Sociedad
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Virginia Solera

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Una vida comprometida con un mundo mejor

Virginia vive entre caballos y golondrinas. También entre hurones, tortugas, pavos reales, gatos, perros, gallinas… Su hogar es el Santuario CYD Santa María, en Alhaurín el Grande, Málaga. Cuida de 200 animales junto a su hermana Concordia. Sin embargo, yo conocí a Virginia en circunstancias muy distintas. Vivía en Villaviciosa de Odón, y era una joven periodista que trabajaba en el ABC y tuvimos la gran suerte de contar con su colaboración desinteresada en Círculo de Opinión hasta que su verdadera vocación le llevó a tierras andaluzas para cuidar y tratar de mejorar la vida de animales que sufren las consecuencias de seres humanos sin ninguna humanidad.

Hoy el maltrato animal está en teoría perseguido, y tenemos leyes que les protegen de la barbarie a la que en demasiadas veces se ven sometidos. Virginia es uno de los muchos ángeles de la guardia que velan por ellos, especialmente por los caballos. 

Hemos querido entrevistar a Virginia para que los que fuimos sus vecinos, podamos conocer el maravilloso trabajo que realiza, y si es posible, también ayudar a mantener ese refugio, que en los últimos meses ha sufrido las consecuencias de las lluvias torrenciales que han caído por aquella zona y les han causado muchos problemas, además de los que normalmente se deben enfrentar.

Abandonaste la ciudad por el campo. Dejaste un trabajo como periodista para dedicarte a los animales. ¿Estás contenta con tu decisión?

Sí. Pero más que contenta me siento orgullosa. Trabajando con mi hermana hemos mejorado la calidad de vida de muchos animales, y le hemos ahorrado un sufrimiento enorme a miles. Mis padres tenían mucho miedo de que sus dos hijas se dedicaran a una labor poco “reconocida” y no remunerada, pero, ahora, cuando les enseñamos la foto de un animal maltratado o abandonado, lo primero que preguntan es: ¿qué vais a hacer por él?

Y cuando se os presenta un caso como el que comentas… ¿Qué hacéis por él?

Cuando empecé en el CYD, pensé que podríamos encontrar una “fórmula mágica”, un plan con el que ayudar a todos los animales, pero cada situación te pone a prueba. Un día el SEPRONA nos llamó para rescatar un caballo. Los vecinos habían denunciado que “olía muy mal” en una casa. En concreto, olía a descomposición. Nos encontramos con dos caballos fallecidos y un tercero, esquelético, acobardado por saber que la muerte le pisaba los “cascos”. Nos lo llevamos al Santuario y empezó el trabajo de recuperación. En un animal caquéctico no puedes garantizar su supervivencia hasta pasado un año. Hay que introducir la comida muy lentamente y siempre bajo control veterinario. A la vez, tenemos que trabajar en su recuperación psicológica. Adham –así lo llamamos tras rescatarlo- vio morir de hambre y de sed a sus compañeros. Es muy complicado que un ser que ha visto perder de una forma tan terrible a sus amigos, se recupere en poco tiempo. Pero como la vida es un milagro, en aquellos días nos visitaba una voluntaria de Holanda, que había perdido recientemente a su hermano. El entendimiento entre ellos fue inmediato e inquebrantable. Pocos meses más tarde, esta voluntaria nos rogó que le cediéramos a Adham en adopción, ya que, sencillamente, según sus palabras, no podía concebir su vida sin la compañía de su nuevo amigo. Ahora, Adham, vive feliz en Holanda, donde lo tratan con el cuidado y respeto que se merece. 

“…hemos mejorado

la calidad de vida de muchos animales,

y le hemos ahorrado

un sufrimiento enorme a miles.”

Estos caballos tendrían un dueño, ¿qué se hace con estas personas?

En el año 2010, fuimos colaboradores del Consejo de Estado de Gobierno de España en el desarrollo de la primera Ley (Real Decreto 804/2011) que protege a los caballos. Conseguimos que por primera vez en Europa se les reconociera como animales domésticos de compañía. Este “sencillo” cambio de nomenclatura es el que nos permite actualmente acudir al Código Penal para que personas como este “señor” puedan terminar en la cárcel por un delito de maltrato con consecuencia de muerte. 

