Hablamos con: Pablo Sanz Gutiérrez

Redactado
18-11-17

“Cien años de experiencia a sus espaldas” 

Pocas veces he tenido la posibilidad de entrevistar a una persona tan longeva, tan comprometida con la vida y con una cabeza tan privilegiada

Vecino de Villaviciosa de Odón desde hace 35 años, Pablo es sin duda una persona querida en nuestro pueblo. Se le puede ver todos los días del año, haga frío o calor, llueva o nieve, esto último cada vez más difícil, paseando a su perro, yendo a la compra o al centro de pensionistas y jubilados a jugar sus partidas de billar, donde no pasa desapercibido por ser un campeón en la materia.

Físicamente  se encuentra bien, aunque reconoce que ya va teniendo algún achaque. Sólo toma dos pastillas al día, una para la tensión y otra para la próstata, y cuando algo le duele más de lo soportable se toma un analgésico. Hasta no hace mucho vivía en un tercero sin ascensor pero ahora dispone de  esta máquina que sin duda le facilita la vida.

Pablo trabajó en Suiza, Francia y Brasil como tapicero

Pablo es un hombre que le encanta compartir una buena charla, y no duda en saludar y pararse con un vecino si éste le requiere. Lleva en sus espaldas los recuerdos de toda una vida que con su prodigiosa memoria es capaz de relatar de forma amena incluyendo detalles que se le han quedado grabados a fuego, pero no por ello Pablo es un hombre anclado en el pasado.

Con la lectura diaria de dos periódicos, más su rato de televisión y lectura, Pablo se mantiene perfectamente informado de lo que ocurre en el mundo y opina sobre todo aquello que él estima de interés. Su hijo nos cuenta que Pablo es un experto en sodokus, haciéndolos en tiempo record los más difíciles y por las tardes, después de comer disfruta de un chupito de buen whisky, a poder ser, puro malta y de los buenos.

Se queja de la baja pensión que tiene, pero es lo que le ha tocado vivir. También se reconoce como un luchador por el derecho de los trabajadores a tener un salario digno que les permita vivir, lo que durante su larga vida laboral llevó a la práctica allá donde estuvo y no fueron pocos los sitios. Pablo trabajó en Suiza, Francia y Brasil como tapicero, siempre para las mejores firmas, gracias a su excelente profesionalidad.

“…se reconoce como un  luchador por el derecho de los trabajadores a tener un salario digno que les permita vivir…”

Pablo nació el 15 de noviembre de 1917 en lo que entonces era el humilde barrio de Vallecas en plena Primera Guerra Mundial que finalizaría apenas un año después, el 18 de noviembre de 1918, en una casa sin luz ni agua pero que él recuerda con un sentimiento de gran libertad. Tras una infancia difícil y dura, el destino le llevó a con 19 años verse inmerso en la gran tragedia de la Guerra Civil española y como vivía en Madrid fue reclutado inmediatamente por el bando republicano. Combatió en los frentes más difíciles, incluida la Batalla del Ebro. La Guerra tocó a su fin y por no tener a nadie que le avalara, cuando volvió a Madrid, al poco tiempo le llamaron para incorporarse al servicio militar. Cuando se presentó en el cuartel fue inmediatamente trasladado a la estación de Atocha, donde partió en un tren atestado que tardó tres días en llegar a Algeciras. Esto significó su incorporación a un batallón disciplinario en África (Ceuta, Tetuán y Tánger) en unas condiciones peores que las de la esclavitud, en las que la vida no tenía valor, para comer, en todo el día y con trabajos forzados les daban un caldo de boniatos y dos jureles. En el desierto comían todo aquello que caía en sus manos con el fin de sobrevivir.

De allí consiguió salir gracias a su fama como excelente tapicero y sus servicios fueron requeridos por los altos mandos del ejercito. Nos cuenta Pablo que seguramente este hecho le salvó la vida y tras dos años de condena pudo volver a Madrid con su mujer y su hijo, que perdería de forma terrible un tiempo después.

“La Guerra del año 36 tuvo menos motivos que los que existen ahora.”

El infortunio se cebó con Pablo y su esposa Carmen el primer día que el niño era llevado al colegio por su madre, un edificio en ruinas a causa de los bombardeos sufridos en Madrid durante la Guerra, se vino abajo justo cuando ellos pasaban. El niño murió en el acto y la madre quedó sepultada por una montaña de escombros. Cuando los rescatadores consiguieron recuperar su cuerpo, la dieron por muerta y la llevaron a la casa de socorro. Allí, inexplicablemente, alguien se dio cuenta que todavía tenía constantes vitales. Carmen sobrevivió pero tuvo que soportar durante el resto de su vida el dolor y secuelas de habérsele roto casi todos los huesos del cuerpo, y lo peor de todo, la pérdida de su hijo.

