Villaviciosa
a paso de colleras
POR SOFÍA ESQUIVIAS LÓPEZ-POLÍN
A la
memoria de mis tatarabuelos José y Laureano, a la de mi bisabuelo Gonzalo
y a la de mis abuelos que descansan en Paz en Villaviciosa: Inés,
José María y Luis.
A Gonzalo, Mónica y Mayi, fallecidos siendo niños.
A mi abuela María Teresa y a toda mi familia.
A mis padres, hermanos y sobrinos.
A Alfonso y Álvaro villanuevaodonenses.
Y a todos los que queréis Villaviciosa, ausentes y presentes
PRELUDIO
En
mi prosa y mis versitos
grato solaz he buscado
lenitivo de pesares
y reposo del trabajo.
Voluntariamente,
a nadie
con ellos he molestado;
quizá a alguno entretuvieran
quizá algunos bostezaron;
pero nadie ha de pedirme
le devuelva lo gastado.
Reconozco
imparcialmente
que en ellos he reflejado
poco a poco y sin quererlo
toda el alma de
Gonzalo
Madrid 22 de Febrero de 1927. (Cuentos I)
PRÓLOGO
Tengo el honor de presentar a tres ilustres caballeros singularmente arraigados en Villaviciosa de Odón. En primer lugar, a don Gonzalo López-Polín Morales de Castilla, -padre de mi abuelo Luis López-Polín Sanz-, autor de Historia de un árbol, obra que constituye una de las piedras angulares de las crónicas que sobre Villaviciosa se han escrito, a don José López-Polín y a don Laureano Sanz, por los méritos que se reseñan en estas páginas, abordando los temas de personajes históricos en relación con hechos históricos relevantes. Sírvanles estas líneas, asimismo, de sincero homenaje.
El propósito de este trabajo es desempolvar la obra inédita del Viejo Olmo de los Testerales, -legada a mi abuelo Luis- y, con la debida autorización de mi familia, acercar a todos, villaodonenses o no, su biografía y sus escritos referidos a la vida cotidiana y costumbrista de la Villaviciosa de hace poco más de cien años, cuando se tardaba en llegar desde la Corte de Madrid unas cuatro horas al paso lento y polvoriento de los llamados coches de colleras, carretelas (1) que han arrinconado los automóviles.
Así es como entró en este lindo pueblo por aquel entonces un niño de nueve años en el centro del día de uno nubladito, fresquito y hermoso del mes de abril de 1873. La carretera, el campamento, entonces nuevecito, los grandes charcos de los embalses del camino, todo, me impresionó gratamente; pero más aquella entrada por el camino del Castillo; tanto arbolado, los Caños, el paseo del mismo nombre, la plaza del Convento, la casa, grande, hermosa, su jardín... Sin verlo todo por completo, cerró mi padre el trato y a Madrid regresamos; por mi parte contentísimo. No podía suponer entonces la trascendencia que para mi existencia había de tener Villaviciosa. (Recuerdos de mi vida. Tomo I. Capítulo II Mi niñez).
También nosotros vamos a adentrarnos, a trote lento, en la vida de un apacible pueblo de poco más de mil habitantes, la mayor parte dedicados a las labores del campo, donde las noticias siempre llegan con retraso, sale un coche que no automóvil- dos o tres veces por semana para Madrid, por las calles polvorientas circulan carros y carretas; se escucha el canto del gallo, las esquilas del ganado que se rebulle en establos y corrales, los ladridos de numerosos canes, el incesante y monótono toque a muerto de campanas ¡Tim!,¡Tan!... cuando la vida costaba en reales, céntimos y pesetas de plata y el agua se recogía en cántaros desde los Caños, cuando Villaviciosa era un pueblo, pueblo... y se divisaba con facilidad desde el camino a Madrid, recortada por la sierra de Guadarrama, la perfecta silueta del recio Castillo de Fernando, en la alegre Villaviciosa (José Martí, citado en Escritos en Villaviciosa, pág.73, de Fernández Goróstegui).
¡Tim!...¡Tan! ... Hablar del pueblo y no hablar de los clamores fuera como hacer un retrato y suprimir los rasgos fisionómicos no agradables: quedaría quizás más hermosa la cara resultante pero no sería la de la persona retratada. Hoy por hoy, y desde que lo conozco, mi pueblo tiene un gran lunar: el del continuado toque a muerto. La costumbre acabará por desaparecer, pero mientras tanto, si se quiere contemplar el cuadro completo y tal cual es, hay que hacerlo oyendo clamores y pensando en los difuntos (Postal IV: Un Entierro)...
Don Tiempo y Doña Historia nos ofrecen un apasionante viaje a un pueblo de la España de finales del siglo XIX y comienzos del XX a través de los ojos de un hombre que, desde niño, vivió intensamente su época, y que escribió, acaso sin saberlo, una página más de la Historia, no por ello menos trascendente que las de los grandes historiadores, dejándonos a todos un testimonio de Amor a lo cotidiano, a lo común de toda España y a las singularidades propias de Villaviciosa; de compromiso imperecedero por la conservación del arbolado y de Esperanza en el futuro.
Espero que (...) pueda leerse íntegro mi pensamiento respecto a Villaviciosa de Odón, que bendecida por Dios y entre flores, plantas, pájaros y mariposas, trasciende a amores: ¡Amor al Santísimo Cristo del Milagro!, ¡Amor a la Patria!, ¡Amor a los árboles! (Postal XIV La Fiesta del árbol en 1926).
La intrahistoria de Villaviciosa hunde profundamente sus raíces en la Historia de todos los españoles... En Odón existe un árbol en los Testerales que conoce sus males y su remedio y que les quiere de corazón y desinteresadamente...
(1)Coche de tracción animal de cuatro asientos, caja poco profunda y cubierta plegada. Alrededor del cuello del animal se coloca un collar de cuero o lona, llamada collera, relleno de borra o paja para que no le haga daño el horcate o arreo.

DON GONZALO LÓPEZ-POLÍN MORALES DE CASTILLA.
Es de justicia comenzar por descubrir -en el más amplio sentido de la palabra, - quién fue Don Gonzalo, personalidad ilustre y literato de esta localidad, como se refiere Don Pedro Vaquero Rodríguez en Aproximación a la Historia de Villaviciosa de Odón (1994) y citado asimismo como inexcusable fuente bibliográfica por Don Antonio Pardo Riquelme en Breve Historia de Villaviciosa de Odón (1998) y por Don Fernando Fernández-Monzón Altolaguirre en El Archivo General e Histórico del Aire: Castillo de Villaviciosa de Odón (1989).
Su vida y obras no aparecen reseñadas en ninguna enciclopedia de Historia ya que su trascendencia es meramente familiar y local; encontramos copiosos e inabarcables datos autobiográficos en sus memorias o recuerdos escritos, -tanto en prosa como en verso-, en periodos de convalecencia para disipar sus preocupaciones y distraer su ánimo de otros pesares: escribiendo me entretengo, y como no hay trabajo inútil, puede que lleguen a servir de enseñanza a alguno de mis hijos y les hagan aprender: que se puede mirar, viendo; presenciar, dándose cuenta; viajar, acopiando recuerdos; recordar, relacionando; pensar, discurriendo, y vivir, siempre aprendiendo; que es la labor más inacabable de cuantas puede emprender el hombre (Recuerdos de mi vida I).
