En esta sección:
- ¿Democracia...?
“La nueva democracia será posible disciplinando los espíritus del pueblo tal como una armada disciplina a sus cuerpos” Edward Bernay(1892-1995) (sobrino de Sigmun Freud)
Cuando se oye por primera vez, nos cuesta creer y admitir que en el seno de la democracia, muchas instituciones se alimentan y se desarrollan gracias al poder de la propaganda.
El gran experimento tuvo lugar en USA durante la primera guerra mundial cuando se creo la “Comissión on Public Information” (Comision Creel, como el Presidente Wilson la tituló en honor a su promotor: George Creel) para inducir a la población en su mayoría pacifista a entrar en la guerra. En pocos meses, por medio del envío masivo de propaganda, manipulación de los medios, recorte de las noticias que llegaban del frente y otras acciones, consiguieron que la población estadounidense creyese que el enemigo alemán acechaba la frontera americana. Los carteles propagandísticos contribuyeron enormemente al éxito de la empresa, pero fue Hollywood el principal baluarte de la CPI. Con películas como “The Kaiser, the Beast of Berlin” o “To Hell with the Kaiser!”.
El éxito fue absoluto, en pocos meses la población pasó de un pacifismo aislacionista a un intervencionismo beligerante. A partir de este momento surgieron varios de los instrumentos propagandísticos de las democracias actuales. La difusión masiva de octavillas, los recursos del diseño y la técnicas comunicación de masas en las campañas de publicidad, los recursos del cine y del teatro como generadores de emociones, el reclutamiento selectivo de lideres de opinión (artistas, famosos ,etc), la creación de sucesos amañados y un largo etcétera.
Alguien pensó entonces que esta formación de opinión “sana”(¿?) había de servir para protegerse del avance del rebaño extraviado, (dicho de otro modo del pueblo); ese intruso ignorante que se mete en todo y cuyo papel debe ser de espectador y no de participante. La opinión pública debía ser (científicamente) fabricada desde arriba, con el fin de asegurar el control.
Estas prácticas implican unas concepciones muy particulares de democracia. Según estas concepciones que incluyen a la mayoría de la gente, se trata de una democracia de espectadores y no de participantes. La información que tiene es la que preparan los verdaderos agentes de la escena democrática y que debe distraer y simplificarse para ponerla a la altura del que se considera un deficiente nivel de comprensión del mundo y, que sin duda, interesa mantener.
Según este punto de vista la democracia saludablemente entendida es muy diferente de aquella que la mayoría de la gente puede tener de manera ingenua en la cabeza.
Las empresas mediáticas de opinión son, hoy en día, poderosos agentes del juego político y económico al servicio de las empresas, de los gobiernos o de todo el que tenga dinero suficiente.
Alex Carey escribió una síntesis sobrecogedora: El siglo XX se caracterizó por tres desarrollos de gran importancia política; el de la democracia, el del poder de las empresas y el de la propaganda de las empresas como medio de preservar su poder democrático…
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Miguel Fernández del Pozo