de Segovia se querelló ante el Consejo Real, el 21 de enero, demandando que se hiciera justicia con los culpables o que se dé "licencia a la ciudad para que lo remedie por sí misma". Se ordenó prender a los responsables, ponerles en prisión y someterles a juicio; y reconstruir la iglesia y las casas. La población comenzó a rehacerse. En el mes de marzo siguiente los marqueses de Moya arrasaron y quemaron el pueblo por segunda vez. Hasta cuatro veces fue quemada y varias más intentaron arrasarla a mano armada.
Segovia asumió la defensa de sus intereses en Navalcarnero desde el primer momento. Contra los marqueses de Moya y sus sucesores, que reclamaban la propiedad de la dehesa Marimartín, sostuvo un pleito que duró hasta el año 1592, es decir, noventa y tres años. Contra el comendador don Gonzalo Chacón y sus sucesores, que reclamaban su jurisdicción sobre el término de Navalcarnero, incluida la misma población, sostuvo otro pleito que duró desde la fundación hasta el año 1617, es decir, ciento diez y ocho años.
Acabados los pleitos en 1617 con los sucesores de Gonzalo Chacón, diez años después, en 1627, el vecindario se emancipó de Segovia comprando su propia jurisdicción a la Corona, haciéndose Villa independiente. Nada de insólito tiene que ello sucediera en los inicios del segundo cuarto del siglo XVII, cuando el rey Felipe IV y su todopoderoso valido Conde-Duque de Olivares, buscan cualquier fuente de ingresos para financiar su ambiciosa política europea. Por esta causa no son escrupulosos a la hora de conceder el privilegio de villazgo a todo aquel lugar que pueda pagarlo, haciendo oídos sordos a las protestas de las villas y ciudades, de las que son enajenados, que ven disminuir sus territorios, sus competencias y sus dineros. En casi todos los casos dicha compra suponía un considerable endeudamiento para los vecinos
El disgusto que esta emancipación proporcionó a Segovia fue grande y luchó denodadamente para que no se produjera. Más, Navalcarnero nunca renegó de sus raíces y buena prueba de ello es que adoptó el escudo de las armas de la ciudad para mantenerlo en su propio escudo de armas.

Estas dificultades templaron el ánimo de los pobladores desde el primer momento y forjaron hombres duros, dispuestos a sobrevivir en la adversidad, con vocación de permanencia y con iniciativa para mejorar sus condiciones de vida.

En este mismo contexto, hacia el año 1540, los baldíos existentes entre Navalcarnero y Brunete, eran objeto de confrontación entre el concejo de Brunete, el conde de Chinchón y. Gonzalo Chacón (nieto del que hemos venido hablando). Dentro de este panorama y situación inestable, un agricultor en la zona, Antón Sevillano, invita a otros habitantes de la zona, a edificar sus casas en la zona de las Retuertas, donde ya él había construido la suya, con idea de agruparse para formar un núcleo vecinal y fundar así una nueva población: Sevilla la Nueva.

Para la mentalidad del siglo XV y XVI, con el poso de todo un pasado dependiendo de un señor más o menos feudal -en el caso de Morata el arzobispo de Toledo-, cambiar la condición de villa de señorío por la de villa de realengo suponía toda una transformación y el cambio inverso, de realengo a señorío, se consideraba un retroceso. El estatus de villa de realengo llevaba aparejado un cierto alejamiento del poder al tiempo que un intento de centralizar el mismo. Si hasta entonces Morata dependía del arzobispado de Toledo y del arciprestazgo de Alcalá ahora la personificación del poder en la figura del rey se sentía mucho más lejos y, por lo tanto, la presión y el control sería mucho menor.
De hecho, en un siglo en el que la falta de condiciones educativas era endémica, desde el campesino más pobre y analfabeto hasta el hidalgo o el artesano, todo el mundo tenía muy claro si la villa o lugar era de realengo o de señorío. Tan distinta y tan importante a la hora de condicionar la vida cotidiana era una situación jurídica u otra. Y las razones eran variadas.
Por lo pronto los vecinos preferían la condición de villa de realengo en tanto que suponía mayor autonomía municipal y mayor poder de decisión a la hora de nombrar los regidores del municipio. Aunque el rey, en algunos casos se reservaba este derecho, en otros dejaba a los propios habitantes nombrar una terna o, la mayoría de las veces, nombrar directamente a sus alcaldes. Ya no era por tanto el señor quien nombraba a la autoridad del concejo sino los vecinos, pecheros y exentos, quienes tenían en su mano la elección. No es baladí esta distinción en tanto que supone, en muchos aspectos, uno de los factores de la toma de protagonismo de los vecinos en las decisiones municipales que les afectaban.
Este cambio radical lo supieron entender los habitantes de la época. Lo demuestra la circunstancia de que se defendió durante varios años y a pesar de las dificultades económicas su pertenencia a la Corona.
Por lo tanto, los sexmos segovianos, como las restantes villas de realengo disponían de más libertades municipales que las villas y lugares de señorío, especialmente en los de señorío eclesiástico mucho más celosos de su tutela. Se explica así el continuo deseo de los vecinos por pasar a ser villa de realengo durante el siglo XVI.
Tampoco es casual que en los alrededores de Madrid proliferen las villas de realengo, por su situación geográfica favorable y, cómo no, por una etapa de crecimiento económico y demográfico que favorece los esfuerzos de las villas y lugares para lograr mayor autonomía municipal y evitar al mismo tiempo convertirse de nuevo en villa de señorío.
Incluso algunos autores consideran que en los pueblos de realengo la población era mucho más joven debido a la emigración a las nuevas villas de matrimonios jóvenes que intentaban mejorar su condición económica. Estos nuevos vecinos, estaban ansiosos de nuevas tierras con las que mejorar sus medios de vida.
Por ejemplo, Quijorna fue hasta al año 1480 una pequeña aldea perteneciente a la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, dentro del sexmo de Casarrubios. Es interesante una anécdota de "evasión de impuestos"según cuenta Ángel Carrasco Tezanos que recoge un documento del Archivo de Simancas: cinco vecinos de dicho aldea emigraron a Navalagamella, Valdemorillo y la Despernada que quedaban fuera del señorío de Moya, por tanto seguían siendo "de Segovia", pero en 1495 seguían manteniendo sus tierras en Quijorna e iban a labrarlas sin pagar el fisco en su anterior lugar de residencia lo cual no gustó al resto de vecinos ni al Concejo.


CAPITULO DÉCIMO

QUE RELATA CÓMO UNA PROMESA SE CONVIERTE EN POLVO, UNA PROTESTA EN TINAJAS QUEBRADAS Y UN PLEITO EN SECULAR


- Joven, y de Odón ¿qué…?
- De Odón… estamos hablamos en todo momento pues, de alguna manera, todas aquellas promesas, protestas y litigios judiciales desembocaron muy cerca del Arroyo de la Madre, y en una suave colina de Odón se mandó construir una fortaleza para…; bueno, no adelantemos acontecimientos. Es menester saber cómo comenzó aquella auténtica batalla dialéctica…

Ocurrió que la promesa de inembargabilidad y protección que en su día juraron los reyes Juan II, Enrique IV, Isabel y Fernando sobre las tierras de la Comunidad de Segovia de la noche a la mañana se convirtió en papel mojado, polvo o cenizas… ¿Pero qué estaba ocurriendo, realmente, para que los Reyes quebrantaran su palabra, casi sagrada, en beneficio de unos Marqueses y en detrimento de toda una población como Segovia?

Ya hemos dicho, amigo lector, que hemos de ver con los ojos del siglo XV para entender que los reyes soberanos tienen poder absoluto, que los súbditos, no son soberanos, sino vasallos y que los premios se dan en honor a un buen servicio de vasallaje, en justa recompensa y sólo los reyes tienen el poder de satisfacer las causas justas. Que sea justo o injusto es algo que compete exclusivamente a los reyes decidir, y nada de lo que a nuestros ojos parezca prepotencia o prevaricación lo es en realidad en su mentalidad.

- ¿Entonces…?
- Lo que pasó fue el resultado inevitable de la suma de todos estos factores. Porque aquí se discute la propiedad y el derecho a poseer la tierra y todas las partes litigantes tienen "derecho" a ella.
Todos pueden decir "esta tierra es mía": los Reyes porque detentan la propiedad exclusiva, esto es, la facultad de usar y abusar, en el sentido de disponer de ella como mejor convenga. Y ciertamente la Reina Isabel tenía bien claro que esa tierra era suya, pues se la había regalado su padre.
Pero también era "de Segovia" que tenía la posesión, es decir, el derecho a usar y disfrutar con todos los privilegios y exenciones fiscales obtenidos en el curso de su historia; poseían la tierra a título de dueño con la seguridad que una promesa sagrada, dada por los Reyes y confirmada ante los Santos Evangelios, proporciona a sus detentadores el absoluto disfrute de sus rentas, pechos, jurisdicciones…todo.
Pero también era de sus nuevos dueños, los señores y Marqueses de Moya, que detentaban la propiedad y la posesión, es decir, todo, a título de donación, es decir, un regalo igual que el que en su día hiciera el Rey Juan II a su hijo el Príncipe Enrique.
A su larga lista de títulos y honores se añade uno nuevo: el título de propiedad. Y nadie renuncia de buen grado a algo sobre lo que tiene derecho.
Mal cariz, tiene en puridad de Derecho, este conflicto pues todos defenderán, por las buenas o por las malas, su tierra y su derecho a ella.

Y por eso pasó lo que pasó…

La promesa dada por Juan II en 1440 se convierte en polvo pues los Reyes Isabel y Fernando revocaron aquella disposición con buena conciencia de hacer lo justo en aquel momento pues estaban dando justa recompensa a aquellos leales vasallos y servidores que les habían permitido el acceso al revuelto trono de Castilla, apaciguando al resto de nobles que bien hubieran podido "poner" en el trono a Juana, ya que en manos de ese tipo de nobles los monarcas se convertían en "muñecos pelele".
Las primeras disposiciones dadas en Toledo alteran sobremanera los ánimos de los segovianos. Los Reyes, habiendo llegado a sus oídos tales alteraciones, envían una carta fechada en Toledo a 9 de junio en la que se hacen eco de estas quejas y de las pruebas de "fidelidad y homenaje" que los segovianos hacen gala para pedirles que revoquen la segregación; los Reyes se muestran "maravillados", esto es, sorprendidos y enojados, porque la merced dada a los Marqueses de Moya fue hecha con mucha deliberación y consejo respetando los servicios recibidos.
Los Reyes argumentan que es notorio que los Procuradores de Segovia estaban presentes en las Cortes y que por tanto dicha cesión se hizo conforme a derecho: "no fuimos contra juramento y sanamente y buena conciencia".
Les recuerdan que la cesión es a "tiempo cierto" lo cual sabéis podemos hacer y no fuimos contra el juramento que decís que tenemos hecho y debéis creer que procuraremos tornar por lo que mandan cesar todo tipo de alteración y vos conformades, pues de lo contrario causaréis gran enojo y lo pagaréis. Y daban por nula cualquier otra disposición anterior que se opusiese a su voluntad. En esta carta los Reyes apoderan a su escribano Francisco González de Sevilla para que siga el curso de toda la desmembración.

Y siendo así el calibre del servicio dispensado por el matrimonio Cabrera se entiende la proporción de la desmembración de los sexmos de Casarrubios y de Valdemoro, con la intención primera de que fuera a "tiempo cierto", es decir, a título de empeño o prenda hasta que se cedieran otros vasallos y otras tierras en otros lugares, como por ejemplo, en la rica y preciosa tierra de Granada.
Sin embargo, las cosas no fueron así. Los segovianos se rebelaron contra sus reyes en su tierra porque consideran desproporcionado tal remuneración y no se conformaron con la segregación temporal, máxime cuando empezaron a contemplar cómo, dentro de los términos de Odón y Chinchón, se levantaron dos fortalezas. Aquello no tenía sentido ¿cómo era posible que los Reyes Isabel y Fernando, los que fueron coronados en "su ciudad de Segovia" con tantos clamores del pueblo fueran tan injustamente castigados con la segregación de tierras y vasallos?
No se conformaron con pasar de realengo a señorío, y menos a ser vasallos de los Cabrera, que como alcaldes del Alcázar segoviano dejaban mucho que desear según manifestaban el pueblo llano. Por las buenas, iniciarán pleito tras pleito para intentar conseguir reparación de daños y la devolución de las tierras a realengo; por las bravas, atacarán aquello que más les duele: la presencia omnipotente de las citadas fortalezas. Tiempo tendrán de ajustar cuentas, algún día…

Las protestas iniciadas al calor de los días más tórridos de junio de 1480 quebraron muchas tinajas y alguna quijada de las sonoras bofetadas que las madres propinaron a sus hijos pequeños en señal de la desproporcionada e injusta decisión real.
Aquellas bofetadas se transformaron en resentimiento, recelos y odios acrecentados por el tiempo, y llegando la épica fecha de 1520 los niños abofeteados -convertidos en jóvenes y hombres maduros- cobraron la deuda que tenían contra los Marqueses de Moya, ahora Condes de Chinchón.

¿Pero que pasó en Segovia entre el 5 y el 20 de julio de 1480 para que la cesión temporal a título de empeño se convirtiese en castigo a perpetuidad, y por siempre jamás?

Pues algo muy grave en la mentalidad de los Reyes Isabel y Fernando, detentadores del poder real absoluto: la desobediencia civil de toda una población como Segovia, que por muy noble y leal que fuera, no estaban dispuestos a consentir. Y mucho menos los segovianos iban a consentir el "despojo". ¿Empiezas a sentir, paciente lector, ese escalofrío del que hablábamos al principio…?

El "rumor" de la desmembración se convierte en "noticia" en los primeros días del mes de junio, presagiando un tórrido verano del año del Señor de 1480.
Segovia se dispuso a enfrentarse judicialmente a la decisión de los Reyes: a campana tañida se reunieron los integrantes del Concejo y demás personalidades de Segovia. Reclamaron a los Reyes lo revocasen y si no protestarían una, dos, tres y cuantas veces pudieran y debieran en defensa de su Ciudad y Tierra.
Los segovianos recordaron a los Reyes todos los actos de vasallaje y obligaciones mutuas: el alzamiento por la ciudad al trono de Castilla y León; juramento de la Reina; el recibimiento al Rey Fernando y juramentos; el juramento al Príncipe Juan; la carta de Enrique IV sobre la promesa de no enajenar jamás ni mermar sus territorios; y copias de privilegios que la Reina Isabel juró guardar a Segovia.
También remitieron una carta a los Cabrera-Bobadilla pidiéndoles que no aceptasen ni recibieran tales donaciones por el tremendo daño que se causaría a la ciudad de Segovia, ciudad como ellos mismos, leal y servidora de la Corona y de Isabel y Fernando.
Otras cartas con destino a Toledo y Madrid fueron remitidas en busca de apoyos solidarios a la causa de la defensa de Segovia.
El Concejo juró solemnemente defender los derechos de Segovia haciendo cuanto estuviese en su mano para evitar la desmembración.
Mientras, se cruzaban por el camino la respuesta real donde se conmina a los segovianos que se aquieten en sus pretensiones y no entorpezcan la labor en marcha.
El Concejo, reunido de nuevo a campana tañida, contestó que no estaban obligados a guardar ni a cumplir el mandato porque aquello que se les pedía era en perjuicio de Segovia y no era un servicio a la Corona, máxime siendo como era para hacer donación a los Marqueses de Moya; suplicaban a los Reyes humildemente -e invocaban a Dios y a la Justicia- una, dos y tres veces que revocasen esa orden que habría de manchar las reales conciencias y quebrantar tantas leyes. Y si así se hiciera, jamás consentiría la ciudad de Segovia el despojo buscando amparo y defensa y apelando ante quienes pudiesen. Así el Concejo apoderó a Diego Méndez para que se trasladase a Odón -pues allí se iniciarían las operaciones de deslinde- y solicitó a los lugares de Odón y de Valdemorillo que prestasen el auxilio necesario a dicho Procurador.
Así, días más tarde, el Bachiller Sancho de Ávila leyó, bajo los álamos de la plaza de San Miguel, el pregón con el que abríamos este relato, que ahora alcanza pleno sentido:

Cuando los reyes y señores naturales toman a alguno lo suyo sin justa causa de la Corona real, el mejor remedio que el agraviado tiene después de la reclamación y contradicción, es quejarse a Dios y al mundo públicamente del agravio que recibe y protestar y procurar todos los remedios que hubiere para la defensa de sus derechos. Por ende,
Nosotros, el concejo, justicia, regidores, caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos de la muy noble y muy leal ciudad de Segovia, al tener noticia de que los reyes nos han tomado todo el sexmo de Valdemoro y gran parte del de Casarrubios, para darlo y hacer merced al mayordomo Andrés Cabrera y a doña Beatriz de Bobadilla, su mujer, en su muy gran servicio y con gran daño nuestro y de la Corona real, contra las leyes de los reinos y contra las promesas y juramentos que nos tenían hechos en contrario, sin contar con nosotros, sin justa razón ni causa, y contra nuestra voluntad, de lo cual muchas veces hemos reclamado y suplicado. Por ende no nos apartamos de nuestras reclamaciones sino que nos ratificamos en ellas, nos quejamos a Dios y a los Reyes nuestros Señores y protestamos no consentirlo en tiempo alguno, sino buscar remedio contra ello y para ello alcanzaremos tiempo y lugar oportunos y pues el presente no podemos hacer más y por mayor muestra, señal y memoria de nuestra queja, agravio y protestación que públicamente hacemos, nos cubrimos de luto y otrosí cubrimos el pendón de la ciudad y quebramos esta tinaja y hacemos esta ahumada, todo lo cual pedimos por escrito a Pedro García de la Torre, escribano público de la ciudad y a los demás escribanos rogamos sean testigos…"


Así se hizo: los Regidores estrellaron contra el suelo una tinaja, mientras otros prendían fuego a un haz de pajas haciendo gran humareda.
Este mismo acto se repitió por tres veces en las plazas y puertas de San Martín y en las gradas del cementerio de Santa Eulalia ante presencia numerosa de cristianos, judíos y moros, lanzando Rodrigo de Contreras un cántaro contra el suelo que contenía ascuas y cenizas, sosteniendo el pendón de la ciudad enlutado mientras se levantaba la gran llamarada de pajas.
Incluso se llegó a abofetear a los más pequeños, testigos mudos de estos sucesos, y del que guardarían memoria muchos años.

Las cartas reales pidiendo obediencia fueron desatendidas por el Concejo y toda la población segoviana estaba resuelta en mantenerse firme en su justa protesta. Nada bueno presagiaba estas discordias pues la voluntad real se transformó en rigurosa administradora de "La Justicia" con tremendas consecuencias para los fieles, pero rebeldes, vasallos segovianos. Los pleitos iniciados en aquellos años no concluyeron definitivamente hasta el reinado de Felipe II quien decidió poner fin con una Concordia. Entretanto, los vasallos del Marqués de Moya aumentaron progresivamente de 1200 a 4000, ocupando terrenos baldíos o contiguos a los segregados dando lugar a nuevos y graves conflictos de jurisdicción entre Segovia y los Señoríos de Chinchón y otros señores como Gonzalo Chacón dispuesto a sacar tajada en este enredo de tierras.

La Reina Isabel, en sus últimas voluntades, albergó el remordimiento de conciencia del que hablaban los segovianos. Quiso deshacer el daño causado, mas ya no fue posible…

Claro que los descendientes de los Moya, años más tarde, tampoco perdonaron los destrozos en sus posesiones y emprendieron nuevos pleitos para reclamar indemnizaciones. Así, por el empeño numantino de recobrar "lo suyo" cada parte inicia pleitos que alargándose en el tiempo se convierten en seculares. ¡113 años, nada menos, tardaron en resolverse los conflictos de los Condes de Chinchón y la ciudad de Segovia! ¡Y otros tantos emprendieron los Chinchón contra sus vasallos para pedirles indemnización!

¿Ves en ello, querido lector, cómo se conjugan pasión y romance en el quebranto y duelo por las tierras perdidas y/o ganadas? La Reconquista no sólo fue entre moros y cristianos, sino entre cristianos entre sí, y mientras el Mundo de finales del XV en plena ebullición se expande a otros nuevos continentes, y las artes y letras experimentan las más altas cimas, y la ciencia dando un giro copernicano, admite que la tierra es redonda, un pueblo entero de hombres y mujeres pelean denodadamente por un palmo más de tierra que les ha sido "quitado" ¡Ah! ¡Pasión y romance, típicamente español…!