Nació en el pleno centro de Madrid, el 10 de diciembre de 1863 en la casa de su familia de la calle de la Montera, esquina a Caballero de Gracia. Sus padres fueron Don José López de Saa Polín (de ascendencia gallega) y Doña Concepción Morales de Castilla Sánchez-Flores (granadina) (2) a los que estaba muy unido: ...cuantos más años pasan de su ausencia y mayor discernimiento tengo para apreciar los hechos, más se engrandece el alto concepto que me merecieron. ¡Dios les haya acogido en Su seno!. De su infancia nos deja una foto muy hogareña: Veo a mi padre trabajando en su despacho; a mi madre ocupada con su casa y con sus criadas; a mi hermano, fuerte y robusto, entregado a juegos estrepitosos y destructores; a mí prefiriendo los tranquilos y silenciosos, y a éstos, la lectura(...). Entre los recuerdos más gratos de esta época están las visitas a su abuela paterna Pepita, -a ella se parecía mucho mi padre además de las bondades en las facciones; en éstas todos me encuentran parecido con mi padre, luego... me parezco a mi abuela-, quien tenía siempre preparados juguetes, de los cuales, los soldaditos de plomo eran sus preferidos, y los instructivos paseos con su padre que a todas partes me llevaba y quería que de todo me enterase. (Recuerdos de mi vida I: Mi infancia). Aquellos días fueron de músicas y de iluminaciones que mi padre me llevaba a ver; Que siempre fui su acompañante y gustaba desde muy pequeño enseñarme y explicármelo todo. Con mi padre veía formaciones y procesiones, corridas de novillos con mojigangas, y recorría los barrios antiguos de Madrid cuya historia me explicaba. De todo quería mi padre que supiese; y llevado de su afición a la medicina, tomada de su tío y mi padrino, Dr. D. Elías Polín, médico militar que lo fue del cuartel general de Espartero, me hizo presenciar autopsias judiciales, cosa de gran curiosidad para mí. También me llevaba a oficinas y una vez en el Gobierno civil y mientras hablaba con el gobernador, me dejó en un saloncito con otros señores amigos suyos... como mi padre no salía me entré en una habitación en la que había una mesa llena de cosas desconocidas para mí. Me puse a tocarlas... oprimí un botón y empezó a moverse una aguijita... se movieron otras piezas que hacían ruido de golpecitos; yo daba muy deprisa y cada vez sonaban más los golpecitos. Así hasta que vino un señor y me quitó el entretenimiento: era el telégrafo oficial y yo, dale que te dale.
(2)Saco a colación el eterno tema de las rivalidades entre los españoles como lacra idiosincrásica que debemos erradicar. Confieso que en mi niñez tenía prevención a Galicia que nos inculcaba a todo español que no fuese gallego, el oír desde que nacíamos usar como insulto esta palabra y el ver que los bajos oficios de aguador, barrendero, etc., eran desempeñados por estos(...); pero fueron pasando los años, mi razón se fue formando (...) y a quien compadecía era a los que denigraban a los gallegos, principalmente a los andaluces que siempre han creído ser superiores y de otra casta(...) y hacían chistes a costa de los que a Sevilla iban a trabajar (...). Yo no puedo tener simpatías marcadas por andaluces o gallegos por tener mi sangre las dos procedencias: los López de Saa, gallegos; los Morales de Castilla, andaluces;(...) (Recuerdos IV, cap.IV: Vigo).
-¡Nunca he conocido el aburrimiento!-, exclamó con razón, ya que supo disfrutar de los entretenimientos más elementales, como la lectura, la escritura, las colecciones y alguna que otra trastada...: No recuerdo no haber sabido leer; decía mi madre que a todos preguntaba los nombres de las letras de los periódicos y el significado de las impresas palabras y así me solté a leer; por ello pude enterarme que se había dado una batalla en el puente de Alcolea, que había sido herido Novaliches, y que la Reina Isabel II se marchaba a Francia.... Fue el inicio de la Gloriosa, la Revolución de septiembre de 1868 -secuela, para algunos historiadores, de la Revolución de 1848 en Europa; para otros, el inicio de una nueva época y para otros, el principio del caos-, que puso fin al reinado de Isabel II, dio paso a la Constitución liberal de 1869 y al efímero reinado de Amadeo de Saboya. La noticia de la batalla de Alcolea (28 de septiembre de 1868) llegó a Villaviciosa con el retraso que todo allí llega; y más en una época en que sin telégrafo, (...)con servicio de correo muy deficiente y tan a la buena de Dios (...), y con solo un coche, dos o tres veces por semana, para comunicar con Madrid (...). En resumen: que el destronamiento de Isabel II se supo tarde y, por desgracia, con daño. Pues las revueltas populares (...) con las gruesas piedras que pudieron sacar del piso que a la fuente (de los Caños) rodea, se dedicaron todos a demoler la corona, signo de realeza, para borrar toda marca de servilismo, aunque lo que borraban era una obra de arte. ( Postal XIII La Gloriosa). En Madrid, cuando vivía en la calle de Atocha frente a la Trinidad, fue testigo de cómo un grupo de hombres y mujeres entraron en el entonces Ministerio de Fomento dando voces y tiraron por las ventanas los retratos de la reina y en la calle rasgaban con navajas y bayonetas en medio de un tumulto de mueras y luego quemaban.
Su afición por escribir comenzó a los seis años, pues recuerda haber confeccionado unperiódico basándose en recortes de prensa, con noticias de carlistas, cantonales y de la gran guerra franco-prusiana, no faltando una sección que tomaba de la Gaceta de Madrid, que me había hecho gracia no sé por qué titulada nota de las reses degolladas en el día de ayer y que al matadero se refería..., todo ello en atención a su abuelo materno D. Francisco de Paula Morales de Castilla un granadino muy salado dentro de un señor muy serio y muy correctamente vestido.
Pese a ser muy formalito, no excluía las travesuras. Una de ellas fue bajar desde una galería de cristales que rodeaba el patio de la casa en que vivíamos, un gran cartón pendiente de una cuerda y con él tapar el único ventanillo del dormitorio de los porteros, quienes al día siguiente, creyendo no había aún amanecido, salieron de su dormitorio muy avanzada la mañana, cuando ya habían abierto el portal las criadas de la vecindad para ir a la compra.
En otra ocasión, ya en Villaviciosa, ignorando que hacía un mal y con diez o doce años para mí solo, andaba de caza de gorriones por las calles del pueblo, armado de un tirador de gomas y muchas chinas en el bolsillo. Llegó a una casa (en Las Eras esquina a Núñez-Arenas) que tenía la chimenea recién arreglada, encima de la cual habían puesto un muñeco de yeso. El caso era tentador para cualquier muchacho, y como mi habilidad siempre descolló en el tiro,... cayó rodando el muñeco, pero lo hizo hacia dentro, por la chimenea. Pasaron muchos años, cuarenta por lo menos, y un día me dijo Mariano Luna que yo le había dejado sin comer una vez,... pues él vivía en la casa de la chimenea recién arreglada. Había caído el monigote sobre el puchero del cocido mientras la mujer de Mariano fue al caño y a su regreso halló el estropicio. ( Postal XIV Paseo por las calles).
Como aprendiz de travieso de su maestro Manolo López y Correa se refiere la siguiente travesura en la Fuente de los Caños: solían tapar con una patata la toma de agua que surtía de aguas a las huertas y al venir el dueño muy ofuscado, retiraban la tierna patata y se refugiaban entre los espesos laureles, presenciando la correspondiente discusión entre el encargado de la huerta y el señor que, refunfuñando, se marchaba sin explicarse el motivo de la oclusión (Paseo por las calles).
Sus lecturas geográficas e históricas favoritas fueron de Solís, Mesonero Romanos y Erckmann-Chratian, las de aventuras exóticas y del Oeste americano de Mayne Reid, Gustavo Aimard, JulioVerne y Fernández y González.
Sus aficiones eran muy caseras: marquetería, carpintería, colecciones de monedas antiguas, de cromos recortados, de aleluyas (siempre he creído que el pensamiento puede expresarse lo mismo en prosa que en verso(...) A los amigos íntimos les he escrito más en verso que en prosa. Cuentos I); Otros de aire libre: paseos a caballo, sesiones de patinaje -muy de moda en esos días- que aprendió a escondidas porque sus padres no aprobaban tan temerario ejercicio; tomó lecciones de música (piano y guitarra, participando en orquestas y en rondas), llegando a componer algunas zarzuelillas que amenizaron muchas de las fiestas sociales de aquella belle èpoque, en las que, con graciosa elegancia, se satirizaba lo mismo costumbres y usos sociales -(por ejemplo, a los tresillistas que prefirieron suspender la misa de once para poder jugar al tresillo, alejando así a los no jugadores que molestaban en los salones)- que a los de la Constitución-(por haber numerosos apagones que ponían en riesgo la seguridad vial; la letra en cuestión decía así: ...En tales tinieblas/no se puede andar/sin meterse pronto/en un lodazal/ o entre las dos varas/ de carros que están/brindando al que pasa/ a uncirse y tirar)-.
