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Camino de Santiago: “El Monje Virila”

por Mario Torres

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De todas las leyendas que comentan las gentes del bordón y la mochila siempre me fascinó lo que le aconteció al monje Virila, aquel Abad de Leyre que un buen día salió al bosque a tomar el sol bendito y se durmió al oír la melodía que en su rama cantaba un pajarillo, este podría ser el inicio de una interpretación popular de lo que le ocurrió al monje Virila, aunque la historia tiene su miga y es lo que voy a intentar transmitir.

San Salvador de Leyre, monasterio Benedictino navarro emplazado en el entorno del Camino Aragonés, es el escenario de la leyenda de Virila y el canto del ruiseñor, este monasterio cuya fundación se sitúa en el siglo VI, fue destruido por Almanzor a finales del X, al calor de las peregrinaciones a Santiago de Compostela floreció nuevamente durante el siglo XI. De su antigua construcción conserva aún la cripta prerrománica, del IX, de raigambre mozárabe, siendo la actual iglesia románica de los siglos XII al XIV.

Fue la ruta jacobea clave en el cauce de la difusión de la bella leyenda que tiene como protagonista a un Abad de nombre Virila y a un ruiseñor. Recogida en textos del siglo XII y situada a finales del IX, en la que narra la crisis de fe sufrida por el monje al final de su vida que le llevaba a dudar de cómo serían los gozos de la vida eterna. 

A estas cavilaciones se abandonaba el abad cada tarde mientras leía y paseaba por los bosques que rodeaban el monasterio. Un día de primavera atrajo su atención el trino de un pájaro, que provenía de una cercana fuente escondida en la arboleda. Hacia ella se dirigió embelesado por aquel dulce canto, perdiendo la noción del tiempo y se durmió. Al despertar emprendió el camino de regreso al monasterio, no sin grandes fatigas para hallar el sendero, y al llegar vio que la iglesia y el monasterio no eran los edificios que él había dejado, es más, nadie le reconocía y el no reconoció a ningún monje.

Fue al buscar en los archivos monásticos cuando se descubrió que efectivamente había habido un Abad llamado Virila, dado por perdido en el bosque trescientos años atrás. No había duda, se había obrado un milagro. Y así fue que durante un te deum de acción de gracias se abrió la bóveda de la iglesia y Dios hablo a Virila; “Virila tu has estado trescientos años oyendo el canto de un ruiseñor y te ha parecido un instante. Los goces de la eternidad son mucho más perfectos….”

En ese momento entró un ruiseñor por la puerta llevando un anillo en el pico que colocó en el dedo a Virila, quien volvió a ser Abad.

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Esta leyenda, en sus diversas versiones, tuvo gran difusión por la Europa medieval, como atestigua su presencia en Affighem (1122-1195) y en Francia, donde hacia 1195 se fecha una traducción del Obispo de Paris. Aparece también la célebre obra La Leyenda Áurea del dominico Jacobo de Varaggio y en la Cántiga CIII de Alfonso X el Sabio en la que el monje se adormece escuchando una música celestial.

Las gentes del Camino de esta leyenda reconocen un canto a los dormilones, que dice algo así como:

Ay¡¡, San Virila Bendito,

patrón de los dormilones

y de todo el que esta frito

a tus pies arrodillado,

pido con devoción,

poder dormir de un solo tirón,

sin ronquidos a mi lado,

que pase la noche entera

hasta que caiga de cuajo

y el que duerma debajo,

deje quieta la litera.

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Escrito por: Mario Torres

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