CAPITULO UNDÉCIMO

QUE CUENTA LAS REALES RAZONES DE LA DONACIÓN Y SEGREGACIÓN Y CÓMO SE HIZO

- Ya hemos visto…
-…y sentido ¡vaya bofetadas!...
-…las justas razones de los segovianos para oponerse con todas las de la ley a cumplir el mandato real que les exigía no entrometerse en las operaciones de segregación. Para los segovianos no es una segregación sino un despojo. Para los Reyes es una merced o premio justo por un servicio de gran estimación y valía, como queda ya suficientemente comprobado. Para los Cabrera es un regalo y como tal aceptan, pues en otras ocasiones habían rechazado otras remuneraciones y atenciones reales en consideración a los delicados momentos de guerra contra Portugal.

Pero, pese a las apariencias, no hubo mala intención en la voluntad de los Reyes al proceder de esta manera. Por lo menos, no era esa la intención al principio en la mente de la Reina Isabel. Pero se transformó en castigo ¿por qué?
Ya hemos referido que la conducta rebelde de los segovianos tuvo bastante que ver en este cambio tan radical de actitud por parte de los Reyes.
Todos tuvieron "justas" razones para hacer lo que hicieron. En realidad, nada de extraño hay en el deseo de los Reyes de recompensar a sus fieles vasallos Andrés de Cabrera y Beatriz de Bobadilla pues al otorgar esta donación creían firmemente "hacer justicia" -al encarnar el brazo de la más Alta Justicia-, ya que no tenían superior en lo temporal y sólo reconocían a Dios por Suprema Justicia ante el cual deberían rendir cuentas en sus últimos momentos, como demostró la Reina Isabel en su testamento.

El documento expedido en las Cortes de Toledo de 1480 el 29 de junio era una donación por juro de heredad pero con la condición de ser a título de empeño o prenda en las tierras de Segovia. Los Reyes mostraron su enojo al saber de los disturbios en Segovia.

"…Somos mucho maravillados de esta suplicación y de algunas alteraciones y novedades que nos han dicho que habéis hecho porque si alguna merced hicimos a los dichos mayordomos y Bobadilla esta fue con mucha deliberación y consejo habiendo respeto a los muchos cargos que de ellos tenemos por grandes y señalados servicios que de ellos hemos recibido como a todos es notorio lo cual mandamos comunicar con todos los procuradores de las ciudades y villas de nuestros reinos que a estas Cortes ahora mandamos hacer fueron ayuntados y de su consentimiento y acuerdo y aún suplicación Nos hicimos dicha merced y así no fuimos contra el juramente general que hicimos y sanamente y con buena conciencia lo podemos hacer …y fue por ciertas mercedes que Nos les tenemos proveídas, les empeñamos ciertos vasallos de la tierra de esa ciudad a tiempo cierto para quitarlos lo cual como sabéis podemos hacer y no fuimos contra el juramento que decís tenemos hecho porque debéis creer que Nos habemos de procurar y trabajar y procuraremos como lo más presto que sea posible que se tornen los dichos vasallos a esa ciudad, …procede de nuestra voluntad que os mandemos que ceséis de hacer otras alteraciones y que os conforméis porque de lo contrario nos causaría gran enojo y sed ciertos que si después de esto hay más alteraciones por vuestras personas y bienes nos lo pagaréis y como ya hemos hablado con vuestros mensajeros no conviene aquí más decir"

El 5 de julio se expide el real privilegio de donación que pone de relieve todos los servicios dispensados por el matrimonio Cabrera Bobadilla: desde el reinado de Enrique IV se esforzaron en mantener la paz y el orden entre los grandes prelados, trabajaron por la reconciliación entre los dos hermanos para asegurar una sucesión pacífica, que culminó en Guisando con el reconocimiento de Isabel como heredera, que Cabrera había custodiado fiel y honradamente el Tesoro Real del Alcázar sin ceder ante las presiones del rey de Portugal, cómo el empeño por la quietud y reconciliación entre los nuevos esposos Fernando e Isabel frente al Rey Enrique les llevó a ponerse en sus manos, cómo a la muerte del Rey los Cabrera habían facilitado las diligencias para su proclamación como Reina y habían recibido a Fernando como Rey, entregándoles el Alcázar y sus tesoros por lo que muchos de los nobles y prelados reconocieron a Isabel por Reina, cómo había servido Cabrera con sus huestes en la guerra contra Portugal sin pedir contraprestación, por lo que en pago de tantos servicios le hicieron donación de las Tierras de Moya, y que habían deseado pagarle con más, a lo cual Cabrera se excusó y no pidió nada.

En consecuencia, la remuneración, justa y ajustada a Derecho, se hacía en aquellas tierras que desde el primer momento fueron favorables a la causa de Isabel en calidad de prenda o empeño, entretanto se encontraban otras tierras de equivalente valía. Así era justo proporcionarles medios y riqueza suficientes para mantener el rango de Marqueses, por lo cual les hacían donación, y gracia, pura mixta y no revocable para siempre jamás para ellos y sus sucesores de 1200 vasallos en calidad empeño en los lugares de la Comunidad y Tierra de Segovia, previamente segregados por el escribano Francisco González de Sevilla y siempre bajo la condición de "empeño". En dicho documento se prohíbe a Segovia inmiscuirse en estos asuntos, mandando a los vecinos obediencia a los alcaldes puestos por los Marqueses. Asimismo, revocaban y quedaban sin validez cuantos privilegios o juramentos se hubiesen hecho anteriormente por cualquier rey anterior y aún por ellos mismos en cuanto fuesen contrarios a lo que ahora se establecía, ordenando obediencia y acatamiento.

Como es de suponer, los Marqueses de Moya aceptaron esta concesión y apoderaron al Comendador de Membrilla, Martín de Alarcón, para que tomase posesión y recibiera en su nombre todos los nuevos territorios.

Pese a que la voluntad primera de los Reyes fue la de otorgar la segregación temporalmente con la idea de restablecer la situación, no obstante, con fecha 20 de julio se confirmó este privilegio de merced "a perpetuidad", desapareciendo la intención de temporalidad y de devolución.

¿Qué ocurrió?
Como ya hemos adelantado los alborotos y desobediencias ocurridas en Segovia entre junio y julio de 1480 llegaron al extremo de manifestaciones de duelo y quebrantos: de tinajas, de quijadas, de cántaros…
Los Reyes, al enterarse, enviaron un juez pesquisidor para averiguar el alcance del alboroto y castigar ejemplarmente a los responsables. Pero no pudo llegar a descubrirlos porque el pueblo en masa, como una sola voz, respondió que todos eran culpables, hombres, mujeres, pecheros y nobles, parecido a lo ocurrido en Fuenteovejuna y que sería inmortalizado por el genial dramaturgo Lope de Vega.
Cuando los Reyes se enteraron del fracaso de las pesquisas, heridos en su orgullo real, castigaron a la ciudad de Segovia. Pues así se lo habían advertido: nos las pagaréis. Y todos pagaron, en efecto, un alto precio con la pérdida definitiva de sus tierras y vasallos.
Por eso el privilegio de donación definitiva de 20 de julio es taxativo y feroz contra Segovia. Contra la misma ciudad y habitantes que tanto favor hicieron a la Corona de Castilla.

Del citado privilegio de donación perpetua, al que ya nos hemos referido en varias ocasiones, destacaremos la revocación de la promesa de inembargalibilidad y el permiso real para construir fortalezas, al decir:

"Nosotros de dicho propio motu y cierta ciencia y poderío real absoluto como Rey y Reina soberanos señores naturales no reconocemos superior en lo temporal lo abrogamos y derogamos y queremos y nos place que no tenga fuerza ni vigor alguno y de nuestras propio motu y poderío real absoluto suplimos cualquier defecto y otros …para perpetua validación y corroboración de todo lo dicho ...y alzamos y quitamos toda objeción…y cualquier obstáculo e impedimento de hecho o de derecho que pudiese contradecir lo contenido en esta carta …y mandamos al príncipe nuestro muy amado hijo -que contaba con dos años-…que os guarden y cumplan y hagan cumplir el contenido de esta carta……revocamos y damos por nulas porque nuestra merced y voluntad es que esta merced tenga efecto y vosotros lo hayéis sin embargo ni impedimento alguno…queremos y mandamos que valga y sea firme para siempre jamás y prometemos aseguramos por Nos y por nuestros sucesores en nuestros reinos que no lo revocaremos nunca y que os defenderemos, ampararemos en el derecho y posesión pacífica de ello o de cualquier persona o ciudad que os perturben, molesten o inquieten en el derecho o posesión…ni se dirá ni se alegará que fue hecho en colusión o detrimento de la Corona real …por cuanto nosotros sabemos que vuestros merecimientos y nuestra remuneración no es en detrimento de nuestra Corona real…y que cuando vosotros o vuestros sucesores sean demandados os daremos y mandaremos dar ayuda y todo favor para mantener la posesión por juro de heredad por siempre jamás, y queremos, y es nuestra merced y voluntad de nuestro poderío real absoluto como Rey y Reina que lo dicho tenga efecto y valedero perpetuamente por siempre jamás..."

"…es cosa justa que sean remunerados y satisfechos con mercedes dignas de memoria y que por gracia de Dios plugo de dar la paz y sosiego…y que fuese en ejemplo para así disponer a servir a los reyes y a la cosa pública de sus reinos según vosotros hicisteis …os mandamos que toméis titulo de Marqués y Marquesa y seáis acrecentados …en caudal y hacienda con que el honor y estado debido a tal dignidad y título podáis conservar en pago de vuestra servicios y trabajos y gastos de vuestra hacienda y para ayuda a sostener vuestro título por la presente por nuestra voluntad queremos usar y usamos como Rey y Reina os hacemos merced y gracia, donación pura y propia y no revocable en los lugares de Chinchón, etc, donde se hallaron 1200 vasallos los cuales eran del término y jurisdicción de la ciudad de Segovia y nosotros hemos mandado eximir y apartar …para que sea vuestro y de vuestros herederos y para que lo poseáis todo como señores por justo y derecho título y os damos poder para tener y poseer como cosa vuestra propia y os damos poder para que vuestra propia autoridad sin licencia nuestra ni de otro alcalde o juez podáis entrar y tomar todo y usar de ello como cosa vuestra …os damos poder y autoridad para que pongáis horca, picota, cárcel y otras insignias de justicia y mandamos a los concejos, alcaldes, alguaciles, regidores, caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos vecinos y moradores …os entreguen la tenencia y posesión de los lugares citados con sus vasallos y tierras y que os obedezcan y os den reverencia debida…y que el concejo de Segovia no se entrometa a usar ni usen de la justicia o jurisdicción que hasta entonces usaban…
…para gozar del señorío os damos licencia, facultad y autoridad para que podáis hacer y fundar de nuevo o en cualquier lugar una o dos o más fortalezas con petril, almena, torre de homenaje y fortificarlos en la manera que quisierais sin que por ello caigáis en pena de la cual os relevamos".

- Joven, por fin se nombra al castillo… y de Odón ¿qué?
- ¿No vas sintiendo, querido y paciente lector, un poco más el escalofrío de una larga y dura contienda? Lejos de un cuento de duendes o hadas el principio de la historia de Odón y su castillo esta teñido de violencias, fuego y sangre.
Como podrás imaginar los segovianos no cejaron en su empeño de defender por todos los medios legales y físicos el retorno a la normalidad. Durante muchos años pelearon ante los Tribunales de Justicia encontrándose obstáculos e impedimentos que veremos después ¡Ah, la Justicia! …

La conciencia de la Reina Isabel no estuvo tranquila durante los 24 años que median desde la desmembración-despojo hasta su testamento. Quiso entonces cambiar lo incambiable. Pero...


CAPITULO DÉCIMO SEGUNDO

DE CÓMO FUE LA DESMEMBRACIÓN Y LA TOMA DE POSESIÓN DE LOS SEXMOS DE CASARRUBIOS Y DE VALDEMORO Y DE LOS LITIGIOS ENTRE LOS CABRERA Y SEGOVIA

- Joven, pero ya que habíamos empezado a llegar al castillo de Odón,…
- Y a él volveremos; interesa señalar qué actitud tomó el pueblo de Odón en este berenjenal de segregaciones y nuevos señoríos, pues al principio consta que manifestó desacuerdo aunque luego se conformó; pero veámoslo…

Desgraciadamente no existe documentación en los archivos municipales ni en los del castillo por lo que nos remitimos a la documentación existente en los archivos de Segovia y a los estudios de Mariano Grau sobre estos legajos.
Nada de lo que aconteció a partir de entonces fue casual ni mucho menos pacífico: los alborotos y el malestar de la Comunidad y Tierra de Segovia irá en aumento. Mientras tanto, los trámites de separación, segregación y toma de posesión se inician de inmediato en ese largo verano de 1480.
Habíamos mencionado que el escribano González de Sevilla, apoderado por los Reyes, tomó posesión de todos los territorios citados en nombre de estos y para ser incorporados a la Corona. Entre el 16 y 29 de junio se llevaron a cabo las operaciones de segregación con el resultado de 444 vasallos del sexmo de Casarrubios, -88 eran de Odón-, y 756 del sexmo de Valdemoro. Entre el 16 y el 30 de junio y del 5 al 20 de julio se desarrollan las protestas de Segovia, y entre el 6 al 12 de julio se realiza la toma de posesión por parte del apoderado de los Marqueses de Moya, Martín de Alarcón .Como ves, un imbricado trámite de cartas y ejecutorias que se iban entrecruzando, complicando las cosas.

La segregación y desmembramiento comenzó en el lugar de Valdelaguna el 16 de junio, personándose el escribano Francisco González de Sevilla quien ordenó que se reuniera el Concejo para dar lectura a la provisión real. Los alcaldes juraron que contarían los vasallos del lugar, excepto viudas, clérigos e hijosdalgo. Fueron recorriendo las calles del poblado como prueba de posesión y recontando a los vecinos "eximidos" de la jurisdicción de Segovia, alcanzando la suma de 66 vasallos para pasar a la jurisdicción de los Reyes y de la Corona, desposeyendo a los alcaldes y cargos de justicia de sus mandos y nombrando en su lugar a los nuevos alcaldes a los que recibió juramento.
Los nuevos cargos erigieron una "horca" como señal del nuevo señorío, publicándose después en los atrios de la iglesia el pregón por el que hacía saber a todos los vecinos que desde aquel instante dejaban de pertenecer a la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia.

De la misma manera procedió en los demás lugares de Chinchón, Villaconejos, Bayona, San Antón, Eza, Villaverde, el Casar, San Martín de la Vega, Ciempozuelos y Seseña del sexmo de Valdemoro del que contaron 756. Continuó por la Moraleja de Enmedio, Moraleja la Mayor, Serranillo, la Cabeza, Zarzuela, Tiracentenos, Sacedón, Cienvallejos, Odón, la Veguilla Sagrilla, Brunete y Quijorna del sexmo de Casarrubios de donde contaron 444. Pero San Martín de la Vega, Zarzuela, Brunete y Odón manifestaron contradicción, esto es, desacuerdo deseando continuar bajo la jurisdicción de Segovia., aunque de nada sirvieron sus protestas.
Finalizado su mandato de segregación para pasar al dominio de los Reyes y de la Corona, el escribano González de Sevilla se trasladó a Toledo para dar cuenta a los Reyes de su gestión.
En aquellos días se sucedieron los acontecimientos que hemos relatado: en Toledo se sospecha que el apartamiento de vasallos tiene otra finalidad por lo que los Procuradores de Segovia envían aviso urgente al Concejo y Comunidad de Tierra, originándose las protestas.
Entretanto los Reyes expiden el 5 de julio el privilegio de donación con carácter de empeño o prenda que ya hemos explicado. En el cual los Reyes ceden los 1200 vasallos -ahora incorporados a la Corona- a los Marqueses de Moya o quien en su nombre tome posesión.
Así, el Comendador de Membrilla Martín de Alarcón, como apoderado de los Marqueses tomó posesión de tierras y vasallos, recibiendo de sus vecinos juramento de fidelidad y obediencia, nombrando nuevos alcaldes y cargos de justicia. Entre tanto, queriendo apaciguar los ánimos de Segovia, se envía una real cédula a la ciudad de Segovia asegurando que la donación era a título de empeño.
Así, Martín de Alarcón a partir del 6 de julio comenzó a posesionarse de acuerdo con su mandato empezando en Seseña donde el anterior apoderado Francisco González de Sevilla le entregó la jurisdicción civil y criminal de tierras, vasallos y todos sus términos, desposeyendo de las varas de la justicia a los alcaldes, entregándoselas a Martín de Alarcón el cual las volvió a restituir para que en lo sucesivo se utilizasen en nombre de los Marqueses de Moya, tomando juramento a los "nuevos" cargos de fidelidad y obediencia. El Concejo prestó obediencia al representante de los Marqueses al que besaron las manos en señal de sumisión, con las formalidades de rigor. Salió del atrio de la iglesia donde se había celebrado este acto y luego fueron a la plaza pública donde se leyó el pregón que en nombre de los Marqueses ejercería justicia, prohibiendo a partir de entonces escándalos públicos o bullicio, se portasen armas, o se jugase a los dados bajo pena de 2000 maravedíes, y la blasfemia se castigaría con 100 azotes.
Finalizado el pregón por el que se exigía obediencia, Martín de Alarcón recorrió el lugar tomando posesión de todos sus términos en nombre de los Marqueses.
Así continúo por los demás poblados de Ciempozuelos, Bayona, Villaconejos, Chinchón, Valdelaguna, San Martín, las Moralejas, Serranillos, la Cabeza, la Zarzuela, Tiracentenos, Sacedón, Cienvallejos, Odón, Veguilla Sagrilla, Brunete y Quijorna. Aunque esta vez no hubo contradicción por parte de ninguna población.

Desdeluego, la complejidad de este proceso dificulta creer en la temporalidad o provisionalidad de estas medidas aunque los Reyes conminan a Segovia a que "se conforme" y "debéis creer que procuraremos como lo más presto que se pueda se tornen los vasallos a esa ciudad".

Como quiera que los segovianos no se conformaron y no creyeron factible el retorno de tantas tierras y vasallos comenzaron protestar ante Dios y al mismísimo Papa si fuera preciso. Llegado a los oídos reales estos toman la grave determinación de revocar la promesa de inembargabilidad y confirmar la donación a título de perpetuidad por siempre jamás, sin posibilidad de retornar nada, ni tierras, ni vasallos, ni situación anterior…Nada fue igual a partir de entonces…nunca jamás…

Pero Segovia no se rindió fácilmente. Emprendió un largo camino hacia la Justicia a través de una tras otra demanda ante la Chancillería de Valladolid, especie de Tribunal Supremo y Constitucional a la vez, por medio de su regidor Francisco de Porras. Pero los Reyes interrumpieron todas las tramitaciones en su ánimo de favorecer por encima de todo a los Marqueses de Moya. Desde nuestra actualidad, es sencillamente, incomprensible; mas ya he advertido que hay que mirar este asunto con perspectiva del siglo XV.

- ¿Qué ocurrió...?

Ya en 1492, desde la recién conquistada Granada, los Reyes con fecha 20 de marzo dicen a la Chancillería:
"Somos muy maravillados intentar semejante demanda habiendo sido hecha la merced con toda deliberación en pago o parte de tan notorios servicios…no debe ser oída cosa de aquella calidad sin expreso mandato nuestro, por ende os mandamos que no oigáis a nadie sobre este caso pues seríamos muy enojados y deservidos si lo hubieseis oído…si la dicha demanda ante vosotros fuese puesta la tornéis y todo lo demás y lo deis y entreguéis todo originalmente a los marqueses para que ellos hagan lo que les tenemos mandado y esta cédula la pongáis en el archivo de nuestra audiencia y no hagáis nada…"

El deseo de los Reyes fue cumplido por la Chancillería de Valladolid, quedando la justa reclamación en suspenso hasta mejor proveer…

- Joven, pero esto es una atrocidad, una barbaridad, una obstrucción a la justicia, una prevaricación en toda regla por muy Reyes Católicos que sean...
- Es cierto, pero no nos corresponde a nosotros el Juicio de los Tiempos, sino tan sólo comprender por qué pasaron estas cosas; también nosotros podríamos ser tildados de bárbaros, iconoclastas, herejes, apóstatas, ateos por las mentes del siglo XV.
- Bueno, bueno, joven, a ver si ya vamos llegando a Odón…


CAPITULO DÉCIMO TERCERO

QUE TRATA DE OTRAS PERIPECIAS DE LOS CABRERA-BOBADILLA EN GRANADA, CANARIAS Y LAS INDIAS OCCIDENTALES


A partir de 1482 se inicia la "guerra de Granada" que culminaría el 2 de enero de 1492 con la rendición de Granada, la bella. Como consecuencia de haber abatido a los musulmanes los Reyes recibieron el título honorífico de "Majestades Católicas" en 1494 por el papa Alejandro VI.
En ese año de 1482 nace la cuarta hija de los reyes, María, que llegaría ser Reina de Portugal. Y en 1485 nace la última hija Catalina, Reina de Inglaterra y tristemente recordada por ser la esposa de Enrique VIII, cuyo matrimonio anulado fue el inicio del cisma de la Iglesia Romana contra la Anglicana.