Otras aficiones, y siguiendo los usos de la época, fueron los rigodones y concursos y los muchachos hacíamos muy expuestas habilidades, una de ellas jugar al paso, que es difícil, y al marro, muy peligroso para jugadores y no jugadores. (Recuerdos... I, cap. III: 1878-1879).
Llegó a Villaviciosa en la primavera de 1873, cuando por motivos de salud de su único hermano Angel, los médicos aconsejaron aires más saludables para éste. Por un periódico sus padres se enteraron que estaba en venta una casa en esta villa (calle de la Cuesta nº25) y la compraron sin dudar, hecho que marcaría de por vida a Gonzalo López-Polín. Sin embargo, su hermano murió antes de que se trasladaran y pudiera este disfrutar de tan lindo pueblo.
Desde entonces, Villaviciosa se convirtió en su residencia de verano -(era la Colonia respetable y respetada; sus relaciones con el pueblo eran cordialísimas,...)- donde pasó los momentos más rememorados de su vida: ¡Mi vida ha sido de mucho movimiento en Villaviciosa!. En Madrid era en compensación sentadísima. Por Villaviciosa han pasado un sinfín de personas y personalidades de la época que dieron gran animación al pueblo; cuentan los que entonces vivían que nunca se ha pasado mejor. Siempre tuvo palabras amables para su pueblo, la inigualable y sin par Villaviciosa de Odón y sus habitantes, pues dice un refrán que las rosas tienen la belleza que concede quien las mira (cita de Viaje por un pueblo castellano de J. Santander Tortajada, pág.50). Si no, véase o, mejor dicho, cántese esta jota aragonesa: De las naciones del mundo/ España es la más hermosa/ y de los pueblos de España/ el mejor, Villaviciosa. Pocos o ninguno habrán convivido más con los del pueblo que yo, en mis primeros años; siempre me guardaron las mayores consideraciones, y les quiero y creo que me quieren, sin haber exagerado jamás la nota democrática, aunque sí la de favorecerles en todo cuanto he podido. Cuando se construyó el nuevo Cementerio, - el anterior estuvo situado, al parecer, entre las calles de la Amargura y del Humilladero, donde se veneraba una imagen del Stmo. Cristo de la Amargura-, faltó dinero para pagar el plano de distribución interior; esta dificultad me cupo la satisfacción de resolverla, pues me la refirió el entonces médico titular D. Manuel Díaz Herrera, así como el que les pedían quinientas pesetas por el plano, y yo lo se lo hice, completamente gratis et amore, y puesto en un marco y en un rincón de la Capilla del sagrado recinto se encuentra actualmente. (Postal XIV Paseo por las calles). Tengamos en cuenta que en aquella época, quinientas pesetas era un dineral.
En cierta ocasión, Gonzalo quiso corresponder a sus compañeros músicos regalándoles unos patines de ruedas que él estimaba como un tesoro y manejaba con soltura; no así los improvisados patinadores que me suelen recordar los golpazos que sufrieron con mi obsequio. El resultado eran unas escenas más propias de historieta cómica o de película de Charlot patinador que de agasajo ( Paseo por las calles).
Contrajo matrimonio en Villaviciosa hacia 1889 con Doña Clara Sanz Peray (nacida en Zaragoza en 1868). Tuvieron numerosísima descendencia lo que acabó quebrando su salud, falleciendo en 1913 y dejando a mi abuelo Luis, el pequeño de sus hijos, con cinco años. Se casó en segundas nupcias con Doña Dolores Toraño Eckert, sin descendencia.
Estudió con brillantes calificaciones la carrera de Derecho en Madrid, al igual que años más tarde hiciera mi abuelo Luis. Desarrolló parte de su actividad profesional, como su padre, restituyendo bienes a la Iglesia, que habían sido desamortizados en épocas anteriores. Su vida transcurrió apacible mi existencia ha sido muy tranquila en mi juventud, a Dios sean dadas infinitas gracias- y sin más sobresaltos que los que sacudieron a la España de fin del siglo XIX y comienzos del XX: En aquella época y muchos años después, raro era el día en que no había alarmas en las calles y en las casas, con mayor o menor fundamento. ¡Se va a armar la gorda!. ¡Va a haber jarana!, Eran exclamaciones casi diarias.
Y con las preocupaciones propias de un padre de familia numerosa por todos sus hijos: El ser padre no consiste sólo en tenerlos: consiste en saber ir dándoles elementos de vida, moral y material y procurar, constantemente, su bien y su defensa de todo mal (Postal II: Un Bautizo)
Especialmente dolorosos fueron los años comprendidos entre 1892-1909 y 1913 en los que murieron varios de sus hijos siendo niños, sus suegros, sus padres, su mujer y bastantes personas queridas. Fueron años de grandes penas y de luto continuado.
Siguió con gran interés las guerras carlistas, así como las europeas: turco-rusa, franco-prusiana, la gran Guerra de 1914: ... pudiendo hoy serenamente afirmar que los resultados de la Gran Guerra han sido semejantes para el Káiser, para el Emperador de Austria y Rusia y para Perico él sólo con la ventaja para éste de haber salvado la piel y de no estar vigilado por la Sociedad de Naciones; Sin embargo, las guerras coloniales españolas en Cuba y Marruecos no llamaron su atención. Sobre las guerras carlistas, conflicto dinástico e ideológico que marcó hondamente una época, reflexionó en sus Recuerdos: Como madrileño, oyendo siempre dar vivas a la libertad y hablar mal del carlismo, en mi niñez creía a sus partidarios algo así como criminales de la peor especie; pero mi razón de ser se fue formando; fui conociendo a muchas dignísimas personas que luego supe eran carlistas; y hoy, con la experiencia de la vida y los años, puedo afirmar que los que abrazaron el carlismo como baluarte de la Fe, eran unos perfectos caballeros y me honré con la amistad de muchos con quienes, por cierto, jamás hablé de política, pues tenían hasta la caballerosidad de aceptar su derrota con la austera seriedad del que ha cumplido sus deberes a conciencia.
En síntesis, puede decirse que los partidarios del Infante Carlos María Isidro de Borbón, hermano de Fernando VII, representaban la tradición y la defensa de los fueros, por lo contaron con el apoyo de las zonas rurales vascas, navarras, aragonesas y catalanas, enfrentados contra los partidarios de la Infanta Isabel y su madre la Reina Gobernadora Mª Cristina de Borbón, quien no siendo en absoluto liberal, tomó partido por estos en defensa del trono para su hija -Isabel II-, que encarnaba un liberalismo aún incipiente, apoyados por la burguesía en las ciudades. Paradójicamente, sería el liberalismo más radical el que la destronaría años más tarde.
Cobra plena actualidad la siguiente reflexión, aplicable a la sangrante espina del nacionalismo: ...(la guerra) fue más de principios que dinástica. Los Vascos lucharon en defensa de la Fe, de la Iglesia y de las sanas tradiciones españolas; y los que por tales ideales daban la existencia, demostraban con ello que eran hombres buenos y honrados; creyeron que cuantos engrosaron sus filas eran también buenos y honrados y no era así: al amparo del carlismo se cometieron muchos crímenes por los que sólo eran bandidos, que luego cambiaron de nombre y se llamaron revolucionarios, cantonales, republicanos o sindicalistas; el nombre era lo de menos; la satisfacción de apetitos desordenados era lo más (Recuerdos...I, capVII: El molinero de Ormaiztegui). Desgraciadamente, hoy tienen otro nombre. Hago mías las palabras del poeta Blas de Otero: En el nombre de España, paz(de Pido la paz y la palabra, 1955). ...SÍ, PAZ Y JUSTICIA.
