Fernando
VI
en Villaviciosa de Odón
POR ANGEL LUIS MARTÍNEZ CASCANTE
Uno de los hechos más relevantes de la historia de Villaviciosa de Odón, fue
la estancia y muerte del rey Fernando VI, que aquejado de una enfermedad no
definida, algunos hablan de locura, otros de alzheimer, en fín, no hay un
acuerdo completo al respecto, aunque sinceramente tampoco nos interesa en
exceso, el caso es que el tercer rey de la dinastía borbón, que gobernaba
en España desde 1700, pasó los últimos diez meses de su vida en el castillo
de Villaviciosa de Odón.
Aquí vamos a intentar aproximar un poco más
a los villaodonenses aquellos días de 1758 y 1759 en que aquel monarca vivió
en nuestro pueblo.
Fernando VI había nacido en Madrid en 1712,
hijo de Felipe V y de su primera mujer Maria Luisa de Saboya. Casaría con
la que fuera su única y amada esposa Doña Bárbara de Braganza en 1729 y comenzaría
su reinado el 9 de julio de 1746, día en que su padre moriría de un ataque
de apoplejía.
Pero aquí no nos interesa hablar del reinado
de este rey, para ello ya tenemos manuales que nos explican todas las fecetas
del mismo. Avancemos fechas y lleguemos al momento en que Fernando VI está
próximo a venir a Villaviciosa.
Todo comenzará el 20 de julio de 1758, cuando
la reina cae en cama con calentura, suspendiéndose así el viaje de Aranjuez,
residencia veraniega de los reyes, al palacio del Buen Retiro de Madrid, viaje
previsto para el sábado 22 de julio.
Los acontecimientos se precipitan y el 24
la reina recibe el Viático y la Extremaución.
Así mismo el Infante D. Luis, sale de San
Ildefonso, en donde se encuentra con la reina viuda, Isabel de Farnesio, para
acompañar a su hermano el rey en la agonía de su mujer. Esta agonía hace que
la salud de Fernando comience a quebrantarse, dando lugar a un estado de postración
y apatía.
En el Real Sitio de Aranjuez, el domingo 27
de julio, a las cuatro menos cinco minutos de la mañana, pasó a mejor vida
la reina, Doña Bárbara de Braganza.
En la Gaceta de Madrid del 29 de julio de
1758 podemos leer: "Penetrado el corazón del Rey de la más amarga pena,
se retiró, con el Señor infante D. Luis su Hermano y muy poca Comitiva, el
mismo día en que expiró su esposa amada, al Palacio de Villaviciosa perteneciente
al Señor, Infante Duque de Parma, su Hermano, que dista tres leguas de esta
Corte, y allí gozan muy buena salud S.M. y su Alteza".
Este hecho hace que el castillo de Villaviciosa,
construido en el siglo XIV, aunque su estado actual databa de la reconstrucción
iniciada en 1583 y supervisada por Juan de Herrera, se convirtiera en Real
Sitio.
Se consideró que esta localidad cercana a
Madrid, era el lugar idóneo para el rey, ya que nunca había estado allí con
anterioridad y así era imposible que nada le recordara a su esposa Doña Bárbara
y avivará así su dolor por tan lamentable pérdida.
Los primeros días parecieron beneficiar al
rey y la sonrisa le volvió al rostro, pero fue algo tan pasajero que según
cuentan, en apenas diez días, se empezaron a notar los iniciales síntomas
de su enfermedad, dejando de lado los asuntos de gobierno y sólo hablando
de cosas relacionadas con el recuerdo de la reina muerta.