Durante esos agitados años, del matrimonio Cabrera Bobadilla nacen sus vástagos menores, los que no alcanzaran títulos de conde ni de marqués

Los Reinos de Castilla y Aragón navegan juntos pero revueltos. Problemas no faltan en Aragón con los payeses catalanes; mientras la Corona castellana, mar adentro, toma posesión de las nuevas conquistas en Canarias y, tierra adentro, pelea por conseguir el añorado trofeo: Granada.

En esas lides volvemos a encontrar a Andrés de Cabrera y a Beatriz de Bobadilla. Cuentan las crónicas que durante el cerco de Málaga en 1487, un fanático musulmán se infiltró en el campamento cristiano con la excusa de revelar importantes secretos. Los Reyes no pudieron recibirle y pasó a las dependencias donde se encontraban doña Beatriz y don Álvaro de Portugal jugando a las "tablas". Tan ricos vestidos llevaban que, al no comprender la lengua, los confundió con los mismos Reyes. Se lanzó contra ambos asestándoles varias puñaladas de las que salieron ilesos gracias al espesor de los brocados de oro de los vestidos. Cuentan que doña Beatriz respondió a la agresión con la misma virulencia partiéndole la cara en dos. De cualquier manera, salvaron sus vidas y las de los Reyes y como agradecimiento la Reina le entregó 30 esclavas para su servicio. El agresor fue abatido por los solados y catapultado su cadáver hacia el cerco musulmán. Estos respondieron dando muerte a un prisionero gallego, mandando su cuerpo a lomos de un jumento.

Finalmente en 1492 Granada pasa a formar el penúltimo Reino incorporado a las Coronas de Isabel y Fernando. Aun queda la irreducible Navarra, y eso sería el último escollo que lograría salvar solo el Rey Fernando en 1512, para incorporarlo a Castilla.
En las islas Canarias también existe constancia del paso de los Cabrera y Bobadillas al fundar la "Villa de Moya" en un antiguo poblado indígena situada en el extremo Noroeste de Las Palmas Gran Canaria.
Es necesario referir que existen dos "Beatriz de Bobadilla" que en este punto da lugar a confusión.
Navegando rumbo a las Indias Occidentales o Nuevo Mundo nos encontramos con referencias de la familia Bobadilla. Francisco de Bobadilla, hermano de la Marquesa de Moya, fue otro personaje controvertido y asociado a las nuevas conquistas de ultramar, Capitán de las Guardas de los Reyes Católicos, Corregidor de Jaén y Córdoba, distinguiéndose siempre -según todos los historiadores- por su valor y arrojo al frente de su ejército, formado por gentes de armas de Jaén, de donde era su corregidor. Murió este caballero en su viaje de vuelta de América en 1502, a donde fue, por orden de los Reyes Católicos, como juez pesquisidor de la conducta de Cristóbal Colón en América, y para sustituirlo en el gobierno de la isla La Española.
Casó don Francisco de Bobadilla con doña María de Peñalosa. Su hija doña Beatriz de Bobadilla y Peñalosa, casó con Hernán Peraza, Conde soberano de la Gomera, señor de la isla del Hierro, e hijo de don Diego García de Herrera que tanta parte tuvo en la sumisión de Gran Canaria. Doña Beatriz, sobrina por tanto de la marquesa, tuvo una vida licenciosa por lo que fue apodada "la cazadora". En Canarias continúa su azarosa vida donde conoció a Colón con el que se achacan amoríos.
Y también merece la pena referir la amistad entre Colón y la Marquesa de tal suerte que gracias a sus consejos y al arrojo de su carácter permitió que la Reina diese crédito al sueño del navegante. Como dice el Marqués de Lozoya "si aún España proyecta su sombra sobre 20 naciones no es por los mapas y compases de los doctos sino por los sueños de Colón, de la Reina y de la Bobadilla" Con razón se decía: "después de la Reina de Castilla, la Bobadilla…"


CAPITULO DÉCIMO CUARTO

DONDE SE CUENTAN LAS CONSECUENCIAS DEL TESTAMENTO Y MUERTE DE LA REINA ISABEL LA CATÓLICA

Sucesivas calamidades familiares agudizan la enfermedad de la Reina: las muertes de sus hijos, nietos herederos posibles a las Coronas, el estado mental de Juana...

Muere en noviembre de 1504 -este año se conmemora el quinto centenario- dejando abierta una peligrosa inestabilidad. El sueño de la unión se tambaleará cuando el Rey Fernando contraiga matrimonio con la Princesa francesa Germana de Foix -anteriormente solicitó en matrimonio a su sobrina Juana recluida en Coimbra-, y alumbren un nuevo vástago que heredaría la Corona de Aragón en detrimento de la unión. Aquella criatura no sobrevivió dando lugar a una segunda oportunidad para que la unión fraguara en manos de la heredera Juana, casada con el Archiduque Felipe de Gante.

En su testamento la Reina redime cuentas con Dios y con sus Estados. Su escrupulosa conciencia quiere dejar bien atados todos los cabos de lo que hizo en vida; es especialmente magnánima con los nuevos cristianos indígenas de Canarias e Indias -aún no se llama América-.
Tan sólo un "pecado oculto", tras las rejas del convento de Coimbra, sigue latente: su sobrina y ahijada Juana, continuará por el resto de sus días alejada de una posible reclamación de derechos
sucesorios.

El cuadro pintado por Eduardo Rosales, en pleno auge del Romanticismo decimonónico, tiene el poder evocador de este momento fundamental en la vida de los Reinos de España. En dicho cuadro encontramos la presencia de los Marqueses de Moya como fieles vasallos y amigos leales acompañan en tan duro trance a los Reyes. Contemplémoslo:



Encontramos a la Reina Isabel en el momento de dictar su testamento el 12 de octubre de 1504 en el castillo de Medina del Campo donde fallecerá, el 26 de noviembre de ese mismo año. La moribunda Reina se encuentra tendida en una cama cubierta por un elegante dosel rematado con el escudo de Castilla. Doña Isabel reposa su cabeza sobre dos gruesos almohadones, cubriéndose con un velo transparente sujeto al pecho por la venera y la cruz de la Orden de Santiago. Junto a la cama encontramos al escribano sentado en su pupitre al que la Reina ordena su última voluntad con su enérgica mano. A la izquierda de la composición aparece el Rey Fernando sentado, con gesto decaído, mirada perdida y pensamiento distraído, dejándose caer en el sillón y apoyando los pies en un grueso almohadón de terciopelo. A su lado hallamos a una dama vestida de negro, apuntándose a su hija Juana pero en 1502 estaba en Flandes por lo que podría tratarse de una dueña. A los pies del lecho se sitúan otros fieles servidores de doña Isabel encabezados por el cardenal Cisneros mientras que al fondo aparecen los Marqueses de Moya, los más sumisos vasallos y valedores de la reina moribunda.
La gran protagonista del lienzo es la luz, tratada soberbiamente por Rosales para crear una atmósfera densa y recargada, característica del lugar cerrado que acoge a un moribundo, siguiendo así a Velázquez que para Rosales era el mejor creador.
Otro de los elementos de la obra que llaman nuestra atención son las expresiones de los personajes, captando sus rostros con maestría, mostrando sus sentimientos y las reacciones que provocan las palabras de la reina, especialmente en su esposo Fernando, en quien se mezclan el abatimiento por la pérdida del ser querido y la responsabilidad del político. El perfil de Cisneros recortado ante el cortinaje nos ofrece su carácter astuto y sagaz, como buen estadista que fue mientras que los rasgos de fidelidad y afecto se manifiestan en los marqueses de Moya, cuyos rostros quedan difuminados por el aire velazqueño que envuelve la estancia. Cada una de las figuras ocupa su puesto aparentemente casual pero que demuestra el laborioso trabajo que llevó el maestro. Uno de los aspectos más sugerentes del lienzo posiblemente sea la maestría en la construcción de los pesados ropajes y la lencería del lecho real, destacando las calidades táctiles de cada una de las telas, especialmente la indumentaria del joven cortesano que la luz resalta compuesta por un gabán de terciopelo brocado con ancho cuello en piel, mangas de raso y medias de seda, ejecutado con una pincelada rápida e imprecisa que aporta la más exquisita calidad y detallismo.

Respecto a la sucesión, la Reina hubiera deseado nombrar al Infante Fernando, segundo varón de Juana y Felipe, por haber nacido y criado en la corte española, pero proclamó a su hija Juana como Reina propietaria de Castilla y Rey a su marido el Archiduque, que despertaba incertidumbre en las conciencias de Isabel y Fernando. También nombra al Rey Fernando regente -en caso de ausencia de los nuevos reyes o en caso de incapacidad de Juana, cosa que nunca se produjo pese a tener mermada su capacidad mental-, hasta que el Príncipe Carlos de Gante cumpliera los veinte años.

Todo ello tendrá sus consecuencias en los años inmediatamente posteriores, iniciándose el siglo XVI con tantas inseguridades dinásticas como treinta años antes.

Por lo que respecta al desarrollo de este "romance" las consecuencias no fueron menores. Ya hemos referido que la escrupulosa conciencia de la Reina Isabel pretende remediar los posibles "excesos" cometidos 24 años antes en detrimento de la Ciudad que la vio subir al discutido Trono de Castilla.

De la lectura de la cláusula testamentaria que a continuación transcribimos -con la debido respeto al sentido literal del texto, nos hemos permitido la licencia de "traducirlo" al castellano actual- nos deja "muy maravillados" y sorprendidos al contemplar que lo que sucedió en Toledo no era de común acuerdo entre los Reyes, o dicho de otro modo, que prevaleció la mano "maquiavélica" de Fernando:

"…Por cuanto el Rey mi Señor y yo confirmanos algunas mercedes …las cuales no emanaron ni las confirmanos ni hicimos de mi libre voluntad aunque las cartas y provisiones de ella suenan lo contrario y porque aquellas redundan en detrimento y disminución de la Corona Real …y sería muy cargoso a mi ánima y conciencia no proveer acerca de ello por ende quiero y es mi voluntad que las citadas confirmaciones y mercedes, las cuales se contienen en una carta firmada de mi nombre y sellada con mi sello fuera de este testamento, sean en sí ningunas y de ningún valor ni efecto y de mi propio motu y ciencia cierta y poderío real absoluto…quiero usar y uso, las revoco caso y anulo y quiero que no valgan ahora ni en tiempo alguno aunque en sí contengan que no se pueden revocar y aunque sean concedidas propio motu por servicios y satisfacción o remuneraciones...,en cuanto a las mercedes de la Villa de Moya y de otros vasallos que hicimos a don Andrés de Cabrera Marqués de Moya y a la Marquesa doña Beatriz de Bobadilla las cuales emanaron de nuestra voluntad y las hicimos por la lealtad con que nos sirvieron...según es notorio en lo cual el Rey mi Señor y a mí y a nuestros sucesores y a todos los Reinos hicieron gran y señalado servicio así los encomiendo al Rey, y a la Princesa mi muy amada hija para que a ellos y a sus descendientes honren y acrecienten como sus leales y agradables servicios lo merecen porque el Rey y yo les hicimos merced de ciertos lugares y vasallos de tierra de Segovia para que los tuviesen ciertos años en prendas de otros tantos vasallos que fue nuestra merced y voluntad darles de más y allende de la Villa de Moya en remuneración…por ende porque la Corona Real no quede agraviada ni la ciudad de Segovia quien el Rey y yo juramos solemnemte que nunca daríamos ni enajenaríamos lugar algunas de la tierra de Segovia ni nuestra voluntad fue de enajenar sino por empeño hasta darles otros vasallos, quiero y mando que luego sea hecha la enmienda y equivalencia a los Marqueses en otros lugares y vasallos de los que hemos ganado en el Reino de Granada dándoles en ello otros lugares y vasallos y rentas con sus jurisdicciones y señorío que sean de tanta suma de renta y valor como los que tienen en el dicho empeño de la ciudades Segovia…

…los Marqueses dejen libremente para la Corona Real la Villa de Moya con su fortaleza, tierras, términos, y jurisdicción y señorío y rentas y vasallos y a la dicha ciudad de Segovia los lugares y vasallos libre y desembargadamente para la Corona Real y a la ciudad de Segovia los tenga y posean sin impedimento alguno no obstante que el tiempo de dicho empeño sea pasado".

Nos preguntamos qué cara pondrían los Marqueses y el propio Rey: ¿sorpresa, enojo, asombro...? Desdeluego, algo imposible de enmendar, por lo que el Rey no ejecutó la última palabra de la Reina en el apasionado asunto de los sexmos. Sobre todo teniendo en cuenta que ya se habían edificado las fortalezas de Odón y Chinchón.

Y esa será su postura en los años siguientes: inflexibilidad ante los pleitos de Segovia contra los Cabrera. Como si el codicilio mencionado nunca hubiera existido…


CAPÍTULO DÉCIMO QUINTO

ACERCA DE CÓMO SE REALIZÓ EN ODÓN Y EN CHINCHÓN UNA FORTALEZA Y POR QUÉ

- Por fin, joven, se habla del castillo de Odón…
- Cierto, aunque estuvo a punto de no existir, tal como hemos visto en esta azarosa aventura de dar y quitar las tierras.

Poco se sabe de la estructura original arquitectónica de estas dos fortificaciones, pues como bien sabes, fueron demolidades al calor de las revueltas comuneras y de otras guerras posteriores. Los autores consultados no tienen común opinión sobre si fueron tres o cuatro las torres, si fueron cubos o cuadradas, si el perímetro fue triangular o cuadrangular, si fue "fortaleza" o "castillo"…Lo que se sabe a ciencia cierta es que su reconstrucción tiene un innegable "estilo herreriano" pero sobre su autoría ahora pesan dudas, como veremos mas adelante.

- Pues es como la disputa entre si son galgos o podencos, joven; nada se adelanta…
- De lo que existe constancia es de los documentos que adveran la construcción de una fortaleza en Odón hacia la década de los noventa, a punto de expirar el siglo XV.

Y si te preguntas qué sentido tiene una fortificación acastillada en medio de una suave colina de una aldea tranquila como Odón a finales de la "Edad Media"-entrando ya en la "Era Moderna"- cuando el temor a las invasiones moriscas está ya dominado en el centro de Castilla
-tan sólo queda el reducto nazarí granadino- la respuesta es sencilla: por ostentación de poderío y señorío de los Marqueses de Moya, ahora Señores de Chinchón -más tarde, en 1505 se elevaría a Mayorazgo y luego a Condado-. Algunos autores refieren algún ataque de los moros provenientes del Guadarrama aunque un poco exagerado a mi modesto parecer, pues en aquellas fechas la morisma es bastante dócil y son excelente mano de obra.
Algún vestigio queda en Odón, no obstante, del paso de los moros al haber existido un poblado llamado "Calatalifa" y una cueva, donde la leyenda, escondió a una bella cautiva mora, como constan en el actual callejero odonense.

Es necesario referir que en aquella época, entre 1480 y 1498,-cuya fase álgida son los años 93 a 96- las disputas más feroces por el terreno se daban entre los poderosos señores, -condes, duques o marqueses-, como ya hemos señalado; por ejemplo, las peleas a brazo partido entre Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios del Monte, y Andrés de Cabrera, Marqués de Moya, por los baldíos entre sus territorios lo que dio lugar a la fundación de nuevos pueblos como Navalcarnero y Sevilla la Nueva; o las disputas del Conde de Puñoenrostro, Diego Arias Dávila, y Alcobendas, dando lugar a la segregación de la que nació San Sebastián de los Reyes -porque fueron a pedir su protección acogiéndose a la pragmática que autorizaba a los vecinos de cualquier lugar a cambiar de vecindad-; o las hostilidades entre Cabrera y Juan Contreras y su hijo Vasco y Diego Arias Dávila por fortificaciones en la Ciudad de Segovia; o las disputas contra Garcilaso de la Vega, Señor de Batres y pariente del literato; o Pedro del Lago en pleito con Cabrera por terrenos de Serranillos y la Cabeza…; y muchas otras "guerras intestinas"que originaban grandes malestares entre la población y la necesidad de levantar "defensas" para protegerse de la ambición, codicia y avaricia que los propios señores creaban.

Por eso, suponemos que la población de Odón debió ver con inquietud las obras que comenzaron a fraguarse en lo alto de la colina, desde donde se domina la población. Y debieron desconfiar de la intención de "temporalidad" de su nueva jurisdicción. Nada más lejos de la idea de provisionalidad que la construcción de una defensa pues la esencia de cualquier fortaleza es precisamente, la "permanencia" y la "resistencia" a todo: al paso del tiempo, a las inclemencias climatológicas, a los ataques…
Creemos que lo mismo puede decirse del castillo de Chinchón, hermano gemelar del de Odón, aunque presenta unas dimensiones mayores; la vida de ambos castillos corre paralela, sufriendo las mismas penalidades pero en la actualidad no gozan del mismo estado de salud: mientras en Odón contamos con la presencia de un castillo reconstruido en Chinchón nos apena ver sus ruinas en lamentable estado de abandono.

Pero volvamos a la licencia especial que los Reyes otorgaron a los Marqueses de Moya en 1480: en aquel momento el resto de la nobleza se ve constreñida por la resolución real de no permitir levantar más castillos ni fortalezas para evitar que la nobleza llegue a alcanzar más poder que la propia Corona. Recordemos cómo se dividía el territorio de la actual Comunidad de Madrid en señoríos laicos y eclesiásticos por encima del de realengo. En el resto de España era igual, de tal manera que algunos señores tenían más tierras y fortalezas que los Reyes.
Sin embargo, los Marqueses de Moya son favorecidos con esta dispensa permitiéndoles levantar una o dos o más, sin ser penalizados, con todos los atributos de señorío: almenas, torre de homenaje, etc. Y con plena libertad en la forma y estilo arquitectónico. Se comprenden, pues, las envidias despertadas en otros señoríos.

Por eso en 1494 en el Libro de Acuerdos del Ayuntamiento de Madrid se recoge la siguiente petición:
"Otorgaron petición para sus Altezas para que manden pesquisidor que aclare la raya y renueve los mojones en los lugares de Odón y la Veguilla, lugares del Marqués de Moya que antes fueron de Segovia"

Más tarde, el 28 de marzo de 1496, los regidores del Concejo "notifican a sus Altezas cómo el Marqués y la Marquesa de Moya quieren hacer una fortaleza en Odón, en perjuicio y daño de esta villa y su tierra; respondióse que cuando se edificase y viesen que cumple el servicio de sus Altezas se lo notificaran". Al parecer la obra se estaba desarrollando el 6 de mayo de 1496 volviéndose a notificar a sus Altezas la fortaleza que los Marqueses de Moya hacen en Odón.

Queda constancia de su robustez y firmeza constructiva pues años más tarde fue posible su reconstrucción gracias a la solidez de sus cimientos. Y por suponer, creemos que debió rematar su entrada el flamante escudo de armas de los Cabrera-Bobadilla, del que luego hablaremos. El actual escudo no es de esta rama familiar, sino de los Borbones, ya en otra época.



Sobre el lugar de emplazamiento del antiguo castillo de Odón podemos asegurar que tenía poco que ver con la inexpugnabilidad del de Moya, por ejemplo, por lo que creemos no debió existir foso ni puente levadizo, aunque es sólo una suposición personal. El terreno y entorno natural del castillo de Odón parecen dar a entender la intención de vida "tranquila o residencial" que tuvieron sus primeros dueños. No parece que lo habitaran permanentemente, sino al final de su agitada vida cortesana. Pinel nos da una pista: era "vivienda acomodada y decorosa", bien dotada para vivir. Allí estuvo recluido uno de los hijos más díscolos de los Cabrera.

- No me diga más: Pedro "el corsario" tuvo que ser…
- Cierto, ya hablaremos de él y de sus hermanos.

