Opinión
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Manuel Benítez “El Cordobés”, de pobre niño huérfano a torero de fama mundial

f266_jnavarroNunca entendió que la lidia fuese un arte porque, para él, todo era espectáculo

Conocí a Manuel Benítez “El Cordobés” el 19 de mayo de 1964, víspera de su presentación en Madrid. Su apoderado, Rafael Sánchez “El Pipo” y el ganadero Camacho, organizaron una comida para periodistas donde pudimos hablar en la larga sobremesa con aquel muchacho rubio, todavía desconfiado, que llenaba las plazas de toda España. Tenía 28 años recién cumplidos, de los que la mayoría fueron una lucha contra el hambre y la pobreza. Quedó huérfano muy niño. Su hermana Ángeles le contó  que su madre murió de anemia, es decir, de hambre, en 1941, y su padre, poco después. Manuel tenía entonces cinco años. Angelita, que se convirtió en madre y padre, dieciocho. Junto a los otros hermanos, Encarna, José y Carmela, sobrevivieron en una postguerra plena de calamidades en Palma del Río, el pueblo cordobés donde nacieron.

A los 15 años, Manuel Benítez y otros chicos de su edad, decidieron ir por el único camino que los podía sacar de la pobreza: el toreo. Angelita se opuso, pero Manuel se escapó una y otra vez para torear por la noche en las dehesas andaluzas, perseguido siempre por la Guardia Civil. De entonces viene la frase, atribuida a Manuel, que le dijo a su hermana: “o te compro una casa o llevarás luto por mí”. Frase que nunca existió en la realidad y que fue fruto de la imaginación de un novelista. El Cordobés me lo aclaró en una ocasión.

- Trataba de convencer a mi hermana de que ser torero era la única salida que tenía. Y que no me daban miedo las cornadas. Le dije que si ganaba dinero compraría una casa para ella. Eso es verdad. Y lo cumplí con lo que gané en las primeras novilladas.

Hasta 1981 en que se retiró definitivamente, le hice infinidad de entrevistas, y durante el mes de agosto de 1965, mi compañero Julián Torremocha y un servidor, lo seguimos en las 31 corridas que toreó en España y publicamos en Semana un reportaje de cada tarde del que llamaron su “mes loco”. Mientras él viajaba en su avioneta, nosotros hicimos dieciséis mil kilómetros en coche. Quiero decir que llegué a conocerlo bien, somos de la misma edad, nacidos en 1936, y puedo decir, en su honor, que ha sido un hombre ejemplar, como padre, como administrador de sus bienes y como luchador en una sociedad hostil donde fue perseguido y encarcelado varias con la Ley de Vagos y Maleantes.

Manuel Benítez en sus años de gloria. Su toreo entusiasmaba al público.

Manuel Benítez en sus años de gloria. Su toreo entusiasmaba al público.

Como torero, revolucionó la Fiesta, alcanzó fama internacional y logró, como años antes lo hiciera Antonio Ordóñez, que vinieran a verlo turistas de los cinco continentes porque en dos ocasiones fue portada de la revista estadounidense Life, la más importante del mundo en la década de los 60 del pasado siglo. En 1967 hasta le impusieron la Medalla al Mérito Turístico. Unos turistas norteamericanos dijeron en televisión que habían venido a España para visitar la Alhambra de Granada y asistir a las corridas de El Cordobés. 

Sin embargo, fue vapuleado por los críticos taurinos que le llamaron de todo, desde ignorante, charlot y matacabras, hasta destripador del torero clásico. Y es que Manuel Benítez nunca entendió que el torero fuese un arte. Para él era el espectáculo de la lucha de un hombre contra la fiera. De los tres pilares del toreo, arte, valor y técnica, él sólo utilizó el valor y una técnica heterodoxa que le permitía dominar a los animales antes de asestarles un espadazo y terminar con ellos. Todo muy burdo desde el punto de vista de los aficionados, los críticos y sus propios compañeros. Recordemos cuando el diestro Miguelín saltó al ruedo sin muleta ni capote y con una mano toreó al toro que lidiaba El Cordobés para demostrar que no existía ningún peligro. Un gesto que fue censurado por el público y que puso de relieve la falta de compañerismo y la envidia de Miguelín por el éxito de taquilla de Manuel Benítez y por el dinero que ganaba. Fue el primer torero español que cobró un millón de pesetas por una corrida.