Encontramos confirmación a nuestras palabras
anteriores en la obra de Don Antonio Pardo Riquelme, Breve historia de Villaviciosa de Odón: "la reducida Corte, que
con él residía, que eran el Duque de Béjar (Sumiller de Corps), el padre Quintana
(confesor del rey) y dos secretarios de Estado, empezaron a notar a fines
de septiembre, rarezas y malos modos, pérdida de apetito y sólo alimentarse
de líquidos. El infante D. Luis también lo ha notado y escribe a su madre
Isabel de Farnesio y comenta 'toda la
enfermedad deste Señor, en sustancia, es aquel umor hipocondríaco que le ha
causado manías y furores".
La casa de Fernando VI en Villaviciosa estaba
regentada por el duque de Béjar, y de él dependía el conjunto de los médicos
regios, al frente de los cuales se encontraba el famoso don Andrés Piquer,
médico de la Corte. Uno de los facultativos más distinguidos del elenco era
el irlandés doctor Purcell, y algún que otro médico había.
Curiosamente algunas coplas callejeras, recogidas
por García Rives parecen sugerir que Alba manipulaba la enfermedad y la residencia
del rey.
El Alba lo ha colocado
en esta
dura prisión
por
dilatar su ambición
sobre
la pluma de Wall.(1)
Este Wall es Ricardo Wall, uno de los Consejeros,
del Consejo que se formó de manera informal y semioficial, al notar que el
rey dejaba de lado los asuntos de gobierno, el cual era llevado por el propio
Infante Don Luis, D. Ricardo Wall, el Duque de Alba y el Conde de Valparaiso.
(2)
Para distraer al rey se hace traer al castillo
al famoso Farinelli, pero tampoco logró, en contra de lo que había ocurrido
siempre, distraerlo de su melancolía (3). El rey dejó casi de hablar, y fue
reducido en sus comidas hasta el punto de que ya no se alimentaba. Las manías
hicieron su aparición y poco después se encerró en una habitación en la que
había sitio escaso para una cama, donde pasó sus últimos meses. Fue en una
de las habitaciones de la primera planta donde se instaló Fernando VI, y desde
su fallecimiento se conservaba en ella una inscripción con la fecha de su
muerte, la placa de cobre decía: "Aquí murió el señor rey don Fernando
el Xesto en 10 de agosto de 1759" (4)
El 23 de septiembre es el cumpleaños del rey,
pero no permitirá su majestad que se celebre de modo alguno, ya que aún está
dentro del mes de la muerte de su amada esposa.
Aunque, como estamos viendo su salud se sigue
deteriorando, ya que tres días después de su cumpleaños, tiene que tomar una
purga y se le efectúan dos sangrías (5). Fernando VI sigue con los asuntos
de gobierno, así sigue cubriendo puestos de oficiales, canóngías, oidores,
maestros, etc.
Mientras tanto, su hermano D. Luis, está casi
siempre a su lado, aunque también realiza viajes rápidos a San Ildefonso para
ver a su madre, la Reina viuda Isabel de Farnesio, según avance la enfermedad
del rey, más tiempo estará el infante con su madre que con su hermano.
En noviembre hay una gran sobresalto entre
la población española que es recogido de la siguiente manera por la Gaceta
de Madrid:" En vista de haberse
llamado de Villaviciosa a los Médicos del Rey, que estaban en esta villa desde
la muerte de la Reyna nuestra Señora, a tener junta con los que asisten a
S. M. sobre el estado de su preciosa salud, se ha asustado, y puesto en cuidado
la fidelidad, y amor de sus vasallos; pero asegurando más recientes avisos,
que el mayor mal de S. M. es la debilidad, a que le han reducido las incomodidades
de su melancolía, esperamos muy confiados su restablecimiento. Con tan poderoso
motivo volvió el señor Infante D. Luis a Villaviciosa el jueves 23 (noviembre)
desde San Ildefonso, a donde había ido para celebrar el santo de la reina
viuda".
La salud del rey no mejora en lo más mínimo,
ha llegado a lo que podríamos decir una rabiosa locura que lo impulsaba a
pedir venern a los médicos, a intentar matarse con unas tijeras y hasta a
pedir, en varias ocasiones, al duque de Baños, capitán de guardias, un arma
de fuego con que matarse, petición a la que el capitán hubo de responder que
las armas de guardia estaban para protegerle y no para hacerle daño.
