Opinión
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Distopía

 

Miguel Sainz

Miguel Sainz

Vivimos la antítesis de la utopía. ¿Quién hubiera imaginado hace un año un país perruno?. No solo los bozales que tapan la expresión de nuestros rostros son parte de la nueva realidad sino también la política donde debería negociarse a cara de perro, sin concesiones o valga otra expresión castellana, negociar a calzón quitado, sin tapujos ni engaños, de forma valiente, algo que unos cumplen y otros caen en el desdoro.

Son muchos los sinsabores que se pierden con la pandemia, el gusto es un síntoma y el olfato otro más y, al parecer la política adolece de ambos. Es Arrimadas una artimaña ciudadana que ha engañado a su electorado con no sabemos que fin político, salvo el que nos atrevemos a pensar todos, que consiste en salvar sus nalgas y aposentarlas a perpetuidad en los tronos del Congreso, entendiendo trono en su peor sentido.

Sentido es el que se ha perdido también por efecto de este burka con el que se nos castiga la cara y dar la cara ya no la da nadie en el pepé por Cayetana, única portavoz que ha sido capaz de levantar de sus asientos tanto a los afines, como a los delfines de la política y que decir tiene que sus brillantes dardos atinaban en el centro de la diana política sumando dieces tras dieces. El PSOE temblaba, el pepé temblaba y los podemitas se parapetaban tras hipócritas sonrisas, tan sonrisas hipócritas como las de su mentor.

Arrimadas es lo contrario de Cayetana, Arrimadas es la distopía y Cayetana la Utopía, la primera resulta orweliana y, ¿Cayetana? Cayetana representa aquella fabulosa e idílica Ciudad del Sol de Tomasso Campanella, una ciudad igualitaria, libertaria y “fraternaria”. Cayetana es la libertad guiando al pueblo y, ¿Arrimadas?, Inés ha sacrificado al pueblo, ya desde antes del confinamiento, ya desde antes ha traicionado a sus votantes, como ya lo hicieron en nuestro pueblo, pactando con quién traerá más desdicha, dolor, sangre y fuego.

La política se ha convertido en algo simple que no es sinónimo de sencillo. Se vota a los líderes porque gustan o no gustan, porque son simpáticos o guapos, empatizan y están “cañón” o “cañonas”. Sin embargo, en esa simpleza de los votantes irreflexivos está el destino de nuestro país. A la mayoría nos duele el país, como si fuera culpable de nuestro sudor y nuestra enfermedad política. ¿Qué hemos hecho los votantes para merecer a los peores políticos y deshacernos de los mejores? No debemos preocuparnos. Todo es manifiestamente empeorable.

Solo falta subir otro peldaño de la escalera del infierno para llegar a sus puertas y percibir que solo entran aquellos que perdieron el bien de la inteligencia. Como en una Divina Comedia debemos cantar: «Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor; por mí se va hacia la raza condenada: la justicia animó a mi sublime arquitecto; me hizo la Divina Potestad, la Suprema Sabiduría, y el primer Amor. Antes que yo no hubo nada creado, a excepción de lo inmortal, y yo duro eternamente. ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!»

Cayetana Álvarez de Toledo

Cayetana Álvarez de Toledo

 

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Escrito por: Miguel Sainz

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