Cartas al Director
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Había hecho planes contigo, ahora tendré que aprender a hacerlos sin ti

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Había hecho planes contigo, ahora tendré que aprender a hacerlos sin ti, pusiste en tu perfil de WhatsApp dos días después de su marcha. Aunque algunos no puedan entenderlo, te referías a Bacardí.

Desde que tu hermano lo trajo a casa, diciendo haberlo encontrado en una caja debajo de la vía del tren, Bacardí se esforzó por hacerse querer y vaya si lo consiguió. Jamás tuvo un mal gesto con una persona, y si nos esforzábamos en hacerle rabiar cuando jugábamos con él, en los mordiscos controlaba la presión para no hacer daño, y nunca arañó a nadie ni siquiera cuando accidentalmente le pisamos el rabo.

A pesar de que él era su propietario, Bacardí pronto te reconoció como su amiga, compañera y confidente. Intuía tu llegada a casa y bajaba a la puerta para verte, te acompañaba a la habitación a dejar la mochila, se sentaba en una silla a tu lado cuando merendabas, se estiraba todo lo largo que era sobre el escritorio mientras estudiabas y observaba como ibas aprendiendo tantas cosas. Cuando veías la tele, allí estaba en el sofá a tu lado haciéndote compañía, y por las noches en su manta verde pistacho se acostaba a los pies de tu cama. Y si algún día cerrabas la puerta de tu cuarto buscando intimidad o para concentrarte en tus tareas, Bacardí se arrimaba a cualquiera de nosotros para darnos compañía y respetaba tus deseos.

Sabíamos que estaba enfermo y que su vida no sería muy larga. Su enfermedad le ocasionaba una merma de defensas y había que protegerle no dejándole salir a la calle, por lo que su mundo era la casa y lo que podía ver desde el tejado o las ventanas.

Un día se quedó afónico y se le hinchó una pata. Entre lágrimas, la veterinaria nos confirmó lo peor. Tenía un tumor y no tenía solución. Era cuestión de tiempo. Pronto buscaría un lugar debajo de una cama y no querría que le tocáramos. Ese sería el momento en el que habría que tomar la decisión de sacrificarlo. Cuando te lo dije, dijiste que querías ser tú la que lo llevara. Con 14 años demostraste una madurez y entereza que a todos nos sorprendió, ya que todos temíamos tener que ser los que pasáramos ese mal trago.

Pronto el tumor le limitó la movilidad. Ya no corría ni saltaba. Empezamos a dejarle las puertas abiertas y durante un mes recorrió lentamente aquellos sitios que durante 4 años solo pudo ver en la distancia de sus ventanas favoritas. Verle moverse con tanto esfuerzo nos provocó no pocas lágrimas. Especialmente a ti que veías como el tiempo pasaba demasiado rápido para Bacardí.

El viernes por la tarde nos fuimos a ver a los abuelos. Bacardí como siempre supo que salías de casa y se mostró especialmente activo, comió, bebió y se paseó por la casa. Lo comentaste en el viaje hacia el pueblo.

A la mañana siguiente, una respiración forzada y una mirada ausente presagiaban lo peor. Tu hermano, solo en casa vivió su último aliento. Bacardí murió en su cojín cuando lo bajaba por la escalera hacia el veterinario, que ya no pudo hacer nada. A él que lo trajo, le tocó llevárselo.

Sin duda alguna, ha sido un gato muy especial, más que un animal de compañía, un amigo, uno más de la familia. Has sigo tan especial para él, que no quiso que lo vieras morir, prefirió que lo recordaras como era, simpático, inteligente y sensible.

Ya no está Bacardí, y tú seguirás siendo tan especial; Si eres feliz soy feliz. Si sufres, yo sufro. Y si lloras por Bacardí, lloraré contigo.

José Luis Martín

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Escrito por: CO

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