Sin embargo, la creencia generalizada del entorno boscoso y paradisíaco que tenemos no se corresponde con las referencias que del paisaje nos ofrece Antonio Ponz, en su libro de viajes de 1793, pues lo describe como pelado y árido: "si en lugar de ser tan pelado como es el camino y territorio entre Madrid y estos pueblos fuera ameno y frondoso sería sin duda más frecuentado de lo que es al presente. Todo se puede esperar…"
También se observa esta "aridez"en las pinturas de Francesco Battaglioli de mediados del XVIII. Y es posible que la peladura del entorno se debiese a la necesidad de visibilidad que como fortaleza tenía el castillo de Odón. Luego la repoblación arbórea circundante al castillo y al propio Bosque "Forestal" se la debemos a la Escuela de los Ingenieros de Montes allá por 1840 , con la que Odón tiene una deuda de reconocimiento permanente así como a cuantas personas han hecho posible su existencia y conservación.
El cercano Arroyo de la Madre, afluente del Guadarrama, surte de la necesaria agua al castillo siendo muy posible en el diseño original la existencia de pozos artesianos.
La extensión periférica de la fortaleza deja entrever el diseño de futuros jardines que nunca serían efectuados en su totalidad; pero eso es harina de otro costal


CAPITULO DÉCIMO SEXTO

QUE DICE QUIÉN ES LA FAMILIA CABRERA-FERNÁNDEZ DE BOBADILLA

Conviene matizar que en el siglo XVI los apellidos pueden variar de orden entre los cuatro primeros -de hecho Andrés Cabrera tomó los apellidos maternos por tener mejor linaje- por lo que unas veces veremos a los Fernández o Pérez Cabrera junto a los Fernández de Bobadilla Cabrera o Bobadilla simplemente, y siendo todos hermanos parecen primos o hijos de distintos padres, por otro lado, nada infrecuente en aquella época.

De los diez hijos habidos del matrimonio de Andrés de Cabrera y Beatriz de Bobadilla existen dudas sobre la existencia de Beatriz, nacida al parecer en 1483, pero no corroborado por otras fuentes; del nacimiento de Pedro, "el corsario" en 1486 se atribuye paternidad dudosa y maternidad añosa. Seguimos las referencias biográficas de Pinel y de la Condesa de Yebes, Carmen Muñoz de Rocatallada aunque es imposible en el contexto de este relato referirnos a toda la saga de los Marqueses de Moya y de los Condes de Chinchón.

El matrimonio de Andrés y Beatriz se celebró en Alcalá de Henares en 1467 contando 37 y 27 años respectivamente; edades un poco avanzadas, a tenor de las costumbres nupciales de la época, pero no obstante en el transcurso de 20 años engendraron a 10 hijos, lo que tiene indudable mérito dada la vida itinerante y ajetreada de este matrimonio, en pos de sus Reyes y señores Isabel y Fernando, y dadas las escasas condiciones de salubridad e higiene en una época de elevada mortalidad infantil. También la Reina doña Isabel tuvo cinco hijos y su hija la Reina doña Juana tuvo seis en medio de una vida "de la Ceca a la Meca" resistiendo a partos sin los progresos médicos con que contamos en la actualidad.

Los hijos mayores heredaron los títulos y mayorazgos, las hijas hicieron buenos matrimonios entroncando con las familias de más nobles linajes y también hubo frailes y soldados entre los Cabrera, cuyas vidas rayan en lo novelesco.

El primer hijo llamado don Pedro, murió joven sin descendencia y fue enterrado en el el Convento de Nuestra Señora de Tejeda, en el marquesado de Moya.

El segundo fue don Juan, quien heredó el marquesado de Moya. Casó con Ana de Mendoza emparentándose con los Pacheco o marqueses de Villena, eternos rivales en otras épocas. Como dato curioso resaltamos que la XVI marquesa de Moya fue Eugenia de Montijo, Emperatriz de Francia al casarse con Napoleón III. La Duquesa de Alba doña Cayetana Fitzs-Stuart es la actual Marquesa de Moya.

El tercero fue don Fernando, casado con Teresa de la Cueva -la condesa pleiteadora-, hija del segundo duque de Alburquerque, emparentados con los duques de Alba, será el Primer Conde de Chinchón. Su intervención en la defensa de Carlos I dará lugar al destrozo de sus fortalezas de Odón y Chinchón. Su hijo mayor don Pedro, Segundo Conde de Chinchón, casado con Mencía de Mendoza y de la Cerda, hija del Conde de Mélito, sirvió al Emperador don Carlos en Argel y después al rey Felipe quien le nombró Tesorero General de Aragón por juro de heredad. Su hijo don Diego, Tercer Conde de Chinchón, será el encargado de reconstruir el castillo, casado con su prima Inés Pacheco. Le sucedió en todos los cargos y honores; ya veremos la importancia que tuvo como tesorero de Aragón en los turbios asuntos de Antonio Pérez y Felipe II.
Como bien sabes, querido lector, la rama Cabrera-Bobadilla se diluye por falta de descendencia masculina, pasando a la rama femenina y de ahí a la rama italiana y por varios mutaciones del destino entroncan con la propia dinastía real de los Borbones, de donde viene la tristemente celebérrima "condesita de Chinchón"-doña Teresa de Borbón y Vallábriga, esposa de Manuel de Godoy retratada por Goya-. En la actualidad, desde 1975 el XX conde de Chinchón es don Carlos Rúspoli Morenés, y VI duque de la Alcudia y Sueca -como dato curioso estos títulos fueron otorgados por Carlos IV en la persona de Manuel de Godoy- habiéndose perdido el apellido Cabrera-Fernández de Bobadilla.

El cuarto hijo es don Francisco de Bobadilla, del mismo nombre que su tío el famoso corregidor Francisco de Bobadilla, ya mencionado al hablar de los Bobadillas y Colón.
Fue comendador de la orden de Calatrava y obtuvo el arcedianato de Toledo. Fue estudioso y erudito en filosofía y jurisprudencia. Los Reyes Católicos le dieron, siendo aún joven, el obispado de Ciudad Rodrigo y después el de Salamanca. Fue ejemplar en sus costumbres, espléndido con su familia, liberal con los menesterosos. Estuvo presente el Concilio de Letrán en 1517 siendo muy estimado por el papa León X. En 1527, durante el asalto a Roma, acompañó al Papa Clemente VII por lo que obtuvo el arcedianato de Salamanca donde murió en 1529 en cuya Catedral está enterrado.

El quinto es don Diego, comendador de Villarrubia y curita en la orden de Calatrava, fue valeroso en la defensa del Alcázar de Segovia en 1521, siendo alcalde su hermano Fernando. Peleó en Villalar contra los comuneros, y después en otras batallas en Navarra, cuando los franceses invadieron aquel reino, dando grandes muestras de valor y esfuerzo, lo cual recompensó el emperador Carlos con una renta de 3000 ducados que rechazó. Dando un giro radical a su arriesgada vida como soldado, tomó el hábito de Santo Domingo en Talavera donde fue maestro de novicios, siendo ejemplo de humildad y oración: solía desempeñar tareas "de gran abatimiento" como lavar ropa, curar enfermos, barrer… murió con fama de santo.

La sexta fue doña Isabel, casada con Diego Hurtado de Mendoza, fue Marquesa de Cañete, con larga descendencia.

La séptima doña María, casada con Pedro Manrique, segundo Conde de Osorno cuyo hijo Pedro Manrique de Cabrera, es nombrado heredero por su abuelo Andrés de Cabrera en su testamento. Fue un caballero devoto que visitó el Santo Sepulcro de Jerusalén, murió joven pero dejó un hijo, el cual fue religioso en la Cartuja de Granada.

La octava fue doña Juana que casó con el hijo de su cuñado, Garci Fernández de Manrique; no tuvieron descendencia.

La novena fue doña Beatriz, de la que, según hemos comprobado, no existe unánime opinión sobre su nacimiento.

El décimo, don Pedro cuya agitada vida raya en lo novelesco. Comenzó siendo fraile, luego fue soldado y terminó como corsario y mercenario. Fue caballero de Santiago; tomó el hábito de Santo Domingo llegando a excesos que obligaron a los frailes a expulsarle. De vuelta a la casa paterna, sus padres le castigan recluyéndole en la fortaleza de Odón, dentro de una jaula de barrotes de maderas gruesas, durante dos años. El cronista Fernández de Oviedo dice haberle visto "pacífico y sosegado y bien hablado". Considerando que había reformado su carácter, le perdonan y vuelven a acogerlo en el convento de Santo Domingo de Madrid. Allí, hace venir a un platero con el pretexto de querer comprar alhajas. El platero, fiándose de Pedro por ser hijo de Beatriz de Bobadilla, le ofrece un cofre lleno de joyas.
Pero Pedro huye sigilosamente del convento con el cofre del tesoro rumbo a Alicante, donde se hace a la mar en una carabela, para luchar contra los moros, turcos o contra quien se topase. Navega como corsario varios años, al mando de cuatro naos y varias carabelas: en sus viajes por el Mediterráneo le acompaña una bellísima griega…En Rodas le reciben con todos los honores de un soberano. Su fama llega a oídos del mismo Papa Julio II quien le contrata a su servicio. Pedro se arrepiente de sus fechorías pasadas, consiguiendo que le absuelvan de todas las penas incluso la de excomunión y de apostasía. Regresa de nuevo a la orden y regla de los caballeros de Santiago, con el voto de no contraer matrimonio.
En tiempos de Carlos I luchará en las naves imperiales. En 1521 parte hacia Alejandría. Una terrible tormenta pone fin a su flota y a su tormentosa vida a la edad de 33 años.


CAPITULO DÉCIMO SÉPTIMO

QUE EXPLICA CÓMO ES SU ESCUDO NOBILIARIO


Los escudos de armas son el espejo o reflejo del linaje de las familias nobiliarias y de cuyo estudio se desprenden interesantísimos detalles al gusto de los "heráldicos"

Lo más llamativo es el privilegio de armas reales, los castillos y leones, unidas a las propias de ambos linajes coronados por Corona de Marqués. Es uno de los reflejos del premio obtenido por haber asegurado la Corona de Castilla-León para doña Isabel y don Fernando quienes dispusieron que:

"La fama y memoria de tan señalados servicios nunca perezca…desde ahora en adelante para siempre jamás podáis mezclar e interponer, tener, tomar y traer en vuestros escudos y armas parte de nuestras armas en esta guisa entretalladas: que vos Andrés de Cabrera en vuestro escudo y apellidos de Cabrera dentro y encima de ellas hagáis dos entalles en la parte derecha con un castillo, de oro la puerta, y las siniestras azules en campo colorado, y en el otro lado un león rampante morado armado de azul con corona de oro en campo blanco y en la parte de encima un castillo y león dentro de dicho escudo y una corona en campo azul; y vos doña Beatriz de Bobadilla que en el torneo del escudo de vuestras armas podáis traer por orladura nuestros castillos y leones y en la parte de encima, en medio de él, una corona de oro en campo azul según y por la forma que van blasonados, y por estos escudos que aquí están puestos se muestran divididas, partidas y señaladas"




- Poco se parece este blasón al actual de Odón, joven, Odón...
- Paciencia, buen amigo; no te ha de defraudar conocer cómo se reflejan los privilegios de los que hemos hablado.

Así, la parte derecha recoge las armas de Andrés de Cabrera -que escoge las maternas, pues los Xibajas tienen tres bastones verdes con sus nudos en campo de oro-, y la parte izquierda las de Beatriz de Bobadilla.

Las armas de Andrés de Cabrera están partidas en franja: en el ángulo inferior está la cabra negra con siete batallas negras en campo de oro. Aluden a su propio apellido "Cabrera" y al Señorío de Cabrera que tuvieron en Galicia y en Cataluña con título de Vizcondado.
Los dos ángulos de en medio se añadieron el castillo y el león, en virtud del privilegio real antes citado, dado en Valladolid en 1475, con los mismos colores que los reales. En el ángulo superior reposa una corona real de oro en campo azul - que simboliza la fortaleza de ánimo, prudencia y celo- en memoria o símbolo visible de la hazaña particular realizada por el "buen vasallo": la de haber asegurado la Corona de Castilla y León sobre las cabezas de los Reyes Católicos.

Las armas de Beatriz de Bobadilla están divididas en cuarteles: dos águilas de plata en campo rojo y dos torres pardas en llamas en campo de plata. Las águilas simbolizan el linaje de los Fernández Bobadilla y Maldonado, símbolo de la heroica fortaleza y sabiduría y esclarecida nobleza. Las torres con fuego son memoria de la hazaña de Rodrigo Fernández que con gran esfuerzo y peligro quemó las torres de Alcalá de Guadaira, ganando batalla a los moros e incluyéndola en su escudo.

Los Reyes mandaron orlar todo el escudo de castillos y leones como prerrogativa extraordinaria pues pocas Casas experimentaron más seguro el favor de los Reyes ni sabemos que a otra hiciesen más crecidas honras y favores asegura Pinel.

Asimismo, los blasones que adornan el escudo ilustran sus armas al describir gráficamente cómo Andrés de Cabrera y Beatriz de Bobadilla facilitaron la sucesión de los Reyes.

El primer blasón es una guirnalda de ramos y flores que ciñe el escudo principal con la leyenda "cuius sertum fero, bravium praestolor", es decir, "espero el premio, de que traigo la corona"

La explicación de este lema entronca con la mitología clásica y la mentalidad medieval de los torneos. ¿Recuerdas aquello que decíamos de la "esperanza en el galardón"?
Pues en la antigüedad se coronaba con laurel, oliva o cualquier arbusto que conserve el verdor, a los atletas vencedores en los juegos sagrados -las olimpiadas- atendiendo a que la virtud verdadera no se marchita con el tiempo y a la corona seguía el premio; porque no es bastante satisfacción la alabanza para quien suda en el afán de la virtud y se debe acompañar con otros dones que tengan precio: vasos de oro y plata. El premio siguió a las coronas tejidas por Themis, es decir, la diosa de la Justicia, mirando el merecimiento; así lo recoge San Pablo en la 2º Epístola a Timoteo: "Corona de justicia". Un decreto del emperador Alejandro Severo mandó que no hubiera derecho de prenda en la esperanza de los premios que se han de dar a los atletas por razón de las coronas, pues teniendo por seguro el premio después de conseguida la corona se intentó, no sólo hacer prenda de él, sino de la esperanza que le venía asegurada en la posesión de la corona. Los griegos llamaron al "premio" "Brabio" palabra que repite San Pablo en la 1º Epístola a los Corintios, Cáp.9.
El sentido, pues, de la guirnalda en el escudo de Cabrera significa que habiendo vencido con gran esfuerzo todas las dificultades en el camino por la sucesión de los Reyes, que fue la razón de su carrera, fue coronado por la mano de la Justicia con ramos que no se pueden marchitar con el tiempo, ni la envidia, como lo denota la guirnalda que ciñe el escudo; y haciendo aprecio que debía de este honor se asegura en la esperanza del premio o brabio que le corresponde por saber que a la corona le sigue el brabio, en que no se engañó su discurso, habiendo recibido por esta causa tan señaladas mercedes.

Los cuatro blasones que ocupan los ángulos exteriores del escudo acreditan también los servicios prestados y los privilegios recibidos.

El privilegio de la copa de oro, ya mencionado, en memoria del día de Santa Lucía, 13 de diciembre de 1474, día de la proclamación de Isabel como Reina de Castilla al entregarle la Ciudad de Segovia con todas sus fortalezas. Reza la leyenda "ex data corona", significando que el oro de aquella copa era porción de la Corona que afirmó sobre sus cabezas. Fue otorgado en Granada el 12 de septiembre de 1500: " nuestra voluntad es daros en el día de Santa Lucía de cada año Nos y nuestros sucesores en nuestros Reinos para siempre jamás una copa de oro de aquellas con que en aquel día fuésemos servidos en nuestra mesa; y aunque no se haga de esta manera, queremos y mandamos, es nuestra merced y voluntad, que os sea dada ese día una copa de oro, por Nos y por nuestros sucesores a vosotros y a vuestros sucesores, marquesado y mayorazgo; y mandamos a nuestro Copero mayor que os lleve a vuestra posada dicha copa públicamente, sin impedimento ni dilación…y mandamos a nuestros amados hijos príncipes don Felipe y doña Juana que guarden y cumplan lo dicho en esta carta".

Matiza Pinel la importancia del regalo de las copas de oro ya que éstas eran de gran estimación para los reyes de la antigüedad, que incluso las guardaban debajo de la almohada y eran prenda de amor o estimación, pues de hecho no se conoce que ninguna otra Casa de linaje haya sido obsequiada con tan apreciado galardón, que lo fue a petición del propio Andrés de Cabrera.
Consta que este privilegio lo confirmó el Emperador don Carlos en 1527 a petición del marido de la tercera Marquesa de Moya; el rey Felipe II en 1602 conmutó la copa por su peso en oro, -de tres marcos de oro-con el pago de 72.500 maravedíes; en época de Felipe III y de Felipe IV consta la entrega de las copas en manos de los sucesores de los marqueses de Moya.

La entrega seguía un ritual extraordinario: después de beber el rey en dicha copa con pie se entrega al mayordomo quien públicamente ordena sea llevada a los marqueses de Moya. La copa sale en manos del Gentilhombre de Boca a toque de trompetas y atabales, custodiado por una escuadra de la guardia amarilla y otra de la alemana. Desfilan por las calles principales hasta la Casa del Marqués; el Copero sube a la casa donde se encuentre el Marqués quien le recibe, escucha el recado y besa el pie de la copa, respondiendo con palabras de estimación y honra, depositándola en su mesa, invitando a su mesa a la comitiva de caballeros portadores de la copa.

El segundo blasón recoge el singular privilegio de la Excusabaraja de oro, otorgado sólo a los varones, de cuyos ángulos penden nueve áncoras cuya leyenda reza "Vi haec naves, tu regna" concedida en Valladolid el 2 de noviembre de 1475 para ensalzar la diplomacia de Andrés de Cabrera.
La excusabaraja representa un instrumento náutico que servía para asegurar las naves; el propio Pinel confiesa no saber exactamente qué es, pues no se encuentra referencia en los diccionarios náuticos de su época.
No obstante, simboliza todo lo que hizo Cabrera para asegurar y pacificar el ánimo de los Grandes, excusando los debates, es decir, conciliando posturas, y distensiones entre ellos, sirviendo su prudencia y constancia como áncoras firmes contra la violencia de tan recios temporales. En su memoria, los Reyes otorgan la extraordinaria merced para que todos los años el día de la Natividad del Señor, la Casa real y sus sucesores, después de recibir la Paz, inmediatamente se la den de su propia mano a Andrés de Cabrera y a sus sucesores. "…porque de aquí en adelante sea vuestra lealtad espejo para todos los vivientes…hallamos ser cosa para divisa una excusabaraja que por su nombre muestra cuanto excusasteis y quitasteis la excusa y baraja general en que todos nuestros reinos estaban…todos los días de la fiesta de la Natividad del Señor…habéis de venir a nuestra casa o corte y estaréis cerca de nuestras cortinas reales oyendo la Misa Mayor…al tiempo que trajeren y dieren la paz, yo el Rey y los reyes que me sucedan, hayan de dar y den y comuniquen la dicha paz a vos, Andrés de Cabrera dándola a besar con mi mano en una excusabaraja de oro que será hecha y figurada como esta aquí pintada…y lo podáis traer por insignia, joyel o divisa…"·
Sin duda, extraordinaria merced: ser portador de la Paz de Cristo, nada menos. Paz en todos los tiempos necesaria. Ahora, más que nunca.

El tercer blasón son dos vadiles (badilas, paletas de hierro para recoger o mover las brasas) cruzados con la leyenda "que si me dieron, diles" en respuesta a la frase de "va y diles, que si me dieron diles": pues muchos, presas de la envidia, pensaban que eran excesivos los honores recibidos. A lo que Andrés de Cabrera alegaba diciendo que si recibió mucho era porque el había dado mucho más de lo recibido, sin que hubiera pedido nada.

El cuarto blasón responde a esa misma intención al representar "arracadas" (pendientes o aretes colgantes) que completa la frase "si ellos arras, yo"…arracadas.


CAPITULO DÉCIMO OCTAVO

NÁRRANSE LAS ÚLTIMAS ANDANZAS Y VOLUNTADES DE LOS MARQUESES DE MOYA Y RETRÁTASE A LOS BUENOS VASALLOS

En las postrimerías de sus largas vidas aún siguieron los Marqueses de Moya y Señores de Chinchón defendiendo la custodia de las puertas y el Alcázar de Segovia. Y siguieron gozando de la mayor protección real frente a cualquier tipo de avatares judiciales.

- Y de Odón... ¿qué?...
- Pues en Odón y en sus casas de Madrid pasaron algunas temporadas en esos últimos años, una vez que se despidieron del servicio del Rey don Fernando.