Hombre culto y de hondo calado religioso, devoto sincero del Santísimo Cristo del Milagro y de Nuestra Señora, en todas sus advocaciones: (...) Tocan las campanas a Procesión... Tras el pendón, sale el estandarte; después la manga parroquial con los ciriales; y bastante detrás la hermosa Imagen del Stmo. Cristo, cuidadosamente llevada en sus andas, por devotos que tienen a gran honor hacerlo; y creen bien. La música toca la marcha real; las campanas repican; estallan varios cohetes; y la muchedumbre se arrodilla y descubre; sí, se descubre. Este día es excepcional en el pueblo. Las luces son numerosas; el apiñamiento grande; y cuando avanza la Sagrada Imagen, en el centro del compacto grupo, asemeja que anda sobre un mar de cabezas, que parece contemplar con paternal solicitud. El Stmo. Cristo se destaca admirablemente en la obscuridad de la noche. (...) El momento es aprovechado para colocar sobre las andas a infinidad de criaturitas, como piadosa ofrenda de aquellos seres al Soberano Padre de todos, en demanda de protección para ellos, o en acción de gracias por haberles libertado el Stmo. Cristo, de males sufridos. La sagrada Imagen parece sonreír ante el edificante acto y el fervor con que es efectuado. ( Postal III: La función del Cristo) El Cristo del Milagro debe su nombre al Milagro que se produjo en 1790 en un incendio en la Plaza Mayor de Madrid donde estaba el taller del artista que la esculpió. Declarado en ésta un formidable incendio que la destruyó casi toda, se cortó bruscamente al llegar las llamas a la pared en cuyo lado opuesto estaba la imagen recién terminada (este dato también lo recoge Pedro Vaquero en su obra Aproximación a la Historia pág. 64)
A lo largo de su vida tuvo la oportunidad de recorrer España, con especial predilección por toda la cornisa cantábrica (como el héroe de Julio Verne en Los Ingleses en el Polo Norte, el capitán Hateras siempre he estado orientado al Norte) y Francia mi afición a viajar me ha hecho recorrer bastantes lugares de España y aún algunos de fuera(...) de todas tengo recuerdos que a mi mente acuden, frescos a todo color y como si ayer hubiesen acaecido. ...El ferro-carril del Norte era un imán para mí y sentía envidia hasta de sus maquinistas por creer que eran los que más disfrutaban del viaje. Unas veces en compañía de su padre (a su madre no consiguieron convencerla para que saliera de sus ocupaciones domésticas) y otras con su mujer e hijas, plasmó sus más variadas impresiones viajeras y descripciones detalladas de paisajes, pueblos, ciudades, costumbres y rasgos autóctonos de la España saliente de siglo, en sus RECUERDOS DE MI VIDA (1926), subtitulada Recuerdos para la familia, -por estimarlos de interés para los más suyos- en una colección de 4 tomos, escritos directamente: con las manos sobre el teclado de la máquina, que iba convirtiendo en palabras y en frases las ideas que del archivo de la memoria sacaba la voluntad.
No sólo de viajes hablan sus Recuerdos sino de todos los que abarca su prodigiosa y potente memoria (siempre fui observador y poseí regular memoria) que él mismo clasifica en varias épocas: su infancia hasta los nueve años, su niñez de diez a catorce, y 1878-1879, iniciando con dieciséis años su primer viaje a Santander de la que se enamoró románticamente.
Comienzan sus Recuerdos con el relato de los acontecimientos de la Revolución de 22 de Junio de 1866, llamada de los Artilleros, cuando tan sólo contaba con ¡¡2 años y medio!!; tal fue la impresión que le produjeron los cañonazos a tan corta edad que, desde los balcones de su casa natal en la Red de San Luis, se imprimió una actividad nemotéctica pudiendo recordar desde ese día los más variados detalles, gravándose en su memoria la siguiente escena: Por primera vez oí tiros en las calles, gran vocerío, mayores ruidos de las carreras de la multitud que es inconfundible; ví cerrar precipitadamente tiendas y portales y, lo que más me sorprendió: soldados a caballo, sin nada en la cabeza, a medio vestir, dando gritos y sin ir formados, desordenadamente (...) Por la calle de Fuencarral aparecían artilleros a caballo, completamente descompuestos en trajes y ademanes; por los tejados y balcones de las casas de enfrente aparecieron soldados disparando hacia la calle, y la aparición hizo que mi padre me llevara a habitaciones interiores, pues por lo visto había peligro. Esto es lo que ví de dicha revolución, en sus episodios alrededor de la fuente de la Red de S. Luis, que hoy está emplazada en el parque del Retiro.
El motivo de esta sublevación fue la disconformidad de los sargentos de Artillería del cuartel de San Gil, hoy Plaza de España, porque se les impedía el ascenso hasta el grado de comandantes, como a los de Infantería. Alentados por los demócratas, atentos siempre a cualquier brote de subversión, los sargentos intentaron apoderarse del Ministerio de la Gobernación para establecer un gobierno provisional, pero la resistencia de las fuerzas que lo protegían frustró el asalto. Refugiados en el cuartel de San Gil fueron sometidos, tras una dura pelea, por las tropas mandadas por el general Serrano. El gobierno ordenó el fusilamiento de 66 insurrectos... (Historia de España, Espasa-Calpe 1999, Vol.9, pág.116).
Entre 1910 y 1926 escribió POSTALES DE MI PUEBLOen 10 tomos, divididas en 24 postales sobre la vida cotidiana de Villaviciosa, sus lugares y sus gentes: que ni son postales, ni de mi pueblo, como lo definió el propio Don Gonzalo.
La razón de esta obra es la siguiente: Si yo supiera dibujar o dominar el arte de la fotografía, hubiera reproducido, con mucho gusto, vistas y escenas de costumbres del lindo pueblecito que llama mío, aunque en él no he nacido, formando una colección, que siguiendo una moda o costumbre de actualidad tendría la forma, tamaño y externas condiciones de las tarjetas postales. (...)Pero sean como son (desde luego muy medianas) reflejan la vida y costumbres de gentes, que tendrán sus defectos pero que me son queridas, y por ello me he complacido en dedicarles un recuerdo, en ratos de descanso y como entretenimiento del espíritu. Pocas personas leerán estas cuartillas, pero he creído conveniente hacerles las anteriores aclaraciones.
Constituye la primera serie, escrita en 1910, cuadros típicamente costumbristas y pintorescos (Una boda, Un Bautizo, Un Entierro, El Castillo, entre otras).
La segunda serie, escrita en 1926, es una denuncia comprometida en defensa del arbolado o, dicho con sus palabras, una elegía por la desaparición del arbolado en Villaviciosa ( El Forestal yLa Fiesta del árbol en 1926son la más representativas).
Todas ellas rebosan colorido, viveza, musicalidad. Destaca en conjunto La función del Cristo, descripción viva de las Fiestas de Septiembre en su doble vertiente: la religiosa y la taurina. La fiesta de San Sebastián y La Procesión del Corpus como expresiones del sentir religioso de un pueblo; no faltan notas de sano humor en ¡la Reina en Villaviciosa!, casi sainetescas, como en La compostura de Boda, fina ironía (por ejemplo, los transportes en Un viaje a Madrid y la escasa probabilidad de que llegue el tren algún día, o la tradición casamentera de beber en el caño del medio relatada en La fuente de los Caños, los numerosos perros existentes y sus consecuencias, el cansino toque a muerto...), críticas constructivas (sobre todo las relacionadas con la escasa religiosidad de los varones del pueblo, incluidos las autoridades civiles, o que los matrimonios sólo iban juntos a misa el día de la boda) y duras denuncias por la desidia de las autoridades -los de la Constitución- por la falta de protección al arbolado y por permitir las talas del mismo, y a otras costumbres (los toros, las tabernas...) y formas de vida ociosas, derivadas de la falta de instrucción (sugiere imponer multas a los padres que no obliguen a sus hijos a ir a la Escuela), que lo mismo puede decirse de Villaviciosa que de cualquier otro pueblo español de la época.
