El Rincón del Naturalista
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Salamanquesas y dragones

 

La  es uno de nuestros pequeños reptiles más comunes en el entorno que nos rodea y a pesar de las falsas leyendas, es una especie totalmente inofensiva que ayuda a controlar la población de insectos perjudiciales donde desempeñan un importante papel para normalizar el funcionamiento del ecosistema natural.

 

 

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La salamanquesa común (Tarentola mauritanica), es un precioso y beneficioso reptil de pequeño-mediano tamaño perteneciente a la familia Gekkonidae, donde el género Tarentola tiene alrededor de 22 especies y la Tarentola mauritanica, es la que se encuentra en mayor medida más ampliamente distribuida en todos los países mediterráneos. Conocida en nuestras distintas Regiones y Comunidades de España es habitual de verlas en los entornos domésticos de las paredes de las casas y edificios de los distintos pueblos y ciudades de la geografía española. 

Es un precioso y sumamente beneficioso reptil, no muy bien conocido y enormemente castigado debido a las falsas creencias y leyendas, a pesar de ser una especie totalmente inofensiva que ayuda a controlar la población de insectos nocivos, donde los reptiles desempeñan un importante papel para normalizar el funcionamiento del ecosistema natural y ser, por tanto, sumamente beneficioso para el ser humano. Afortunadamente, es de sobra conocido que las sabias gentes del campo se muestran sumamente complacientes con la presencia de este precioso reptil sabedoras de que si están rondando por el exterior seguro que se reduce la presencia de insectos molestos y nocivos que pueden introducirse dentro de sus hogares.

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De un tamaño que no suele superar los 15 cm de envergadura hasta la cola, que también suele perder como las lagartijas en los ataques entre ellas para marcar sus territorios, aunque yo personalmente las he visto mayores sobre todo en las Islas Baleares en mis estancias vacacionales. Se las suele ver principalmente a partir del oscurecimiento de la tarde en las paredes y sobre todo habitualmente muy próximas a los faroles de luz exteriores de las     casas que al encenderse tienden a llamar a insectos y polillas junto a las cucarachas en el suelo y los jardines a las que caza ávidamente, lo cual da una idea del gran beneficio que genera.

Tienen una morfología muy llamativa, un cuerpo robusto más bien rechoncho y a la vez aplastado en su parte ventral, con una cabeza grande, más ensanchada en relación al cuerpo con forma triangular y separada del cuerpo por un señalado cuello. Tanto la piel como la cola son rugosas y escamosas y muestran abultamientos o protuberancias, a diferencia de las lagartijas que tienen una piel mucho más lisa y suave. Al igual que estas últimas suelen perder la cola y la vuelven a regenerar pero ya con superficie más alisada, por lo que sabemos de antemano que la ha perdido en alguna batalla fratricida, puesto que son bastante territoriales y defienden fuertemente sus nidos y zonas de caza frente a otros vecinos. Sus colores habituales van desde marrones a grises, menos intensos en su parte ventral prácticamente blanquecina y suelen cambiar conforme varia la intensidad de la luz, por lo que las solemos ver con tonalidades más oscuras durante el atardecer y en la noche.

Una de sus principales características son sus grandes ojos dorados, que tal y como podéis ver por las fotografías, no tienen parpados y con la pupila negra vertical. 

Otro de sus caracteres morfológicos importantes que las diferencian de las lagartijas, son sus patas que tienen cinco dedos planos con forma más o menos globosa. En su zona plantar presentan una especie de agrupamientos de pilosidades de muy pequeño tamaño, a modo de pequeños cepillos, entre los pliegues de las palmas que le permiten tener una gran adherencia lo que originan una gran fijación y seguridad en su posicionamiento en sitios completamente lisos, totalmente verticales e incluso sobre los cristales de las ventanas, donde se las suele ver con más asiduidad de la que creemos.

Sus hábitats naturales, son los suelos, paredes de casas y edificios en los que en la mayor parte del día permanecen ocultas en los huecos entre los ladrillos y oquedades. 

Después de sus apareamientos, suelen poner habitualmente dos huevos, que no son totalmente esféricos, dos veces al año. Al inicio de la primavera y más o menos tras cuatro meses nacen las pequeñas salamanquesas con tamaños inferiores a los 5 cm de longitud. El crecimiento de las salamanquesas es bastante lento y cuanto viven, no lo sabemos con certeza, en los casos conocidos de animales en cautividad es en los que se ha visto que sobreviven entre 7-8 años 

En los meses fríos de invierno la salamanquesa tiene que hibernar ya que son animales de sangre fría y al no poder controlar su temperatura corporal, necesitan de los rayos solares para regular su temperatura, al igual que en los meses soleados tiende a buscar las sombras.

Definitivamente, espero que con estas pequeñas explicaciones la próxima vez que veáis una salamanquesa os detengáis un momento para observarla un poco más en detalle, ya que son menos huidizas que las lagartijas y las podáis agradecer la gran labor que realizan comiendo toda clase de insectos perjudiciales que nos molestan y nos dificultan nuestro reposo al fresco de nuestros jardines y balcones…

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Escrito por: Marcelo Aroca

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