Poco antes de la muerte de la Reina, el 29 de enero de 1502 Segovia se vistió de gala para recibir a doña Juana y su esposo don Felipe, que llegaban a España para ser jurados como Príncipes herederos, al haber fallecido anteriormente el príncipe Juan, y el nieto mayor de los Reyes, el infante Miguel, heredero de Portugal, de Castilla y de Aragón.
La ambición que se reflejaba en los ojos del archiduque -que sería, en efecto, Rey de Castilla consorte-, aumentaba la desconfianza de los Reyes Isabel y Fernando, haciendo mella en la delicada salud de la Reina.
En aquella fecha Segovia se engalanó y se rindió de nuevo a los futuros Reyes de Castilla y Aragón. Colmenares relata cómo se pregonaron los festejos y las galas: se dijo que todos procuraran vestir lo más lucido que pudieran, con colores claros para mayor muestra de alegría; que se recibiera a los Príncipes bajo palio de brocado y que estos fueran a orar a la Catedral como era costumbre; que las calles se adornaran y se limpiaran, y las fiestas se celebraran con el mayor regocijo evitando "invenciones de fuego" que no podrán agradar a los flamencos y alemanes "por ser tan ingeniosos los que se hacen en sus provincias"; que se hospedara a los extranjeros con toda clase de consideración ....

Y en Segovia volvemos a encontrar a los ya ancianos Marqueses defendiendo el Alcázar que el nuevo rey de Castilla, don Felipe había puesto en manos de su favorito don Juan Manuel. Corre el año de 1506 con nuevos aires de discordia y desequilibrios. Son notorias las discrepancias entre suegro y yerno, así como las extravagancias de la joven reina doña Juana.
El Rey "de Aragón" se retira a sus Estados, contrayendo un segundo matrimonio con la princesa francesa Germana de Foix, que pondría en peligro la unión de los reinos así como desestabilizaría la política internacional, ya que Francia fue la eterna rival de los Reyes Católicos en Europa.

La repentina muerte de Felipe agudiza la enajenación mental de la reina Juana, y el rey Fernando se hace cargo de la regencia. Entre tanto, los Marqueses de Moya, que se habían retirado muy a su pesar a Chinchón, vuelven a Segovia en 1507. Esta última batalla es lidiada por doña Beatriz, que a sus 67 años, mantiene ese "espíritu varonil" que la hizo famosa, pues Andrés de Cabrera, con 77 años, apenas puede valerse.
La ciudad de Segovia se encuentra dividida entre los partidarios de don Juan Manuel (los Peralta, los Arias Dávila, los Heredia, el marqués de Villena, el conde de Benavente, los Mesas...) -"Todos ellos nos juramentamos de los resistir y defender, é no consentir que los Marqueses tomasen el Alcázar é la ciudad é puertas, é hicimos una escritura de capitulación de ello, firmada de todos nuestros nombres"- contra los defensores de los Marqueses (los Contreras, los Hozes, los Ríos, duque de Alburquerque, el Condestable, duque de Alba, Antonio Fonseca...). Comienza un largo asedio contra el Alcázar en donde luchan los hijos de los Marqueses: Juan, Fernando y Diego. Sebastián Peralta es herido a las puertas de los marqueses; doña Beatriz le recoge y manda curar; pero de vuelta al combate, Peralta luchará ferozmente contra los Moya.
Para evitar una lucha sin cuartel, el arzobispo de Toledo y el Condestable proponen un arbitrio y que el Justicia Mayor decidiera quién tiene el mejor derecho. Pero los marqueses de Moya no ceden en su pretensión de recobrar la custodia por juro de heredad. Tras seis meses de intenso asedio el Alcázar es entregado a los Marqueses de Moya.
El anciano marqués proclama a doña Juana como Reina de Castilla desde la torre del homenaje. Salió de la ciudad ondeando el pendón real en manos de su sobrino Antonio de Bobadilla. Este reconocimiento tiene su importancia pues cuando estalle el conflicto de las Comunidades la familia Cabrera no tomará defensa por la reina Juana sino por su hijo, Carlos.
Al poco tiempo, Andrés de Cabrera pide la venia al Rey Fernando para retirarse dejando como teniente a Melchor Cimbrón.
Pasan sus últimos años en sus casas de Madrid, y en las acomodadas fortalezas de Chinchón y Odón, dedicados a las buenas obras de caridad y piedad: construyeron el Convento de Nuestra Señora de Tejada, de la orden de la Santísima Trinidad Calzada. Y el Convento de Santa Cruz de Carboneras de la orden de Santo Domingo, de la que su hijo Francisco Pérez de Cabrera en 1504, como arcediano de Toledo, había comenzado a edificar.

Doña Beatriz de Bobadilla falleció en Madrid el 17 de enero de 1511 dejando a su marido con "quebranto de sus fuerzas", "acordándome del amor tan conforme y entrañable como nos tuvimos todo el tiempo que Dios fue servido de nos dejar vivir juntos", el cual falleció el 4 de octubre del mismo año... Reposan sus cuerpos en el convento de Santa Cruz de Carboneras, habiendo dispuesto que sus exequias fueran sin ostentación y prohibiendo lutos rigurosos. Fueron enterrados con los hábitos de Santiago y de dominicos, ciñendo el cordón franciscano. Sus sepulcros son sencillos: desnudos de ostentación para quienes en vida disfrutaron de tantos honores y privilegios.
Como "ríos que van a dar a la mar, que es el morir…", recibieron cristiana sepultura cerca de los ríos que conformaron su extenso marquesado: el Guadazaón y el Gabriel.
El poeta moyano Federico Muelas escribió:


Lava en el Guadazaón,

Carboneras, tu semblante,

y arrodíllate un instante

al cruzar el panteón.

Ven con nosotros. Ven con

el recuerdo que impera:

la pareja más señera

de vasallos en Castilla:

Beatriz de Bobadilla

y don Andrés de Cabrera.

Los retratos de Diego de Obregón son más literarios que fidedignos y en los que contemplamos la bondad de sus más excelsas cualidades así como la belleza de la juventud de Beatriz de Bobadilla.
Pinel los describe de esta manera: "eran la mano derecha, el labio que susurra y aconseja, el escudo que protege, la fidelidad en suma…".
Doña Beatriz era "matrona de grandes y aventajadas prendas pues sobre las que tuvo muy celebradas de hermosura y gentileza. Fue de entendimiento muy superior y acomodado a discurrir en materias altas: tuvo gran conocimiento del terreno de palacio y en las desigualdades de planta fue forzado pilar en ambos reinados, supo ocupar su puesto convenientemente para ser estimada y bien vista de todos. Fue muy inclinada al saber y a la lección de escritos de hombres sabios, y del idioma latino …de gran entendimiento en los negocios, su consejo fue buscado y admitidos por los reyes, alentó a la Reina en la empresa de Colón… ayudó a su marido a lograr ilustres hazañas, trató su Casa y su persona con lucimiento, se esmeró tanto que era adagio común después de la Reina de Castilla, la Bobadilla; tuvo devoción por las cosas sagradas, fue liberal con los pobres y piadosa con los afligidos…, sirvió con amor a la Reina…mostró animo varonil en la paz y en la guerra y por su consejo se hicieron en el reino hazañas muy esclarecidas…".

"Andrés de Cabrera era de estatura mediana, fuerte, robusto de composición, de color encendido, ojos azules, cabello liso y castaño, facciones convenientes, semblante grato, muy templado en el comer, apartado de la vanidad y soberbia, fue respetado por los mayores del reino; mantuvo religiosamente su palabra; su fin principal fue dirigir todas sus acciones a la razón y a la justicia sin hacer de ellas ostentación, depositando el fruto de su bondad antes en la conciencia que el la fama, apartado de la codicia y de la envidia, los honores que consiguió corresponden a sus hazañas, los premios a los importantes servicios y con ser muchos nadie podrá decir que excedió su felicidad a su industria…fue grande su modestia con tan grande fortuna jamás llegó a destemplarle…prudente en los negocios, sabiduría en los seguros consejos, incluso a medios favores siempre que con ellos pudo lograr los fines pretendidos… se podrá tener por dichoso el Reino que consiguiere tener al lado de sus reyes criados y consejeros que imiten las prendas y aciertos de don Andrés…."

Por tales cualidades y por ser ejemplo de virtudes, como la lealtad y fidelidad a la Corona en tiempos de turbación, fue llamado "el Buen Vasallo", para que su recuerdo perdure y sea reflejo, como un espejo, para todos los tiempos y lugares.

Con la muerte de la Reina Isabel de Castilla y la de los Marqueses de Moya, sus fieles y leales vasallos, termina esta parte que quiso explicar cómo y por qué se mandó levantar en Odón una fortaleza cuyos cimientos están forjados por el quebranto de llantos y tinajas, duelos y ahumadas, pendones cubiertos y luto, tinajas quebradas, tinajas...




SEGUNDA PARTE

POR QUÉ SE DESTRUYÓ EL CASTILLO DE ODÓN
QUE TANTO ESFUERZO COSTÓ


CAPITULO PRIMERO

QUE RELATA LO QUE PASABA EN LAS ESPAÑAS DE LA REINA DOÑA JUANA, EL REY DON FERNANDO Y EL PRÍNCIPE DON CARLOS


- Y en Odón, joven, y en Odón…
- En Odón se respiraba la misma intranquilidad ante un nuevo Estado de inestabilidad: de nuevo la sombra de dos Reinos distanciándose, y un nuevo "vacío" en la sucesión de la Corona castellana.

El testamento de la Reina Isabel no dejaba dudas al respecto: la sucesora legal y legítima es Juana, y si por causa de su enajenación fuese incapacitada por las Cortes o falleciera, sería Regente o Gobernador don Fernando hasta cumplida la edad de veinte años del Príncipe heredero don Carlos, nacido y educado el la corte flamenca. La rivalidad entre Felipe y Fernando obligó a éste a abandonar Castilla en manos del ambicioso rey flamenco que siendo consorte tuvo la osadía de intitularse como Felipe I. Pero la salud mental de Juana empeoró a la muerte de su amado esposo. Su padre la recluyó en Tordesillas desde 1509 desposeyéndola del poder y de la Corona que sería "arrebatada" por su propio hijo el Príncipe don Carlos. Su vida fue tan larga como dura y cruel. Nunca fue declarada incapaz por lo que la legitimidad era exclusivamente suya; ese será el motivo que las Ciudades y las Comunidades argüirán para la defensa de la Reina Juana como propietaria y sucesora.
Otra vez el estigma de un Trono sin cabeza visible y de una Corona partida en dos. Ni qué decir tiene que el Rey de Aragón, don Fernando, poco tenía que hacer ya en Castilla sin la presencia de Isabel -habiendo contraído nuevas nupcias en 1506- agudizándose con el tiempo las diferencias entre "castellanos","aragoneses"y "flamencos"; pese a todo, mantuvo las regencias con la ayuda inestimable del Cardenal Cisneros. Como tributo al "sueño dorado" de la unificación peninsular Fernando obtuvo con éxito la anexión de Navarra, último Reino independiente, que bailaba al son de las músicas francesas. La muerte del Rey en enero de 1516 agudizó la inquietante situación política…Una Reina "Loca" y sus dos hijos príncipes herederos: Carlos y Fernando; uno nacido fuera de estos Reinos se quedaría en ellos, el otro nacido en estos Reinos, marcharía a las Europas. Finalmente, el rey Fernando designó heredero de Aragón a su nieto mayor, Carlos de Gante y "Gobernador de Castilla", pues al sobrevivir su madre la reina doña Juana era "Reina de las Españas" de pleno derecho -aunque no de hecho-. Y Alfonso de Aragón, Arzobispo de Zaragoza e hijo natural del rey Fernando, sería "Gobernador de Aragón"

Pero en marzo de 1516 en Bruselas era proclamado Rey de Castilla y Aragón el Príncipe Carlos, trastocando la sucesión testamentaria de sus egregios abuelos, los Reyes Católicos. Algunos autores lo consideran "un golpe de estado," lo que ocasionó que, por falta de legalidad, una porción de los estamentos castellanos no reconociesen a don Carlos como Rey de Castilla. De nuevo, la confusión, el caos, el desorden en los Reinos de la incipiente España.

- Joven, y de Odón ¿qué…?
- Odón sufriría con el tiempo las consecuencias de este caótico inicio del que sería el mayor Imperio del mundo. Y el castillo-fortaleza que en Odón tenían los ahora Señores y Condes de Chinchón pagaría las cuentas pendientes; pues ya lo dice el refrán "a río revuelto, ganancia de pescadores".


CAPITULO SEGUNDO

QUE CUENTA CÓMO ESTABAN LOS PLEITOS SEGOVIANOS EN ÉPOCA DEL REY FERNANDO Y DEL PRÍNCIPE CARLOS

Entre tanto, los pleitos segovianos contra los Marqueses de Moya y sus sucesores seguían pendientes de resolución.

El Rey Fernando nunca ejecutó la última voluntad de la Reina Isabel de devolver la situación de las Tierras de Moya y de Segovia a su cauce natural pues -o bien porque no quiso o bien porque no pudo- resultó ser inviable modificar las cosas.
Con fecha 6 de enero de 1511-estando la Reina Juana recluida en Tordesillas- Segovia apeló ante la Chancillería por medio de su regidor Juan de Arias Dávila. Pero el Rey, al enterarse dijo al Tribunal: "he sido maravillado al tener el escribano el atrevimiento a tomar semejante demanda…lo que no creo que vosotros harías sin primero consultarlo conmigo porque además de no ser parte Juan Arias ni otras personas particulares el caso es de nulidad que no se debe de entender en él sin que yo fuese avisado…yo os mando…que saquéis la demanda original y las cartas de emplazamientote de manera que no quede traslado ni original de nada y me lo enviéis y no entendáis ni conozcáis sin especial mandamiento nuestro y no hagáis nada".

- Pero joven, esto es una verdadera barbaridad, una obstrucción a la Justicia, un secuestro procedimental y una prevaricación por muy Rey Católico que sea…
- Cierto, pero ya hemos dicho que falta mucho tiempo para ver las cosas de otra manera.

Así continuaron las cosas. La táctica de impedir que los juicios de Segovia siguieran sus trámites es continuado por el "nuevo rey" don Carlos, quedando en suspensión a causa de la guerra de las Comunidades. A partir de entonces, las cosas se endurecerían mucho para la Ciudad "rebelde" de Segovia.
El 15 de marzo de 1519, estando las Cortes reunidas en Ávila, el notario Antón Sánchez en nombre de la Comunidad de Segovia presentó ante el Tribunal nueva demanda contra los Primeros Condes de Chinchón, don Fernando de Bobadilla y doña Teresa de la Cueva. Se juraba por Dios, y la Santa Cruz que se interponía por hallar pleno cumplimiento de Justicia y no por malicia, pidiéndose se condenase a los citados condes a devolver las tierras, frutos, rentas y vasallos. La demanda fue admitida a trámite, vista por el Real Consejo y remitida a la Chancillería de Valladolid. Pero, como ya dijimos, quedó en suspensión hasta que terminó la revuelta comunera, de la que ya veremos sus consecuencias.

Y así, mientras se iniciaba el mayor Imperio de la Historia de las Españas, de las Américas y de las Europas, y las artes, letras y ciencias seguían alcanzando las mayores glorias, un puñado de hombres seguían dispuestos a reclamar ante Dios y ante la Justicia aquellas tinajas quebradas que se convertirían en cenizas de un señorío nunca aceptado…



CAPITULO TERCERO

NARRASE CÓMO LOS COMUNEROS SE ALZARON AL ALBA DE LOS TIEMPOS Y CAYERON EN EL BARRO DE VILLALAR

- Joven, todo esto huele a chamusquina…
- ¡Y tanto! pues lo ocurrido en esta guerra es el principio de una nueva etapa en la vida de los españoles; los autores no tienen común opinión sobre el significado de esta guerra o revolución o revuelta: para unos, es la última guerra al estilo medieval, celosa de los viejos fueros y prerrogativas de las ciudades castellanas; para otros, es la primera revolución social democrática en defensa de las libertades ciudades frente a la oligarquía y poder real absoluto. Nosotros, en nuestra modestia, no vamos a entrar en estas "caballerías" sino matizar los aspectos más destacables que originaron en Segovia y en Toledo la defensa de la causa "juanista" frente a la "carlista", y en qué medida la familia Cabrera, al defender a Carlos I, originó que los odios de los segovianos se patentizaran destrozando sus propiedades.

Porque de inicio hay que decir que los Comuneros son defensores de la Monarquía legítima y de la Legalidad, es decir, de doña Juana, como ya hemos adelantado. Por tanto, la verdadera "Reina señora y propietaria" de los Reinos de Castilla y León, y un sinfín de reinos como Navarra, Sicilia, Granada, las Indias…es doña Juana, apodada tristemente "la Loca", aunque mejor hubiera sido llamarla "la infeliz o la desdichada". Queremos dejar que en este romance alcance la gloria de ser la "Reina de España" que diversas razones la privaron de ese gran honor. Nos consta que amó mucho a su marido y a sus seis hijos, que hubiera deseado hacer más y mejor su tarea como Reina, que sufrió terrible soledad y desesperación en la frialdad de su "exilio" en Tordesillas, que pudo haber sido una buena Reina pues tuvo los mejores maestros de esa época, sus padres los Reyes Católicos. Y no la dejaron… Queremos rendir homenaje a la mujer fuerte, libre, capaz, enamorada, briosa, madre de seis reyes y reinas, hija de reyes y abuela de reyes y emperadores. Quizás la medicina no pudo ayudarla; quizás tampoco gozó de la atención personalizada y el cariño cercano de sus propios hijos, criados al calor de otras cortes.
Por eso, este capítulo de la Historia nos deja un sabor amargo y triste: parece que a las "juanas" de Castilla les persiga el fantasma de la soledad y la tristeza. Sus últimas palabras fueron "Jesucristo crucificado, sea conmigo".
También otro Rey cercano a la Villa de Odón, don Fernando VI, sufrió y murió en la soledad de su enajenación. Dios quiera hayan alcanzado el descanso eterno sus abatidas almas y sus aflijidos cuerpos.

Cuando el joven Príncipe don Carlos arribó en las costas asturianas de Tazones en 1517 -pasando por la Villaviciosa asturiana- no fue recibido con la alegría de rigor. En España se sospecha que está más interesado en ser nombrado Emperador del Sacro Imperio Romano y de la Cristiandad que en ser Rey de España. Poco sabe del país de origen de su madre; y ni siquiera sabe hablar el castellano. Sus ambiciosos y avaros ministros flamencos quieren llenarse los bolsillos a costa de las arcas españolas, cosa a lo que no están dispuestas las cortes castellanas. La primera visita para ver a su madre en Tordesillas fue fugaz y patética. La Reina madre apenas reconoce a Carlos y a Leonor, sus hijos mayores, después de más de diez años separados.

En las cortes de Valladolid de 1518 todos los estamentos prestaron juramento al "Rey", pero los Procuradores de las Ciudades con derecho a voto presentaron un programa de reclamaciones al nuevo monarca exigiéndole el reconocimiento de la Reina, el respeto a las leyes y fueros castellanos, que aprendiese hablar castellano, que contrajese matrimonio, que no nombrase cargos públicos a los extranjeros, que no sacase dinero sin consentimiento de las cortes…; aunque Carlos I aceptó algunas propuestas no estuvo dispuesto a ser controlado por sus súbditos. Obtuvo de las Cortes en Santiago de Compostela una alta suma para viajar de nuevo a Alemania para ser nombrado Emperador. A partir de ahí, estando el Rey ausente y la Corona vacía de sustento, surgieron inevitables conflictos en todos los estamentos sociales: pueblo llano, clero y nobleza, en ciudades y pueblos de toda la extensa Castilla, que no olvidemos, comprende casi todo el territorio nacional. En Valencia y Mallorca también se libraron otras revueltas paralelamente llamadas "las germanías".

Entre las peticiones que la "Junta Santa" de las Comunidades elevó al monarca estaba la eterna reclamación de revocación de mercedes que desde la muerte de la Reina Isabel se hubieran concedido sin verdadero mérito, exigiendo que los nobles devolviesen los territorios usurpados. Entre otras cosas, la Junta recordaba que las Comunidades siempre habían estado al servicio de los Reyes para reducir a los nobles ambiciosos. De tal manera las Comunidades atacaron a la "nobleza" que parte de esta se alinea bajo la causa realista de Carlos. Las peticiones de la Junta arrastraron a la guerra a muchas partes contendientes que tenían finalidades diversas y no siempre laudables. Por esa razón, probablemente, la revuelta comunera no alcanzase su objetivo, justo y legítimo: obtener de la Reina legítima el apoyo a sus pretensiones.
Sin embargo, la Reina Juana no quiso o no pudo enfrentarse abiertamente contra su propio hijo y aunque de hecho apoyó la causa de Padilla, éste no consiguió la rúbrica real, por lo que sus pretensiones carecían de validez legal, convirtiéndose en "rebeldes" y reos de lesa majestad.

