Opinión
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José Eulogio Gárate “el ingeniero del área”

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La infección de una rodilla apartó del fútbol al delantero centro del Atlético de Madrid más querido por la afición

El 20 de septiembre de 2015 ha cumplido 71 años. Le llamaban “El ingeniero del área”. Fue “Pichichi” tres veces, aunque las tres tuvo que compartir el trofeo, por empate a goles, con Luis Aragonés, Amancio y Rexach. Los viejos aficionados lo recuerdan como el delantero más querido por la afición en toda la historia del Atlético de Madrid. Se llama José Eulogio Gárate Ormaechea y Di Stéfano dijo hace años que igual que él fue nombrado presidente honorario del Real Madrid, Gárate debía ser nombrado presidente honorario del Atlético. Cuando José Eulogio conoció la sugerencia de Alfredo Di Stéfano dijo:

“Se lo agradezco infinitamente. Alfredo ha sido un modelo de futbolista y de persona durante toda su vida. El Real Madrid lo valoró y le concedió ese honor. El club madridista sabe hacer muy bien esas cosas. En el Atlético es distinto”.

El sobrenombre de  “Ingeniero del área” se lo puso un periodista porque cuando llegó a Madrid en 1966 estudiaba el tercer curso de Ingeniería Industrial, carrera que luego terminó con excelentes calificaciones, y porque, además, en el área de los equipos contrarios se movía como pez en el agua. Sus cambios de ritmo, sus fintas y su habilidad, provocaban la desesperación de los defensas. Pero si bien disfrutó de diez años de gloria, tuvo que retirarse a consecuencia de una lesión de rodilla que lo tuvo al borde de la muerte. La mala suerte le hizo sufrir mucho, pero tuvo el coraje suficiente y la entereza para rehacerse como hombre de negocios, aunque tuviera que ir a los campos de fútbol como espectador con muletas y no como jugador.

Conocí a Gárate en el diario As, donde yo trabajaba como diseñador de las páginas de huecograbado. José Eulogio vivía en el Paseo del Rey, a unos trescientos metros de la Redacción. Como era muy amigo de nuestro compañero Miguel Vidal, excelente reportero del diario deportivo, muchas tardes, el querido delantero pasaba a vernos y a compartir el ambiente del periódico, que le gustaba mucho. Aunque de sangre vasca por los cuatro costados, había nacido, en 1944, en Sarandí, al sur del gran Buenos Aires, adonde se habían trasladado en busca de trabajo sus padres y un abuelo. Esta circunstancia de haber nacido en Argentina le privó de jugar en el Athletic, pues es sabido que el club bilbaíno no admite en las filas del equipo a alguien que haya venido al mundo fuera del País Vasco o que no se haya hecho futbolista en la cantera de Lezama.

“Los viejos aficionados

lo recuerdan como el delantero

más querido por la afición

en toda la historia del Atlético de Madrid”

“La ilusión de mi vida hubiera sido jugar en el Athletic, no lo niego, aunque hasta mi retirada fui muy feliz en el Atlético de Madrid. Yo había jugado ya en equipos vascos, como el Éibar, donde viví tras regresar de Argentina, o el Indáuchu, y creía que no tendría problemas en el Athletic, pero no me admitieron por tener pasaporte argentino”. 

Gárate y Julián Navarro en 1969.

Gárate y Julián Navarro en 1969.

Como se ve, los dirigentes del equipo bilbaíno tuvieron mucha vista con Gárate, que triunfó en el Atlético, en la Selección Nacional y en el corazón de millones de españoles. Además de su estilo personalísimo y su regate endiablado que dejaba sentados a los defensas, ha sido uno de los delanteros más limpios en la historia del fútbol, pues sólo lo expulsaron en una ocasión y fue por protestar al árbitro. Jamás dio una patada a un contrario, aunque lo freían a golpes.

“En mis normas nunca entraron las agresiones. Si hubiera lesionado a un jugador mi conciencia no me hubiera dejado tranquilo. Jamás devolví una patada. Antes había más nobleza en el fútbol español, pero desde la llegada masiva de futbolistas suramericanos, se ha enturbiado mucho el juego, aunque, por supuesto hay excelentes figuras. Había un jugador del Granada, argentino, llamado Aguirre Suárez, especialista en dar pisotones y codazos, que hasta llevaba alfileres escondidos y te pinchaba cuando ibas a rematar un córner”. 