Aunque El Cordobés, también llamado El Pelos, parecía un hombre superficial que en el ruedo practicaba “el salto de la rana” y en la calle se convertía en una atracción popular, la verdad es que todo lo tenía estudiado. Sabía cómo mover a las masas, se peleaba a puñetazos con los toros y se subía encima de ellos ante el regocijo de los espectadores. Inventó el “salto de la rana”. El caso es que llenaba todas las plazas. Sabía de su impacto ante la gente, en especial ante las mujeres, como años más tarde sucedió con Jesulín de Ubrique. Y fomentaba su leyenda. En cuanto al dinero, lo supervisaba personalmente, seleccionaba sus inversiones y era fiel a un principio que siguió durante su vida activa: “Tanto si se ganan diez como si se ganan mil, siempre hay que guardar la mitad para el futuro”. 

Una tarde del verano de 1974 quedamos citados en Marbella para hablar de la noticia que más había impresionado a sus seguidores: la existencia de Maribel, hija suya y de una bella mujer francesa llamada Martina Fraysse. Toda España hablaba de “la hija secreta de El Cordobés” y así titulé un serial de seis capítulos que escribí acerca de la vida íntima del torero. Mi revista, Semana, batió aquel verano todos los records de venta. El Cordobés era muy reacio a hablar de sus cosas personales porque algunos tergiversaban sus palabras. La verdad es que su vida había dado un vuelco a mejor en sólo diez años. Había pasado de la pobreza más absoluta a generar millones y millones. De vivir en un chamizo con goteras y sin agua corriente, a tener un palacio en su finca Villalobillos.

- Jamás olvidé de dónde venía, ni la sangre que me costó ganar dinero. He sido siempre el mismo, humilde y agradecido a la suerte y a las personas que me ayudaron.

El Cordobés y nuestro colaborador Julián Navarro en el aeropuerto de Barajas en 1966.

El Cordobés y nuestro colaborador Julián Navarro en el aeropuerto de Barajas en 1966.

Su relación con Martina Fraysse, nueve años más joven que él, se inició como en las películas.

- La conocí el mismo día de mi presentación en Madrid, el 20 de mayo de 1964. Vino al hotel por la mañana con una amiga. Me impresionaron sus transparentes ojos, entre verdes y azules, su mirada tan natural, era guapa de verdad. Los dos pensamos que había saltado una chispa entre nosotros y quedamos en vernos más adelante. Pero mira por dónde, me cogió el toro “Impulsivo”. Una cornada grave. Cuando desperté de la anestesia en el Sanatorio de Toreros, lo primero que vi fue la cara de Martina. No sabía si estaba alucinando. Y era verdad. Había ido a interesarse por mí. Así empezó nuestra historia.

En 1968 quedó embarazada Martina, quien deseaba ser madre de un hijo de Manuel Benítez, sin plantearse nada más. Siempre permaneció en la sombra. El Cordobés le pidió que viviera con él. Y después del nacimiento de Maribel vinieron otros cuatro hijos más. A comienzos de octubre de 1975, Manuel le dijo a Martina: “El día 11 nos casamos”. Ella le respondió con una sonrisa. Años más tarde diría:

- Nunca pedí nada a Manuel. Jamás le insinué si deseaba o no casarme con él. Nuestro amor ha sido muy verdadero y sé que le he hecho mucho bien. Ha encontrado en mí el apoyo, la palabra que necesitaba en cada momento. Alguien que le dijera la verdad de todo lo que le rodeaba. Envejecer juntos es la ilusión de los dos. Y conste que no he sido una mujer fácil, tengo tanto carácter como él.

El pasado 20 de mayo, para recordar el 50 aniversario de la presentación en Madrid y confirmación de su alternativa, se rindió un homenaje a Manuel Benítez en la plaza de toros de las Ventas donde se descubrió un panel de cerámica en su honor. El torero vino desde Córdoba acompañado por su esposa, Martina, y su hijo Julio. Sus palabras de agradecimiento fueron breves, pero humildes, como siempre.

- Este homenaje no sólo es para mí, es para todo el mundillo taurino: compañeros, banderilleros, ganaderos…sin ellos no hubiera llegado a nada.

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Escrito por: Julian Navarro

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