La división creciente entre los distintos intereses comuneros debilitó sus pretensiones mientras que los imperiales reforzados por la nobleza y préstamos del Rey portugués se alzaron con una victoria desigual: bajo el barro de un lluvioso 23 de abril de 1521 en Villalar cayeron las cabezas más representativas: Juan Bravo, por Segovia; Juan Padilla por Toledo y Francisco Maldonado por Salamanca...


La bravura y gallardía con que lucharon estos caballeros fue recordada mucho tiempo: "Ha de saber su Majestad que esta maldita secta de libertad estaba muy imprimida en los corazones de esta gente, que han de pasar largo tiempo con compañía de buenas obras para que se olvide…tan vivo tienen hoy en el pensamiento a Juan Padilla como si lo viesen como solían…".
Son célebres las frases pronunciadas por Bravo y Padilla -reflejado en el cuadro de Gisbert, en el Congreso de los Diputados de Madrid- en el momento de ser ejecutados al ser acusados de "traidores" a lo que Juan Bravo respondió airado: "Mientes tú y quien te lo mandó decir; traidores no, mas celosos del bien público y defensores de la libertad del reino". Padilla respondió: "Señor Juan Bravo, ayer fue día de pelear como caballeros; hoy lo es morir como cristianos". Bravo guardó silencio; al llegar al cadalso le dijo al verdugo: "Degüéllame a mí primero porque no vea la muerte del mejor caballero que queda en Castilla". En Toledo, María Pacheco, esposa de Padilla y conocida como "la leona de Castilla", resistió en el Alcázar hasta el último momento, muriendo en el exilio bajo pena de ejecución. El perdón real no alcanzó a todos por igual; muchos fueron perseguidos durante varias generaciones, al prohibir Carlos I que su hijo Felipe II fuese indulgente con los hijos y los nietos de los comuneros.

En sus ciudades de origen se levantan monumentos conmemorativos y las principales calles de Madrid tienen sus nombres. Cosa que no sucede en Odón, donde nada recuerda su paso y su lucha por las libertades castellanas. Con todo, el reinado de Carlos I desde 1516 a 1556, año en que abdicó y murió la Reina Juana, fue el más grande de toda la Historia de España: el fabuloso Imperio que heredó de sus abuelos Isabel y Fernando, de su madre doña Juana, de sus abuelos paternos María de Borgoña y Maximiano de Habsburgo, y de su padre Felipe nunca más volvió a repetirse. Rey de las Españas, de las Américas y Emperador de las Europas y de la Cristiandad; una cristiandad que comenzaba a despedazar el mensaje de la unidad cristiana, dando lugar a que las guerras por religión entre cristianos pusieran fin al sueño del medioevo: una Europa unida en el ideal cristiano.


CAPÍTULO CUARTO

QUE EXPLICA CÓMO Y POR QUÉ EL HURACÁN DE LAS COMUNIDADES DERRIBÓ LAS FORTALEZAS DE CHINCHÓN Y ODÓN

Con estas tremendas palabras dirige la ciudad de Segovia una carta a Medina del Campo, en agosto de 1520, premonitoria de los sucesos que acabarían con las propiedades de los hijos de la Bobadilla:
"Ya sabéis, señores, cómo en los tiempos pasados la serenísima Reina doña Isabel dio el Condado de Chinchón a la Marquesa de Moya, que se llamaba la Bobadilla, y esto no por más sino por ser muy grande privada; y la tierra que le dio era de tiempo inmemorable tierra de esta ciudad de Segovia, y, ahora que vemos la nuestra, estamos determinados de cobrar lo nuestro; porque, según nos dicen nuestros letrados, todo lo que se toma contra justicia, lícitamente se puede tomar por fuerza. Los hijos de la Bobadilla, no sólo tienen y mandan a nuestra tierra, más aún tienen en tenencia perpetua este Alcázar de Segovia, que es una de las insignes fuerzas que hay en España. Y, hablando de verdad, estamos determinados, no sólo de recobrar nuestra tierra, pero aún de tomarle la fortaleza. Y si en esta empresa Nuestro Señor nos da, como esperamos que nos dará, victoria tendrá cobrada su tierra Segovia y lanzado su enemigo de casa. Nuestros capitanes nos han escrito como habéis, señores, tomado la villa de Alelos, y que el alcalde en la fortaleza se defiende con ciertos soldados. Pues tenéis, señores, en la demanda tanta justicia, y tenéis para combatir la fortaleza poderosa artillería, no debéis de desistir de la empresa. Y, si fuese necesario, nosotros enviaremos más gente al campo, y socorreremos con más dineros, porque gran poquedad sería de Segovia, y no pequeña afrenta a Medina, que no se llegase al cabo esta tan justa guerra. A Alonso Fernández del Espinar, que es el portador de esta dársele a entera fe en lo que os hablare de nuestra parte y creencia".
- Entonces, joven, lo de Odón no fue más que pura venganza...
- En efecto, venganza, ajuste de cuentas pasadas, tomar la justicia por su mano...; en fin, como ya habíamos advertido, el escalofrío provocado por el apasionamiento por las tierras de Segovia provocaría que aquellas tinajas y bofetadas se guardaran en lo mas recóndito de la memoria, que si quemaron de esa villa las casas, a nosotros abrasaron las entrañas,...

Se cometieron excesos en la lucha despiadada en que muchos descontentos con la nobleza se acogieron a la causa comunera; en esencia, no lo olvidemos, lucharon por la defensa de la legitimidad monárquica y por la defensa de libertades que los reyes anteriores habían jurado respetar. Los gritos de "viva la comunidad" "viva el rey" "mueran los malos ministros y extranjeros" o "mueran los comuneros"se confundían pues dentro de una misma familia había distintas facciones. La esposa de Padilla, Maria Pacheco pertenecía al linaje de los Villena; no obstante, tomó partido hasta las últimas consecuencias por la defensa de las Comunidades. Al principio, el mismo Fernando de Cabrera Bobadilla, ya Primer Conde de Chinchón, fue propuesto como alcaide del Alcázar a que entregara esta plaza y se uniera al movimiento popular, puesto que su anciano padre el Marqués de Moya enarboló bandera por doña Juana, como Reina de Castilla, en las revueltas de 1506 y 1507. Pero el Conde respondió en sentido contrario: haciéndose fuerte en su Alcázar y dejándolo bajo la custodia de su hermano don Diego, el soldado-fraile, para ir a sus otras fortalezas de Odón y Chinchón y pedir auxilio al Condestable de Castilla en Burgos en busca de refuerzos (artillería, armas, municiones, abastecimientos y soldados) alineándose en la defensa de la causa imperial del rey Carlos I.
Por tal razón, la ciudad de Segovia se declaró a favor de las Comunidades, uniéndose el factor de creciente resentimiento y odio enquistado contra la familia Cabrera, que ahora como alcaldes del Alcázar se "separaba" de la ciudad de Segovia. Los segovianos estaban dispuestos a bombardear su Alcázar y sus iglesias -incluso su catedral- si con ello conseguían expulsar al enemigo Cabrera. No sólo derribaron las fortalezas sino las puertas de la muralla de San Juan y San Martín y la Casa del marquesado de Moya en la ciudad de Segovia.

La comunidad acordó invadir los "estados del Conde de Chinchón" como represalia por la tenaz defensa del Alcázar. Los capitanes Diego de Heredia y Antonio de Mesa salieron al frente de las escuadras segovianas y alguna artillería. No se esperaba el ataque en las fortalezas de Chinchón ni de Odón pero resistieron el asedio que fue "muy apretado"...Las fortalezas cayeron como castillos de naipes envueltos en el huracán de los comuneros, cometiéndose fechorías, de las que luego habrían de dar cuentas. Las tropas segovianas que invadieron las propiedades del Conde llegaron a los lugares despojados con la intención de someterlos por la fuerza a la jurisdicción de Segovia, arrancándoselos al Conde de Chinchón de la misma manera que cuarenta años antes Segovia sufrió en sus carnes la ignonimiosa desmembración.
Pero el Alcázar no se rendía, bajo el férreo mando del hermano del Conde, don Diego de Cabrera, destacando los servicios del capitán Peñalosa, llegándoles a faltar el suministro de agua, cortado a propósito por los comuneros. La victoria de Torrelobatón en febrero de 1521 dio falsas esperanzas a las topas comuneras que, faltos de disciplina y unidad de criterios, abocó en la derrota en Villalar, donde pelearon como bravos todos ellos, disolviéndose la Santa Junta.
Segovia decidió la rendición. Mientras, el Alcázar seguía sitiado; se comunicó a don Diego de Cabrera el levantamiento del cerco y el convenio de paz; para ello se necesitaba el acuerdo del Conde don Fernando, que permanecía fuera del Alcázar; su hermano se encargó de avisarle y este llegó rápidamente. La ausencia prolongada del Conde en la defensa de sus fortalezas fue tachada de cobardía.

- ¿Cómo fue el asedio a las fortaleza de Odón y de Chinchón?
- Ya hemos referido que estas quedaron casi sin defensa propia al haber sacado el Conde los refuerzos con destino al Alcázar, "dejando sin defensa su propia casa por defender la del Rey que estaba su cargo". Sabiendo que los castillos estaban desprotegidos, las tropas segovianas "los demolieron, robando cuanto precioso hallaron que después reedificaron sus nietos a gran costa aunque habían ganado ejecutoria para que lo hiciese a la de los culpados" dice Pinel. El incendio de Odón duró tres días, según cuenta Gonzalo López-Polín en su "Historia de un árbol".
Como el Conde don Fernando murió poco después de terminar la guerra, su viuda doña Teresa de la Cueva en nombre de su hijo, don Pedro Fernández de Cabrera y Bobadilla, inició pleito tras pleito para el cobro de las elevadas indemnizaciones, como veremos.

Como ves, querido lector, las tinajas quebradas en 1480 fueron la causa de la destrucción del castillo de Odón y de Chinchón en 1521, convirtiéndose en sus ruinas durante mucho tiempo, setenta años...
Tras tres días de fuego, la fortaleza sucumbió; quedaron sus cenizas, sus ruinas, su olor a quemado, dejando en los cielos de Odón una estela de ahumado: lo que para unos fue victoria para los Moya fue quebranto. Su aspecto ruinoso nos recuerdan los versos, anacrónicos, de Quevedo:


"Miré los muros de la Patria mía,

si un tiempo fuerte, ya desmoronados,

de la carrera de la edad cansados

por quién caduca ya su valentía..."

 

 

 


CAPITULO QUINTO

DONDE SE DICE CÓMO LOS PLEITOS QUE LA CONDESA DE CHINCHÓN EMPRENDIÓ CONTRA TODOS LOS RESPONSABLES SE SIGUEN HASTA ALCANZAR CONCORDIA CON FELIPE II

Habíamos dejado la última apelación de Segovia en suspensión pos causas de fuerza mayor. Al acabar la guerra, el pleito volvió a su cauce; como había fallecido el conde Fernando, su viuda y su hijo Pedro se opusieron con absoluta radicalidad a las pretensiones de Segovia y como represalia por los ataques recibidos. Para ello, utilizaron la mejor arma arrojadiza en su mano: el famoso privilegio de donación perpetua de de 20 de julio de 1480. Alegaron que la ciudad no era parte ni tenía legitimidad para interponer demanda alguna ya que no tenían derecho a ello, entre otras razones por haber prescrito por el uso y el paso de cuarenta años; además, las tierras que reclamaban no pertenecían a los sexmos ni a la tierra de Segovia sino a los Reyes Católicos. Además, los lugares en litigio les pertenecían por justo título y derecho al haberlos heredado de los Marqueses de Moya y estos los tenían por derecho propio. Aunque las tierras hubieran sido de Segovia, cosa que negaban, los Reyes Católicos los eximieron de la jurisdicción por su soberano poder independizándolos de aquella y porque se los donaron a los Marqueses de Moya en pura donación "irrevocable" -ya vemos que la voluntad última de la Reina Isabel fue papel mojado- y porque los Reyes mandaron y prometieron mantener y guardar dicha donación a los Marqueses y a sus sucesores para siempre jamás, derogando todas las leyes que se opusiesen a esta voluntad.

El pleito se recibió aprueba pero nada pudo probarse porque una cédula expedida por el rey Carlos I ordenaba a la Chancillería la suspensión del mismo y así tantas veces como Segovia reclamó hasta llegado el año de 1593.
Quizás el rey Carlos pasase factura a los rebeldes o bien porque cumplía la voluntad de sus abuelos que ligaba sus actos a la defensa a ultranza de los sucesores de los Moya ("...os daremos y mandaremos dar ayuda y todo favor para tener y poseer los dichos lugares...por siempre jamás") pero la cuestión es que la reclamación de Segovia no consiguió "Justicia" hasta 113 años después, que ya son años para un pleito.

En julio de 1522 comenzaron una serie de pleitos reclamatorios contra todos los intervinientes en la contienda tuvieran parte activa o no (Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, sexmos de Casarrubios, Comunidad o Universidad de la Villa de Madrid, Villas de Ocaña, Yepes, Colmenar de Oreja, Chinchón, Ciempozuelos, Seseña, sexmo de Valdemoro, Villa de Odón, Brunete, Quijorna, Batres, Sacedón, Móstoles.. y todo los vecinos) para exigirles el pago de daños y perjuicios de 100.000 ducados de oro en todas sus propiedades con la consiguiente declaración de indemnización a su favor. Cuestión que ha había sido resuelta preventivamente por el Conde don Fernando, cobrando gran parte de la deuda que su viuda volvía a reclamar. Veámoslo:

Todas las poblaciones de la Comunidad y Tierra de Segovia y los lugares de los sexmos se exculparon de cualquier participación dañosa e inculparon a los propios vasallos del Conde y a la misma ciudad de Segovia como inductora, autora de los desmandes y del daño producido. La solidaridad de antaño de "todos a una" no funcionó en estos procedimientos, el los que todos vaciaron sus culpas y señalaron con el dedo a Segovia y a sus capitanes más radicales como Antonio de Mesa y Alonso Mejía. Y además justificaban su exención de culpas al haber sido ya previamente embargados por el propio Conde don Fernando, cuya "honorabilidad " no sale muy bien parada en este episodio al acusarle de cobardía y abuso.
El pleito iniciado por la Condesa viuda en 1522 no finalizó hasta 1531, fecha en que fue rematado por una Concordia para dirimir todos los pleitos pendientes entre los sucesores de los Marqueses de Moya y Segovia ratificado por Felipe II en 1593.
Las poblaciones demandadas responden que el indulto del Rey Carlos I es general y no puede demandar por penas "perdonadas". El Rey, consciente de que el origen de este levantamiento está en su política monetaria y en el favoritismo de su corte flamenca, se mostrará magnánimo al dictar unas normas sobre los juicios reclamatorios, encaminadas a evitar represalias y abusos por parte de los demandantes, amparando en lo posible a los demandados.
Por esa razón, para evitar las arbitrariedades del licenciado Juan de Arce, juez pesquisidor de los daños y perjuicios en las propiedades de los Condes, el rey nombra a otro juez, el licenciado Pomareda, pero este confirma todas las valoraciones de daños al alza, exigiendo cantidades mucho mayores a los daños, los cuales ya habían sido en parte pagados.

Lo interesante de estos procesos, querido lector, es contemplar cómo las poblaciones se exculpan e inculpan mutuamente:

Por ejemplo, la Tierra de Segovia responsabiliza a los mismos vasallos del Conde; la Villa de Chinchón, donde se encontraba el mismo Conde don Fernando en el momento del ataque, alega su permanente fidelidad al mismo, y que si se rindieron fue a la fuerza. Se da la paradoja que diversos testimonios cuentan que el Conde huyó de Chinchón sin dar protección a sus vasallos, dejándolos a su suerte que de tal manera sucumbieron ante el temor de mayores represalias por parte de los capitanes segovianos más recalcitrantes.
Las demás poblaciones inculpan tanto a los vasallos del Conde como a la Ciudad de Segovia y alegan que su participación fue por temor y miedo a los saqueos y muerte con que estaban amenazados si no se unían al movimiento comunero. Los habitantes del sexmo de Casarrubios solicitaron a Segovia acogerse como vasallos en atención a su pasado común y todo lo ya relatado; sin embargo Segovia no aceptó su petición hasta que por segunda vez los citados habitantes dijeron que si Segovia no les admitía pedirían vasallaje a Toledo.
El juez Pomareda condenó al pago de 11.540.287 mar., descontando 1.721.846 ya pagadas, o sea, a 9.818.441, así como a restituir toda la artillería y armas tomadas de las fortalezas de Chinchón y de Odón.

Finalmente la Chancillería de Valladolid dictó Sentencia en 1528 confirmando la Sentencia del juez Pomarada pero rebajando la sanción a Segovia en 110.000 maravedíes, lo que la Condesa pleiteadora estimó lesivo a sus intereses y volvió a reclamar, dictándose definitiva Sentencia en 1531, confirmatoria de la anteriores, pero rebajando en otros 440.000 maravedíes a Segovia.

En definitiva, nueve años de largos pleitos reclamatorios en los cuales la Condesa viuda y su hijo, don Pedro, Segundo Conde de Chinchón recibieron más de nueve millones de maravedíes por unos daños que, al parecer, estaban ya reparados en su mayor parte por el difunto Conde don Fernando quien cobró hasta 15 millones.

Durante el reinado de Felipe II se alcanzó "Concordia" definitiva de todos los pleitos pendientes entre los sucesores de los Marqueses de Moya y la ciudad de Segovia. Actuó como árbitro el Obispo de Segovia don Andrés Pacheco el 12 de junio de 1592: de una parte el Tercer Conde don Diego Fernández de Cabrera y de otra el Corregidor Fernando Ruiz de Castro y 23 Regidores con los Procuradores de Ciudad y Tierra. En esta concordia quedó delimitado el derecho de cada una de las partes, cediendo la Comunidad de Segovia al Conde varios despoblados, poblaciones y dehesas en el sexmo de Valdemoro y otros del de Casarrubios que pasaban íntegramente al Tercer Conde.
El Conde cedía a Segovia el lugar de Navalcarnero, la dehesa de Marimartín, los ejidos de Tiracentenos y Valparrache, la población de Sevilla la Nueva y varias tierras entregadas a labradores... Por último, el Conde de Chinchón se obligó a conceder a la ciudad de Segovia como compensación 2.000 ducados de renta anual sobre los almojarifazgos de Sevilla: 500 para propios de la ciudad, 500 para propios de Tierra y 1000 para propios o comunes de Ciudad y Tierra.

Pero todavía algunos pueblos del sexmo de Casarrubios no quisieron aceptarlo por resultar desproporcionado; así Navalcarnero, Valdemorillo, Navalagamella y Robledo de Chavela impugnaron la Concordia Universal. La ciudad de Segovia defendió la "bondad y ventajas" del acuerdo ante el Consejo Real demostrando que estas cuatro poblaciones no representaban los intereses del sexmo, sino sólo intereses particulares, presentado los acuerdos de conformidad de otros términos como Sevilla la Nueva, Villanueva de la Cañada y Perales.
El Consejo Real dictó Sentencia de vista favorable a la Concordia la cual fue ratificada por el rey Felipe II en Illescas el 29 de mayo de 1593 y en San Lorenzo el 14 de julio de 1593. ¡113 años de pleitos y de deslindes...!

Termina aquí esta segunda parte que tuvo a bien explicar el por qué se destruyó el castillo de Odón que tanto costó levantar, y cómo, entre sus ruinas, mantiene pedacitos de tinajas quebrantadas a fuego y hierro, tinajas quebradas, tinajas...


TERCERA PARTE


POR QUÉ SE RECONSTRUYÓ EL CASTILLO DE ODÓN
Y QUIENES LO HICIERON POSIBLE

CAPÍTULO PRIMERO

QUE RELATA LO QUE PASABA EN LAS ESPAÑAS DE CARLOS I Y DE FELIPE II Y EN ODÓN

- Joven, no pretenderá contarnos todo el Siglo de Oro porque...Odón, joven, Odón...
- Desdeluego que no, para eso están las enciclopedias generales; aquí solo mencionaremos las razones para reconstruir un castillo a finales del siglo XVI que tienen que ver con el "Renacimiento" y con el "Arte".

