Opinión
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Marisol vivió amargada durante 14 años porque no le gustaba ser estrella de cine

Su gran amor fue Antonio Gades, con quien tuvo tres hijas, pero él le hizo mucho daño al dejarla por otra mujer

f266_jnavarroEn el año 1965 Marisol rodó la película “Cabriola”, dirigida por Mel Ferrer. Manuel Goyanes, productor del filme, con quien los padres de la estrella infantil habían firmado un contrato en exclusiva para su explotación como actriz, cantante y modelo de publicidad, me llamó para ofrecerme ser coordinador de Prensa con los demás medios mientras durase el rodaje de la película. Acepté y ello me permitió conocer bien a Pepa Flores, que a la sazón tenía ya 17 años, y a su madre, María González, una encantadora señora que vivía junto a su hija en casa de los Goyanes. Cuando terminó el rodaje, Manuel Goyanes me pidió que acompañara a Marisol y a su madre a varias ciudades de Alemania, donde la cantante iba a actuar durante una semana en diversos teatros ante los emigrantes españoles.

Aunque cambió su nombre artístico por el auténtico de Pepa Flores, sigue siendo Marisol en la memoria sentimental de la gente. Aquella niña rubia de bonitos ojos azules, dejó una huella imborrable en varias generaciones que no la olvidan. Y eso que  su hija menor, Celia, la convirtió hace unos años en guapa abuela de un simpático cachorro que se llama Curro.

La aparición de Marisol en el cine se debió al éxito que desde 1956 venía obteniendo Joselito, quien con “El pequeño Ruiseñor” había batido todas las marcas de taquilla y era un negocio redondo para sus productores. Cuando en 1959 llevaron a Marisol a hacerle una prueba cinematográfica conoció en el plató a Joselito que estaba rodando “El pequeño coronel”. Pepi, como llamábamos familiarmente a Marisol, tenía 11 años y Joselito 16, aunque aparentaba menos por su estatura. Como el pequeño ruiseñor siempre ha sido un seductor, chiquito pero matón, desde el primer momento se enamoró de ella y todavía le dura. Marisol conserva aún las encendidas cartas de amor de Joselito, a quien admiraba por su maravillosa voz y por su simpatía, pero nada más.

No sólo fue Joselito quien se enamoró de Pepi en los platós, sino también otro gran artista. Nada menos que Antonio Ruiz Soler, Antonio el bailarín, como se le conocía en los ambientes artísticos. Su fama trascendió a todo el mundo y lo mismo actuaba en Japón que en los Estados Unidos de América. A Antonio nunca se le conocieron novias. Decían que estaba enamorado de la duquesa de Alba. Lo cierto es que en 1964, durante el rodaje de “La nueva cenicienta”, se prendó de Marisol, que por aquel entonces era una preciosa chica en flor a sus 16 años. Antonio lo pregonó a los cuatro vientos. Algunos creían que era para hacer publicidad de la película. Pero no, era de verdad. Yo hablé con él en los últimos días de rodaje y me juró y perjuró que la amaba y que si Pepi quería y sus padres lo apoyaban, la boda se celebraría antes de un mes.  En realidad, Pepa Flores sólo ha tenido dos grandes amores en su vida: Antonio Gades, padre de sus tres hijas, y Massimo Stechini, su compañero desde hace 26 años.

“Aunque cambió su nombre artístico por el auténtico de Pepa Flores, sigue siendo Marisol en la memoria sentimental de la gente.”

En 1986 estaba viviendo Pepa Flores la etapa más feliz de su vida con Antonio Gades y con las tres hijas de la pareja, cuando el gran bailarín, caprichoso con las mujeres, la dejó para irse con la millonaria suiza Daniela Frey, con quien se casó dos años después. La vida sentimental de Antonio Gades (Antonio Esteve Ródenas) fue un auténtico tobogán. Su primera esposa, Marujita Diaz, solamente lo sujetó poco más de año y medio. Después tuvo dos hijos con su segunda mujer, la bailarina Pilar San Clemente, a quien dejó plantada en 1973 cuando conoció a Marisol, quien todavía no se había separado oficialmente de Carlos Goyanes. El productor Manuel Goyanes había dispuesto en 1969 que su hijo Carlos y Pepi, dos años mayor que él, se casaran para que la mina de oro que era Marisol se quedara en la familia. Pepi y Carlos eran dos críos que no tenían nada en común.