Pablo es un hombre jovial, de buen carácter y no rehúye ninguna pregunta, por delicada que esta sea. Con mirada despierta y en algunos casos pícara, Pablo va respondiendo con sinceridad a todas las preguntas que le voy haciendo en el transcurso de la entrevista que realizamos el pasado 12 de noviembre en el Jardín Histórico con una mañana otoñal soleada, después de haber desayunado estupendamente en “La Parada”, en todo momento acompañados por su hijo y buen amigo mío Ángel Sanz. El desayuno consistió en un café con toda su cafeína y tres estupendos tejeringos o porras para cada uno. Pablo dio buena cuenta de su desayuno y como dice su hijo, “Pablo come como una lima nueva”.

Esto significó su incorporación a un batallón disciplinario en África (Ceuta, Tetuán y Tánger)en unas condiciones peores que las de la esclavitud

Volviendo a la entrevista le pregunté a Pablo por la situación que vive España en referencia al problema del intento de secesión de Cataluña, y aquí no quiero hacer de interprete de sus palabras, prefiero que sean las suyas propias las que queden impresas negro sobre blanco:

“La Guerra del año 36 tuvo menos motivos que los que existen ahora. Esto que hay ahora no hay derecho. Este gobierno es un gobierno muy blando. Habría que actuar con dureza y si hay que aplicar el 155, que sea con todas las consecuencias, porque se están riendo del gobierno y de todos los españoles. Te diré más, yo estuve más de un año en Cataluña durante la Guerra Civil entre Reus, Lérida y Barcelona y estos señores que tanto presumen de independentistas, durante la Guerra, muy poquitos dieron la cara.  La inmensa mayoría se escondía debajo de la cama. No iban al frente. Sólo se limitaban a organizar jaleo por las calles. Que no hablen estas gentes de que han luchado. No han luchado nunca nada. Sólo saben protestar y organizar jaleo. Deberían estar en la cárcel todos los que han provocado esta situación.”

“…les daría la independencia y que se busquen la vida sin España,…”

El futuro en este tema Pablo lo ve oscuro, respecto al problema vasco y catalán Pablo lo tiene claro, les daría la independencia y que se busquen la vida sin España, a lo que le respondo que también hay que pensar en los millones de vascos y catalanes que se sienten españoles y que no podemos abandonar, a lo que me contestó que ellos también tienen la culpa por haber consentido durante tantos años el que los independentistas hayan llegado donde han llegado.  Ahora tenemos que ir los demás a hacer el trabajo que ellos deberían haber hecho.

“…hay mucha polución por la gran cantidad de coches que se mueven en Villaviciosa.

No podíamos terminar la entrevista sin hablar de Villaviciosa de Odón y de cómo ha visto Pablo el cambio sufrido nuestro pueblo en estos treinta y cinco años. Según Pablo, ha cambiado mucho para bien y para mal. Para bien la mejora de las infraestructuras de transportes y sanitarias. También la urbanización del pueblo ha mejorado sensiblemente. Sin embargo hay mucha polución por la gran cantidad de coches que se mueven en Villaviciosa. Tampoco le gusta nada el estado de la calle Carretas invadida por las terrazas de los bares, que dificultan el tránsito de los peatones, tienen invadida la calzada y las aceras. Villaviciosa le gusta y la disfruta.

“Yo sólo pienso en el día que vivo, hago mis rutinas diarias, mis paseos con mi perrita, y mis cañitas en la peña atlética, aunque yo sea madridista. Y también disfrutar de mis amigos Sergio y Manuel”.

Para terminar le pido a Pablo la receta para llegar a los cien años en las magníficas condiciones que lo ha hecho él. Su respuesta “Yo sólo pienso en el día que vivo, hago mis rutinas diarias, mis paseos con mi perrita,  y mis cañitas en la peña atlética, aunque yo sea madridista. Y también disfrutar de mis amigos Sergio y Manuel”.

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Pablo con su hijo Ángel en un momento de la entrevista

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De izquierda a derecha, los amigos Sergio, Pablo y Manuel en su banco preferido en la Fuente de los Peces. Ángel no desaprovecha la ocasión para segui

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