Opinión
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Juan Gyenes, uno de los mejores fotógrafos del mundo

f266_jnavarroPerico Chicote le trajo de la Hungría comunista el violín de su padre, eximio artista, escondido entre las camisetas de los jugadores del Real Madrid

Como me escribió Juan Gyenes en la dedicatoria de su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, teníamos “una amistad de siglos”. Y así era. En septiembre de 1956, recién llegado un servidor a Madrid, mi redactor jefe me mandó al estudio del gran fotógrafo para recoger una foto de la duquesa de Alba. Apareció Gyenes en mangas de camisa y chaleco. Que yo recuerde, jamás lo vi sin chaleco. Los tenía de todos los colores, especialmente rojos y granates. Me miró, me debió ver cara de novato, tenía 19 años, y me preguntó si ya era periodista. Le contesté que todavía no, pero que acababa de ingresar en Escuela Oficial de Periodismo y, esta profesión, para mí, era la mejor del mundo.

-En eso estamos de acuerdo. Es la profesión más hermosa que existe. Yo he trabajado como reportero gráfico en París y Londres y he sido corresponsal del “New York Times” en Egipto. Así que si necesitas algo, aquí tienes un colega.

Aquéllas palabras, viniendo de un artista de la cámara, supusieron para mí un acicate en esta profesión  que había elegido. Cuando nos despedimos, después de positivar y secar en el laboratorio la foto de doña Cayetana, me la entregó en un sobre y me dijo:

-Cuando no tengas nada que hacer y pases por aquí, si te apetece tomar un whisky ven a verme.

He contado este preámbulo para dar una idea del estilo que tenía Gyenes. Nacido en Hungría, aterrizó en Madrid por casualidad en 1940, recién terminada la Guerra Civil española y comenzada la II Guerra  Mundial, que tuvo trágicas consecuencias para su familia. Una hermana suya murió en un campo de exterminio nazi.

Un día recibí una llamada telefónica de Gyenes.

“…siempre había personas contemplando las bellas imágenes de artistas y personajes, como los pintores Picasso, Dalí y Miró, los actores Charles Chaplin y Grace Kelly, los grandes músicos Herbert von Karajan, Arturo Rubinstein y Andrés Segovia, el premio Nobel Jacinto Benavente…”

-Ven esta tarde a las seis al estudio que vas a tener una buena noticia.

-¿No me adelantas nada?

-Es una historia interesante.

Sin la menor idea de lo que podía ser, llegué al estudio de Isabel la Católica 12, donde Gyenes se había instalado por su cuenta en 1948, después de trabajar ocho años como oficial de laboratorio con el fotógrafo Campúa. Gyenes pactó con el propietario de un edificio cercano de la Gran Vía colocar un escaparate con sus fotografías en la fachada de esta calle, la más transitada de Madrid. Todo un acierto porque siempre había personas contemplando las bellas imágenes de artistas y personajes, como los pintores Picasso, Dalí y Miró, los actores Charles Chaplin y Grace Kelly, los grandes músicos Herbert von Karajan, Arturo Rubinstein y Andrés Segovia, el premio Nobel Jacinto Benavente, los duques de Windsor, todos ellos y muchos más retratados por Gyenes.

“Debajo de un paño rojo,  dormía el violín de su padre, el magnífico Isidro Gyenes, artista internacional, virtuoso de las cuatro cuerdas.”

Sonó la campana de la puerta en varios tonos, porque el timbre tenía instalado una especie de carillón. Abrió Gyenes y apareció Perico Chicote, el histórico barman, con un gran paquete bajo el brazo,  envuelto en papel de regalo rojo. Juan, muy serio, quitó la música de ambiente. Siempre tenía música de ambiente, especialmente de su compositor preferido, Beethoven. 

Chicote, con su sonrisa puesta, depositó el envoltorio en un sillón. Se acercaron y los dos se fundieron en un abrazo muy largo sin decir una palabra. Creí oír algún sollozo de Gyenes. Testigo mudo del acontecimiento, yo miraba el paquete con curiosidad. Ahí estaba, sin duda, el misterio. Por fin, Perico Chicote habló y dijo, señalando al sillón, “¡ya está aquí!”.

Autorretrato del maestro dedicado a nuestro colaborador.

Autorretrato del maestro dedicado a nuestro colaborador.

