Opinión
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Las noches que tocaba cuento

delpozo

Muchas veces cuando no me atrevo o no tengo fuerzas; cuando me siento impotente frente a situaciones que debería cambiar   me acuerdo de aquella historia de aquel elefante que impresionado leía y contaba a mi hijo aquellas noche que tocaba cuento.

Erase una vez… Todos los cuentos empezaban así y él preguntaba, ¿cuándo erase una vez…? obligándome a ponerle fecha …  

El año pasado cuando Periquín fue al circo, vio un elefante muy grande que no se escapaba porque estaba atado por su pata  con una cadena a una pequeña estaca clavada en el suelo.

….el protagonista del cuento preguntaba a muchas personas ¿porque un animal capaz de arrancar un árbol de un solo empujón no era capaz de liberarse de aquella débil sujeción?.

-Las respuestas eran variopintas hasta que el domador de elefantes le contaba que 

“El elefante del circo no se escapa porque está atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño”.

Había un dibujo de un elefantito recién nacido atado a un palo, tirando y sudando tratando de liberarse, pero aquella estaca era más fuerte que él. 

Lo intentaba hasta agotarse una y otra vez, hasta que un día terrible para el resto de su vida, aceptó su impotencia y se resignó a su destino y lo que es peor, atrapado por ese recuerdo de su infancia, nunca más volvió a poner a prueba su fuerza.

Otra noche después de un trabalenguas   con un “vitirinario” que sustituía al médico de los animales que curaba a un perrito que cayó  a un pozo…, Tocó el turno a “papá cocinero”  que trataba de una niña que mientras  su papá hacia la comida, se quejaba de su vida y lo difíciles que le resultaban las cosas. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Entonces su padre, llenó tres recipientes con agua y los colocó sobre fuego.. En uno colocó zanahorias, en otro huevos y en el último preparó café y los dejó hervir sin decir palabra.

La hija le miraba sin saber que estaba haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato y finalmente , coló el café

-¿qué ves? preguntó a su hija …

- “Zanahorias, huevos y café”.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias que se habían ablandado en la cocción.

Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera, para que observará que estaba duro y por último le pidió que probara el café.

- “¿Qué significa esto, papá?”

Él le explicó que los tres elementos habían pasado por la misma adversidad: agua hirviendo. Pero habían reaccionado en forma distinta. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, blanda. 

El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. El café sin embargo era único; después de estar hirviendo, habían cambiado al agua. 

¿Que eres tu cuando la adversidad llama a tu puerta, preguntó a su hija..?, ¿cómo respondes? -¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando el dolor te toca, te vuelves débil.

-¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, y después te vuelves dura e insensible? ¿O eres como el café que es capaz de cambiar al agua hirviente,  aquello que te causa dolor. 

y concluyó -Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú
reaccionarás mejor y harás que las cosas a tu alrededor mejoren.

Hoy todavía, cuando tengo ganas de quejarme o no me atrevo…. aún recuerdo  aquellas historias llenas de sabiduría que jugando contaba a mi hijo antes de dormir, las noches que tocaba cuento.  

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Escrito por: Miguel Fernandez del Pozo

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