“Pero si bien disfrutó

de diez años de gloria,

tuvo que retirarse a 

consecuencia de una lesión

de rodilla que lo tuvo

al borde de la muerte”.

Gárate fue víctima de las agresiones y de la mala suerte.  Una lesión fue el comienzo del calvario que vivió y que lo apartó del fútbol activo para siempre y a punto estuvo de acabar con su vida. En un partido contra el Zaragoza, el zaguero José Heredia le clavó los tacos en una rodilla y le produjo una herida tremenda. Y poco después, un defensa lateral del Elche, Indio, le dió una patada en el mismo sitio que le abrió las carnes. Fue en el Vicente Calderón. Al cabo de varias semanas, las heridas todavía no se habían cerrado. Lo vieron los mejores médicos y nadie se explicaba el porqué de aquella situación alarmante. Le aplicaron varias terapias, pero todas equivocadas. José Eulogio no podía andar y su estado general empeoraba.

“Cada día que pasaba me encontraba peor. Recuerdo estar en una camilla y diez o doce médicos alrededor confesando que ignoraban lo que me ocurría. Era desesperante y estaba convencido de que me iba a morir con 32 años que tenía”. 

Hasta que un milagro le salvó la vida. Un experto en infecciones raras, enterado de la situación del jugador, pidió hacerle un estudio y descubrió que sufría un ataque, no sólo en la rodilla, sino en todo el cuerpo, de un hongo llamado “Monosporium apiopersmun”, que le iba comiendo los tejidos y las defensas. Este hongo, cuyas esporas se reproducen en el estiércol que se usa para abonar el césped de los campos de fútbol, se le introdujo a Gárate por las heridas.

Antes había más nobleza en el

fútbol español, pero desde la

llegada masiva de futbolistas

suramericanos, se ha

enturbiado mucho el juego,

aunque, por supuesto

hay excelentes figuras.

“Me salvó un medicamento que trajeron de Bélgica. En cuanto me lo administraron comencé a mejorar, pero la rodilla ya la tenía destrozada”.

Tanto que tuvieron que ponerle una prótesis. Las lesiones se habían convertido en irreversibles. Fue la peor época de Gárate, a quien se le cayó el mundo encima. Pero su familia y algunos amigos estuvieron a su lado en aquella etapa desgraciada y lograron que el que fuera gran jugador continuara luchando como un ingeniero querido y respetado.

Compañero de nombres míticos del Atlético, como Luis Aragonés, Collar, Adelardo, Reina, Irureta…vivió la jornada más emotiva de su vida en el partido homenaje que le organizaron como despedida frente a una selección del País Vasco. Gárate asistió ayudado por dos muletas.

Un experto en infecciones raras,

enterado de la situación

del jugador, pidió hacerle un

estudio y descubrió que sufría

un ataque, no sólo

en la rodilla, sino en todo

el cuerpo, de un hongo llamado

Monosporium apiopersmun que le iba comiendo los tejidos y

las defensas.”

“Ese día lloré de emoción, me sentí muy querido por mis compañeros y por la afición del Atlético que es única. Para mí, el cariño siempre ha estado por encima del dinero”.

Fiel a los colores que defendió, sigue yendo al Vicente Calderón, pagándose su entrada y vive con entusiasmo los triunfos de su equipo.

“Simeone ha dado al equipo mentalidad de ganador. Y sin perder el contragolpe, que siempre ha sido una característica del Atlético”.

De los últimos delanteros del equipo, el que más le ha gustado ha sido Diego Costa.

“Compañero de nombres míticos del Atlético, como Luis

Aragonés, Collar, Adelardo, 

Reina, Irureta…vivió la jornada

más emotiva de su vida

en el partido homenaje

“Vuelve locos a los defensas, es imprevisible. También me parecen muy buenos Falcao, el “Kun” Agüero y, por supuesto, Fernando Torres, que estuvo muy bien en el Liverpool”.

Este viejo reportero, que tiene sus debilidades, es seguidor del Atlético de Madrid y ha recordado con cariño y admiración a José Eulogio Gárate, quien en diez años  ganó con su equipo tres ligas y dos copas y  nunca celebró ninguno de sus goles porque lo consideraba una humillación para el rival. Así es este caballero.

 

 

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Escrito por: Julian Navarro

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