Gyenes se limpió con un pañuelo las gafas humedecidas por las lágrimas. Se acercó al sillón y con el mayor respeto, con amor, levantó el paquete y lo colocó encima de una gran mesa que el maestro usaba para ver las colecciones de fotografías. Despacio, desató varios nudos de un cordón blanco, desenrolló, vueltas y vueltas, el papel rojo y apareció la funda negra y gastada de un violín. Con cuidado, como si tuviera miedo de tocarla, apretó los dos cierres, chasquearon, y levantó la tapa. Debajo de un paño rojo, dormía el violín de su padre, el magnífico Isidro Gyenes, artista internacional, virtuoso de las cuatro cuerdas. El fotógrafo genial recordó por un momento las clases de música que su padre le dio desde los cuatro a los quince años. Se le reflejaba la felicidad en el rostro. Sacó del bolsillo del pantalón una cajita de resina que ya tenía preparada, untó   las crines del arco, situó el violín debajo de la barbilla y tanteó las cuerdas. 

“Papá, por respeto a ti, que eres el mejor y porque nunca llegaré a tu altura, voy a dejar de estudiar música y me voy a dedicar a la fotografía”

-Está algo desafinado- dijo.

Movió las clavijas y cuando creyó tener las cuerdas a punto, desgranó una bellísima melodía que nos puso un nudo en la garganta. Este breve recital inesperado fue un gran regalo para Perico Chicote y para mí.

Dejó en su funda el violín y el arco, colocó el paño rojo sin ninguna arruga y la cerró. Tranquilo, después del emotivo momento, se dio la vuelta mientras decía:

-Ahora nos vamos a tomar un whisky que nos lo merecemos.

Gyenes me contó esta historia.

-Mi padre quería que yo fuese violinista como él y no me faltaban aptitudes. Pero cuando cumplí 15 años le dije: “Papá, por respeto a ti, que eres el mejor y porque nunca llegaré a tu altura, voy a dejar de estudiar música y me voy a dedicar a la fotografía”. Ya lo  tenía convenido con un fotógrafo amigo y al día siguiente comencé a trabajar como ayudante de él en Bucarest. Antes de morir, mi padre, que no podía salir de Hungría por las imposiciones del régimen,  le encomendó a mi hermano Istran que, si encontraba la ocasión, me entregara su violín, que era su tesoro. Mi hermano lo ha tenido escondido bajo un tejado. Cuando Pedro Chicote lo llamó por teléfono, sacó el violín de su escondite y se lo llevó al hotel por la noche en un taxi.  Pedro lo ha traído a España. Los dos se han jugado la cárcel por hacer esto en un país comunista, puesto que todas las pertenencias de mi padre fueron declaradas propiedad del Estado.

Perico Chicote siempre seguía al Real Madrid en sus partidos internacionales. El equipo fue a jugar a Hungría un partido de la Copa de Europa contra el Ferencvaros. Gyenes le pidió a su buen amigo que le hiciera este favor impagable. Pedro nos explicó: 

-Lo demás fue fácil. Un directivo amigo metió el violín en un saco grande donde iba la ropa sucia y embarrada de los jugadores. En las aduanas nadie se dio cuenta.

Impresionante retrato de fantasía del compositor Ludwig Beethoven, su favorito.

Impresionante retrato de fantasía del compositor Ludwig Beethoven, su favorito.

En España, durante los casi cincuenta años que Gyenes estuvo en activo hasta poco antes de su fallecimiento en 1995, retrató a más de tres mil personajes. Hizo la foto oficial de Juan Carlos y Sofía como reyes de España en 1976. Y en 2012, con motivo del centenario de su nacimiento, la Biblioteca Nacional organizó una exposición antológica bajo el título “Gyenes, maestro fotógrafo”. Publicó libros de tauromaquia, de danza, de teatro… con fotografías que hablaban por sí solas. Fiel a su idea del arte, durante toda su vida persiguió algo que parecía imposible: fotografiar la Música. Y lo logró a través de sus composiciones inverosímiles.

En España, durante los casi cincuenta años que Gyenes estuvo en activo hasta poco antes de su fallecimiento en 1995, retrató a más de tres mil personajes. 

Húngaro errante, recaló en España, se casó con Sofía Vázquez y fue padre de una hija a la que adoraba: Irenka, quien me decía recientemente que su padre fotografiaba el cuerpo y el alma, el rostro y los sentimientos. Es la mejor definición del maestro. 

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Escrito por: Julian Navarro

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