Un día que se creyó morir hizo que se avisara
a un sacerdote, viniendo el obispo de Palencia, pero al aparecer en la habitación,
Fernando lo despidió de forma vergonzante.
El rey lloraba sin cesar y adelgazó tanto
que parecía un esqueleto, todos consideraban milagroso que aún viviera, así
sus buenos y fieles vasallos imploraban clemencia al cielo, y a este fin empezaron
el día 30 de noviembre rogativas públicas en las Iglesias de la villa de Madrid
y en otros muchos lugares.
El profesor Pedro Voltes, en su libro La
vida y la época de Fernando VI, nos comenta el tremendo empeoramiento
del rey:"En cierta noche el doctor Purcell, que estaba de guardia, hizo
algunas advertencias al rey Fernando sobre cómo debía protegerse del frío
y de los sudores. Después de oírlas, el rey se puso boca abajo en la cama
y fingió que estaba muerto, pero al cabo de un rato se levantó y, envolviéndose
en una sábana, jugó a que era un fantasma. Seguidamente se dedicó a golpear
a las personas que acudieron a entregarle una bata para que no se resfriase.
Se iba debilitando hasta el punto de que un día, al levantarse, cayó de la
cama y sufrió varias contusiones."
Naturalmente, debido a que el rey estaba en
este estado, hubo muchas cábalas urdidas en torno de Villaviciosa, algunas
como que el rey volviera a casarse o que fuera inducido a dejar la corona,
siguiendo un ejemplo tan próximo como el de su padre. Pero todo quedó en meras
cábalas que nunca se llevaron a efecto.
El día 18 de diciembre fallece en el Palacio
de Villaviciosa a los 78 años de edad, el Excmo,.Sr. D. Carlos de Areyzaga
y Corral, Caballero de la Real Orden de San Genaro, Capitán General de los
Ejércitos del Rey, Gentil-hombre de Cámara de S.M. con ejercicio, su primer
Caballerizo y Gobernador del Real Bosque de la Casa de Campo; en cuyos empleos,
y en el de Teniente de Ayo del Rey, siendo Príncipe, sirvió a S.M., por tiempo
de 64 años, los 28 en el Ejército y los 36 a los pies de S.M. en Palacio.
(6)
En un momento de lucidez, el 10 de diciembre
de 1758 (7) logran que el rey otorgue testamento, autorizando a que lo firmase
por él , su Sumiller de Corps , el Duque de Béjar, y fueron testigos; el P.
Rábago (nuevo confesor del Rey), el Conde de Valparaiso y el Marqués de Villafranca.
Por este testamento nombrará heredero a su hermano Carlos, rey de las Dos
Sicilias y Nápoles.
Con el nuevo año, 1759, las malas noticias
sobre la salud del rey siguen siendo las que salen de Villaviciosa.
Ricardo Wall, supo convertirse en uno de los
pivotes de la supervivencia del aparato gubernativo en ese difícil 1759 que
se ha quedado designado como "el año sin rey". Cuidó de controlar
la marcha de los acontecimientos en Villaviciosa, haciendo piña con el confesor
del rey, el médico irlandés Purcell y otros íntimos, a la vez que seguía manejando
las rutinas de su Secretaría de Estado y convencía al futuro Carlos III de
que era el óptimo "manager" de sus intereses en España.
Todos los que ven al rey en Villaviciosa si
un día descubren alguna señal de mejoría, al día siguiente se pierde, con
doble sentimiento.
Así ocurre que en los salones de Villaviciosa
de Odón, más modestos de lo que pediría semejante nivel de temas, abundaban,
como en la Villa de Madrid, reuniones recónditas para comentar la situación.
