Opinión
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Enfadarse no sirve de nada

delpozoTal vez el enfado sirva como forma de manipulación, para colocar nuestra voluntad por encima, para conseguir algo exigiéndolo por la fuerza; -si las cosas no son como yo pienso, entonces declaro la guerra… Otras veces y visto de un modo más moderado, es un intento de educar o enseñar a los demás, aludiendo a la moral, el orden o las buenas costumbres; llegando a la incongruencia del que intenta que le  traten con educación vociferando o levantando las manos en un establecimiento  …¡Oiga  , que yo soy una señora…!; o la “mamá  que zarandeando a su hijo y gritándole le dice :¡No hay que enfadarse con los amigos …!

¿Acaso enfadarse no es un intento de que el mundo sea a nuestra imagen y semejanza?, ¿no supone una falta de reconocimiento y tolerancia con el pensamiento de los demás  o  demuestra una falta de capacidad para  el dialogo y la negociación? 

Se pueden manifestar los desacuerdos de forma civilizada, sin invadir los límites del otro con un tremendo enfado. El psicoanálisis  apunta que la agresividad es fruto de una posición del Yo: “yo o el otro” en lugar de “yo y el otro”. En realidad, no es la otra persona o la circunstancia quien nos enfada, sino nosotros mismos. Colocándonos en una posición de no aceptación de la situación o de los demás.

 En muchas ocasiones, la inseguridad, los celos, la envidia, se manifiestan como airados enfados. Cuando nos enfadamos y abrimos la jaula de la ira, mostramos lo peor de nosotros mismos, casi siempre  acompañado de insultos o  amenazas  y  los otros puede responder con más ira, sentirse obligados a ceder  o salir  huyendo  despavoridos; En cualquier caso  nada bueno … Pero el enfado se queda en nosotros  y se trasforma en malestar, dolor de estomago, tristeza y soledad. Es una reacción de descontrol que no arregla nada y lo estropea todo.   

En la vida existen distintas formas de posicionarse. Así por ejemplo, se puede encontrar gente del lado de los fumadores o gente del lado de los no fumadores. Según en qué bando nos coloquemos, el humo nos molestará o no, e igualmente hay  personas que se pasan el día enfadado y otras para quien las dificultades  son oportunidades para cambiar y buscar soluciones alternativas. 

Algunos piensan que enfadarse es una pérdida de tiempo y son capaces  de resolver con calma  los problemas, convencidos de  que los gritos, los juramentos o las jaculatorias groseras no resuelven nada y nos llevan a momentos de locura y descontrol  donde, diciendo cosas que no pensamos en absoluto, somos capaces de maltratar a los que más queremos.   

Claro que no tiene gracia tener prisa y que se estropee el coche… ;  que se pierda tu hijo en los grandes almacenes… , que te sobren cuatro piezas cuando  acabas de montar el armario de Ikea…; que se queme la comida , que te lleven la contraria en los axiomas de tu vida  o que te rompas una pierna…  y sin embargo hay personas que cogen el autobús  con una sonrisa y piensa que la vida hay que tomársela con calma, que convierte el susto en una  felicitación a su hijo, por haber pedido ayuda  a una señorita de uniforme ; que entiende un error de montaje como una oportunidad para volver a empezar y divertirse por más tiempo; que se marcha al restaurante y convierte un martes en domingo; que las opiniones de los demás le abren nuevas vías de reflexión y crecimiento y que una escayola  y unas muletas es la disculpa perfecta para pasar más tiempo en casa. 

 A veces la vida no tiene gracia, pero hay personas que saben reírse. Mi amigo Carlos  me dijo en algún lugar, que ahora no recuerdo…  que para él, la vida  era la búsqueda y recopilación  de pequeñas teselas para construir un paraíso perdido en algún momento de la eternidad, donde llegar a descansar. Un paraíso formado de  bellas imágenes de montañas, árboles y flores, agua y trinos de pájaros; palabras de ternura, de amor de otros y para otros. Elementos que vamos recogiendo a través de los días y situamos en orden para levantar nuestro paraíso interior. Horas, días y años fundidos en un intemporal momento detenido en cada uno de nosotros.

Estoy convencido que esos pocos conocidos  que  saben reírse  en la adversidad, lo tienen muy claro y no quieren construir un paraíso ocupando el espacio de las cosas  que verdaderamente valen la pena, con enfados, riñas y peleas. 

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Escrito por: Miguel Fernandez del Pozo

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