Opinión
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La fábula del burro o la opinión de los demás

delpozo

Mira lo que piensa, mira lo que dice… mira lo que hace… No debería… tendría que…

¿Cuántas veces la opinión de los demás hace que nos comportemos como no deseamos realmente?

Aprendemos a ser nosotros mismos a través de los demás. Primero nos miramos en los ojos de nuestros padres y de las personas que nos rodean, y formamos una idea bastante imprecisa de quiénes somos.

Vamos pasando de primavera a verano; de infancia a juventud, formando nuestra personalidad perfilándola hasta la madurez, en parte gracias a las personas que encontramos en nuestro camino.

El problema surge cuando nos preocupamos excesivamente por lo que piensan de nosotros; cuando le prestamos demasiada atención a las opiniones de los demás y éstos se convierten en los escultores, a veces de una manera inconsciente, de nuestra autoestima, nuestra moral, nuestra educación, nuestro pensamiento, nuestra voluntad, y la palabra “nuestro” pierde todo su sentido.

No podemos desentendernos por completo de las opiniones de los demás, porque somos seres eminentemente sociales, pero tampoco podemos permitir que nuestras  decisiones  tan solo estén motivadas por el deseo de agradar  a los otros.

¿Por qué preocuparnos por la opinión de los demás  cuando  siempre habrá quien hable mal de nosotros y nunca llegaremos a gustarles a todos…? 

Es fundamental encontrar el equilibrio entre la persona que queremos ser, y la persona que los demás quieren que seamos.

Alguien, que ya no recuerdo, contó, a aquel que fui hace muchos años, “la fabula  del burro” que tantas veces he seguido recordando a jóvenes preocupados por “el qué dirán”.

Un matrimonio con un hijo, viajaban  por el mundo con su burro. 

Pasaron por un pueblo y la gente comentaba: 

“Mira ese chico mal educado; él encima del burro y los pobres padres, llevándolo de las riendas”

Entonces, la madre le dijo a su marido: mira lo que dice la gente, no permitamos que hablen mal de nuestro hijo; el esposo bajó al niño, y se subió él. 

En el siguiente pueblo, la gente murmuraba: mira que “chuleta”, él tan cómodo sentado en el burro mientras su mujer y su hijo van a pie. 

Entonces decidieron que ella se subiera en el burro y el padre y el hijo tirasen de las riendas.

Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba: “Pobre hombre, después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro… ¡y pobre hijo,  que vida le espera con semejante madre!” 

Se pusieron de acuerdo y decidieron subirse los tres en el borrico para continuar su viaje. 

Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que decían: 

“Son más animales que el burro que los lleva… ¡van a partirle la columna!” y por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro, pero al pasar por siguiente pueblo no podían creer las risas y comentarios que oyeron … “Mira a esos tres idiotas caminando, cuando tienen un burro que podría llevarlos”

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Escrito por: Miguel Fernandez del Pozo

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