Opinión
0

Psicópata I

 

JULIAN CALVO

Julian Calvo. jcalvo@hotmail.es

El psicópata no es un caso de manicomio, de hecho, estos individuos andan por ahí sueltos con su problema conductivo cargado sobre sus sufridas víctimas, quizás porque padecen algún complejo o trauma mal curado; es alguien de autoestima exagerada, contrario a la cultura popular, que muestra una conducta antisocial o directamente sociópata. Deshonesto, embustero, sin empatía, remordimientos ni arrepentimiento alguno en sus acciones dañinas, es incapaz de rectificar las decisiones que le convienen. Su NO, es NO, caiga quien caiga. Es un egocentrista patológico que solamente siente culpa al infringir sus propios reglamentos pero no los códigos sociales de las mayorías. Mienten con asombrosa tranquilidad sin remordimientos ni vergüenzas. Normalmente sádico y narcisista, el psicópata solo reconoce las necesidades de otros en la medida en que le benefician. Tienen dificultad en aprender de la experiencia. Según el Dr. R. Hare, adoptan un estilo de vida parasitario y muestran actitudes impulsivas e irresponsables. 

El psicópata entabla contacto o alianza con otros narcisistas y ególatras para obtener un objetivo común, aprovechándose de neuróticos, culpógenos y victimistas, cuyo sentimiento de culpa sabe aprovechar con suma facilidad, merced a su capacidad seductora y uso de técnicas de persuasión como el lavado de cerebro, la reforma del pensamiento, el adoctrinamiento o la reeducación, o bien con concesiones selectivas de recompensas a determinados colectivos en busca de eliminar sus capacidades críticas, obteniendo así el control de individuos y grupos.

Cuando un líder político de ideas radicales con dotes de agitación social, muestra empeño en tomar las instituciones y medios de comunicación, y en atrapar los organismos del Estado colocando en ellos a sus secuaces representantes de minorías empoderadas. Cuando por encima del bien común y el de la nación, está su discurso sectario y su relato. Cuando este discurso es tan radical y mezquino que muestra un claro desprecio a las costumbres, los intereses, los derechos, los sentimientos y la vida de grandes colectivos. Cuando la única forma de no ser agredido por el mismo, pasa por coincidir plenamente con su discurso. Cuando su obsesión es someter a los demás a su demencial ideario político. Cuando usa de los más sucios recursos para trepar al poder. Cuando desde su mismísima aparición pública, la vida es un infierno de discordia y ruina. Cuando lejos de aportar soluciones viables de entendimiento, posee la facilidad de despertar la insatisfacción, la crispación y el desequilibrio. Cuando su discurso despierta el odio entre conciudadanos. Cuando usa con suma facilidad el insulto, la amenaza y la ley del embudo. Cuando alcanzados los primeros objetivos, comete lo que antes criticaba ferozmente. Cuando posee una verborrea populista capaz de lavar eficazmente un cerebro sano… y ese individuo y sus elegidos han anidado en el poder. Es en tales circunstancias cuando un país se enfrenta a un potencial dictador psicópata, y se cae en la cuenta que ello ya pasó en otros tiempos y lugares, porque nadie actuó a tiempo, y la calamidad cayó sobre toda una nación aborregada. 

Continuará…

 

 

 

Compartir:
  • googleplus
  • linkedin
  • rss
  • mail

Escrito por: admin

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies