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Hurtar

juliancalvo

Hurtar es como robar, pero como quedando bien, porque al no mediar violencia, no se entera nadie.

Robar, suena como más fuerte que hurtar, y es una voz que se oye mucho en estos tiempos quizás por esa indignación y esa frustración que nos mueve a exagerar, y porque se entiende que el descaro con que se comete es violencia emocional y toque de narices.

Para colmo, el sisón sube, a costa del sisado, que encima, por medro de aquel empobrece. Y es que ya son pocos los que de una u otra manera no se benefician de lo ajeno en este Patio de Monipodio.

Guindar, hurtar con picardía, ya viene siendo costumbre nacional, avivado además en nuestros tiempos por esta crisis que golpea sin piedad todas las categorías de bolsillo, que en esto también hay clases.

Ya lo leemos en prensa… salen a puñados de entre los agentes sociales y clase política bajando el escalafón hasta el chorizo de medio pelo o el que se hace el distraído, pasando por quienes se rasgan las vestiduras como si en su vida hubiesen roto un plato, porque aquí nadie se corta un pelo bajándose trabajos de autor de Internet, ocultando a la Hacienda Pública lo que puede o arañándole los honorarios a un profesional que hizo bien su trabajo. Si hay alguien libre de culpa, que arroje la primera piedra.

Parece clara una relación inversa entre vacío moral y prosperidad económica. Como apunté en estas mismas páginas, el origen de toda crisis económica, es la falta de honestidad y honradez multiplicada por quienes la ostentan.

Se suele creer que el afán por quedarse con lo ajeno empieza cuando alguien mete mano donde no debe, pero creo que no, que se inicia quizás cuando nos creemos nuestras propias mentiras y formamos grotescas parodias de humanidad. Entonces, el que miente o el hipócrita sustrae la verdad, el difamador la dignidad y el honor, el canalla la paz, quien desprecia o el que desaprecia -que casi es peor- roba la consideración social y la autoestima del mejor parroquiano. La falta de caridad arrebata sonrisas…y entonces es cuando ese vacío de bienes espirituales es ocupado por los tangibles, a la vez que desvalijar al prójimo se convierte en norma, costumbre y vicio. De ahí, a sentir igual falta de respeto por sus bienes materiales, va la sutil diferencia que existe entre aprovecharse y quitar.

jcalvom@hotmail.es

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Escrito por: Julian Calvo

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