El mal pie con el que empezó el reinado del Emperador Carlos I y V de Alemania fue pagado con creces a lo largo de sus cuarenta años de reinado hasta su abdicación en su hijo, tras la muerte de su madre la Reina "de iure" doña Juana. De la amarga victoria sobre las Comunidades de Castilla el Rey-Emperador toma conciencia de qué es esto de "las Españas" que ha de gobernar. Su visión imperial de unidad europea y de unidad cristiana latina se conjuga con el sueño de sus abuelos los Reyes Católicos sobre la identidad nacional de España como conjunto de nacionalidades diversas siendo la independencia castellana sacrificada en pos del Imperio.

Así le ponía sobre aviso el Rey a su hijo, el futuro Felipe II, sobre las diversidades nacionales españolas en 1543: "Os aviso que necesario que el gobierno de Cataluña seáis mas sobre aviso porque más presto podríais errar en esta gobernación que en la de Castilla, así por ser los fueros y constituciones tales como porque sus pasiones no son menores que las de otros y ósanlas mostrar más y tienen más disculpas y menos maneras de poderlas averiguar y castigar".
- Joven, sin comentarios...

¿Fue su reinado el último destello de Edad Media o el primer esbozo de la Modernidad?, se pregunta Joseph Pérez. No cabe duda que su idea de defensa de la unidad cristiana europea iba a chocar con la expansión turca y a enfrentarse a los intereses nacionales "de los españoles". Por otro lado, Francia aprovechó la ausencia del Rey para volver a sitiar Navarra y reclamar derechos pasados. En dicho episodio, un joven soldado, Iñigo es herido en una pierna. Sería el comienzo de una conversión radical dando lugar a Ignacio de Loyola.
Cuando abdicó en 1556 en su hijo este recibía en herencia el mayor Imperio de la Historia de España donde no se ponía el sol, hasta su muerte en 1598 completando la unidad ibérica al unir, temporalmente, el reino de Portugal con su matrimonio con María Manuela, hija de Juan III de Portugal y más tarde por su matrimonio con María Tudor sería Rey de Inglaterra.

Felipe II mandó redactar las "Relaciones geográficas" de los pueblos españoles de donde obtenemos exhaustiva información sobre la sociedad de la época. Desgraciadamente, las "Relaciones" de la villa de Odón se han perdido, por lo que carecemos de datos fehacientes. No obstante, encontramos un tímido apunte en las de Sacedón al contestar que "saben y lo han visto y es notorio que en la villa de Odón que es del dicho conde de Chinchón, su señor, está derribada una fortaleza y es público y notorio que la derribaron los comuneros de la ciudad de Segovia en tiempo de las comunidades, que fue en el año de 1521 y lo mismo se dice de haber derribado otra fortaleza muy fuerte en la villa de Chinchón los mismos comuneros en el dicho tiempo, y esto es público, notorio y de común opinión".
También Pascual Madoz en su "Diccionario" de 1850 se refiere al castillo de Odón al decir que fue quemado por los comuneros y que "esta población padeció en tiempos de los comuneros"


CAPÍTULO SEGUNDO

QUE DICE QUIÉN ERA EL TERCER CONDE DE CHINCHÓN DON DIEGO FERNÁNDEZ DE CABRERA Y QUÉ HIZO

Nació en Chinchón. Por ser el primogénito heredó en 1575 el título y las posesiones del Mayorazgo de Chinchón, así como los cargos honoríficos de su padre, don Pedro, entre otros, la Tesorería General del Reino de Aragón por juro de heredad, lo cual tuvo consecuencias en el entramado de la llamada "traición de Antonio Pérez". Y también fue tesorero de las Casa de la Moneda de Segovia. Fue mayordomo del rey Felipe II como su padre, comendador de Monreal en la Orden de Santiago, patrono y protector general de la orden de San Francisco y alférez mayor de Segovia. Estuvo en la mismísima batalla de San Quintín en 1557 y en la de Mazalquivir en 1563.
Se casó con su prima hermana doña Inés Pacheco, hija del Marqués de Villena y Duque de Escalona, don Diego López Pacheco y doña Luisa Bernarda de Cabrera Bobadilla, Tercera Marquesa de Moya; de cuya unión nació don Luis Jerónimo Fernández de Cabrera, Cuarto Conde de Chinchón.
La estimación del Rey Felipe hacia el Conde fue tan grande que, según relata Pinel, el mismo Rey "fue dos veces desde el Escorial a Odón a visitarle, estando enfermo". De igual manera le encomendó el peso de grandes asuntos, como en Aragón "cuando por causa de Antonio Pérez estuvo tan turbado aquel Reino...quedando la autoridad real después de tantas turbaciones, en el punto que debía". Sus notables consejos y prudencia le hicieron merecer la estimación general: "fue mirado como un oráculo de la prudencia política de aquel tiempo".
Cuenta Pinel que también tuvo sus enemigos políticos, en Aragón mismo, donde se le consideraba "sujeto extranjero" pero no queda nada claro el alcance de los disturbios ocurridos en el reino aragonés a causa del secretario Antonio Pérez y la intervención del Tercer Conde de Chinchón como veremos a continuación. Así dice Pinel: "aunque no podemos afirmar que tuviese más parte en ellas que otros grandes ministros que tuvo aquel reinado al verle tan amante de su rey y celoso de la justicia, debió de dar más cuerpo a la sospecha de los ofendidos..."
Otra de sus características fue ser muy religioso y devoto como demostró al fundar la Capilla o Iglesia nueva de Chinchón, donde mandó enterrar los cuerpos de sus antecesores; al ser patrón de la orden de San Francisco, atendió sus necesidades en España y llegó a fundar un convento franciscano de San Diego en Odón que no llegó a ver finalizado porque murió en 1607.
El citado convento fue inaugurado en 1608 contando con la real presencia de los reyes don Felipe III y doña Margarita junto al Cuarto Conde de Chinchón, don Luis Jerónimo.

El Tercer Conde alcanzó Concordia con la ciudad de Segovia, como ya hemos explicado y fue el responsable de las reedificaciones de sus dos fortalezas en Odón y en Chinchón. En su persona se reunieron los factores determinantes para llevar a cabo dichas reedificaciones: fue "el hombre más rico de Castilla y experto en arquitectura" al decir del doctor Marañón. Al ser nombrado Supervisor de la Junta de Obras y Bosques estuvo cerca de los grandes maestros de la Arquitectura del momento.

Otros autores apuntan un carácter más ambicioso e intrigante, que ayudó al rey Felipe II a llevar el peso de los negocios de Italia "con mucho gusto y satisfacción suya". La especial vinculación de su padre, don Pedro, como la suya a los asuntos de Italia contribuyó a sus conocimientos artísticos y a su interés por la arquitectura, dando su opinión en las obras del Monasterio del Escorial, como supervisor de las obras, por lo que conocerían a los mejores arquitectos e ingenieros de la época aprovechando esta circunstancia para reedificar sus edificios privados.


CAPÍTULO TERCERO

QUE CUENTA QUÉ OCURRIÓ ENTRE EL TERCER CONDE Y EL ASUNTO "ANTONIO PÉREZ", LA PRINCESA DE ÉBOLI Y EL CONDADO DE RIBAGORZA

- Pero, joven, no se despiste que estamos llegando ya a la reconstrucción del castillo de Odón...
- Cierto, pero es interesante desentrañar, en la medida de lo posible, curiosas entramados políticos y familiares en los que el Tercer Conde don Diego tuvo participación directa, como personaje de confianza del rey; además la bella e intrigante Princesa de Éboli, Duquesa de Pastrana ¡cuenta con calle en la actual Villaviciosa!: Doña Ana (Hurtado) de Mendoza
- Pues siendo así, cuente, cuente...a ver si llegamos ya al castillo...

Hacia 1571 el Conde de Ribagorza, Juan Alfonso de Aragón, hijo del Duque de Villahermosa, dió muerte por causa de infidelidad a su esposa doña Luisa de Cabrera, cuñada y prima hermana del Tercer Conde don Diego -hija por tanto del Marqués de Villena y de la tercera Marquesa de Moya-. A su vez, el marido despechado fue ajusticiado. El Conde de Chinchón decidió sacar beneficio en este conflicto que, al margen de lo familiar, tenía raíces en el dominio del extenso y próspero Condado de Ribagorza con 200 aldeas, 17 ciudades y 4000 almas.
Su cercanía con Francia era un punto de negociación para que la Corona quisiera adquirir el Condado con el apoyo de los lugareños, alentando una insurrección contra sus señores.
Aprovechando sus influencias como consejero del Rey, don Diego contaba con el apoyo del mismo Ruy Gómez de Silva, Príncipe de Éboli, y otros personajes incluido el mismo Antonio Pérez. Llegó a dominar la administración aragonesa sustituyendo al Virrey el Conde de Sástago por su primo Iñigo de Mendoza, Marqués de Almenara; su hermano Andrés Cabrera fue nombrado Arzobispo de Zaragoza y como inquisidores nombró a otro primo suyo, Juan de Mendoza.
El propio Conde de Chinchón "anduvo muy contento pareciendo que era muy al propósito...hacerle regente del Consejo de Aragón y nombrarle en la Junta Patrimonial de los Bienes Confiscados", según cita E. Cooper. Con ello pretendía impedir que el Condado de Ribagorza fuera heredado por el Duque de Villahermosa, sobrino del fallecido Conde de Ribagorza. "Pretendía que el ducado de Villahermosa se había de confiscar y que como estaba tan cargado de censos y deudas que había tratado de pedírselo a su Majestad por los servicios que le había hecho". Se sucedieron revueltas sociales contra los moriscos que tenían por finalidad desarmarlos para evitar el bandolerismo que azotaba las tierras del alto Aragón. Entonces, el Duque de Villahermosa y otros señores se negaron a cumplir la orden real sucumbiendo en un asedio virulento en donde el Conde de Chinchón sostuvo defensa de los vasallos del Duque, "nuevos cristianos," y no por fines filantrópicos precisamente. Pero el Conde de Chinchón no consiguió hacerse con Ribagorza. El Marqués de Almenara, su primo, fue asesinado en Zaragoza siendo acusado de dicho crimen el Duque de Villahermosa, aunque fue absuelto póstumamente. Es curioso reseñar que el primer Duque de Villahermosa encabezó la lista que en 1478 firmaron en Madrid la petición a la Corona para que recompensara a Andrés de Cabrera, por lo que existe la posibilidad de que los Cabrera tuvieran intereses en esa región desde entonces.
Sin embargo, cree Cooper que el fracaso final del Conde de Chinchón fue el asunto "Pérez". Este fue detenido en Zaragoza, a instancias de don Diego, cuando se refugió al socaire de los fueros aragoneses... Pero vio que sería más provechoso soltarle y echar la culpa a la negligencia aragonesa. Quizás ante el temor de las represalias el Conde de Chinchón se viera ante la necesidad de reconstruir sus antiguas fortalezas y dotarlas de artillería para hacer frente a un hipotético asalto.

Mientras, el secretario Antonio Pérez, hijo bastardo del anterior secretario del Rey, había conseguido alcanzar la confianza del rey Felipe II y una considerable fortuna, al lado de Ruy Gómez de Silva, Príncipe de Éboli, secretario de Estado y ministro el cual había sido hombre de confianza de Felipe II en su juventud. Este se casó con doña Ana Hurtado de Mendoza, hija de Diego Hurtado de Mendoza, Conde de Mélito, y de Ana de la Cerda, siendo por tanto tía carnal del Tercer Conde de Chinchón.
La intrigante princesa de Éboli, célebre por ser la tuerta más atractiva de la Corte de Felipe II, al enviudar pasó una temporada en el Convento de las carmelitas pero su vida, más mundana que contemplativa, la hizo regresar a la vida cortesana. Se sospecha que fue amante del Rey Felipe II y también de Antonio Pérez, quien poseía secretos de Estado de gran envergadura. Por ello, Juan de Austria, hermanastro de Felipe II, mandó a su secretario, Juan de Escobedo, averiguar el alcance de estas intrigas. Descubrió los amoríos secretos de la princesa de Éboli con Antonio Pérez, y la doble traición de Pérez, pero murió en una misteriosa redada en 1578 ignorándose la participación del propio Rey en este asesinato El rey mandó prender a ambos en 1579 pero hasta 1582 no abrió la causa contra Pérez. Los autores no aclaran el alcance que en estas intrigas tuvo el mismo Rey como mano invisible.
En 1592 Pérez consigue fugarse y se refugia en Aragón al amparo de sus fueros de origen, donde la Justicia Real no puede penetrar. No obstante, el Rey le acusa de herejía y consigue que el Tribunal de la Inquisición conozca del asunto. El pueblo zaragozano, herido en sus fueros más sagrados, se subleva contra la orden real -recordándonos la rebeldía segoviana-, permite la fuga de Pérez, quien huye a Francia, y dieron muerte al Marqués de Almenara. Mientras, el Rey Felipe II reunió un ejército de 12000 hombres en la frontera de Aragón, poniendo final a la sublevación, y ajusticiando a Juan Lanuza, el Justicia Mayor de Aragón en 1592.
El Conde de Chinchón fue mantenido en su puesto de tesorero general de Aragón, bajo el mando del Duque de Alba.


CAPÍTULO CUARTO

QUE CUENTA POR QUÉ EL TERCER CONDE MANDÓ RECONSTRUIR SUS FORTALEZAS Y POR QUÉ CHINCHÓN BIEN VALE UNA VISITA

Tantas intrigas palaciegas mantuvieron al Tercer Conde muy ocupado y despreocupado de su patrimonio en Odón y en Chinchón. A partir de la década de los ochenta y noventa empieza a pensar que ha llegado el momento de de la reconstrucción: cuenta con dinero, con tiempo y con los mejores artistas de la época.
Y si te preguntabas qué sentido tenía una fortaleza a fines del siglo XV con más razón habrá que preguntarse ¿Por qué se levantan dos "castillos"en plena meseta castellana a fines del siglo XVI?

La respuesta sigue siendo la misma: por demostrar indubitadamente el poderío y el señorío y la autoridad del Tercer Conde de Chinchón. El castillo de Chinchón tiene mucho mas carácter de "fortaleza" y el de Odón más "palaciego", pues distintos fueron sus usos.

Visitar Chinchón es perderse por las calles y las plazas contemplando sus singulares casas nobles y edificios de arquitectura popular, deteniéndose a repostar en numerosas fondas y mesones.
Su castillo estaba preparado para soportar un cerco prolongado, como ya habíamos sugerido; cabía la posibilidad que los enemigos del Tercer Conde quisieran vengar la intervención de este en el Condado de Ribagorza. Algunos autores señalan que su reconstrucción estuvo terminada en 1559, a cargo del Segundo Conde, don Pedro pero lo cierto es que el escudo de la puerta principal pertenece al Tercer Conde, don Diego y a su esposa, doña Inés Pacheco, representada en el escusón del centro. La encomienda de Monreal -que explica la presencia de la cruz de Santiago- fue cedida al conde en 1596.

La autoría y cronología exacta de las distintas fases de las obras son desconocidas hasta la fecha. Su realización fue entre los años 1590 y 1598. El Conde don Diego dice en su testamento que llevaba gastados cincuenta mil ducados sin haber salido de los cimientos. Teniendo en cuenta la estrecha vinculación del Conde a la corte de Felipe II, es muy posible que intervinieran maestros asociados a las obras de la Corona o especialistas en fortificaciones, conocedores de las innovaciones introducidas en las construcciones defensivas. El castillo estuvo bien conservado hasta el año 1705, en que sufrió las consecuencias de la guerra de Sucesión, al ser ocupado por las tropas del ejército del Archiduque de Austria, mandadas por el Marqués de las Minas y por unos generales ingleses que instalaron en él abundante artillería. Posteriormente sufrió un incendio.
Un siglo después, en 1808, durante los tres días de asedio a Chinchón, sufrió el expolio y el incendio de la Brigada Polaca, al mando del mariscal galo Víctor. A partir de entonces, parte de sus materiales se aprovecharon en la reparación de caminos, cercas y casas. Su último uso en el siglo XX fue como fábrica de licores.

Arquitectónicamente, se alza sobre un talud, está construido por dos cuerpos cuadrangulares unidos, con esquinas rematadas en fuertes torreones cilíndricos. El mayor de estos dos bloques (58x55 metros), es el cuerpo principal al que se articulan las otras estructuras. El grupo principal de estancias estaba en la zona noroeste, donde tenía hermosas habitaciones. En esta área se encontraba también la cocina por la presencia de una gran chimenea. En esta esquina se emplazaba la que podía ser, a modo de torre del Homenaje, que se dividía en tres cuerpos y remataba en cuatro capiteles de pizarra. El resto tenía dos cuerpos con abundantes y largas habitaciones. Tiene un patio central y debajo de él hay bóvedas con aljibes de gran capacidad y desagües bien conservados. Los muros exteriores están realizados en mampostería, caliza concentrada y rellenos por argamasa y piedras. Los vanos y las molduras están hechos en sillería del mismo material. En su parte alta, está rodeado de una cornisa de piedra labrada que simula un cordón.

La entrada, en el lateral sudeste, es de estilo italiano está formada por un arco de medio punto dentro de un marco dintelado, ambos en sillería almohadillada. El puente que salva al foso es de un sólo arco y sobre él descansa la pasarela de madera levadiza. La puerta de acceso da a una cámara abovedada desde la cual se pasa al patio de armas. Sobre ellas se encuentra el escudo de armas de los Condes, en buen estado de conservación.


CAPITULO QUINTO

QUE EXPLICA CÓMO ES EL CASTILLO DE ODÓN Y QUIENES SON SUS AUTORES

-Por fin, joven, llegamos al castillo de Odón...

- Cierto, ya estamos en condiciones de apreciar mejor la belleza exterior e interior de este edificio; ahora que sabemos los sudores y dolores que encierran sus entrañas...aquellas tinajas quebradas están en sus cimientos, en sus ruinas y en su nueva planta. De alguna manera, el castillo de los Condes de Chinchón -hasta 1965, cuando fue adquirido por sus actuales propietarios, el Ministerio de Defensa- ha sido testigo de toda la Historia de esta "Villa", llamada "viciosa" y "de Odón".

El traslado de la capitalidad y corte del Rey Felipe II a la villa de Madrid indujo al Tercer Conde a reconstruir su fortaleza de Odón, desmochada desde hacía más de setenta años, dada la cercanía de esta con Madrid.
. A menudo se critica la extrema sobriedad, seriedad, austeridad y frialdad de este castillo: faltan almenas, fosos, puentes levadizos, rastrillos (puerta de rejas levadizas), merlones, baluartes,...es decir, los elementos característicos de una fortificación como la de Chinchón.
En Odón solo encontramos los torreones cúbicos y la torre del Homenaje, como elemento anacrónico. Pues nuestro castillo nace o renace en el momento artístico del "Renacimiento plateresco", aunque su estilo sobrio indica más un convento por fuera y un palacio por dentro. Algunos autores asemejan el aspecto "triste y sepulcral" con el monasterio del Escorial
Construido a base de combinar la mampostería y el sillar, tiene planta cuadrada estructurada alrededor de un gran patio de armas central cuadrado con claustro de arquería de medio punto sobre columnas cuadradas que se completa en el centro con un brocal de un pozo, con templete cuadrado y abrevadero, por el que se da entrada a pasadizos subterráneos y galerías de salida de emergencia. En las esquinas aparecen tres gruesos cubos circulares y una torre cuadrada hace las veces de torre del homenaje. Las circulares tienen una altura de tres plantas y constan de un tercer cuerpo de menores dimensiones en lo que fuera el adarve, ronda o andito y que, mediante un corredor, rodea todo el castillo. La entrada principal se encuentra junto a la torre del homenaje, la cual alza una planta más, y da acceso a un zaguán que comunica con el patio de armas y, por una magnifica escalera de granito, con el primer piso de la citada torre. Todas ellas están rematadas por tejados de teja árabe sobre viguería de madera, careciendo de almenas, por lo que, en conjunto, se asemeja más a un recinto palaciego que a una fortaleza militar. Los tejados de los torreones están rematados por pináculos cónicos con bola y la torre del homenaje con chapitel, linternín, obelisco, bola, veleta y cruz semejante al monasterio escurialense.
Sobre las fechas de su reconstrucción no hay seguridad. Se sabe por las "Relaciones topográficas de Sacedón" que en 1578 es público y notorio que está derribada en ruinas. Aunque Madoz señala 1583 como fecha de la reconstrucción por Juan de Herrera, a expensas del Tercer Conde. La referencia de Antonio Ponz en sus "Viajes a España" de 1793 ha atribuido, sin mayor documentación que su propio criterio, la autoría a Juan de Herrera y así se ha venido considerando tradicionalmente. Dice Ponz: "El palacio que consiste en un cuadro con cubos en las tres esquinas, y un torreón en la otra a manera de castillo, es obra del célebre Juan de Herrera, y se conoce desde luego por su excelente construcción, por la claridad y comodidad de sus piezas; no faltando en él, sin embargo de ser pequeño, cuanto se puede desear para el servicio y conveniencia de un gran señor. Tiene un patio en medio circuido de un pórtico con pilares y arcos: una escalera principal magnífica; un andito, que llaman la ronda, con su antepecho alrededor de la fábrica, construido, como los marcos de la puerta y ventanas, y el interior del patio de granito o piedra berroqueña labrada; lo demás en el exterior es de obra incierta, que llaman mampostería arreglada".
Describe Ponz las diversas obras de arte pictóricas entre las que destacan algún velázquez, zurbarán, o un tiziano y otros autores menores del Barroco. Todas estas obras fueron trasladadas al palacio de Boadilla o bien se perdieron durante los saqueos napoleónicos. Como dato curioso destacamos la ausencia de la descripción de la "Fuente de los Caños", que tampoco aparece reflejada en las pinturas de Battaglioli de 1756 ni aparece en el diseño del ajardinamiento de Sachetti de 1739, por lo que la fecha de su construcción, como suposición personal, debió ser posterior a 1793; teniendo en cuenta que se atribuye la autoría a Ventura Rodríguez y este murió en 1785 ¿no sería su autor Juan de Villanueva como apunta López-Polín en su "Historia de un árbol"?