Se discutían antecedentes legales y precedentes de regencias e interregnos
del pasado. Los médicos fueron apremiados a pronunciarse y no pasaron más
allá de declarar al rey incurable.
Cinco semanas después del testamento de Fernando
VI, su heredero encargaba a Jacci un estudio que sin duda había tenido antes
escrúpulo de ordenar: que el embajador se constituyese en Villaviciosa y conferenciase
con el infante Luis y con todas las demás personas de responsabilidad que
encontrase, citando al final, curiosamente, "a
los capitanes de guardias y en fin a los médicos", para prepararle
un informe completo acerca "del entendimiento de Su Majestad Católica".(8).
Pero según avanza el año 1759 la salud del
rey se va estropeando más y más. Llegando a la primavera los médicos empiezan
a administrar algunos suaves y oportunos remedios para recobrar la naturaleza
caída, cuya excesiva extenuación es su peor enemigo, pero no hay resultado
alguno.
Mes y medio antes de que se convirtiera en
rey de España, fue enviada a Carlos III la más larga, detallada y maligna
de las informaciones: la suscrita por su madre, la reina viuda Isabel de Farnesio,
sobre la que no cabe duda alguna estaba deseando que su hijo Carlos obtuviera
de una vez la corona de España, esta carta lleva fecha del 27 de junio de
1759 y en ella indica que en Villaviciosa el caos es tremendo, hay discordia
entre los médicos, los cuales cada día dicen una cosa, y acusaba a los de
Villaviciosa de prolongar el marasmo del rey y del reino. Será esta carta
la que hará decidirse a Carlos a comenzar a poner orden en los asuntos de
España, aunque aun no fuera el rey.
El médico Andrés Piquer, dejó reseña de la
enfermedad del rey en un admirable informe: "Padecía
unos temores sumos creyendo que cada momento se moría, ya porque se sentía
ahogar, ya porque le destrozaban interiormente, ya porque le iba a dar un
accidente. Esto lo decía y repetía tantas veces y con tal vehemencia, que
eran innumerables, y sin que ninguna suerte de persuasiones ni convencimientos
alcanzasen a detenerle, prorrumpía sin cesar en lo mismo y estaba fijo y adherente
a estas ideas tristes y melancólicas, sin dar lugar a que se hablase ni tratase
de ninguna otra cosa... por horas enteras, y a veces por todo el día y parte
de la noche sin cesar, cansándose S. M. a sí mismo y sirviendo de tristeza
a todos el verle en este estado. A veces dejaba los temores que acompañaban
a estas ideas, y en su lugar se enfurecía con vehemencia, airándose hasta
el punto de ejecutar cosas muy impropias a su bondad y a su carácter. Junto
a esto, tenía aversión a las gentes: no podía tolerar que nadie durmiese,
comiese o descansase; ni podía acordarse de las cosa que estado sano le gustaban,
sin enfadarse porque todo le desazonaba...
"Hacia
los principios de agosto empezó a tener obscura la locución, de modo que hablaba
torpe y sin claridad. El día 6 del mismo mes, a las nueve y cuarto de la noche,
hizo un ruido como de movimiento impetuoso, y habiendo acercado la luz, se
halló a S. M. con una perfecta alferecía... El día 9 por la tarde empezó a
tener un fuerte ronquido; en la noche se le añadió el estertor o hervidero
del pecho, y creciendo estas cosas, con calor activo al tacto y con pulsos
regulares... Todo esto, observado atentamente, me pareció que aumentaba en
gran manera el peligro del enfermo y volvía de todo punto incurable su dolencia..."(9)
El día 6 de agosto el rey había recibido la
extremaución, y el día 9 Wall escribía los siguiente: "Se
halla el rey nuestro señor hecho un tronco, sin dar más señales de vida que
un fuerte ronquido, que es efecto preciso del accidente apoplético que, según
los médicos, ha poseído a S. M. desde las dos repeticiones que tuvo hoy del
de alferecía...Esta tarde vino el nuncio de S. S. y dio al rey la bendición
papal."
