Opinión
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¿Podemos?

juliancalvoMe pregunto, si realmente podemos contra las debilidades humanas, si es posible otra justicia que la que impone el líder que corta el bacalao, si de una vez por todas podemos acabar con esta crisis de honradez grapada a un sistema en que prima el tener sobre el ser.

El miedo forma parte de la naturaleza humana, y tener asegurado ese futuro, tan volátil como la vida misma, parece el mejor antídoto para la mayoría. Por tal, los dos sistemas políticos al uso se ofrecen con grandilocuencias y promesas varias, pero terminan siendo una estructura organizativa piramidal, porque lo más importante no es el ser humano sino lo que se puede trincar. A esto lo llamo anemia en la conciencia social.

El sistema alternativo al que sufrimos, el que glosó Carl Marx, en la praxis ofrece lo mismo: una oligarquía chupóptera que deposita el poder en manos de una élite organizada. Sólo cambia su orientación socio-económica… mientras el comunismo ofrece pleno empleo y garantiza lo básico para ir tirando a costa de una producción q al final no saben ni qué hacer con ella, el capitalismo ofrece más libertad, pero cada cual que se busque la vida entre una febril actividad orientada al consumo feroz que ya ha tocado techo. Nos enfrentamos pues a un gran problema.

Problema agravado entre la falta de escrúpulos de unos y la extrema necesidad de otros. Una sociedad en que unos las pasamos canutas mientras otros viven a nuestra costa; entonces… pues eso, se produce un desequilibrio que suele acabar como el rosario de la aurora.

Pero hete aquí, que en plena confusión, aparece un profesor universitario con look rupturista y progre –de hecho con base marxista–, con una verborrea y carisma que le hace capaz de convencer a los esquimales que compren cubitos de hielo y con todos los argumento que la gente desesperada quiere escuchar, sin faltarle razón en muchos de ellos. Con todo, se dice y desdice mientras se convierte en un fenómeno social a costa de lo rematadamente mal que lo hicieron otros.

Que a nadie le extrañe que muchos renieguen de lo que hay y se agarren a un clavo ardiendo, cuando no pueden ni dar de comer a sus hijos, mientras las noticias anuncian que de un modo u otro otros le están robando –demasiao pal cuerpo–, ello les impide deparar en lo bien que policía y judicatura lo está haciendo encarcelando chorizos de cuello blanco. Él o ella solo pensará en acabar con el sistema que lo despojó de dignidad, y con sus valedores. Un sentimiento  muy lógico, pero no el adecuado.

No digo que la cosa no está para revoluciones, si, lo está, pero de otro tipo… somos nosotros mismos los que debemos cambiar en nuestro interior y no imponer esa otra rabiosa que asoma por las redes sociales de ajusticiamiento en la plaza pública y cartelitos que evocan al terror más rovespierrano. No.

El mundo sería mucho más justo y habitable si lográsemos sustituir esa febril voracidad de poseer más y más dinero, por esa otra de ser mejores y más solidarios. Menos egoístas. ¿Podemos?, yo creo que sí. ¿Queremos?, me temo que no.

jcalvom@hotmail.es

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Escrito por: Julian Calvo

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