Opinión
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Una sonrisa en la Rotonda

delpozoCharles Darwin (1809-1882) señaló, que cada una de las seis emociones básicas: Felicidad, tristeza, sorpresa, aversión, miedo e ira, se acompaña de patrones de respuesta fisiológica específicos

Despistado, me metí en la rotonda sin darme cuenta de que él estaba dentro y comenzó un concierto de claxon, los insultos, la agitación los gestos groseros con las manos. Aumentó súbitamente su frecuencia cardiaca y la tensión arterial; su testosterona se disparó creando una conducta dominante y agresiva. Yo al contrario pasé en un segundo de la incomprensión a la conciencia del error cometido y la reacción fisiológica de mi cuerpo fue de alteración y miedo, ese que se produce cuando te echan la bronca y que provoca una urgente necesidad de huir. 

Dos días después volví a despistarme; el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra…, invadiendo la misma rotonda y un coche que tenía el derecho de paso, freno ligeramente, su conductor me sonrió comprensivo y yo le pedí perdón con un gesto de agradecimiento.

 Los pensamientos alegres, de felicidad y la risa especialmente, producen impulsos eléctricos en el cerebro que liberan unas hormonas que fortalecen nuestro sistema inmunológico. Del mismo modo los enfados, la ira, el odio provocan la liberación de otras, que desgastan nuestro organismo  produciendo enfermedades.

¿Quién dirige nuestros pensamientos? ¿Quién decide nuestras reacciones ante  lo que nos ocurre en la vida?

Un pensamiento genera una emoción y de inmediato va a producir un comportamiento. Pero nosotros tenemos la capacidad de elegir ese pensamiento. 

Una rotonda me ha enseñado a conducir con más atención, sobre todo cuando  entro en ellas, pero también me ha hecho reflexionar sobre el control de nuestros actos y reacciones y cómo podemos ayudar a la vida para sentirnos bien. Si logramos controlar nuestros pensamientos negativos, nuestros comportamientos cambiarán.

Nuestra positividad y negatividad se apoyan en nuestras creencias aprendidas  y automatizan respuestas emocionales cuando se reproducen situaciones similares a la primera con la que aprendimos, convirtiéndonos en esclavos de las circunstancias; un niño aprenderá a gritar si sus padres lo hacen y seguirá gritando cuando se produzcan situaciones iguales a la que provoco el grito..

No todo el mundo es malo… ni tenemos que levantarnos todos los días con el casco, la coraza y la espada dispuestos a ir a la guerra…

Hemos aprendido a responder cuando nos insultan sin hacer caso a aquel antiguo y sabio refrán: “A palabras necias oídos sordos”; sin analizar quien lo ha hecho, dando crédito indiscriminado a personas que no lo tienen. 

Nos han enseñado a embrocar al que se equivoca a dar lecciones de moralidad, de civismo, de ética, de justicia, etc.

Hemos aprendido a no perdonarnos; a no perdonar a nadie…; a no entender los errores como una oportunidad para mejorar y ahora no nos queda más remedio que “desaprender” lo aprendido, de la única manera posible; como cuando de niños en la escuela repetíamos en infinitos renglones…. “no debo pegar a los compañeros”

Generando pensamientos positivos y repitiendo las reacciones que producen  estos, tantas veces como en nuestra vida hicimos lo contrario y que ha generado el automatismo hacia reacciones poco saludables.

Experimentemos la sonrisa en lugar del grito, la comprensión en lugar del juicio, el amor en lugar del odio y repitámoslo una y mil veces hasta que nuestro cerebro lo aprenda. Tal vez de este modo seamos más felices y nuestra vida más larga.

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Escrito por: Miguel Fernandez del Pozo

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