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La verdad de cada cual

“No se cómo expresarme sin que nadie se moleste…”

juliancalvoHace poco, me comentaba un buen amigo y buen periodista internacional, que la gran suerte de su oficio es que la noticia la percibes sin filtros ni chapuzas, como él mismo dice desde su aguda mirada “en la calle ves…” y es tu criterio el que razona. Tal vez por eso es tan divertidamente razonable.

Por eso y por su responsabilidad en una agencia de noticias, está muy al tanto de todo cuanto puede preocupar a ese mundo tan aterrado ante la incertidumbre o mejor dicho, ante esa desagradable sensación bajo tantas milongas hasta sentirnos desconsiderados, abandonados de la verdad.

A esa desconsideración/desinformación –dicho sea de paso- se añade el bulo de esos que oyen campanas (o las inventan) y como no saben cómo ni desde donde suenan, apuntan hacia done más temen.

Vivimos tiempos de pánico por la ausencia de verdad, que es cuanto necesita la humanidad para vivir feliz, y en paz, lejos de los complejos, ansiedades y prejuicios que asolan a quienes pueden hacer algo por ella.

De este miedo no se abstraen siquiera los poderosos, que son los que más desconfían, y cuanto más se parapetan en acaparar más y más poder y medios, más inseguros se sienten; de ahí su infinita avaricia y desconsideración hacia los que tienen mucho menos. También de ello se desprende, merced a ese instinto de supervivencia, que hagan de capas sayos, que por muy impresentable o insolidaria que resulte una conducta, todos encontramos justificación a la misma… y con una gruesa capa de barniz social, queda hasta impecable.

Como decía este amigo… al tío que se monta en su Porsche, entra en su mansión, recuenta lo que ha sisado al fisco o a quien sea, no le cuentes que hay gente muriéndose de hambre… primero porque está plenamente satisfecho con lo que está haciendo, y segundo porque se ha convencido que ello está justificado bien porque dice que  con el consumo contribuyen al sostenimiento del sistema, o porque da puestos de trabajo, o porque es lo mejor por las mil razones que ha fabricado su particular conciencia y piensa que otro lo haría infinitamente peor.

En fin, como le decía el otro día a una gran poeta: la revolución que el mundo necesita no está en la calle, como ansían los amantes del río revuelto, sino en nuestra forma de ver a los demás, más amable, más generosa, más solidaria.

jcalvom@hotmail.es

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Escrito por: Julian Calvo