Opinión
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Lo qué es la vida

19noviembre_jjborrego

Bienvenido Juanjo

Es un orgullo y una gran satisfacción para Círculo de Opinión contar, a partir de este número de noviembre, con la colaboración mensual de Juan José Borrego, plasmada en artículos que tienen y tendrán que ver con la vida en general y con Villaviciosa de Odón en particular.

Juan José Borrego nació en Sevilla, pero reside en Villaviciosa desde hace treinta años. Cursó estudios en el Colegio del Pilar de Madrid, titulándose después como profesional de la información y programación de medios audiovisuales. 

Ha escrito, presentado y dirigido numerosos programas en Radio Nacional de España y en la Cadena COPE;  en ambas cadenas de emisoras ejerció también como Jefe de Programas. 

Tiene en su haber dos Premios Ondas de Radiodifusión, y ha publicado varios libros: uno de poemas, “Y diré treinta veces que te quiero”, prologado por Luz Casal;  otro de cuentos para mayores, titulado “De besos, sapos y princesas”, y un libro dedicado a Villaviciosa de Odón que cosechó una gran aceptación popular, bajo el título “Villa Mía” (Un retrato vivo de Villaviciosa de Odón).

En esta localidad ha intervenido y participa en cuantas actividades sociales o culturales es requerido.

Pronunció el Pregón de una de las Ferias de Andalucía en Villaviciosa, y abrió,  con la lectura de un poema, el homenaje que se organizó en memoria de Paco de Lucía. Juan José Borrego, durante seis años, fue Presidente de la Entidad Urbanística El Bosque, de Villaviciosa de Odón.

“Por fin solos”

Hace  muy pocas fechas, como todos los años a primeros de noviembre, se celebró el Día de los Difuntos. Una visita al cementerio  donde el viento de otoño dispersa las hojas de los árboles, un silencio frente al nicho o la tumba, una oración, tal vez una lágrima contenida y un puñado de flores y recuerdos. Al día siguiente, los cementerios vuelven al misterio profundo de la mayor verdad de la vida que es la muerte; la muerte que iguala a todos los seres humanos por el mismo rasero: desde la majestuosidad del rey hasta el más humilde peón todas las piezas van a la misma caja cuando acaba la partida de ajedrez; la muerte, compañera de la ausencia y del desgarro. No es de extrañar que un poeta sevillano, romántico tardío, perito en  golondrinas, gorriones y amores imposibles, Gustavo Adolfo Bécquer, escribiera “Dios mío, qué solos se quedan los muertos”. En los tiempos actuales vivimos la edad de oro de las comunicaciones. Es uno de los signos que identifican el presente y rompe límites futuros. Ventajas indiscutibles: la gente se relaciona electrónicamente más entre sí, se agilizan gestiones y negocios, se aligeran trámites burocráticos, se crea una nueva cultura del ocio, se solventan  situaciones de emergencia, se opina, se agrupan afinidades o rechazos, se sabe al instante qué se cuece alrededor…Pero este auge de la alta tecnología, y la dificultad de  acertar con ese punto medio donde  dicen los prudentes que está la virtud, también muestran su cruz y su reverso. Soledad de niños frente a las consolas, alimentando su obesidad prematura y olvidando lo que es salir a la calle a jugar con los amigos del barrio; adolescentes que, mientras aprenden a amar y a desengañarse, no levantan la vista ni el corazón de sus móviles, machacando gramáticas y vocabularios;  redes sociales que crean un mundo virtual para quienes detestan su propio anonimato y necesitan ser conocidos por los demás hasta límites peligrosos como la suplantación de personalidades, chantaje descarado o repugnante pederastia.

Se han perdido la conversación, el gesto, la voz, la sonrisa y el contacto físico. Los emoticonos sustituyen a las emociones; las equis al final de los mensajes suplantan a los besos y se van atrofiando las yemas de los dedos de tanto teclado y tan poca caricia.  Nos enteramos de quién tenemos por vecino, sólo cuando aparecen goteras en el techo del cuarto de baño. Sé de un padre que, cuando la cena está lista, avisa a sus hijos por el móvil para que bajen desde la primera planta del chalet. A continuación, se enciende el televisor y se coloca el móvil junto al tenedor y el cuchillo. En un trabajo profesional con la policía, vi a un viejo muerto en su butaca desde hacía tiempo, frente a una televisión que seguía funcionando, y en aquel momento contradictorio emitía el programa “Pasa la vida” de María Teresa Campos. Cada vez nos acercamos más a los que están lejos, algo positivo, y nos alejamos más de los que tenemos cerca. Hablando de cercanías, hay algo que me gusta mucho de Villaviciosa de Odón. La gente todavía se da las buenas noches y los buenos días; se conocen unos a otros por su nombre, apellido o apodo; se comparten vinos y cafés, alegría y desdichas. Y siguen vivas las tertulias: sobre problemas sociales, ecología, literatura, vida saludable, fiesta de los toros…Creo que no deben  perderse nunca el diálogo, el debate, el contraste de pareceres. El ser humano y la sociedad se enriquecen mutuamente. Debemos apoyar estas iniciativas, debemos participar en estas reuniones. Y debemos recordar con admiración y gratitud a grandes animadores de encuentros en este pueblo, personas inolvidables como fueron Antonio Pardo, Antonio Barbacid y Manuel Aldecoa. Sería triste que, volviendo a Bécquer, tuviéramos que lamentar “Dios mío, qué solos se enredan los vivos”. Menos mal que, en la habitación de algún hotel, después de una jornada feliz y agotadora, después del juzgado o de la iglesia, de la sesión de fotos y de la lluvia de arroz, del convite,  de la apertura  del baile y la despedida del  último invitado, un hombre y una mujer, sonríen frente a frente, y se dicen “por fin, solos”, mientras comienzan a desvestir su ilusión y su futuro…

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Escrito por: CO

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