Conviene matizar que la desconfianza que demuestra por los de la Constitución, patente en su obra Historia de un árbol, está justamente fundada por ser en aquella época los gobernantes una calamidad universal, sólo preocupada con ganar dinero... no sentían la necesidad de mejoras... (Recuerdos I, cap.IV). No olvidemos que es jurista y conocedor de las Leyes de su época, y que además, el siglo XIX es el siglo de las convulsiones políticas y sociales más tremendas de toda nuestra Historia, un siglo caótico que generó estancamiento, pobreza y un pesimismo intelectual determinante para la llamada Generación del 98-la Edad de Plata de nuestra Literatura- que simbolizan en Castilla el amor y dolor por España: ¡me duele España! gritó Unamuno; ni siquiera existió conciencia constitucional a pesar de las numerosas constituciones de quita y pon que se promulgaron. Esto es una Constitución en España: una pellada de yeso sobre granito, dijo agudamente Teófilo Gautier en una visita a España en 1840 al leer sobre la piedra de un antiguo edificio un letrero que titula en cal la Plaza de la Constitución (citado en Historia del constitucionalismo español de Sánchez Agesta, pág, 22). Es la España sin pulso de finales del XIX, según Silvela. En opinión de Ricardo de la Cierva, el siglo XIX económicamente representa para España la pérdida de eso: un siglo (Historia total de España, pág.594).
Como acto de justicia debo decir que la administración en general no habrá sido un modelo de acierto, pero que es una gran verdad que al Ayuntamiento de Villaviciosa no le ha acompañado nunca la suerte. Ha habido Alcaldes deseosos del bien del pueblo pero siempre se han encontrado con que en las arcas municipales no había un céntimo. Otros han obligado a pagar a los morosos, creándose muchas enemistades, y han dejado fondos en la depositaría; pero que tampoco han lucido administrados por los que han venido después, y así hasta el infinito. (Un paseo por las calles, Postal XIV).
De Vista general de mi pueblo(Postal X) merece la pena destacar algunas particularidades del mismo: ni el Hospital está en la calle del Hospital, ni la Botica en la calle de la Botica, ni la Escuela en la calle de la Escuela, ni el correo en la calle del Correo. Hoy día tampoco está la estación en la calle de la Estación; ¡una particularidad más de Villaviciosa!.
Especialmente interesante es Paseo por las calles o ensayo de guía no oficial de las calles, callejuelas, plazas y plazuelas que tiene Villaviciosa de Odón: No me explico la razón de que otras poblaciones tengan su Guía... y de Villaviciosa no se haya ocupado nadie hasta ahora... creo no debe consentirse el que continúe tan injustificada diferencia... por lo que extraoficialmente... voy a hacer un ensayo de guía... sólo consignaré... lo que me parezca poco conocido, como base de otros nuevos y mejores trabajos al mismo fin orientados. Realiza un singularísimo recorrido por las 38 calles y 8 plazas que hasta entonces formaban el pueblo -(el Diccionario de Madoz de 1850, recoge 14 calles, 11 travesías y 2 plazas)-, terminando en la calle de López-Polín nº 25, ofreciéndoles su casa, a cuya puerta nos encontramos, casa ni de las peores ni de las mejores, sin historia antigua, sin advenediza modernidad y que solo puede blasonar de que contiene los libros que la afición de dos generaciones ha acumulado, pasando la cifra de diez mil volúmenes la del contenido de su biblioteca, única en Villaviciosa y probablemente en sus alrededores. Quién valora su biblioteca más que su hacienda dice mucho de sí mismo.
Sobre las comunicaciones y transportes con Madrid pesa una vieja tradición recogida en varias postales que no tiene desperdicio: Los fundadores de este pueblo, solicitaron a su Santo Patrón la concesión de una gracia que distinguiera el lugar de todos los demás. Accedió el Santo; y le pidieron tener la mejor agua del Mundo. -Sí, hijos míos; concedido. Dijo el Santo, amablemente. Animados con el éxito, le pidieron otra gracia: la de tener las mejores hortalizas y flores. También accedió el Santo, ya no tan benévolamente. No contentos con las dos gracias, aún pidieron otra: la de tener un clima muy sano. Casi con sequedad, se lo concedió el Santo: y todavía pretendieron tener buenos medios de comunicación con Madrid. Cansado el Santo y como escarmiento por el abuso de hombres tan insaciables, se lo negó, añadiendo: -Jamás tendréis buenos medios de comunicación con Madrid como castigo a vuestro afán de pedir y como compensación a los privilegios que ya os he concedido. Ignoro si lo que la tradición cuenta será verídico; lo que sé es lo que parece. (Postal V. Un viaje a Madrid). Conque, ¡cualquiera cree en trenecitos!.
También escribió una serie de CUENTOS dedicados a sus hijos.
Pero es sin duda HISTORIA DE UN ARBOL (escrita en 1910 e impresa en1926, fecha muy próxima al Grupo poético o Generación del 27), su única obra divulgada localmente la razón de su notoriedad. Con ella plasma su enorme preocupación y amor por la Naturaleza, en particular por los árboles, a los que impregna un sentido místico en referencia al Arbol de la Cruz. Mitad fábula, mitad crónica histórica, especialmente dedicada a los niños y niñas de las Escuelas de Villaviciosa de Odón, como obsequio para los niños que en la Fiesta del Arbol tomaron parte y como divulgación de lo que es y para lo que sirve un árbol (Postal XXIV La Fiesta del Árbol en 1926). Nos enseña a todos a amar sin reservas a la Naturaleza, a la Historia de un pueblo y a la Historia de España. Dios haga que mi historia sea leída y entendida por los hombres, que, debiéndonos su vida, su salud y su sustento, nos combaten con feroz saña desde hace tantos años.
Pionero y precursor de la fiesta del árbol y de la conciencia medioambiental la fiesta del árbol constituía para mí una obsesión desde hace varios años en que empecé a insinuar la conveniencia de hacerla-, nos dejó un singular testimonio de ternura y esperanza (espero, es más, creo que han de venir tiempos mejores para todos) no exento de denuncia: ...en la Historia de un árbol está contenido cuanto sé y cuanto recuerdo de lo presenciado de su historia, de su vida y de sus costumbres. También contienen -se refiere a las postales- cuánto apetezco, cuánto deseo y cuánto espero para su bien; y creyendo procurárselo he escrito cuánto he escrito, principalmente por verdadero cariño a Villaviciosa, pero también en cumplimiento del deber de todo ciudadano de aportar, aunque no sea más que un granito de arena, en bien de la Patria...
Dejamos abierta una artística discusión sobre la autoría de la Fuente de los Caños que López-Polín atribuye a Juan de Villanueva (pág. 24 de Historia de un árbol) y el resto de autores consultados a Ventura Rodríguez. En la Postal VI dedicada a los Caños dice: Los planos de esta fuente, y aún su construcción, se atribuyen al famoso arquitecto Villanueva a expensas del Cardenal Infante D. Luis de Borbón; en otro lugar de sus postales dice: sencilla y bella obra de arte trazada y dirigida por el arquitecto D. Juan de Villanueva, fechando su construcción en el último tercio del siglo XVIII. Polémicas aparte, un pueblo que posee una fuente como esta, tiene que acabar por hacerse digno de ella. Sus aguas (...) también podrán llegar a labrar las grandes prosperidad y felicidad que merecen, y que yo les deseo. (PostalVI La Fuente de los Caños)
Murió en Madrid, el 3 de enero de 1933, a la entonces avanzada edad de 70 años, reposando en la Sacramental de San Isidro en su Madrid natal.
De cuantas personas rememora en sus recuerdos dice: Todos vivieron y murieron como buenos. ¡Pidamos a Dios que igual puedan decir de nosotros los que nos sucedan! (Postales... XX) En efecto, vivió y murió como Hombre Bueno: Descansa en Paz, Gonzalo López-Polín.
¡TIM!...¡TAN!...
Tiene algo Villaviciosa,
por un don providencial,
que a nadie parece mal
y siempre dulce y sabrosa,
es única, original
y seduce por hermosa.
Y las razones son dos:
que además de ser hermosa
tiene otra muy grande cosa
de la que el hombre va en pos:
es, ¡porqué en Villaviciosa
se está más cerca de Dios!
