Opinión
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El arte de la palabra

20noviembre_juliannavarroLos tres Matías Prats, abuelo, hijo y nieto, admirables comunicadores

En los lejanos años de la postguerra del pasado siglo no había televisión en España, pero había fútbol, había radios y había locutores fabulosos que cultivaban el arte de la palabra. Uno de estos locutores, para muchos el mejor, se llamaba Matías Prats Cañete. En 1950 había viajado a Brasil para retransmitir los partidos del Campeonato del Mundo en los que participaba la selección española de fútbol. No imaginaba que el 2 de julio iba a pasar la historia por haber narrado el gol de Zarra que venció a la selección de Inglaterra, hecho insólito para una España pobre, herida, hambrienta, aislada. Sirvió para sentirnos, por primera vez en muchos años, ganadores de algo.

Los niños de entonces éramos afortunados con radio en casa. Una radio era un tesoro. Podíamos escuchar música a cualquier hora, y canciones en el programa sabatino “Fiesta en el aire”, partidos de fútbol los domingos, relatos de amor todas las tardes, funciones de teatro algunas noches. Y, lo mismo que ahora con las cadenas de televisión, también entonces eran ídolos aquellos personajes de la radio, Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa, Soler Serrano, Fernando Forner, Matilde Vilariño, Teófilo Martínez, Boby Deglané, hombres y mujeres que nos hablaban desde una emisora lejana, aunque los niños creíamos que estaban metidos dentro del receptor. Los distinguíamos por la voz y por la voz imaginábamos su cara. El misterio de cómo sería su rostro les añadía un atractivo más. A los protagonistas de las novelas los suponíamos guapos y altos. A las locutoras, rubias, delgadas, bonitas. A los que interpretaban papeles de villanos, feos y malas personas.

Matías Prats Cañete había nacido en el pueblo cordobés de Villa del Río el 4 de diciembre de 1913, tres años después que otro paisano que también dio renombre a la ciudad, el excelente pintor Pedro Bueno Salto. Desde muy niño, Matías se sintió atraído por el mundo de las palabras, por el lenguaje, por la poesía que cultivó con éxito en su juventud hasta ser ganador de un certamen literario. Pero a los 22 años, movilizado como soldado para combatir en la Guerra Civil, vivió tres años de lucha y muerte y lo que sacó en limpio fue una herida de bala en la cabeza que le produjo fotofobia (aversión a la luz), por lo que tuvo que llevar gafas con cristales ahumados durante toda su vida. Suya es la reflexión siguiente que realizó en una entrevista: “Si vives una guerra, la odiarás siempre”.

Cuando llegó la paz en 1939 Matías Prats encontró trabajo en Radio Málaga, donde conoció a quien sería años más tarde su esposa, la locutora Emilia Luque Montejano.

- Nos sentábamos en la misma mesa, uno frente al otro, así que de tanto mirarnos acabamos por enamorarnos.

En Málaga, convertido en un “todo terreno” de la información, el joven locutor retransmitía partidos de futbol, corridas de toros y cualquier acontecimiento de actualidad que hubiere. Igual que los orfebres cordobeses creaban joyas con hilos de oro y plata, Matías tejía filigranas con su verbo encendido y soñaba con narraciones imposibles que describieran la realidad con todo lujo de detalles, como el mejor fotógrafo o el mejor pintor.

Periodista de infantería

En 1945 dio el salto a Madrid, a Radio Nacional, donde continuó como redactor y locutor, además de ser la voz del NODO, el noticiario cinematográfico que proyectaban en todos los cines de España, muy parecido a un telediario de ahora.

En 1949 obtuvo el carnet de periodista en la antigua Escuela Oficial de Periodismo de la madrileña calle de Zurbano, donde cursamos la carrera los periodistas de la época hasta que surgieron las Facultades en toda España. En 1974, después de 25 años de narrador de acontecimientos (fútbol, tenis, toros, boxeo, procesiones de Semana Santa, visitas de mandatarios extranjeros) lo nombraron director del NODO, pero a los dos años dimitió. Un día, durante la degustación del cocido madrileño con que nos obsequiaba mensualmente a la Peña del Garbanzo de Plata el dueño del tablao flamenco de Torres Bermejas, me dijo:

- Dimití porque no me gusta la burocracia, ni tener que reprender a un compañero. Yo siempre he sido un periodista “de infantería” con el micrófono en la mano y así continuaré mientras pueda.