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Creo que hay mucha gente que no sabe que estas cosas pueden sucederle también a los caballos… Estamos acostumbrados a verlos en instalaciones hípicas o sueltos en algún campo. El caso que nos describes es terrible. Supongo que será la excepción… 

Llevamos unos quince años rescatando animales, sobre todo caballos, y me gustaría decirte no sólo que se trata de un caso aislado sino que, por supuesto, es de los más graves. Sin embargo, cada día nos encontramos con situaciones muy similares, donde los humanos han convertido la vida de estos animales en un padecimiento diario. Nuestra protectora lleva años denunciando la existencia de cementerios “ilegales”, donde los propietarios atan a sus animales con un objetivo muy claro: que mueran de inanición, no quieren gastarse siquiera en un sacrificio humanitario. 

¿Cómo os sentís viviendo a diario este tipo de situaciones?

Mal. Mi hermana y yo llevamos años intentando buscar herramientas para que no nos afecte lo que otros seres humanos le hacen a los más débiles. Mi hermana usa la denuncia como instrumento. Es una guerrera. Una mujer muy valiente que me ha enseñado a no tener miedo. La mayoría nos pasamos la vida pensando: “Si digo algo, me afectará de tal manera; si hago esto, puedo perder lo otro…”. Pero pocas personas y pocas veces se plantean… ¿podré seguir adelante durmiendo todas las noches habiendo dejado pasar la oportunidad de ayudar a alguien que realmente me necesitaba? La gente tiene que empezar a dejar de mirar para otro lado… porque tarde o temprano, todos necesitamos ayuda. 

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Y hablando de ayudas. ¿Quién os ayuda a vosotras?

Indudablemente… no nos ayuda la Administración Pública. A estas alturas tampoco queremos. La experiencia me ha enseñado que si un organismo público te ayuda es porque a cambio, por ejemplo, te impone fechas para sacrificar “rapidito” a los animales, algo a lo que mi hermana y yo no estamos dispuestas, ya que apostamos por ellos hasta el final. ¿Quién nos ayuda? Nuestros padres y otra gente maravillosa a quienes hemos ido conociendo a lo largo de estos años. Los llamamos ángeles o padrinos y nos ayudan con donaciones mensuales o anuales desde 1 €. También, muchas veces, hacemos llamamientos para que, las personas que no nos conocen personalmente o no han tenido la oportunidad de visitar nuestro Santuario y ver lo que hacemos con sus propios ojos, se dirijan a nuestros proveedores y nos ayuden comprando comida o sufragando parcial o totalmente alguna factura veterinaria. También necesitamos voluntarios que nos echen una mano. Así que animo a los lectores de Círculo de Opinión y a los vecinos de Villaviciosa de Odón –donde fui muy feliz en gran medida gracias a la amabilidad y generosidad de sus habitantes- a que nos escriban y se informen sobre quiénes somos y, sobre todo, conozcan mejor a los caballos, unos seres con una capacidad de perdón enorme, que han cuidado de nosotros a lo largo de la Historia y a los que ahora estamos mandando al matadero por miles sin ningún tipo de pudor ni de piedad. 

“¿Quién nos ayuda?

Nuestros padres y otra gente maravillosa

a quienes hemos ido conociendo a lo largo de estos años.”

Una última reflexión…

Me lo pones difícil, porque, como periodista, el resumen nunca fue mi fuerte. Pero, para el final, siempre un agradecimiento. Gracias a ti por haberme permitido presentar mi familia -la familia del CYD- a los madrileños. Agradecer el cariño y respeto  que nos muestran siempre las personas que se acercan a nosotros y enseguida comprueban la labor que mi hermana y yo estamos llevando a cabo, hasta el momento, con poca ayuda… Y, aunque suene cursi en esta época donde la batalla y el insulto están a la orden del día, agradecer siempre cada acto de bondad que tengáis hacia los demás… 

“Así que animo a los lectores de Círculo de Opinión

y a los vecinos de Villaviciosa de Odón

–donde fui muy feliz en gran medida gracias a la amabilidad y generosidad de sus habitantes-

a que nos escriban y se informen sobre quiénes somos y,

sobre todo, conozcan mejor a los caballos…”

 

PARA MÁS INFORMACIÓN:

www.asociacioncydsantamaria.es

Teléfonos: 610397027- 658900600

info@asociacioncydsantamaria.es

Si quieres hacer una donación o convertirte en padrino:

Asociación CYD Santa María

Cajamar:

IBAN: ES59 3058 0714 5727 2009 8428

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Escrito por: CO