En 1589 el Conde encarga a un afamado arquitecto e ingeniero italiano la realización de un proyecto que no llevó a cabo. Su autor, fray Juan Vicencio Casale diseñó un palacio de estilo clásico italiano con escaleras de traza oval sobre columnas vignolianas de acceso a los grandes salones, según apunta Inés Arenas Murillo. El proyecto se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid.

El arquitecto elegido fue Juan de Herrera; al menos, se le atribuye tradicionalmente la autoría de las trazas originales de la reconstrucción. El estilo herreriano del castillo de Odón es innegable, sea quien sea el autor de su traza. Herrera fue arquitecto, soldado al servicio de Felipe II, matemático y experto geómetra aficionado a las figuras cúbicas, esféricas y piramidales. Escribió un interesante "Discurso sobre el cubo", en el cual sintetiza el pensamiento de Raimundo Llulio y asegura que en todas las cosas está el cubo, expresión de la plenitud y perfección del ser y del obrar. Fue un hombre de Arte y Ciencia, en el sentido renacentista. Se interesó por todas las ramas del saber. Desde 1579, al ser nombrado Inspector de los Monumentos de la Corona, difunde su estilo que, en síntesis, es austero y sobrio, recortando los vuelos del plateresco de la época. Utilizó la línea recta y el arco de medio punto como elementos fundamentales. Buscó la belleza por la magnitud del conjunto. Cuando murió Juan Bautista de Toledo en 1567 asume la dirección de las obras de El Escorial, cuyo estilo nos recuerda la Torre del Homenaje de nuestro castillo. El Monasterio, considerado como la octava maravilla del mundo, refleja y defiende todo lo que la reforma protestante negaba: la vida monástica, los sacramentos, la liturgia.

Pero actualmente tampoco hay completa seguridad sobre la autoría del castillo de Odón ya que los estudiosos apuntan a un discípulo de Herrera, Francisco de Mora, y otros apuntan al maestro cantero Bartolomé de Elorriaga.

Así, Gregorio de Andrés en su estudio atribuye con toda probabilidad las trazas a Bartolomé de Elorriaga, maestro cantero que había trabajado en el monasterio de San Lorenzo, restando autoría a Juan de Herrera por no estar fundado en ningún documento. En su opinión, la obra comenzó en 1592 basándose en la "carta de obligaciones de los canteros Antón Sevillano, Domingo de Candoya y Sebastián Sevillano para labrar piedra de Valdemorillo con destino a la reconstrucción del castillo de Odón" fechada en Valdemorillo el 14 de marzo de 1592. En dicho documento consta como propietario y mandatario de las obras el Conde don Diego; como maestro de cantería Bartolomé de Elorriaga, encargado de realizar la obra y "autor de las trazas de su reconstrucción" por ser quien paga a los canteros; aparecen los tres canteros citados que ya habían trabajado en el Escorial; por ultimo, aparece el administrador del conde, Diego de Barrasa Cardenal, que suministra el dinero a Elorriaga para que este pague a sus canteros. Estos se comprometen a labrar los pilares del patio, los arcos, fajas, cornisas, losas; las jambas, dinteles y soleras de las ventanas; los sillares, las gárgolas, etc. Se comprometen a utilizar granito de Valdemorillo y a labrar todo ello en dos meses y medio. Este autor considera que falta documentación sobre la mayor parte de la obra, de estilo herreriano, pero que no sería necesaria la participación de Herrera ya que se trataba de una obra de menor importancia y dado que en esa fecha Herrera estaba retirado.


Por otro lado, Fernando Marías en su estudio discrepa de la anterior opinión y mantiene en la autoría a Juan de Herrera y en todo caso a su discípulo Francisco de Mora. Señala este autor que en el testamento de Elorriaga otorgado en el Escorial de 1594 manifiesta que el Conde de Chinchón le adeuda varias partidas de varias obras, entre ellas del castillo de Odón. Según este testamento, Elorriaga llevaba siete años trabajando en el castillo, es decir, desde 1587 y aunque Herrera estuviera retirado contaba con Francisco de Mora para sustituirlo. Basa su razonamiento en el "pliego de condiciones de 8 de septiembre de 1593" firmada por el Conde sobre la construcción del patio y cuartos del castillo, el zaguán, la escalera principal, y la capilla; esta sería de planta octogonal, ochavada y en sus paredes diagonales se abrirían nichos para colocar imágenes. Cuenta Ponz que en el oratorio había una pintura de Santiago hecha por don Francisco Preciado, Director de los Pensionados del Rey en Roma.

En nuestra modesta opinión, no entramos en tales discusiones sino que nos complace admirar una bella obra arquitectónica equilibrada, armoniosa, sugerente...y nos congratulamos del buen trabajo que entre todos hicieron: los que desbarataron las piedras en las canteras, los que acarrearon los pesados bloques de granito, los que las labraron y dieron formas oportunas, los que diseñaron los planos y distribuyeron el espacio, los que pagaron las obras, los que corrieron riesgos y accidentes en su construcción, los que idearon su diseño original en medio de una pequeña colina de una sencilla aldea, llamada Odón, simplemente, Odón...en medio de unas Tierras que fueron despojadas a Segovia por la Corona, para ser regaladas a los Marqueses de Moya los cuales han poseído y conservado per sécula seculorum, aunque tiempo después pasaron de nuevo a la Corona, y fueron patrimonio de los Borbones, volviéndose a permutar y revertir otra vez en los Condes de Chinchón, cuyo castillo se utilizó como Escuela para ingenieros y soldados, sufrió expolios durante la guerra fraticida, que lo dejó triste y abatido, que al adquirirlo el Ejército del Aire ha recuperado su carácter y destino de "Defensa" y custodio de Archivos y Documentos, y que los que fuimos niños hace treinta y tantos años jugábamos al escondite alrededor suyo sin sospechar el sufrimiento interior de sus cimientos...


CAPÍTULO SEXTO

DONDE SE DICE QUE ESTE ROMANCE LLEGA A SU FIN

- Pero, joven, ¿y lo demás?... ¿los Caños, el Infante, el buen Rey don Fernando...? ¿Y la Condesa de Chinchón...? ¿Y Godoy? ¿Y los Ingenieros Forestales y los jóvenes Carabineros...? Odón, joven, Odón...
- Como bien sabes, buen amigo, no es posible contarlo todo en este romance que llega a su fin, pero no a su final...la Historia del Castillo sigue su propio curso y aún sufrirá un par de guerras y revoluciones más, nuevos capítulos de la Historia de Villaviciosa, nuevos personajes que esperan su turno para ser "contados", pues todos merecen su lugar en nuestro repaso histórico hasta llegar a la propia Familia Real borbónica, como dueños y señores de la Villa de Odón, tornando, aunque sea temporalmente, estas tierras a la Corona de España.

El presente "romance" ha tenido por finalidad despertar el interés de quien lo lea y se atreva a escuchar a este viejo amigo, nuestro castillo que, aunque mudo, conserva en su interior muchos secretos, casi como un susurro...: aquellas tinajas quebradas con estruendo de guerra y rebelión hoy son la base de este monumento que nos acompaña. Ningún miedo infunde mirarlo de frente, sino cariño, respeto, admiración. Ningún temor, ni desconfianza, ni rechazo podemos sentir ante él, sino al contrario, cercanía, amistad, consideración; porque somos los odonenses de varias generaciones los beneficiarios al contar con su existencia. Costó sufrimientos a los segovianos, lágrimas a los niños abofeteados, violencias y palabras sonoras ante los Reyes Católicos.
Pero nosotros lo miramos casi sin verlo, acostumbrados a tenerlo ahí desde siempre, desde nuestra más tierna infancia, donde el recuerdo de un castillo avejentado y solitario era el lugar ideal para jugar y soñar con príncipes y princesas, como un cuento que nunca fue cuento sino "Historia"; lo vemos sin mirarlo, sin caer en la cuenta del regalo que en su día fue para los Marqueses de Moya y sus descendientes -los condes de Chinchón- es ahora una donación para el deleite de nuestras miradas. ¿Podrán ahora tus ojos ver en verdad la "esencia", el espíritu intemporal del Castillo de Odón? ¿Podrás sentir y contemplar ahora la Tierra que pisas con mayor cariño?
Pues sea su Fortaleza motivo de orgullo y de encuentro con la Historia: la de Villaviciosa, la de España que tanto queremos y las muchas pequeñas historias personales al abrigo de sus muros, sus piedras, sus planos, sus autores, sus destructores, sus dueños, sus reconstructores, sus tierras...
¿Nada más que Tierra?...Dímelo tú, buen amigo.

"Ya ves tú, Castillo amigo,
cuánto hemos recordado,
y aunque ahora tú estés
un poco más retirado
quizás y por la distancia
me hagas mirar más alto.
Adiós, Castillo amigo,
hasta otro rato"
(José Santander Tortajada)


Villaviciosa hermosa, ¿qué llevas dentro? que me robas el alma y el pensamiento, Villaviciosa hermosa...

- De Odón, joven, de Odón...

Y termina aquí este romance que intentó explicar cómo de unas tinajas quebradas y unas ruinas quebrantadas renacieron en Odón transformadas en un Castillo-Palacio y Fortaleza, austero e impresionante, amigo de nuestras infancias y testigo mudo de nuestra Historia.


EPÍLOGO

CASTILLA TIENE CASTILLOS Y ODÓN UNA FORTALEZA

Salpican los castillos las Tierras de España entera. Tierra es de Castillos, Murallas, Atalayas, Fortalezas. Alcázares y Alcazabas, torres de Homenaje, con rastrillos y troneras. Merlones, barbacanas tienen y hasta caponeras. Son Bastiones y Baluartes, con foso y almenas; Hornabeques poseen, revellines y poternas. Asoman los caballeros por las corachas y ladroneras a un tiro de barbeta. Casamatas, medialunas, matacanes y buhederas...del pasado, son Defensas.
Castillos son, no de arena, sino de piedra, Fortalezas. Símbolos de la Historia, que hablan de fronteras, ataques y defensas pasadas, al presente en ruinas quedan...
Castillos son, no en el aire, sino en la bendita Tierra. Firmes como raíces hablan de amores y guerras. Nacen de las entrañas como rocas fuertes, en la tierra: aprovechan sus desniveles, aguas y altivezas...
Castillos son, no de naipes, sino de su pasado de Grandeza, de guerras y paces, de derribos, acosos y ciudadelas...
Castilla tiene Castillos y Odón una Fortaleza: construida y derribada, de las ruinas levantada por un soldado geómetra, enamorado de la serena firmeza. Rehecha desde sus ruinosos cimientos, por eso eres Fortaleza. No tienes foso ni almenas, pero elevas una Cruz en la veleta.
Porque te miro y me reflejas lo que ahora necesito, quiero y pido al Cielo, por Dios, Fortaleza. Quisiera ser como Juan de Herrera, reconstructor de las ruinas de mi querida Tierra: no quiero dejar que las Tinajas que ahora se quiebran alberguen en mi alma y me inunden de Tristeza. Te miro, y al Cielo pido que me deje ser como Juan de Herrera.

...Castilla tiene Castillos, Odón una Fortaleza...


En Villaviciosa de Odón, a 4 de marzo de 2004.

                                                                                                         Sofía Esquivias López-Polín.


BIBLIOGRAFÍA


I.- Textos generales de Literatura e Historia

- Literatura española, ed. Teide, 1978
- Historia de la literatura española, ed. Vicens-Vives, 1982.
- Enciclopedia Hispano-Americana, Barcelona 1897.
- Historia total de España. Ricardo de la Cierva, Ed. Fénix, 1997.
- Historia de España. Menéndez Pidal. Espasa Calpe 1964, tomos XV, XVII y XX
- Historia de España. Ed. Espasa Calpe, ABC y Endesa, tomos 4, 5,6, 1999
- Historia de España, nº 10 de Historia 16, 1995
- Historia de España, Club Internacional del Libro tomo IV, Madrid 1987.
- Atlas histórico mundial. Istmo, 1974
- Biografía de España. Fernando García de Cortazar. Ed. De Bolsillo, 2003.
- Historia de España, de Atapuerca al euro. Fernando García de Cortázar Ed. Planeta, 2002.
- Viaje de España. (Tomo VI) Antonio Ponz, ed.1793 (Facsímile)
- Diccionario geográfico estadístico histórico de España. Madoz, 1850.

II.- Sobre el reinado de los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II

- Isabel la Católica. Manuel Fernández Álvarez. Editorial Espasa Forum, 2003
- Isabel I, Reina. Luis Suárez. Editorial Ariel, 2000.
-La comunera, María Pacheco una mujer rebelde. Toti Martínez de Lecea. Editorial Maeva, 2003.
- La Beltraneja, el pecado oculto de Isabel la Católica. Almudena de Arteaga. Editorial La Esfera, 2001.
- Casadas, monjas, rameras y brujas, la olvidada historia de la mujer española en el Renacimiento. Manuel Fernández Álvarez. Ed. Espasa Forum, 2002
- Juana la Loca, la cautiva de Tordesillas. Manuel Fernández Álvarez, Ed. Espasa Forum, 2000.
- Isabel y Fernando, los Reyes Católicos. Joseph Pérez, ed. Nerea 1988
- Testamento de Isabel la Católica. Colección Tabula Americae, 1992 (Estudio de Luis Suárez Fernández)
- Isabel, camisa vieja. Fernando Vizcaíno Casas. Colección Memoria de la Historia. Ed. Planeta, 1987.
-La reina triste, José Maria Carrillo de Albornoz. Ed. Belacqua, 2002.
- El imperio español, de Colón a Magallanes. Hugo Thomas. Ed. Planeta, 2003.
-Cristóbal Colón. Felipe Fernández-Armesto. Ed ABC e Iberdrola, 2004.
- Carlos V y los españoles. JM Jover, Rialp 1987.
-Carlos V. Joseph Pérez, .Ed. ABC e Iberdrola, 2004.
- Las comunidades de Castilla. J.A Maravall. Alianza editorial, Madrid, 1981

III.- Sobre castillos y fortalezas

- Alcaides, tesoreros y oficiales de los reales alcázares de Segovia. Alfonso de Ceballos-Escalera. Secretariado de publicaciones de la universidad de Valladolid, 1995.
- Tesoros de España: castillos y fortalezas. Espasa Calpe, ABC y Endesa, 2000
- El Alcázar de Segovia. Eduardo Oliver-Copons. Valladolid, 1916
- Revista Moya, nº 10, julio 1999
- Castillos, fortificaciones y recintos amurallados de Madrid. Consejería de Educación y Cultura, Madrid, 1993
- Castillos señoriales de Castilla siglo XV y XVI. E. Cooper, Fundación Universitaria Española, Madrid ,1988
- Castillos de España, vol III. Ed. Everest
- Castillos de Madrid, Amador Rubial. Ed. Lancia, Madrid, 1993.
- Corpus de castillo medievales de Castilla. Espinosa de los Monteros y otros, ed. Clave, 1974
- Guía de los castillos de Madrid. Jorge Jiménez Estéban y otro. Tierra de Fuego, 1987
- La fortificación señorial madrileña a finales del siglo XV. Yolanda Armada y Luis Carrero. Castillos de España, 92-98
- Castillos señoriales de la Corona de Castilla siglos XV y XVI. E. Cooper, Vol. 1 y 2. Junta de Castilla León 1991
-Los mejores castillos de España. Mª Pilar Queralt del Hierro y otros (Endesa) Ed. Everest., 2004

IV.- Estudios y bibliografía específica sobre Villaviciosa de Odón

- Breve historia de Villaviciosa de Odón, Antonio Pardo Riquelme. Asociación Cultural Círculo de Opinión, 1998
-Historia de un árbol. Gonzalo López-Polín, Artes Gráficas Plus Ultra, 1926.
-El castillo de Villaviciosa, su verdadera historia. Inés Murillo Arenas. Revista Federación de Municipios de Madrid, nº 4, 1997
-Castillo de Villaviciosa de Odón. Fernando Fernández-Monzón Altolaguirre, 1989, Archivo General del Aire
- Aproximación a la historia de Villaviciosa de Odón. Pedro Vaquero Rodríguez, 1994
- Viaje por un pueblo castellano. José Santander Tortajada. Ed. Graficas Cañadas, 1986.
- Sucesos históricos de España a través del castillo de Villaviciosa de Odón. Madrid, 1974, Gráficas Virgen de Loreto Ignacio de Puig y Carcer
- El real sitio de Villaviciosa de Odón y el Castillo-Palacio de los Infantes. A.Quintano Ripollés. Rev. Cisneros, año V, 1955.
- El Monasterio de la Inmaculada de Chinchón y Nicolás de Vergara el Mozo. El castillo de Villaviciosa de Odón y los arquitectos reales. Fernando Marías, AIEM, tomo XVII, 1980
- La construcción de la Iglesia de Valdemorillo y el Castillo de Villaviciosa de Odón según las trazas de Bartolomé de Elorriaga. Gregorio de Andrés, AIEM, tomo XIII, 1976.

V.- Estudios específicos sobre los Marqueses de Moya y Segovia

- Retrato del Buen Vasallo. Francisco Pinel y Monroy, 1677 Ed. Asociación Amigos de Moya, facsímile 1992
- Historia de la muy insigne Ciudad de Segovia. Diego de Colmenares, Madrid, 1640.
- La Marquesa de Moya. Carmen Muñoz Roca-Tallada, Ed. Cultura Hispánica, 1966, prólogo del Marqués de Lozoya.
- Segovia, regalo de príncipes; Así fue coronada Isabel la Católica; Historia de una protesta; Un pleito secular de la Comunidad y Tierra de Segovia; Cuando pasó el huracán de las Comunidades Mariano Grau Sanz."Polvo de archivos" 1º y 2º serie, Madrid, 1954 y 1967

VI.- Otros estudios

- Origen y fundación de Sevilla la Nueva. Teo Rojo, Excemo. Ayto de Sevilla la Nueva, 2000.
- Atribución social del espacio y estructura de la propiedad en las comunidades de la sierra de Guadarrama a fines siglo XV. Ángel Carrasco Tezanos, Revista de Arte, Geografía e Historia nº3 Conserjería de Educación de la Com. Madrid 2000
- Aproximación a la Historia de la Comunidad de Madrid. Josefa Otero Ochaíta, Consejería Educación y Cultura, 1994.
- Origen de los sexmos segovianos (www.terra.es)
-Historia de Navalcarnero Jesús Reyes Hernández
-Comunidades de Villa o Ciudad y Tierra. Santiago Lázaro Carrascosa.

VII.-Bibliotecas virtuales

-Cervantes
-Aristarkos
-Portal Fuenterrebollo
-Páginas Web de Boadilla del Monte, Casarrubios, Morata de Tajuña, Navalcarnero, San Martín de la Vega, Sevilla la Nueva, Moya y sus tierras, Mde, Daroca.info, y otros.
-Buscadores de Internet: Google, Terra, Yahoo, Msn, Lycos.