Opinión
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Miedo, odio y amor

juliancalvoSe oían riñas en el aquel bosquecillo…

-¡Dame la pelota, ¡Yo la vi primero!, -balbuceaba Miedo-

-¡Sí!, ¡Dásela que fui yo quien os dije donde estaba!, – replicó Amor

-Pero yo llegué antes que vosotros y la cogí…

-¡Eres un tramposo…!, ¡…A mí me pusiste una zancadilla y a Amor la empujaste!

-¡Bueno, si sois imbéciles, yo qué culpa tengo…! ¡Siempre lo habéis sido…!

Miedo no quiso replicar temeroso de que la mayor fortaleza física de Odio, tuviera peores consecuencias. Sin embargo Amor no pudo callarse:

-¿No te das cuenta Odio, que si compartes la pelota, podemos divertirnos los tres?

-No me vengas con sermones como siempre, ¡ya es mía y no la pienso compartir! –decía malhumorado, mientras abrazaba con avaricia su nueva posesión–

-Eso no te hace feliz, ¡Estás enfadado!, estás enfadado contigo mismo tú tienes más juguetes que nosotros y sabes que actúas por avaricia, porque no confías en tu futuro y necesitas también lo de los demás, y porque deseas verter sobre los más débiles ese fastidio que te atormenta. Sabes perfectamente que actúas mal y no sabes cómo hacerlo bien porque no quieres ponerte a conseguirlo. Estás equivocado si crees que así eres más fuerte por eso.

-¡Bah!, vete a la mierda! –zanjó Odio–

Mientras, Miedo, presenciaba la discusión, paralizado, moviendo tan sólo sus ojos asustadizos entre Odio y Amor, sin saber exactamente a quien dar la razón para salir beneficiado de todo aquello Y mientras pensaba:

Sí, se que Amor tiene razón, pero si se la doy, perderé el favor de Odio, y con ello, toda oportunidad de que al menos me deje jugar un poco con esa pelota y con todo lo que nos ha ido quitando; sin embargo, si apoyo a Amor todo lo que puede pasar es que me considere un mendrugo y un interesado como Odio… pero como es tan buena, mañana ya se le habrá olvidado, así que no tengo nada que perder si le hago la rosca a este abusón.

Amor que no era tonta, enseguida se dio cuenta de lo que Miedo estaba pensando y al punto se dirigió a él diciéndole

-Tú puedes hacer lo que quieras, pero que sepas que si decides unirte a èl, siempre serás un esclavo de este bruto egoísta y eso tan sólo te hará sentirte protegido, pero nunca te hará feliz, porque solo harás lo que él quiere que hagas y seguirás empobreciendo tu espíritu hasta desaparecer.

Al día siguiente, Miedo y Odio jugaban con la pelota ganada tramposamente, mientras Amor, efectivamente ya no se acordaba de la trifulca, y feliz en solitario disfrutaba de un libro bajo el calorcito del sol y el trino de los pájaros, sin prestar atención al juego de sus compañeros, hasta que las páginas de su libro quedaron cubiertas por la sombra de Odio, que se lo arrebató violentamente de las manos lanzándolo por los aires. Amor entendió enseguida que la soberbia de alguien como ese pobre chico, considera todo perdón como una humillación, y le miró a los ojos para apaciguar su ira, pero Odio retiró rápidamente su mirada, porque aquellos ojos de bondad eran como un espejo en donde veía nítidamente todos los problemas de su alma sin los cuales ya no podía vivir… los había ido alimentando y ya eran más fuertes que él. Mientras tanto, Miedo, como siempre, no hacía nada, sin darse cuenta que ello era el mejor apoyo que podía prestar a aquel malvado muchacho y a todas las mentiras y calumnias que profería para hacer creíbles sus prejuicios y validar sus intrigas. Esto –por cierto– hacía de Odio un excelente comediante, siempre enmascarando lo que en realidad era.

Amor, era auténtica, era como era y en su nobleza disfrutaba de cuanto hacía, algo que para Odio se hizo tan insufrible que decidió empujarla al río con la complicidad de Miedo, y perderla de vista para siempre llevada por la corriente de sus cristalinas aguas. Y así lo hicieron, y Amor fue a parar a un lugar maravilloso en que todo el mundo era como ella, sin embargo, Odio y Miedo, impulsados por sus malos sentimientos, vivían atormentados por una mutua desconfianza, sabiendo que tarde o temprano uno intentaría acabar con el otro, sencillamente, porque Amor ya no estaba para impedirlo…

Leídas estas líneas cerré el cuento frente los niños, cuya imaginación, como la ventisca que azotaba la ventana, aun volaba por esos rostros iluminados por el fuego de la estufa. Son las ideas –su espíritu–, y no las cosas lo que les hará realmente libres, porque lo bueno nace del amor que lo genera y lo malo de la necesidad insaciable. Ellos harán, lo que nos vean hacer –pensé–.

jcalvom@hotmail.es

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Escrito por: Julian Calvo

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