(Madrid, 3 de Abril de 1926; Postales... XXI)
DON JOSE LOPEZ DE SAA POLIN (ó LOPEZ-POLIN)
Don José López-Polín fue Oficial de Administración Civil y Empleado en el Ministerio de la Gobernación del Reino y un célebre estadista de su época ya que en mayo de 1863 publicó DICCIONARIO ESTADÍSTICO MUNICIPAL DE ESPAÑA E ISLAS ADYACENTES, que comprende todos los Ayuntamientos, número de pueblos que les están agregados, el de los vecinos y almas de aquellos, la capital de la provincia a que pertenecen, la estafeta por donde reciben su correspondencia, hora de la llegada del correo a las capitales de provincia, baños minerales que tienen en su término y los distritos electorales, partidos judiciales, Audiencias y Capitanías Generales a que corresponden.
Tras este farragoso título se esconde un relevante y laborioso trabajo de recopilación y clasificación de datos estadísticos dispersos y confundidos por la propia Administración de entonces, que hoy en día pudiera pasar inadvertido, o incluso desdeñado, por el vertiginoso desarrollo de las actuales tecnologías, pero que, en su momento, fue reconocido su mérito, la Comisión (nombrada por S.M. en Real Orden de 8 de mayo de 1863 para examinar la obra) lo estima preferente a los demás libros que existen de igual naturaleza por ser más completo, reuniendo datos más recientes; y como en esta clase de trabajos el último es siempre el mejor y más verídico, no puede ponerse en duda su provechosa utilidad.
Gracias a este tipo de trabajos estadísticos sabemos que en Villaviciosa de Odón estaban censadas 1.344 habitantes en 1863, siendo 310 vecinos de la cabeza del distrito municipal, pertenecía al Partido Judicial y al Distrito electoral (con 559 electores correspondientes a 33 ayuntamientos) de Navalcarnero, a la Audiencia de Madrid, a la Capitanía General de Castilla la Nueva y recibía el correo por la Estafeta de Móstoles. Especialmente curiosos son los datos sobre el servicio de Correo y el tiempo que tarda en llegar desde su salida de Madrid destacando las máximas de Madrid a Pontevedra en 65 horas (es decir, dos días y medio aproximadamente) y a La Coruña en 56; y las mínimas a Guadalajara en 2 horas y 3 para llegar a Toledo. Si tenemos en cuenta que mi última carta recibida desde Madrid a Villaviciosa ha tardado cinco días... ¡en el siglo XIX Correos era un verdadero servicio!
Pero su verdadero mérito y reconocimiento local, -aunque injustamente olvidado por el paso del tiempo-, lo encontramos en la descripción que hace Don Gonzalo en Historia de un árbol, página 30: La venta del Campo Forestal no llegó a consumarse: un veraneante se propuso evitarla; y valiéndose de su saber y de sus relaciones, consiguió que el Estado cediera el Forestal a cambio de otras tierras que el pueblo dio en el llamado Monte de la Villa. El nombre de quien esto consiguió lo lleva hoy la calle que entonces se llamaba de la Cuesta.
Hago constar que el Forestal fue cedido al pueblo como lugar de ornato y esparcimiento para los habitantes, imponiéndose a la Villa una sagrada obligación: la del cuidado, guarda y conservación del Campo Forestal.
El veraneante es su propio padre, Don José López-Polín. Lo relata así en Paseo por las calles: No oculto que me halaga y emociona el que la antigua calle de la Cuesta se llame hoy de López-Polín, y me halaga y emociona pensando en mi buen padre que, en conciencia, se ganó el homenaje; pues aunque el Ayuntamiento en su acuerdo me incluyó en los merecimientos que lo motivaban, yo todo se lo traslado a quién tanto hizo por el pueblo y me sirvió de ejemplo; que es la mejor manera de enseñar. Es mi deseo que no lo olviden mis hijos a los que obliga doblemente el hecho que sus dos abuelos hayan merecido la gratitud de Villaviciosa y de que lleven sus apellidos dos de las calles. También, se refiere en esta postal a la ampliación del puente de ladrillo que existió en la actual calle del mismo nombre: El puente se ensanchó gracias a mi padre que consiguió del Gobierno una subvención de cinco o seis mil reales.
Es necesario recalcar la transcendencia de las gestiones realizadas por D. José López-Polín
en la permuta realizada entre el Estado, entonces titular del Campo Forestal, y el Ayuntamiento y pueblo de Villaviciosa, a favor de éste, encuadradas en el complejo proceso de la desamortización llevado a cabo a lo largo del siglo XIX, pues de no haber sido así, el Forestal se habría vendido al mejor postor y, probablemente, se hubiera perdido toda su riqueza forestal. ...Al Forestal deben su existencia el Castillo, la Fuente de los Caños y el pueblo. (Postal VIII El Forestal).
Hasta 1738 los Testerales fueron del dominio del Condado de Chinchón, vendiéndose el mayorazgo a la casa de Borbón. En 1759 Villaviciosa es declarada Real Sitio, y el Infante D. Felipe de Borbón y Farnesio declara Real Bosque a los Testerales, los cuales son confiscados por el Estado en 1812 -como consecuencia de la Constitución de Cádiz que abolió todo tipo de privilegios y desvinculó las manos muertas y dio libertad a los dueños de montes y plantíos de dominio particular de hacer en ellos lo que más le acomode (ob. cit. Pág.636 de la Cierva)-, denominándose Prado Redondo, que quedó convertido en propiedad de todos los vecinos. La Escuela de Montes se implantó en 1848 en el Castillo -cuidando del Campo Forestal- hasta 1871, fecha en que el gobierno decidió venderlo a quien más diera. Así pues, el Forestal era un bien sujeto a la ley desamortizadora de Madoz de 1855, cuya finalidad como la de Mendizábal- era la de obtener medios económicos para el Estado y cuyas consecuencias, lejos de resultar una justa distribución de las tierras a los campesinos, fue el empobrecimiento de estos y el enriquecimiento de una nueva clase social, la incipiente burguesía, así como el nacimiento de nuevas lacras sociales y políticas (latifundios, minifundios, caciquismo y oligarquías) determinantes de la difícil situación agraria y económica de fines del XIX y comienzos del XX.
En octubre de 1878 el Ayuntamiento, la Junta municipal y los vecinos de Villaviciosa elevaron su propuesta de cesión al Sr. Ministro de Hacienda, con las siguientes condiciones:
Primera: Respetar los derechos y servidumbres de los regantes. Segunda: Conservación y mejoramiento del arbolado creado por la Escuela de Montes desde 1848. Tercera: Satisfacer los gastos de conservación del campo Forestal. Cuarta: Conservación del mismo como único paseo y sitio de recreo para los vecinos y forasteros. (Historia de un árbol, pág. 38).
Sería muy conveniente enmarcar éstas en los nuevos cartelones que la Escuela-Taller de Medio Ambiente ha ilustrado muy recientemente en el Forestal, en justo agradecimiento y merecido recuerdo a quienes tanto bien, y por verdadero cariño, han hecho a Villaviciosa: Don José y Don Gonzalo López-Polín.
EL GENERAL SANZ Y POSSE, MARQUES DE SAN JUAN DE PUERTO RICO.
Don José Laureano Sanz y Posse fue el padre de su mujer Doña Clara
Sanz y Peray, es decir, el abuelo materno al que nos referíamos hace un instante.
Fue nombrado Teniente General de los Ejércitos nacionales y sus méritos en la guerra de Cuba le hicieron merecer la cruz laureada.
Pero su importancia para la vida de la Villaviciosa del último tercio del siglo XIX radica en las mejoras e innovaciones que, gracias a sus influencias, introdujo: el alumbrado público, el telégrafo público el 23 de Mayo de 1888 y la instalación de la Escuela de Carabineros (fue Inspector General de dicho Cuerpo) en el Castillo en 1887.
De esta manera lo relata en Historia de un árbol, página 31: (...) Otro veraneante tuvo esta buena ocurrencia, y poder para llevarla a la práctica, y a los majestuosos acordes de la Marcha Real española, entró desplegada, gallarda y enhiesta, la bandera en el palacio que restauró Juan de Herrera.
