Opinión
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El “Face”

juliancalvoDicen del Face Book –pronunciado familiarmente como “feis”– que es como la barra de un bar, en donde una peña de amig@s dice cada cual su mejor ocurrencia y el resto manifiesta su aprobación o replica con otra idea, afín o no.

La gran diferencia es que en este bar no sirven bebidas ni tapas y solo es accesible a un creciente número de personas con medios, conocimientos y ganas de comunicarse así. El resto, –normalmente, de quienes más podemos aprender– se quedan en la calle.

De esa multitud que accede a la barra, llamada con demasiada ligereza “amigos”, no sabes de cierto quien está atento a lo que dices y quién no.

La mayoría colgamos un contenido que nos parece de interés general que llega si acaso a esos poquitos que por cualquier motivo se declaran seguidores. El resto, lo reciben según los criterios comerciales del dueño del chiringuito que se queda con las fotos, datos, conversaciones y contenidos intelectuales del cliente para hacer con ello lo que le venga en gana. Esta genial idea es un negocio multimillonario que controla los hábitos de sus usuarios, algo esencial para seguir engordando la caja vendiendo más cara su publicidad y los datos cosechados. Pero el complejo fenómeno social, técnico y comercial lo dejo para otro día. Volvamos al bar…

Animados por las ganas de destacar que impone nuestra cultura mediática se da una especial lucha por lo que yo llamo cuota de notoriedad, entre sus clientes, algo que en si no es malo, pero a diferencia de la barra, ello escapa a nuestro control. Que seamos o no escuchados, depende de muchos parámetros que maneja el jefe del negocio… de sus criterios de difusión, del nivel de atractivo de lo dicho, de la interconexión entre seguidores, del propio contenido, del alcance viral, del EdgeRank … todo un arte contemplado en una disciplina llamada social media.

Con el manejo diestro de ciertas herramientas, muchas horas de dedicación de un buen media manager y mucha suerte, pueden llegar a oírte un 30% de tus “amigos”. Eso sí, de entre todos ellos, si alguien quiere estar al tanto de todo cuanto haces o dices, sin decir ni mú, puede permanecer invisible tras ese ojo de cerradura.

Este divertido espacio social de mentirijillas, como lugar virtual que es, está lejos de la realidad del alterne, en primer lugar porque no es un espacio físico como nuestra entrañable tasca. Sabes que sus usuarios tienden a ser empáticos y comunicativos, pero desasistido de su gesticulación, entonación, dicción y contacto, rara vez sabes qué sentimiento opera tras esa foto, incluso enmascarada de una identidad anónima, falsa o duplicada; yo en un bar no aceptaría hablar con alguien con careta, ni en carnaval.

Debido a esas carencias del live, la comunicación siempre llegará incompleta. Y si a esto añadimos que las cosas no se escriben como se hablan, ni se leen como se oyen, pues a veces sale el tiro por la culata. Porque además, lo escrito, escrito queda.

Aunque también de encuentro, es un hervidero de fantasías, pasiones y curiosidad en ocasiones opuesto al mundo real de quienes concurren. Por todo, a veces se me hace el Face obediente a las siglas de “falsa apreciación de cómo eres”.

Lo redactado parece como más serio, más creíble que lo hablado, o sea que aunque en menor medida que en otras redes sociales, es terreno fértil para propagar grandes mentiras que en cuestión de minutos, miles de personas creerán con firmeza y a su vez las pregonarán. No obstante es también útil para divulgar contenidos interesantes o amenos, pero para eso tienes los bares, los amigos y esa abandonada y sana costumbre de comentar la prensa en tertulia. La inteligencia social sigue perteneciendo a cafés y bares.

jcalvom@hotmail.es

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Escrito por: Julian Calvo

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