En 1969 se casaron Marisol y Carlos Goyanes.  Junto a ellos, nuestro colaborador y Carmen, su esposa.

En 1969 se casaron Marisol y Carlos Goyanes. Junto a ellos, nuestro colaborador y Carmen, su esposa.

Sin embargo, cuando Pepa Flores conoció a Antonio Gades encontró su hombre soñado: artista de los pies a la cabeza, guapo, culto por todo lo que había leído, militante de izquierdas y amante de la libertad. Tan amante de la libertad que una de sus mujeres afirmaba que “durante su vida había confundido siempre la libertad con la anarquía”. Decía él que se había casado con Pepa Flores “por lo forestal”. Años después de convivir juntos se casaron en Cuba con Fidel Castro como padrino.

“En realidad, Pepa Flores sólo ha tenido dos grandes amores en su vida: Antonio Gades, padre de sus tres hijas, y Massimo Stechini, su compañero desde hace 26 años.”

El éxito de Antonio Gades con las mujeres, que lo acosaban, hizo mucho de sufrir a Pepa. Por ejemplo, Gina Lollobrígida lo seguía por medio mundo suplicándole un poco de amor. A pesar de todo, sus tres hijas recuerdan a Gades con el mayor cariño. Viviendo con él estaba Pepa Flores cuando en 1976 posó en “top les”, y algo más, en la revista Interviú y media España se quedó sin respiración al ver a la guapa Marisol sin nada que le cubriera el busto. César Lucas, autor de aquel memorable reportaje, querido compañero de fatigas de un servidor cuando junto a Antonio Plaza, Alfredo Amestoy y otros buscábamos noticias y personajes en las noches madrileñas, me dijo: “Pepa, como Carmen Sevilla o Lola Flores, quisieron quitarse de encima la censura de los años del franquismo y respirar los aires de libertad que corrían por España”.

Marisol, su madre y Julián Navarro en Frankfurt Main (Alemania) en 1965.

Marisol, su madre y Julián Navarro en Frankfurt Main (Alemania) en 1965.

“El cine es como un vendaval que te arrastra. A mí me gustaba cantar flamenco desde que era muy chiquita, pero sólo eso.”

Volviendo a 1965, cuando acompañé durante una semana a Marisol y a su madre a Alemania, recuerdo las conversaciones que tuve con la joven estrella, entonces de 17 años. No sabía cómo decirle a Manuel Goyanes que estaba muy cansada y había perdido la ilusión por el cine. Desde que vino a Madrid en 1959 estuvo condenada a no ser una niña normal. Todas las horas del día las tenía ocupadas con clases de canto, de baile, de declamación, sesiones de anuncios, grabación de discos, estudio de inglés y francés, viajes de promoción. Tanto trabajo le pasó factura y en 1963 le diagnosticaron una úlcera de estómago producida por el estrés. Así me hablaba entonces Marisol:

-El cine es como un vendaval que te arrastra. A mí me gustaba cantar flamenco desde que era muy chiquita, pero sólo eso. ¿Cómo iba a pensar en trabajar en el cine? Pero desde que me llamó el señor Goyanes, después de verme en Coros y Danzas, perdí el rumbo de mi vida. Como hablaba con deje andaluz y no sabía actuar ante la cámara, el director se enfadaba y yo lloraba por la noche en la cama y me acordaba de mi vida anterior. En Madrid no fui feliz. Cuando era pequeña pensaba que de mayor me casaría con un hombre trabajador, tendría niños y viviría como vivían mis padres. Si tengo hijos, nunca les aconsejaré que sean artistas. Me gustaría que fueran médicos o abogados, que estudiaran una carrera bonita. Algo normal.

“A Pepa, como a Joselito, les quitaron la infancia y la adolescencia. Se las cambiaron por la fama, que no les sirvió de nada.”

Algo normal fue para Pepa volver a vivir en Málaga, alejada del cine, como una mujer sencilla, que canta para ella o para sus amigos, que puede ir al mercado como sus vecinas y que tiene a su lado a Massimo, un hombre que es compañero, amante y amigo.

A Pepa, como a Joselito, les quitaron la infancia y la adolescencia. Se las cambiaron por la fama, que no les sirvió de nada. Sometida a la feroz disciplina de una productora de cine, Marisol podía haber cantado que “la vida es una tómbola de luz y de dolor”.

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Escrito por: Julian Navarro