En Paseo por las calles se refiere a los méritos de su suegro: El General Sanz instaló en el Castillo el Colegio de Carabineros y consiguió el telégrafo público, el alumbrado, incluso los faroles y quinqués y una bomba de incendios para el Municipio, aparte de otros innumerables favores generales y particulares, especialmente a soldados y reclutas.
Respecto a la instalación de la Escuela de Carabineros relata en la postal VII El Castillo lo siguiente: El viejo (castillo) se remozó albergando de nuevo a un establecimiento docente; y más le remozó el ruido de armas en su patio y en sus salones, pues el Establecimiento era un colegio militar. Los toques de los clarines de guerra, le hacían vibrar, recordándole su juventud, y las explicaciones de los Profesores, le despertaban adormecidos recuerdos de ciencias más superiores que en él se cultivaron. El remozamiento duró poco: también esta manifestación de la Ciencia fue alejada por exteriorizaciones u omisiones derivadas de lo contrario; y el pobre viejo prematuro sigue solo, triste y afrentado.
En otro lugar de Paseo por las Calles vuelve a referirse a dicho abandono: En 1897 también se trasladó este establecimiento al Escorial, al faltar la influencia que lo instaló y al no haber hecho nada el Ayuntamiento para evitarlo(...) La marcha del Colegio de Carabineros rebajó los ingresos por consumos en un 50%...
ALGO MÁS SOBRE EL GENERAL SANZ Y POSSE, MARQUÉS DE SAN JUAN DE PUERTO RICO.
En mi trabajo Villaviciosa a paso de colleras me quedé muy corta al referirme a los méritos del General Sanz por falta de datos biográficos y cometí una pequeña incorreción que subsano con estas líneas. Dije que por sus méritos en la guerra de Cuba le otorgaron la cruz laureada. Debo corregir este dato ya que murió en Madrid el 22 de diciembre de 1898, el año del Gran Desastre. Por otro lado, obtuvo numerosas condecoraciones y cruces por méritos de guerra y buenos servicios, entre ellas: la Cruz de San Hermenegildo en 1866 con 1500 pesetas de pensión, dos cruces de San Fernando de primera clase, la Cruz de San Juan de Jerusalen, la Cruz de N. Sra. de la Concepción de Villaviciosa (ignoro si es la nuestra o la asturiana) y la Gran Cruz al Mérito Militar en 1896 (este es un galardón de concesión excepcional).
Es el único de los tres personajes históricos cuya biografía aparece reseñada en una enciclopedia antigua: Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano de editores Montaner y Simón, Barcelona, tomos XVII (1896) y XXV(1899) y que, obviamente, desconocía yo a la hora de escribir su reseña. Las actuales enciclopedias ya no lo recogen, quizás porque no estén a la altura del inusual bagaje de este excelentísimo caballero.
José Laureano Sanz y Posse nació en Alcalá de Henares (Madrid) el 19 de marzo de 1822. De clara vocación militar y dotado de excelentes cualidades para el mando y la organización de servicios públicos, comenzó a tempranísima edad su fulgurante carrera: a los once años ya era cadete (1833), obteniendo sucesivamente los empleos de subteniente (1835), teniente (1837) por antigüedad, capitán a los diecisiete años (1839) por acción de guerra, segundo comandante (1843) por igual causa, primer comandante (1846) también por méritos de guerra, y teniente coronel (1847) por gracia con veinticinco años. Luego alcanzó el grado de coronel (1848) por acción de guerra, y los empleos de coronel (1852), brigadier por gracia (1856), Mariscal de Campo a los cuarenta y cuatro años (1866) y Teniente General de los Ejércitos nacionales (1868) por servicios prestados a la Revolución La Gloriosa. No obstante, tomó parte a favor de la Reina Isabel II durante la primera guerra carlista. Durante catorce años tuvo el mando de un regimiento de infantería. Era ya Mariscal de Campo cuando se le confiaron varios importantes cargos militares, uno de ellos el de segundo Cabo de la Capitanía General de Filipinas; en esas fechas obtuvo la Cruz de San Hermenegildo (1866). Nombrado Capitán General de Puerto Rico en 1870, ejerció tan altas funciones hasta la caída del Gobierno que se las había conferido. Después del golpe de Estado del general Pavía de 3 de enero de 1874 volvió a ser Capitán General de dicha isla en 1875.
Además de otros muchos cargos y comisiones de su carrera, el General Sanz desempeñó los de Ministro del Tribunal Superior de Guerra y Marina en 1868, Inspector General de Carabineros en 1884 -que tanta trancendencia tuvo para la vida de Villaviciosa de Odón y me remito a lo ya dicho- y Director General de Ingenieros en 1886.
Su prolongada estancia en Puerto Rico dejó gratísimos recuerdos por su acrisolada honradez y sus trabajos de organización de los servicios públicos, estableciendo verdadera y recta administración, aumentando los rendimientos del Tesoro y planteando con actividad y energía la ley de abolición de la esclavitud. Los habitantes de la Pequeña Antilla no olvidarán con facilidad el mando del general Sanz (cita de Pedro E.de Tébar y José de Olmedo en Las segundas Cortes de la Restauración, Senado, Madrid 1880, pág.135, cita textual que aparece recogida en la Enciclopedia Hispano Americana).
En 1883 fundó el marquesado de San Juan de Puerto Rico.
De regreso a la Península después de la proclamación del Rey Alfonso XII, fue elegido senador por Puerto Rico; y en tal concepto, afiliado al partido constitucional, hizo ruda oposición al gobierno conservador, ya con votos, ya con su palabra. Fue reelegido senador por Puerto Rico en 1881 y nombrado senador vitalicio por la citada isla, siendo Sagasta jefe del Ministerio. Liberal sincero, animado de espíritu reformista, en todas las cuestiones vota con los liberales. En 1886 le fue otorgada la gran Cruz al Mérito Militar y como general en la escala de reserva permaneció desde 1896 hasta su fallecimiento.
Falleció en Madrid el 22 de diciembre de 1898 a los 76 años de edad, recibiendo cristiana sepultura en el cementerio de San Isidro. Los habitantes de Villaviciosa de Odón tampoco olvidarán el paso de José Laureano Sanz por esta Villa y su castillo. Descanse en Paz.
A MODO DE EPÍLOGO.
Entramos en Villaviciosa en 1873 al trote lento de colleras y salimos toda velocidad en el 2000 conscientes, sin embargo, de que el Hoy de Villaviciosa no está exento de escollos.
No es fácil poner punto final a este trabajo porque Villaviciosa está abierta al futuro, a ese futuro que en 1910 se atrevió a esbozar en Mi Pueblo en 1960 (Postal XII). Excepcionalmente sale del contexto histórico y escribe desde el deseo, desde la Esperanza en el porvenir; delineada con tintes juliovernianos, hoy nos puede hacer sonreír la comparación entre la Villaviciosa imaginada y la que fue en realidad en 1960, aunque su larga visión de futuro se acerca en muchos asombrosos detalles a la actual del 2000: como la construcción de una segunda parroquia por quedar pequeña la de Santiago, la instalación de una gran fuente con surtidores en la plaza de la Constitución que está ajardinada, o la plantación de arbolado a lo largo de la carretera convirtiéndose en calle, numerosas fuentes públicas, una artística escalinata que bordea los Caños, el Castillo cercado por altos muros y por extenso parque con construcciones modernas, un Kiosco para conciertos, la restauración de un muy antiguo edificio y la previsión de ensanche de población hacia el puente metálico...
Al hablar de mi pueblo en 1960 no pretendo ser Adivino: pretendo ser lógico, que no es lo mismo, y valerme, para trazar el diseño, de las deducciones e inducciones que con mayor suma de probabilidades me conduzcan al fin que me propongo. Y en cuanto a Profeta... ya sabemos que nadie lo es en su tierra, y mucho menos yo, que ni por asomo pretendo serlo; aunque mucho me alegraría no equivocarme, y que el cuadro que veo sea, para nuestros descendientes, una dulce realidad. En lo que sí celebraré no acertar es en los desastres que preveo como resurgimiento de mi querido pueblo.
