Opinión
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Una gran nación

juliancalvoCuando, en uso de una elemental y legítima libertad nos mostramos orgullosos de ser españoles, ¿Por qué en algunos causa crispación y hasta reacciones hostiles, si representa un sentimiento de gratitud a la tierra que nos vio crecer?

Me pregunto cómo pueden herir esos signos que nos unen en una gran nación bañada de mar, anfitriona de campos generosos y paisaje espectacular,  que hizo y hará historia con los aciertos que nos honraron y los tropiezos de los que aprendimos.

Tierra sabrosa como su jamón, manantial del buen vino y no peor cerveza, inundada de trigales, rebaños y ganado, olivares, abejas, de huertas y huertos, de frutos las islas… del mar en sus puertos, y del sol tierra adentro, sabores y aromas que forman parte de  la envidiable dieta mediterránea embellecida y elaborada con maestría, fundamentalmente por las madres de esas familias, que vienen sosteniendo de siempre la estructura social, la estabilidad y el bienestar. Y fuera del hogar, nos los elaboran los magníficos profesionales que han dado las cocinas de este país, monumental en todos sus sentidos.

Tierra de folclore, sonido de voces alegres, guitarra, gaita, dulzaina, txistu, tamboril y júbilo de tantos bailes y entrañables tradiciones mayormente católicas.

…. ¿Y qué decir de los españoles que lo hacen posible?… nada que no sea evidente…  nuestro ingenio, brío y generosidad, arrojó más luces que sombras sobre nuestra cultura, orgullosa de esos artistas, músicos y escritores que nos dieron todos los tiempos. Brillamos cada día en la ciencia, en el pensamiento, en el deporte o en el arte. En esos magníficos hombre y mujeres de todas las disciplinas, profesiones y oficios. Y a pesar de lo que dicen las malas lenguas, venimos teniendo también buenos gestores en política y función pública. Si bien es verdad, que la eficacia, se la suele llevar la rivalidad política. 

Nos honran maestros de todos los niveles docentes, científicos e investigadores. Generosos voluntarios y vocaciones valientes y admirables que regalan su vida al mundo. Prodigiosos arquitectos, ingenieros y magníficos operarios y profesionales de todos los sectores cuyo esfuerzo diario hace aun más grande el país que nos une.

Todo en su conjunto se llama riqueza, y es nuestra. En verdad, no hay razón coherente para renegar de semejante legado.

Solo tenemos un defecto: somos algo difíciles y nos cuesta ponernos de acuerdo. De lograrlo, equilibrando pasiones e inteligencia, volveríamos al brillo y liderazgo mundial que nos corresponde.

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Por alguna extraña razón se ha venido vertiendo mentira y oscuridad sobre los episodios históricos más brillantes de nuestra nación, que inició sus pasos recién salida de la Edad Media, precisamente de la mano de una mujer : Isabel la Católica, tan brillante fue aquel siglo (que fueron casi dos)., que se vino a llamar el de Oro y que comienza en 1492 con los hitos del descubrimiento de América y la victoria sobre los invasores musulmanes que ocuparon la Península siglos atrás, hasta su ocaso, que comienza en 1659. El brillo de aquella época, reflejo de las obras de sus insignes escritores, pintores, arquitectos, de los descubrimientos de aquellos exploradores y navegantes, de los hallazgos de sus matemáticos, astromos, cartógrafos, inventores, de los estudios de antropólogos, filósofos, juristas, médicos… de la creación de universidades y todo un armazón legislativo de colonización, política internacional y derechos humanos pionero en la historia del mundo. 

Del Nuevo Mundo, además, se importaron nuevas cosechas que lograron detener la hambruna que asolaba a Europa. Y a diferencia de la inglesa, la colonización española fue  respetuosa y antropológica, no en vano,  elogiada por hispanistas anglosajones de la talla de Charles E. Lummis, Herbert E. Bolton, Jonh H Eliot o Robert Godwin, que reconocen con solvencia  la admirable labor española durante la colonización de América., mientras España ostentaba la supremacía mundial como primera potencia.

No es de extrañar que tanto poderío causase envidias y complejos que generaron leyendas tan negras como falsas sobre las grandezas españolas…. y con la misma negatividad y negligencia, otros las recogieron para cebar sus propios complejos, cubriendo de suciedad el privilegio que compartimos, que antes que de disputa, ha de ser cimiento de nuestra paz y prosperidad social, esencial tesoro de una gran nación como la nuestra.

jcalvom@hotmail.es

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Escrito por: Julian Calvo