Opinión
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Sin proponérselo, Fabiola le quitó el novio a la Infanta Pilar, hermana del rey Juan Carlos

f266_jnavarroEn 1959 don Juan de Borbón envió a Bruselas a su hija  para “conquistar” a Balduino de Bélgica, quien se enamoró de Fabiola que iba como dama de compañía

La madrileña Fabiola de Mora y Aragón, Reina de los belgas, fallecida el pasado 5 de diciembre, fue protagonista de una historia de amor mucho más interesante que las que nos ofrecen las películas románticas. Sin proponérselo, le quitó el novio y el honor de ser reina, nada menos que a la infanta Pilar de Borbón, nieta de Alfonso XIII, hija de los condes de Barcelona y hermana mayor del rey Juan Carlos.

Sucedió en 1959, hace más de medio siglo. En la corte belga reinaba el joven Balduino, segundo hijo de los reyes Leopoldo III y Astrid. La hija mayor, Josefina Carlota no accedió al trono porque los varones tenían preferencia sobre las mujeres en todas las cortes europeas, entre ellas España, donde la primogénita de los Condes de Barcelona, la infanta Pilar, fue relegada al segundo puesto en la línea de sucesión en favor de su hermano Juan Carlos.

“…fue protagonista de un

 historia de amor

mucho más interesante

que las que nos ofrecen

las películas románticas”.

Por aquel tiempo se reunieron los consejeros del rey Balduino de Bélgica, encabezados por su hermana mayor, la gran duquesa Josefina Carlota, para buscar esposa al joven monarca, de 29 años. Balduino, hombre callado, sensible, retraído, pero buena persona, tenía el problema de la soledad, unido a su melancolía permanente, a causa de las desgracias familiares que cayeron sobre él. Balduino y sus hermanos, Josefina Carlota y Alberto, nacieron del matrimonio de los jóvenes príncipes Leopoldo de Bélgica y Astrid de Suecia. Astrid, educada en colegios públicos, como es tradicional en las cortes del norte de Europa, se comportaba como una joven madre de la clase media. Aunque disponía de amplio servicio doméstico, iba personalmente al mercado a hacer la compra, cocinaba y sacaba a pasear a sus niños por los parques de Bruselas. Sus tres hijos vivían muy unidos a ella, no así a su padre, que siempre estaba de caza.

“Balduino, hombre callado, sensible, retraído, pero buena persona, tenía el problema de la soledad,

unido a su melancolía permanente, a causa de las desgracias familiares que cayeron sobre él”. 

Pero un día del verano de 1935, el 29 de agosto, cuando Leopoldo III, ya convertido en rey, y Astrid viajaban por una región montañosa de Suiza, les derrapó el coche y cayeron por un barranco. Leopoldo resultó con heridas leves, pero la querida reina Astrid murió en el acto. El niño Balduino, de sólo 5 años, quedó tan afectado por la desaparición de su madre que se decía que no se repuso de la depresión hasta que conoció al gran amor de su vida, Fabiola de Mora y Aragón. Balduino fue un joven triste sobre el que recayó en 1951, antes de cumplir los 21 años, el peso de la Corona y la Jefatura del Estado porque su padre, Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas durante la invasión nazi, fue acusado de connivencia con Hitler. Como firmó la rendición a los pocos días de que los alemanes ocuparan el país, para evitar medio millón de muertos por la superioridad de los invasores, perdió la confianza de los ciudadanos belgas y aceptó abdicar en su hijo Balduino.

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La infanta Pilar de Borbón el día de su puesta de largo.

Situando de nuevo esta narración en el año 1959, la corte belga y los condes de Barcelona veían con buenos ojos a la infanta Pilar de Borbón, guapa y seis años menor que él, como posible esposa del Rey. Pilar, con la perspectiva de ser reina, aceptó encantada ir a Bélgica a conocer a Balduino y pidió a su amiga, Fabiola de Mora y Aragón, hija de los marqueses de Casa Riera, que fuese con ella a Bruselas como dama de compañía.

Pero como muchas veces los dardos de Cupido son impredecibles, he aquí que en la primera visita de Pilar y Fabiola al palacio real de Bruselas, surgió el flechazo inesperado entre el Rey y Fabiola. Balduino no volvió a pensar en  Pilar de Borbón, que a sus veintitrés años, deportista, amazona, enfermera titulada, estaba en la plenitud de su belleza. El Rey belga se las ingenió para mandarle un mensaje a Fabiola, con un hombre de confianza, diciéndole que deseaba verla a solas, discretamente. Era toda una declaración de amor. Fabiola se disgustó ya que fue a Bruselas como acompañante de la infanta Pilar de Borbón y por una maniobra inesperada del destino se había convertido en protagonista de la situación. No deseaba que la Infanta se molestara, pero tampoco podía desairar al Rey.

“El Rey belga se las ingenió para mandarle un mensaje a Fabiola, con un hombre de confianza,

diciéndole que deseaba verla a solas, discretamente”. 

El mensajero volvió a Bruselas con la respuesta secreta metida en un sobre perfumado color de rosa. Balduino pudo leer la contestación de Fabiola. Algo parecido a esto según revelaron fuentes cercanas: “Majestad, yo voy todos los años con enfermos madrileños a una peregrinación al Santuario de la Virgen de Lourdes y, en breve, estaré allí dos días.” Fue suficiente. Balduino se informó de la fecha exacta y como también acudía a Lourdes con frecuencia, allí se vieron a solas por primera vez. El tenía 29 años y ella 31. Se dieron un año de plazo para formalizar sus relaciones y anunciar el compromiso.

El rey Balduino y Fabiola el día de su boda en Bruselas

El rey Balduino y Fabiola el día de su boda en Bruselas

Tres meses después el 15 de diciembre, en la catedral de Santa Gúdula de Bruselas se casaron Fabiola y Balduino”. 

Fabiola se trasladaba por breves temporadas a Bruselas y las visitas al palacio real las hacía en un coche oficial de cristales tintados. Se citaban los escoltas con ella en el garaje privado de unos amigos del Rey, la recogían, y a la vuelta ella regresaba a su residencia. Para despistar, cuando Balduino la telefoneaba, la llamaba “Señora Ávila”, en honor de Santa Teresa, de quien los dos eran muy

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Escrito por: Julian Navarro