Inventó definiciones y frases que han quedado para la historia de la radio, como “la serpiente multicolor” de los ciclistas, o la “posición teórica del medio volante izquierdo” con lo que “veías” al jugador situado en el lugar exacto del campo que él describía.

Sus compañeros conocíamos un “secreto” que el público en general ignoraba. Era la imposibilidad que tenía de pronunciar el sonido de la “c” o la “z”. Esto, para un locutor, era una carencia insalvable, pero él logró que los oyentes no lo advirtieran sustituyendo la “c” o la “z” por la “f”. Así, si había de decir “Zaragoza”, decía “Faragoza”, o “Farra” en vez de “Zarra”. Efectivamente, hablando a la velocidad que él imponía a sus narraciones, nadie se daba cuenta. Cualquier lector puede hacer la prueba.

Los años fueron pasando con sus penas y alegrías.  Matías Prats Cañete y Emilia Luque tuvieron tres hijos, Matías, María del Carmen y Juan Jesús. Un día de 1975, Matías hijo, que a la sazón tenía 22 años, le dijo:

- Papá, me he presentado a unas pruebas de locutor en La Voz de Madrid y he sido elegido. 

La noticia fue para Matías padre una mezcla de alegría y disgusto al mismo tiempo. Alegría porque un hijo seguía el camino que él había iniciado, y disgusto porque, además de Periodismo, Matías junior había estudiado Derecho y su padre lo veía como un brillante abogado. Sabía que en el mundillo de las noticias le iban a exigir demasiado. El apellido Prats era una buena tarjeta de presentación, pero también una losa muy pesada.

De izquierda a derecha, Matías Prats Cañete, Matías Prats Luque y Matías Prats Chacón, tres generaciones de excelentes comunicadores en radio y televisión.

De izquierda a derecha, Matías Prats Cañete, Matías Prats Luque y Matías Prats Chacón, tres generaciones de excelentes comunicadores en radio y televisión.

Llegas tarde, Matías

Sin embargo, Matías Prats Luque, que desde niño jugaba con su padre a buscar palabras bonitas en el diccionario de la Lengua Española, arropado por las enseñanzas del maestro, llegó a ser en poco tiempo un excelente profesional en TVE que recibió varios premios por ser el más “creíble” de los presentadores de informativos. Desde sus inicios ha sido galardonado nueve veces con el premio al mejor presentador o comunicador. Igualmente ha sido nueve veces TP de Oro. Se exhiben en sus vitrinas todos los premios habidos y por haber.

En 1998 lo contrató Antena 3 y dejó Televisión Española. Pero en 2016, un desgraciado accidente le perjudicó la visión: recibió un pelotazo de tenis mientras asistía a un partido y sufrió desprendimiento de retina. Los golpes con pelotas de tenis son muy peligrosos ya que el volumen esférico de la bola encaja perfectamente en la cuenca del globo ocular.

A Matías le cambiaron el turno y, prácticamente recuperado, ahora nos da las noticias de Antena 3 los fines de semana. Ha cumplido 66 años, aunque parezca más joven. Exhibe unas buenas dotes de actor en los anuncios de una aseguradora. Ya se oye por la calle que alguien le dice a otro: “¡Llegas tarde, Matías!”. Con su voz tan personal, Matías Prats Luque (hay que distinguir a los periodistas de esta familia por el segundo apellido), se ha convertido en un comunicador inconfundible. Como lo fue su padre y lo será su hijo.

El 7 de abril de 1984 Matías Prats Luque casó con Maite Chacón y fueron padres de dos hijos, Marta y Matías Prats Chacón, quien tiene actualmente 34 años. Poco antes de fallecer su abuelo, el joven ya había ingresado en la Facultad de Ciencias de la Información. Viejecito, casi sin poder moverse, el anciano y legendario locutor le preguntó:

- Y tú, ¿en qué piensas trabajar?

El ilusionado estudiante le contestó:

- En lo mismo que tú y que papá. Seré periodista y comunicador en televisión. Por algo me llamo Matías Prats.

Cumplió su palabra Se inició en Radio Marca, después fue redactor deportivo y presentador en Veo 7. Y en 2011 ingresó en Tele 5 donde continúa. En la voz y en su manera de ser, lleva el sello de los Prats que creó su abuelo: rigor, educación, prudencia y respeto. La palabra es un arte, pero también un arma peligrosa si no se sabe manejar.

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Escrito por: Julian Navarro