El día 10 de agosto, coincidiendo con el decimotercero
aniversario de su proclamación al trono, fallecía Fernando VI, en el Castillo
de Villaviciosa de Odón. Pero veamos como fue explicado a los españoles de
entonces por los medios de comunicación de la época, como era la Gaceta de
Madrid, la muerte del rey de España:
"El viernes diez de este mes, a las cuatro
y cuarto de la mañana, tuvieron su indispensable término los males de nuestro
amado Rey Don Fernando el Sexto, y lograron eterno premio sus notorias virtudes.
Después de haber aprovechado un feliz intervalo de sosiego, que le concedió
la Divina Clemencia, confesándole muy a satisfacción del Cura del Palacio
Don Joseph de Rada que le administró este Sacramento, y ya en mayor riesgo
el de la Extrema-Unción, así como la víspera de su fallecimiento la absolución
y bendición papal el Sr. Arzobispo de Laodicea, Nuncio de su Beatitud, murió
este piadosísimo Monarca, entre las manos y auxilios espirituales del Sr.
Arzobispo, Inquisidor General, del Señor Obispo de Palencia, del Citado Cura
Don Joseph de Rada, y de Don Francisco de la Barcena, Capellán de Honor
de S. M. en el Palacio de Villaviciosa, perteneciente al Serenísimo Sr. Infante,
Duque de Parma, Su Hermano, como Conde de Chinchón, a los cuarenta y cinco
años, diez meses, y diez y nueve días de su edad, a los trece años, un mes
y un día de su Reinado, y el mismo en que fue proclamado el año de mil setecientos
cuarenta y seis".(10)
Se le reconocerá como un rey que tomó la Corona
en guerra y la deja en paz. Así mismo se declararán seis meses de luto.
El cuerpo del rey será conducido desde Villaviciosa
al Convento de la Visitación de Madrid, donde está esterrada su esposa, encargo
que se hace al Duque de Alba, Mayordomo Mayor de S. M.
Veamos ahora como se realizan los preparativos
para abandonar definitivamente Villaviciosa de Odón:
"Apenas expiró S. M. encargó el Exmo.
Sr. Duque de Béjar la guardia del Real Cadáver a los Excmos. Señores Gentileshombres
de Cámara con ejercicio, que lo ejecutaron, alternando de dos en dos, juntamente
con dos Ayudas de Cámara: dispuso que le velasen sin intermisión dos Religiosos
de San Pedro de Alcántara, y dos Médicos de Cámara de S. M. y mandó poner
en ella tres Altares, en los cuales se dijeron Misas incesantemente en la
mañana de aquel día, y del inmediato, hasta que ya vestido el Real Cadáver
por los señores Sumiller, Gentileshombres y Ayudas de Cámara se trasladó a
una Caja de Plomo, puesta dentro de otra de madera cubierta de Tifú y galoneada
de oro que se cerró con tres llaves. Fue conducido de este modo el Sábado
once a medio día, por los Grandes, Gentileshombres de Cámara, y Mayordomos
de semana desde su Real Dormitorio hasta el Salón grande de aquel Palacio,
preparado para exponerle de cuerpo presente en su rica Cama situada sobre
un Tablado levantado del suelo, y debajo de un magnífico dosel, y allí le
entregaron con las formales palabras de costumbre, primero el Excmo. Sr. Sumiller
al Excmo. Sr. Mayordomo Mayor, y este después a la antiquísima, Noble Guardia
de los Monteros de Espinosa, que ocuparon los ángulos de la Cama poniéndose
dos a la cabecera con la insignia del Cetro y Corona, y otros dos a los pies;
y además le guardaron desde entonces dos Mayordomos de Semana alternativamente."