Nos embarga la emoción al pensar que nuestro bisabuelo soñaba para nosotros ver resurgir a Villaviciosa y a sus gentes de aquellos males pasados, comunes a toda España y lacras seculares de la incultura y falta de instrucción. La conciencia regeneracionista iniciada por Joaquín Costa con el lema despensa y escuela está presente en este deseo de resurgimiento, en ese mudar de piel y romper los moldes viejos que Europa rompió hace ya más de medio siglo, sufrir una transformación honda y radical de todo su modo de ser (...) (J. Costa, 1901). Por eso me permito destacar, para finalizar, esta visión futurista, pues de alguna manera nos/me está ofreciendo recoger el testigo de la pluma yo nací en esta prodigiosa década, por cierto ¡Qué magnífica cosecha la del 65!-, como antorcha literaria para transcribir espero que con acierto, y desde luego con mi más sincero cariño y respeto-, los escritos y semblanza de un hombre que, siendo niño, quedó prendado de Villaviciosa me he metido por todos sus rincones- y de sus peculiaridades, algunas intemporales como si ayer mismo hubiesen acaecido, y otras, perdidas por el inexorable paso del tiempo y del progreso. Podemos resumirla de la siguiente forma:
Imaginó que Villaviciosa había sufrido un grave estado de decadencia y todo hacía temer que la Villa se convirtiera en un despoblado como el de Sacedón de Canales. Pero fueron los Labradores a quienes siempre admiró y respetó por su dedicación a la tierra (en la postal IX La Recolección los sitúa entre las más importantes clases de la Sociedad), - los artífices de la renovación del pueblo, fundando una poderosa Asociación aprovechando los consejos que un folleto al pueblo dedicado por autor desconocido titulado Historia de un árbol. A ella se unieron los Hortelanos y los trabajadores del campo. La instalación de los Frailes en el Castillo mejoró la prosperidad en general, elevándose la instrucción y la cultura. Había escuelas, elementales, superiores, de artes e industrias y de comercio; varios Colegios particulares y educación impartida para los niños por los Frailes y por Monjas para las niñas. Volvió a repoblarse el Forestal, a urbanizarse y asfaltarse el pueblo y dotarse de mejores infraestructuras e innovaciones (la construcción de la Gran Vía a la Estación, el alcantarillado, la fábrica de fluido eléctrico, la canalización de las aguas, la obligatoriedad en todas las viviendas de water-closs...) que a nuestros abuelos les hubiera parecido un sueño, creándose la Policía urbana y multándose a los padres que no obligasen a sus hijos a asistir a las escuelas. En la calle del General Sanz se enclavó el Regimiento de Caballería y la calle de Carretas era el centro comercial de la villa donde se encuentra de todo lo que puede ser preciso para las necesidades de la población. Delante de la Iglesia, se conservaba el árbol centenario protegido por sencilla verja, es un recuerdo tributado a las muchas generaciones que ante él pasaron. La revolución en los transportes será la conquista humana que dé nombre al siglo XX habiéndose construido la línea férrea a Salamanca y Norte de Portugal y de cintura de cercanías con Madrid y alrededores-, el tranvía eléctrico que pasa por la Ciudad Lineal construida en la Carretera de Extremadura hasta el kilómetro 10 prolonga su servicio hasta la Villa cada media hora; los automóviles que han substituido a las antiguas Góndolas y Diligencias, salen de Madrid cada dos horas, y la aeronave que hace el servicio a Ávila tiene estación en esta Villa. Aunque se encuentra en el periodo de ensayo práctico dentro de muy poco tiempo tendrá la supremacía sobre todos los conocidos, tardando ocho minutos en regresar a Madrid (...)
Existía un Hospital cívico-militar, Hotel, Campo de deportes para balompié, tenis, polo y golf, Gran Casino y el Ideal Polistillo o jardín recreativo con pistas de patinación, velódromo, frontón, tobogán y una montaña rusa. Los sucesores de Rodríguez Barba, Hermanos ostentaban un próspero taller de fundición, los Sucesores de Menéndez Granizo tenían un almacén muy bueno y surtido de alimentación, los sucesores de F. Barea regentaban la fábrica de automóviles, carruajes y maquinaria agrícola y la casa Corcho, Hijos de Santander surtía de aparatos de higienización a las viviendas. En otro lugar se refiere a los comerciantes franceses, llamados Los Cajeros, por transportar sus mercancías en cajas, trabajadores y honrados.
(...) La comparación entre el hoy y el mañana puede servirnos de provechosa lección, y lo que desde luego hace, es marcarnos nuestro deber en el presente para procurar que el mañana vislumbrado llegue a ser una encantadora realidad. ¡Dios lo haga!. Madrid, 21 Mayo 1910.
CONCLUSIÓN PERSONAL.
En estos días ha estallado una absurda y estéril polémica acerca del alcance de las Humanidades, de la Historia de España y las muy diversas historias de los pueblos de España. El tema viene de antiguo, no obstante, por lo se hace necesaria una serena reflexión sobre adónde vamos y de dónde venimos; el marco de este certamen resulta idóneo para ello.
Nuestras más finas e insignes plumas han escrito largas páginas de la Historia, de la Literatura y hasta de la Ciencia desde tiempos remotos sobre esa España de charanga y pandereta, de la rabia y de la idea que desprecia cuanto ignora. Entre Glorias y Desastres, hombres de la talla de Gonzalo López-Polín (poned aquí el nombre de quienes os han precedido) nos brindan un testimonio de respeto e indulgencia hacia el pasado, de coraje constructivo hacia el presente, de Esperanza y Fé hacia el siempre incierto Futuro. Leer y releer las sencillas páginas de Historia de un árbol o las de Breve Historia de Villaviciosa de Odón, entre otros textos, paseando, por ejemplo, por el Forestal es una buena oportunidad para dejarse sorprender y aprender, una vez más, del pasado histórico de todos los españoles. Al fondo, el Castillo nos recuerda que sigue siendo nuestra incólume Fortaleza. Las aguas de los Caños refrescan y sosiegan nuestro espíritu, renovando constantemente la vida. Hay que volver a las raíces para esperar hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.
No se puede predicar odio a través de la Historia, ha dicho recientemente un historiador. Nuestra más urgente labor es, en estos momentos, la de escribir la página de la Reconciliación entre todos los pueblos de España. Esta es mi plegaria al Santísimo Cristo del Milagro: mi querida España, esta España mía, esta España nuestra....
Me complace terminar al estilo de Cervantes: Y con esto, Dios te dé salud, y a mí no me olvide. VALE. (del Prólogo de la 1ª parte del Quijote. Vale es una voz latina de despedida que significa que sigas bien).
En Villaviciosa de Odón, a 15 de Julio de 2000.
Sofía Esquivias López-Polín
BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN CONSULTADA.
-Historia
de un árbol(1926), Postales de mi pueblo y
Recuerdos de mi vida de Gonzalo López-Polín.
- Diccionario estadístico municipal de España e Islas adyacentes, de José
López-Polín(1863).
- Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España, de Pascual Madoz
(1850)
- Viaje por un pueblo castellano, de José Santander Tortajada (1986).
- El Archivo general e histórico del Aire: Castillo de Villaviciosa de Odón,
de Fernando Fernández-Monzón (1989).
- Escritos en Villaviciosa, de J. Carlos Fernández Goróstegui (1995)
- Aproximación a la Historia de Villaviciosa de Odón, de Pedro Vaquero (1994)
- Breve Historia de Villaviciosa de Odón, de Antonio Pardo
(1998).
- Introducción a la Historia de España, de Ubieto y otros (1986).
- Historia de España, de Club Internacional del Libro (1987).
- Historia Total de España, de Ricardo de la Cierva (1997).
- Historia de España, de Espasa-Calpe (1999).
- Literatura española, de Vicente Tusón y Fernando Lázaro. Anaya (1982).
- Historia del constitucionalismo español (1808-1936), de Luis Sánchez Agesta
(1984).
- El Derecho histórico de los pueblos de España, de Enrique Gacto y otros
(1982).