Opinión
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La Corrupción no es de ahora

 

Miguel-del-Pozo-BAJADesde hace unos años parece que en este país los chorizos no embutidos y corruptos abundan, pero esta lacra ha existido desde hace siglos lo que ocurre es que ahora nos enteramos mejor, aunque seguimos sin librarnos de ella.

Quizás la época más sonada de estas artes fuera la protagonizada por la Reina Regente María Cristina de Borbón, sobrina y cuarta esposa de Fernando VII, el Felón. 

 

Borbones los dos, que no aprendían y seguían cruzando sangres de la misma familia. Bueno en este caso como no estaban seguros de que Fernandito fuera hijo de su padre, tampoco era descabellado pedir licencia papal y casarle con su sobrina.

Ya lo había hecho en primeras nupcias con su prima hermana María Antonia de Borbón, Dos Sicilias, en segundas con su sobrina portuguesa Isabel de Braganza, y la tercera antes de decidirse por María Cristina lo hizo con María Josefa Amalia de Sajonia esta no se si era familia, a la que sacaron de un convento para casarla con Fernando convertido en un adicto al sexo con un enorme miembro (le llamaban “el espadón de la corte” ) que paseaba por los burdeles madrileños. Claro que cuando muere su tercera esposa el Rey no había conseguido un primogénito y contaba con cuarenta y siete años ; un vejestorio para su nueva mujercita María Cristina que contaba con tan solo veintitrés. Cuentan que era tan fogosa que el rey no necesitaba salir de parranda para satisfacer su apetito sexual. A los tres años un agotado Fernando VII muere y María Cristina se queda como Regenta de la pequeña Isabel. Tres meses esperó la reina para casarse en secreto con uno de sus guardaespaldas, Fernando Muñoz, hijo del estanquero de Tarancón, más joven ,más guapo (eso era fácil, viendo los retratos que nos han llegado del Rey…) y de Cuenca, con el que iba teniendo cachorrillos que disimuladamente y a espaldas del Reino iba enviando a Paris; hasta ocho dicen que tuvo. 

Lloraban los liberales 

que la reina no paría,

y ha parido mas muñoces 

que liberales había

Mientras tanto iba pillando de aquí y de allá subvenciones , comisiones, concesiones del ferrocarril, de navieras, del servicio de correos de la canalización del Ebro, de las obras del puerto de Valencia, del estanco, de la sal, del comercio negrero…

Tanto fue su descaro a la hora de pillar que fue invitada “amablemente” a pirarse del País, nada menos que en dos ocasiones.

En 1840 se largó o más bien la echaron, pero acompañada de 78 millones de reales en joyas, valiosos muebles renacentistas y obras de arte además de otros 37 millones de reales en efectivo, una enorme cantidad para la época. Mientras Espartero se ocupaba de la regencia de la niña y futura reina Isabel II.

Cuatro años después volvió, siendo su hija Reina con solo 13 años y sin disimulo siguió “mangando” esta vez con su marido ya legitimado por el Papa, y convertido en Duque de Riansares, Grande de España, Caballero del Toisón de Oro, Senador del reino, y teniente General de los Reales Ejércitos (parece que el pueblo lo llamaba, El hidalgo de teta y bragueta).

Con el consentimiento y tal vez la complicidad del Marqués de Salamanca, el Presidente de Gobierno, Luis José Sartorius, y otros allegados, seguía barriendo para su casa sin ningún pudor hasta que fue expulsada “amablemente” en 1854 por el Parlamento con total acuerdo de Conservadores, Liberales, Republicanos y Monárquicos por corrupta y saqueadora; supongo que no les pareció bien meter en la cárcel a la madre de la Reina. La verdad es que no mejoró mucho el país en cuestión de corrupción con el reinado de Isabel, pero eso es otra historia.

Todavía no entiendo como frente al Museo del Prado hay una estatua dedicada a esta “pájara” de María Cristina con la inscripción: “España reconocida”.

No creo que dentro de 100 años a ninguno de nuestros hijos se le ocurra erigir un monumento a Iñaki Urdangarín o a Pujol por nombrar alguno… en agradecimiento a los servicios prestados a España, ¿o sí…? 

 

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Escrito por: Miguel Fernandez del Pozo

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