"En este Salón se cantó la Vigilia, y
celebró el Ilmo. Sr. Obispo de Palencia misa de Pontificial ayudada de la
Real Capilla, y con asistencia del Cuerpo de Grandes, Gentileshombres de la
Boca y Casa, Caballeros Pajes, y demás Individuos correspondientes."
"A las seis y media de la tarde
de este día juntaron los Excmos. señores Condes de Montijo, Duque de Alba,
Príncipe de Mazerano, Duque de Bornouville, Duque de Medina-Sidonia, y Conde
de Aranda, Caballeros de la Insigne Orden del Toysón, formaron Capítulo en
el Cuarto del Sr. Mayordormo, y desde allí se encaminaron, a donde estaba
el féretro con el Real Cadáver para desnudarle del Collar de la Orden. Quitósele
el Excmo. Sr. Conde de Montijo Caballero más antiguo en preferencia de los
demás y del Conde de Canillas, y le entregó al Guarda-Joyas de S. M. según
estilo."
"El domingo doce, reconocido de nuevo
el Real Cadáver por el Cristal, que tenía la Caja de Plomo, le bajaron los
Señores Grandes, y Mayordomos hasta el pie de la Escalera de Palacio y allí
le tomaron los Gentileshombres de Boca y casa, que le llevaron y colocaron
en la estufa preparada para conducirle a su Entierro en el Convento de la
Visitación de Madrid, habiendo hecho en estos cortos trámites algunos descansos,
en que se dijo Sus Responsos el Ilmo. Sr. Obispo de Palencia que seguí con
la Real Capilla."
"Partió el funesto Acompañamiento del
Palacio de Villaviciosa a las cuatro y media de la mañana, y llegó a Madrid
antes de las diez, entrando a la villa por la puerta de Recoletos." (11)
Este episodio pone fin a la presencia
del rey en el Castillo de Villaviciosa de Odón. El párroco de la villa D.
Francisco Cebrián, inscribió la muerte del rey
en el registro parroquial y acompañado de las autoridades del Concejo
acudió al Castillo para rezarle un responso. (12)
Carlos III, en agradecimiento a la población
la eximirá de impuestos durante dos años.
oooooooooOoooooooooo
Esta es la breve, pero intensa narración de los poco más de diez meses que
el rey Fernando VI vivió, o quizás deberíamos decir malvivió entre las paredes
del castillo de nuestra localidad, pero fueron momentos intensos, donde Villaviciosa
se convirtió en Corte y vio pasar a personajes de gran importancia, quizás
el periodo más importante en la historia de nuestro pueblo.
Espero que estas líneas sirvan para aportar algo más al conocimiento de los
hechos acaecidos en Villaviciosa de Odón, sí así fuera me daría por satisfecho.
Desgraciadamente no podemos dar más datos sobre el pueblo en esos momentos,
es decir a mediados del siglo XVIII, ya que han desaparecido los documentos
de esos años tanto en el Archivo Municipal como en el de la Iglesia.
NOTAS.
1.-
Pedro Voltes. La vida y la época de Fernando VI. Editorial Planeta.
Barcelona,1998.
2.-
Antonio Pardo Riquelme. Breve Historia de Villaviciosa de Odón.
Edita Asociación Cultural Círculo de Opinión. Getafe (Madrid),
1998.
3.-
Pedro Voltes . Opus citada.
4.-
Pedro Vaquero Rodríguez. Aproximación a la Historia de Villaviciosa
de Odón. Editado por el propio autor, 1992.
5.-
Gaceta de Madrid, septiembre de 1758.
6.-
Gaceta de Madrid, diciembre de 1758.
7.-
Antonio Pardo Riquelme. Opus citada.
8.-
Pedro Voltes. Opus citada.
9.-
Pedro Voltes. Opus citada.
10.-
Gaceta de Madrid. 14 de agosto de 1759.
11.-
Gaceta de Madrid. 21 de agosto de 1759.
12.-
Antonio Pardo Riquelme. Opus citada.
Angel Luis Martínez Cascante